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Tortuga Antimilitar
Los jóvenes españoles no quieren ser soldados: El ejército español tiene casi un millar menos de efectivos que hace un año
España tiene menos militares que hace un año y no consigue seguir el ritmo de Europa: “Los jóvenes no quieren formar parte de las Fuerzas Armadas”
Miguel Moreno Mena
Los jóvenes siguen sin atender la llamada para unirse al Ejército, y las Fuerzas Armadas sufren las consecuencias. El número de militares, lejos de crecer con el paso de los años, como sería necesario para cumplir con los compromisos internacionales, sigue disminuyendo. Los últimos datos del BOE, publicados el pasado 6 de enero, muestran una reducción de 823 profesionales.
Por el momento, los números no cuadran. La última convocatoria de plazas de tropa y marinería es de 4.500 plazas, pero hay que tener en cuenta los militares que abandonarán el ejercicio a lo largo de 2026. El secretario general de AUME, Iñaki Unibaso, tiene claro cuál es el problema: “Los jóvenes no quieren formar parte de las Fuerzas Armadas”.
La dificultad para atraer a los jóvenes no adelanta un escenario muy positivo. Hace dos meses, el Observatorio de la Vida Militar alertó sobre el descenso del interés por la carrera militar. La ratio de solicitantes por plaza cayó de 27,9 en 2013 a 4,2 en 2024. El organismo advirtió que esta tendencia es “muy preocupante”. En esta misma línea argumentaba Unibaso, al ser preguntado por Infobae: El portavoz de la asociación señalaba que los jóvenes no quieren ir al Ejército, y que “los que tenemos se marchan para encontrar una mejor situación laboral”.
El problema del número de militares
La cumbre de la OTAN celebrada en La Haya en el mes de agosto dejó muchos titulares sobre la inversión en Defensa. Pedro Sánchez fue el principal opositor a alcanzar el 5% del PIB, recibiendo las críticas de Donald Trump por ello. Meses después, el Gobierno y la Alianza aseguraron que España había llegado al 2,1%, primera cifra acordada. No obstante, este no fue el único asunto al que se comprometió el Ejecutivo. Como adelantó El País, España habría aceptado sumar 14.000 militares de cara a 2035.
Conociendo la información más reciente, este pacto, aunque con margen de maniobra, resulta complicado de alcanzar. El último dato del BOE muestra que España ha pasado de tener 129.128 militares a 128.305, lo que supone una reducción de 823. Aunque la caída no es muy grande, teniendo en cuenta el número total, revela la dificultad para encontrar la fórmula con la que dar la vuelta a la situación y aumentar el número. Para 2029, se deberían haber sumado 7.000 efectivos al total del Ejército.
Comparación con Europa
Al observar otros países del continente, queda claro que España no está avanzando con sus Fuerzas Armadas al mismo ritmo, en lo que se refiere a efectivos disponibles. Francia y Alemania, aunque es cierto que cuentan con una mayor población, superan con creces el número de militares, llegando a 264.000 y 184.324, según los datos más recientes de sus organismos públicos. Esto significa que Francia ha logrado mantenerse con respecto al año pasado, mientras que Alemania ha sumado unos 1.000 soldados.
En el caso de Italia, tiene un total de 165.000 soldados. Polonia es el caso más exagerado, por su cercanía con Rusia, con su plan de llegar a medio millón de militares y ser el Ejército líder de Europa. Por otro lado, más allá del número total, en los últimos meses Francia, Bélgica o Alemania han recuperado el servicio militar. En principio, es de forma voluntaria, pero ofreciendo un salario a cambio. Además, el canciller alemán, Friedrich Merz, aseguró que, de no llegar al número necesario, podría llegar a ser obligatorio. En el caso de España, la vuelta de la mili como solución sigue resultando inviable.
XIII Jornades de Cultura Popular El Sarangollo: 11 i 22 de febrer i 4 de març
Un any més arriben les Jornades de Cultura Popular El Sarangollo, organitzades pel Grup Antimilitarista Tortuga amb la col·laboració del Casal Jaume I d'Elx, el restaurant Cantó i el Club Il·licità de Sarangollo (CISAC).
Enguany es compondran de tres activitats que ens ajudaran a comprendre i sentir amb major fondària la relació íntima entre el poble i la vida.
El dimecres 11 de febrer tindrà lloc en el Casal Jaume I d'Elx (c/ Sant Jordi, 2) a les 19 h la xarrada Escodrinyant un misteri , a càrrec de Pascual Pastor, músic i activista. En ella ens endinsarem en el més profund del Misteri incidint, sobretot, en el seu caràcter popular.
Onze dies més tard, el diumenge 22, se celebrarà a les 16 h en el restaurant Cantó (c/Eduardo Ferrández García, 47-49) el XII Campionat Tortuga de Sarangollo. La participació (no necessita inscripció) és gratuïta i hi haurà un espai reservat per a l'aprenentatge d'aquest bell joc de cartes.
A més, prèviament, a les 14 h ens ajuntarem en el mateix restaurant a compartir una riquíssima costra. Podeu reservar telefonant al 601 17 14 11.
Finalment, el 4 de març a les 19 h tindrà lloc de nou en el Casal Jaume I d'Elx una xarrada a càrrec de Pascual Pastor: Un poble viu canta . La seua comesa serà analitzar com la música popular ha reforçat la vitalitat i el sentit de comunitat del nostre poble.
Us animem a vindre!
Un año más llegan las Jornadas de Cultura Popular El Sarangollo, organizadas por el Grup Antimilitarista Tortuga con la colaboración del Casal Jaume I d'Elx y el restaurante cantó.
Este año se compondrán de tres actividades que nos ayudarán a comprender y sentir con mayor hondura la relación íntima entre el pueblo y la vida.
El miércoles 11 de febrero tendrá lugar en el Casal Jaume I d' Elx (c/ Sant Jordi, 2) a las 19 h la charla Escodrinyant un misteri , a cargo de Pascual Pastor, músico y activista. En ella nos adentraremos en lo más profundo del Misteri incidiendo, sobre todo, en su carácter popular.
Once días más tarde, el domingo 22, se celebrará a las 16 h en el restaurante Cantó (c/Eduardo Ferrández García, 47-49) el XII Campeonato Tortuga Sarangollo. La participación (no necesita inscripción) es gratuita y habrá un espacio reservado para el aprendizaje de este bello juego de cartas.
Además, previamente, a las 14 h nos juntaremos en el mismo restaurante a compartir una riquísima costra. Podéis reservar llamando al 601 17 14 11.
Por último, el 4 de marzo a las 19 h tendrá lugar de nuevo en el Casal Jaume I una charla a cargo de Pascual Pastor: Un poble viu canta . Su cometido será analizar cómo la música popular ha reforzado la vitalidad y el sentido de comunidad de nuestro pueblo.
¡Os animamos a venir!
Byung Chul Han: 'No te culpes por las amistades perdidas. El sistema hizo que los demás no nos vean'
¿Sentiste alguna vez que una amistad se apagó sin que te dieras cuenta? Según Byung-Chul Han, uno de los filósofos más leídos del siglo XXI y autor de “La sociedad del cansancio”, no es tu culpa: el sistema actual nos empuja a perder vínculos y a vivir cada vez más aislados.
La trampa de la autoexplotación y el tiempo del “yo”
En la vorágine diaria, las amistades se desgastan casi sin que lo notemos. El trabajo, las obligaciones y la obsesión por la productividad nos alejan de quienes queremos. Incluso con quienes vemos todos los días, algo empieza a romperse. Cuando queremos darnos cuenta, la relación ya está herida y el dolor es inevitable.
Han sostiene que no hay que culparse por las amistades perdidas. “El sistema hizo que los demás ya no nos vean, ya no nos escuchen”, advierte. Para el filósofo, todos estamos atrapados en una lógica que prioriza la autoexplotación y el rendimiento personal por encima de los vínculos reales.
“Hoy no tenemos tiempo para el otro”, sentencia Han en su libro “No-cosas”. “El tiempo como tiempo del yo nos hace ciegos para el otro. Solo el tiempo del otro crea lazos fuertes, la amistad y hasta la comunidad”. En la era del “no me da la vida”, estar ocupado es símbolo de estatus, pero también de soledad y agotamiento.
El “tiempo del otro”: la clave para relaciones profundas
Para Han, la amistad necesita otro ritmo, uno que la sociedad moderna nos robó. El “tiempo del otro” es ese espacio que le dedicamos a alguien sin apuro, sin mirar el reloj, sin pensar en la productividad. Es el tiempo de las charlas largas, de los rituales compartidos, de escuchar y ser escuchado.
La cultura del rendimiento nos obliga a renunciar a ese tiempo y a vivir solo para nosotros mismos. Pero, según el filósofo, sin el tiempo del otro no hay relaciones profundas ni verdadera felicidad.
El ritual y la importancia de “domesticar” la amistad
Han rescata el mensaje de “El Principito” para explicar cómo se construyen los vínculos: “Los ritos son necesarios”, le dice el zorro al protagonista. “Si me domesticas, tendremos necesidad el uno del otro. Serás para mí único en el mundo”. Es el tiempo dedicado a la otra persona lo que la vuelve importante.
En un mundo que idolatra lo nuevo y lo inmediato, Han propone volver a ritualizar la amistad: repetir encuentros, compartir rutinas, escuchar con calma. Solo así, dice, podemos “domesticar” la amistad y construir relaciones verdaderas.
Rebelarse contra la soledad de la sociedad del cansancio
El mensaje de Byung-Chul Han es claro: no hay nada más urgente que ese café pendiente con un amigo, ni más importante que escuchar con atención. En tiempos donde la soledad y el aislamiento crecen, rescatar el tiempo del otro es un acto de rebeldía y, quizás, el verdadero secreto de la felicidad.
La sanidad privada hace caja: Sube tarifas y expulsa a los pacientes mayores o con enfermedades crónicas
El fin del «refugio» privado: las aseguradoras de salud ejecutan subidas de hasta el 20% y rechazan renovaciones por «siniestralidad»
Muchas compañías no renuevan a pacientes con enfermedades crónicas o de avanzada edad y elevan los requisitos para captar solo nuevos clientes sanos que les sean rentables.
Redacción
El espejismo de la sanidad privada como alternativa viable al colapso de la pública se ha desvanecido este mes de enero. Buena parte de los más de 12 millones de españoles que mantienen una póliza de salud han recibido comunicaciones de renovación con incrementos que, en muchos casos, multiplican la inflación general. Las grandes compañías del sector están ejecutando una corrección de márgenes sin precedentes, con subidas que oscilan entre el 12% y el 20%, justificadas por una inflación médica técnica que en España ya se sitúa en el 8,4%, impulsada por el coste de los nuevos tratamientos oncológicos y la actualización de tarifas de los grandes grupos hospitalarios.
Sin embargo, el factor que está provocando mayor indignación no es el precio, sino la aplicación sistemática de la cláusula de «no renovación» por siniestralidad. Durante años, la estrategia comercial se basó en captar masivamente a la clase media cansada de las listas de espera de la Seguridad Social mediante primas de bajo coste. Ahora que esa masa crítica de usuarios ha envejecido o ha empezado a hacer un uso intensivo del seguro para patologías crónicas, las aseguradoras están haciendo uso de su derecho legal a no prorrogar el contrato al vencimiento anual. Miles de personas con patologías previas están siendo expulsadas del sistema privado justo cuando más lo necesitan, viéndose obligadas a regresar a una sanidad pública que no ha dejado de perder recursos en favor de estas mismas entidades.
A este escenario se suma el endurecimiento de los «baremos de autorización». Para frenar la caída de beneficios, las compañías han burocratizado el acceso a pruebas diagnósticas que hasta hace meses eran casi instantáneas. Ahora, una resonancia o una intervención menor requiere procesos de validación que se alargan semanas, mimetizando las carencias del sistema público. En la práctica, el sector está mutando hacia un modelo de selección de riesgos donde solo el paciente joven y sano resulta rentable, mientras que el resto es derivado de facto mediante precios prohibitivos o rescisiones directas hacia el sistema de salud estatal.
El resultado de esta maniobra en 2026 es una transferencia de rentas masiva: los ciudadanos han financiado durante años unos beneficios récord de la banca-seguros para descubrir, en el momento de la verdad, que su póliza no era un servicio garantizado, sino un producto financiero volátil sujeto a la rentabilidad del trimestre.
Así, el modelo de «seguro a 30€» ha muerto. Tras años lucrándose con el desvío de pacientes, las aseguradoras aplican ahora subidas de dos dígitos para «limpiar» sus carteras de clientes no rentables. Si tienes más de 60 años o una enfermedad crónica, ya no les interesas: el sector está usando la letra pequeña para devolverte a la pública tras haber cobrado tus primas durante décadas. El negocio era ese: cobrarte mientras estabas sano.
Antonio Escalante: 'La juventud tiene que organizarse ya para plantar cara a la militarización'
Ismael Juárez Pérez
A veces, un gesto pequeño explica mejor un compromiso político que muchos discursos. Antonio Escalante quiso empezar por ahí. Durante su reciente visita a Asturias, invitado por el Conceyu Abiertu pola Paz, un gesto espontáneo del fotógrafo Pablo Lorenzana —acudir sin que nadie se lo pidiera con cables y baterías para ayudarle a resolver un problema urgente— le permitió salir de un apuro. Para Escalante, esa forma de ponerse en el lugar del otro dice más sobre cómo transformar la sociedad que muchas consignas.
Nacido en Madrid, con tres años de vida en Asturias y desde hace más de tres décadas residente en Vitoria-Gasteiz, Escalante forma parte del colectivo antimilitarista Gasteizkoak. Es uno de los impulsores del libro Conversión de la industria militar en Euskal Herria. Para no fabricar más guerras (ZAPateneo kultur elkartea), donde analiza el crecimiento de la industria armamentística y propone su reconversión en producción civil de utilidad social. Coincidiendo con las presentaciones del libro, la web del colectivo ha sido recientemente hackeada y permanece inoperativa.
El libro pone el foco en la conversión de la industria militar. ¿Por qué defiende que este debate es hoy más urgente que hace quince o veinte años?
Porque la propuesta de conversión que planteamos ahora no es la misma que se hacía entonces. No hablamos solo de pasar de una producción militar a una civil, sino de una conversión hacia una producción civil de utilidad social que, además, cuestione el sistema productivo. Desde el antimilitarismo nos dimos cuenta de que durante años cometimos dos errores importantes. El primero fue considerar a las plantillas de las empresas militares como parte del enemigo. No eran el enemigo principal —ese papel corresponde a empresarios, accionistas e inversores—, pero tampoco las veíamos como aliadas. Hoy defendemos justo lo contrario: las trabajadoras y los trabajadores son protagonistas imprescindibles del proceso de conversión, porque conocen las capacidades técnicas, los materiales y las posibilidades reales de producción alternativa. El segundo error fue una visión muy estrecha del antimilitarismo. Nos especializamos en detectar el militarismo, se disfrazase como se disfrazase —uniformes, policía, ideología en las escuelas—, pero perdimos de vista que nuestras sociedades tenían otros problemas estructurales igual o más graves.
¿A qué problemas se refiere cuando habla de esa visión limitada?
A los colapsos múltiples que atravesamos hoy: ecológicos, medioambientales, de materias primas, de cuidados, de sostenimiento de la vida. No podíamos plantear una conversión industrial que no tuviera en cuenta todo eso. Todos esos colapsos tienen un elemento común: un sistema productivo capitalista que los genera y los reproduce. Por eso nuestra propuesta no puede ser sectorial ni exclusiva del antimilitarismo. Tiene que construirse desde los movimientos populares en su conjunto. El feminismo tendrá que definir cómo situar los cuidados y la vida en el centro; el ecologismo tendrá que plantear qué producir y cómo hacerlo sin repetir los mismos errores; y el sindicalismo tendrá que jugar un papel clave dentro de las fábricas. No vale pasar de fabricar tanques a fabricar molinos de viento sin más, inundando montes y territorios con nuevas infraestructuras que reproducen el mismo modelo extractivo. Eso no resuelve nada.
¿Por qué proponen empezar precisamente por la industria militar y no por otro sector?
No decimos que tenga que empezar necesariamente ahí, pero creemos que es un buen punto de partida por dos razones muy claras. La primera es que la industria militar es el único sector que vive exclusivamente de presupuestos públicos. No vende a particulares: vende a estados y gobiernos. Es decir, funciona con nuestro dinero, vía impuestos. Si ponemos el dinero, deberíamos tener capacidad de decisión sobre su uso. La segunda razón es que se trata de una producción cuya inutilidad social es evidente. Las armas solo sirven para dos cosas: para la guerra o para el desperdicio. O se utilizan para matar o se almacenan hasta que se deterioran y se tiran. Desde el punto de vista social es una producción absolutamente improductiva.
El lobby armamentístico y el miedo a la guerra
¿Qué factores explican que en las últimas décadas haya aumentado tanto el número de empresas vinculadas a la industria militar?
En el libro analizamos cómo, a principios de este siglo, el lobby militar-industrial europeo empezó a organizarse de forma sistemática. Venía de unos años de caída del gasto militar y decidió copiar el modelo estadounidense. En torno a 2003 o 2004 se crea la principal organización de lobby armamentístico europeo y, a partir de ahí, comienza un proceso muy bien documentado de influencia directa sobre las instituciones comunitarias. No es conspiranoia: hay informes, estudios y documentos oficiales que muestran cómo la Unión Europea, que durante años se negó por principios a financiar la industria militar, ha ido cambiando su política. En apenas quince años se ha pasado de no apoyar este sector a crear presupuestos propios, comisiones específicas y mecanismos de financiación a través del Banco Europeo de Inversiones y de la banca privada. Todo ello acompañado de un discurso que intenta legitimar ese giro.
¿Qué papel juega el miedo en ese cambio de discurso?
Un papel central. Para que ese rearme no fuera rechazado socialmente, se ha instalado un mensaje constante: “viene la guerra”. Se repite una y otra vez, aunque nunca se aclara quién es exactamente el enemigo. Ese miedo sirve para justificar recortes en otros ámbitos y para diluir debates fundamentales sobre los verdaderos problemas que tenemos como sociedad y como humanidad.
Frente al argumento de que la industria armamentística genera empleo y desarrollo, ¿qué alternativas reales de producción de utilidad social plantean?
Lo primero es desmontar ese argumento con datos. La inversión en industria militar genera menos empleo que la inversión en otros sectores. En el libro citamos varios estudios. Por ejemplo, uno de 2017 del Instituto de Economía Política de la Universidad de Massachusetts señala que por cada millón de dólares invertido en defensa se crean 6,9 empleos. Si ese mismo dinero se invierte en energías limpias, se crean casi 10; en sanidad, más de 14; y en educación, más de 19. Además, se habla de “industria de defensa”, pero al menos en el Estado español el 70% de la producción se exporta. Si se exporta al 70%, ¿a quién se está defendiendo? En un contexto en el que ni siquiera está claro quién es amigo y quién enemigo, ese argumento se cae por su propio peso.
Lenguaje, juventud y futuro del antimilitarismo
En el libro rechazan el concepto de “industria de defensa” y hablan de “producción para el desperdicio y la guerra”. ¿Por qué es tan importante disputar el lenguaje?
Porque se intenta cambiar la realidad cambiando las palabras. No es una industria de defensa si vende la mayor parte de su producción fuera. Tampoco genera riqueza social ni seguridad. Produce muerte o residuos. Llamarla “producción para el desperdicio y la guerra” ayuda a nombrar lo que realmente es y a desmontar el relato de seguridad que se nos quiere vender. Además, esa militarización social sirve para ocultar debates esenciales sobre cuidados, desigualdad o crisis ecológica. En ese sentido, creemos que hay que recuperar ideas que ya se defendieron en otros momentos. Como recordaba Xuan Candano tras la presentación del libro en Oviedo, evocando incluso canciones como Cruzar los vados de Víctor Manuel, hubo un tiempo en el que se cuestionó socialmente el papel del militarismo y se construyeron alternativas desde abajo. La insumisión, hace más de treinta años, fue una de esas experiencias.
¿Cree que el antimilitarismo ha quedado rezagado, especialmente entre la juventud?
Sí, claramente. No hemos sabido leer a tiempo la velocidad a la que avanzaba la militarización social. Hemos seguido funcionando con esquemas antiguos, con dinámicas repetidas, y eso no ha resultado atractivo para las nuevas generaciones. Por eso esta propuesta de conversión también es una autocrítica. Necesitamos replantear nuestras formas de organización, abrir el debate y hacer un llamamiento directo a la juventud. Los colectivos antimilitaristas estamos formados mayoritariamente por gente de alrededor de 60 años. No vamos a ser quienes libremos esta batalla en primera línea.
¿Qué papel deberían asumir entonces las nuevas generaciones?
Organizarse ya y empezar a plantar cara al militarismo en todas sus formas: ideológica, presupuestaria, industrial. Recuperar ideas que ya funcionaron, como las de la insumisión, y adaptarlas a la realidad actual. El debate no puede esperar a que la militarización sea un hecho consumado.
La banalidad del mal o cómo la gente normal construye el horror sin despeinarse
Si te dijera que el mayor peligro para la humanidad no son los psicópatas sedientos de sangre, sino los burócratas competentes, probablemente pensarías que me estoy poniendo dramático. Que esto es clickbait intelectual. Que los verdaderos monstruos son Hitler, Stalin, Pol Pot… ya sabes, gente con bigote raro, discursos histéricos y biografías chungas.
Y no, te equivocarías.
Porque los Hitler del mundo no pueden hacer nada solos. Necesitan millones de personas normales (administrativos, ingenieras, médicos, profesores, policías, funcionarias) que simplemente hagan su trabajo. Que firmen los papeles correctos. Que hagan que los trenes lleguen a tiempo. Que optimicen los procesos. Que no hagan demasiadas preguntas.
El Holocausto no fue el resultado del trabajo de un grupo de sádicos nazis con poder. Fue construido por una burocracia eficiente llena de gente que llegaba puntual al curro, que organizaba bien el papeleo, y que volvía a casa a cenar con su familia como si hubieran pasado otro día normal en el trabajo.
Tú podrías ser uno de esos. De hecho, estadísticamente, es más probable que acabes siendo el currante eficiente que el Hitler gritando en los mítines. Porque ser Hitler requiere carisma, convicción fanática, y cierta grandiosidad, no como el de Vox. Pero ser el engranaje que hace funcionar la máquina solo requiere hacer tu trabajo y no pensar demasiado en las consecuencias.
Bienvenido a la banalidad del mal. Es aburrida, es ordinaria, y es exactamente cómo se construyen las atrocidades.
Hannah Arendt y el tipo más decepcionante del mundo
En 1961, Hannah Arendt cubrió el juicio de Adolf Eichmann en Jerusalén para la revista The New Yorker. Eichmann era uno de los principales arquitectos logísticos del Holocausto, responsable de organizar el transporte de millones de judíos a los campos de exterminio. Si alguien merecía el título de “monstruo”, era él. Eichmann era el Excel del Holocausto.
Arendt esperaba encontrarse con el Diablo, con un psicópata de ojos enloquecidos, babeando odio antisemita por cada poro, orgulloso de sus crímenes. Pero lo que encontró fue un coñazo de tío.
Eichmann era un burócrata mediocre, obsesionado con seguir las reglas y ascender en su carrera. Hablaba usando clichés y jerga administrativa. Se quejaba de que sus superiores no reconocían suficientemente su eficiencia organizativa. Citaba a Kant mal y se consideraba a sí mismo un hombre de principios porque “siempre cumplía las órdenes”. Probablemente era un poco corto. Era el sueño húmedo de cualquier departamento de recursos humanos.
No odiaba a los judíos de forma visceral. De hecho, había tenido amigos judíos antes de la guerra. Porque, claro, siempre hay un “tengo un amigo que…”, incluso en los genocidios. Simplemente tenía un trabajo que hacer: organizar horarios de trenes, optimizar rutas, gestionar recursos, solucionar problemas logísticos. Que esos trenes llevaran gente a su muerte era, para él, un detalle técnico. No una cuestión moral.
Cuando le preguntaron si sentía culpa, Eichmann respondió que no, porque él solo había cumplido órdenes. Nunca mató a nadie personalmente. Solo hacía papeleo. ¿Cómo podría ser responsable de lo que otros hacían con la información que él procesaba tan eficientemente?
Arendt acuñó el término “banalidad del mal” para describir este proceso. No escribió que Eichmann fuera banal en el sentido de “poco importante”. Escribió que el mal que cometió era banal, ordinario, burocrático, desprovisto de la grandiosidad demoníaca que esperamos de los monstruos. Una maldad sin aspavientos, vamos.
El mal más efectivo no necesita fanáticos que hablen como ladra un rottweiler. Necesita gente normal haciendo su trabajo y que no cuestione demasiado las tareas que le encargan. Gente que separe el “problema técnico que estoy resolviendo” del “resultado moral de mi trabajo”. Gente que diluya su responsabilidad personal en la estructura organizativa: “Yo solo firmo papeles. Yo solo conduzco trenes. Yo solo sigo órdenes. No soy responsable de lo que pasa después.”
El experimento mental: tu línea roja personalVamos a hacer un ejercicio. Voy a describir una serie de situaciones en escalada. Para cada una, pregúntate honestamente: ¿lo haría? No respondas rápido con un “por supuesto que no”. Piénsalo de verdad. Ponte en el contexto. Imagina las presiones reales a las que estarías sometido.
Situación 1: El trabajo normal
Trabajas en el departamento de inmigración del gobierno. Tu trabajo consiste en procesar solicitudes de asilo. Se aprueba una nueva ley que endurece los requisitos. A ti personalmente te parece injusta (crees que es demasiado estricta, que dejará fuera a gente que necesita protección) pero es la ley.
Tu jefe te dice: “Sé que no te gusta, pero es tu trabajo.”
¿Aplicas la ley aunque te parezca mal? ¿O renuncias a tu trabajo? Tienes una hipoteca. Dos hijos en el colegio. Una suscripción a Netflix que no se paga sola. Tu pareja depende de tu sueldo. El mercado laboral está difícil. Encontrar otro trabajo con tu sueldo actual no será fácil.
La mayoría de la gente aplicaría la ley. Racionalizarían: “Si no lo hago yo, lo hará otro. Al menos yo puedo ser compasivo dentro de los límites de la ley. Si renuncio, no cambio nada, solo me jodo yo.”
Situación 2: La escalada gradual
Seis meses después, la ley se endurece más. Ahora incluye deportaciones de familias enteras, incluidos niños nacidos en España. Has visto casos donde claramente están enviando gente de vuelta a situaciones peligrosas.
Procesas un caso: una familia con tres niños, dos de ellos nacidos aquí. Sabes que si los deportas, los niños crecerán en un país en guerra que no conocen, separados de todo lo que han conocido como hogar.
Pero los papeles están en orden. Técnicamente cumplen los criterios para deportación. Tu trabajo es procesar el caso, no juzgar la política.
¿Lo procesas? ¿O te niegas y arriesgas tu empleo?
La mayoría procesaría el caso. Con dolor, tal vez. Con dudas. Pero lo haría. Porque “solo estoy haciendo mi trabajo” es una narrativa muy poderosa. Porque la responsabilidad está diluida: tú no decidiste la ley, solo la aplicas. Tú no deportas físicamente a nadie, solo firmas papeles.
Situación 3: Cosas que prefieres no ver
Un año después. Las deportaciones se han intensificado. Se están volviendo violentas. Has visto (o has oído de colegas que han visto) a policías golpeando a gente que se resiste. Niños llorando. Familias separadas físicamente, a la fuerza. No es tu departamento directamente. Tú solo procesas la documentación. Pero trabajas en el mismo edificio. Pasas por los pasillos donde pasa esto. Lo sabes.
¿Denuncias? ¿Renuncias? ¿O sigues con tu trabajo diciéndote “yo solo proceso papeles, lo que haga la policía no es mi responsabilidad”?
La mayoría seguiría. Porque para entonces ya has normalizado cada nivel anterior. Ya has racionalizado tu participación. Ya has invertido dos años de complicidad. Retractarte ahora sería admitir que llevas dos años siendo parte del problema. Y tu cerebro prefiere cualquier cosa antes que admitir que estás cooperando y que eres parte necesaria.
Situación 4: Los campos
Pasan dieciocho meses. Ahora hay campos de internamiento. Oficialmente son “centros de procesamiento temporal” donde la gente espera mientras se tramita su deportación. Extraoficialmente, todo el mundo sabe que las condiciones son inhumanas. Hacinamiento. Falta de atención médica. Higiene precaria. Tu trabajo ahora incluye firmar órdenes de traslado a estos centros. Sabes adónde van. Sabes cómo están esos lugares y lo que pasa allí.
Pero técnicamente tu trabajo es solo verificar que la documentación esté en orden y firmar. Lo que pase en los centros no es tu responsabilidad. Otros departamentos gestionan eso. Ya se te está haciendo bola todo esto.
¿Sigues firmando?
La mayoría seguiría firmando. Porque cada paso hasta aquí ha sido normalizado. Porque renunciar ahora, después de años de complicidad, parece inútil. Porque “si no lo hago yo, otro lo hará, y al menos yo verifico que los papeles estén bien hechos.”
Situación 5: Rumores que prefieres ignorar
Tres años desde que empezó. Empiezan a circular rumores de que hay gente que la está palmando. Desnutrición. Falta de atención médica. Algunos hablan de cosas peores, pero son solo rumores, ¿verdad? No hay confirmación oficial. Y tú solo firmas papeles. No eres responsable de lo que pasa después de que la gente sale de tu oficina.
¿Investigas? ¿Exiges transparencia? ¿O te dices a ti mismo que si fuera tan grave, alguien más importante habría hecho algo?
La mayoría no investigaría. Porque para entonces ya han construido una muralla cognitiva entre “mi trabajo” y “las consecuencias de mi trabajo”. Porque investigar significaría confirmar algo que preferirías no saber. Porque si lo sabes con certeza, entonces tienes que actuar, y actuar significa perder todo lo que has construido en estos años.
¿En qué punto dijiste que no?
Sé honesto. ¿En cuál de estos escalones realmente habrías plantado cara? ¿O fuiste deslizándote peldaño a peldaño, cada uno justificable por sí mismo, hasta llegar a un lugar que al principio te hubiera horrorizado?
Esto no es ciencia ficción. Es exactamente el proceso por el cual funcionarios alemanes normales acabaron siendo engranajes del Holocausto. Hay funcionarios estadounidenses que han participado en la separación de familias migrantes. No dando saltos gigantes de “persona decente” a “cómplice de atrocidades”. Sino dando pequeños pasos, cada uno con su propia justificación, hasta que un día te miras al espejo y ya no reconoces quién eres.
O peor: te reconoces perfectamente, pero has normalizado tanto cada paso que ya no te parece problemático.
Los científicos que construyeron el fin del mundo
Hablemos de gente brillante haciendo cosas horribles con las mejores intenciones. Como tú cuando sales a tomarte una copa y te despiertas con alguien que no conoces a tu lado, como en las películas.
Fuera de coñas, el Proyecto Manhattan reunió a cerebros brillantes: Robert Oppenheimer, Enrico Fermi, Richard Feynman, Niels Bohr. Físicos de primer nivel, muchos de ellos refugiados del fascismo europeo, comprometidos con derrotar a Hitler. Teóricamente, antinazis.
Construyeron la bomba atómica sabiendo perfectamente que sería usada para vaporizar ciudades enteras. Ciudades llenas de civiles. Niños. Ancianos. Igual no sabían los detalles del cómo, el cuándo o el porqué, pero tú no construyes un arma de destrucción masiva sin saber que eso se va a usar en algún momento. Y oye, era gente que no tenía nada que ver con las decisiones militares de su gobierno.
Y lo hicieron. ¿Por qué? No porque fueran monstruos. Porque estaban demasiado fascinados por el problema técnico para detenerse a pensar en las implicaciones morales.
El desafío intelectual (¿podemos dividir el átomo? ¿Podemos crear una reacción en cadena? ¿Podemos calcular el yield exacto?) eclipsó completamente la pregunta verdaderamente: ¿amiga, deberíamos hacer esto?
A veces pienso que es de ser muy idiota pensar que no lo sabían. O sea, amiga, estás diseñando una bomba atómica, que va a liarla pardísima y tú tan pichi. ¿De verdad?
Feynman, en sus memorias, escribió cómo él y sus colegas celebraban cada avance técnico. Resolvían ecuaciones complejas, diseñaban mecanismos ingeniosos, superaban obstáculos que parecían imposibles. Era emocionante. Era el desafío intelectual de sus vidas.
Y cuando la bomba se lanzó sobre Hiroshima, matando a 70.000 personas instantáneamente (vaporizando algunas, dejando solo sus sombras grabadas en las paredes; quemando a otras hasta que la piel se les caía a tiras; condenando a miles más a muertes lentas y agonizantes por radiación) muchos de esos científicos lo celebraron como una victoria de la física. Habían resuelto el problema. El proyecto había sido un éxito técnico. Tres días después, Nagasaki. Otras 40.000 personas muertas instantáneamente.
Algunos, como Oppenheimer, tuvieron después crisis de conciencia. “Ahora me he convertido en la Muerte, el destructor de mundos.” Pero de esto no fue consciente mientras estaban creando la bomba, según se dice. Durante el proceso, estaban demasiado metidos en cómo resolver el puzzle para pensar en que las piezas eran vidas humanas. Estás creando un arma de destrucción masiva, pero tú lo que quieres es que te salga bien, porque eres un intelectual y tú de política no entiendes.
Y por eso, ser apolítico es una forma muy cómoda de ser soberanamente imbécil.
La lección de todo esto es que ser inteligente, educado, moralmente consciente, ser refugiado del fascismo o entender visceralmente el horror de la violencia política no es garantía de que no vayas a ser cómplice. Nada de eso te protege de ser un monstruo. Pequeñito, pero un monstruo.
De hecho, la inteligencia puede ser una herramienta para racionalizar lo irracional. Para encontrar justificaciones sofisticadas para lo injustificable. Para separar “el problema técnico fascinante que estoy resolviendo” de “las consecuencias morales de mi trabajo”.
Los nazis que diseñaron los campos de exterminio eran unos ingenieros de la hostia. Optimizaron el asesinato en masa con eficiencia industrial alemana, como, ejem, Volkswagen. Calcularon cuántas personas cabían en cada cámara de gas. Cuánto Zyklon B se necesitaba. Cómo disponer de los cuerpos más rápidamente. Cómo extraer el oro de los dientes de la forma más rápida. Minería oral en tiempos de guerra.
Y estaban orgullosos de su trabajo técnico. Escribían informes detallados sobre cómo habían mejorado los procesos, reducido costes, incrementado la “producción”. No porque fueran sádicos (aunque algunos lo fueran). Sino porque habían convertido el genocidio en un problema de ingeniería. Y los ingenieros resuelven problemas. Es lo que hacen. Es lo que se les da bien. La optimización logística del exterminio.
Tú, con toda tu educación y tus valores progresistas y tu conciencia social, podrías acabar siendo igual, aunque te creas un ser de luz. Porque el cerebro humano es extraordinariamente bueno separando el trabajo del resultado. “Yo solo hago mi parte. Yo no controlo para qué se usa. Yo solo optimizo el proceso que me han asignado.” Y esa separación mental es exactamente cómo la gente normal construye sistemas de horror sin sentir que están haciendo nada malo.
Las pequeñas colaboraciones que construyen genocidios
Aquí está la verdad más jodida de todas: no hace falta que participes activamente en atrocidades para ser responsable de ellas. Basta con que hagas tu trabajo. Basta con que no te resistas. Basta con que mires hacia otro lado.
En la Alemania nazi, la mayoría de los alemanes nunca mataron a nadie. La mayoría nunca trabajaron en campos de concentración. La mayoría nunca fueron miembros activos del partido nazi. Simplemente:
Los ferroviarios se dedicaban a llevar los trenes puntualmente. “Solo transporto pasajeros, no pregunto quiénes son ni a dónde van.”
Los administrativos gestionaban las finanzas y comprobaban que la documentación estaba en regla. “Solo proceso papeles, no es mi trabajo cuestionar para qué son.”
Los médicos certificaban que la gente era “apta para el transporte”. “Solo hago exámenes médicos, no decido qué pasa después.”
La gente compraba en tiendas “arias”. “Es más conveniente, están más cerca.”
Los profesores enseñaban el currículo nazi. “Si no lo hago, me despiden y otro lo hará.”
Los policías arrestaban a quien se les decían. “Solo cumplo órdenes, yo no hago las leyes.”
Pequeñas colaboraciones aquí y allá. Cada una de ellas era comprensible. Cada una, con su propia justificación. Ninguna, por sí sola, suficientemente horrible como para arriesgarlo todo resistiéndose. Pero colectivamente, esos millones de pequeñas colaboraciones de personas normales hicieron posible el Holocausto.
Los nazis necesitaban que la población general no se resistiera. No hacía falta que todos fueran nazis fanáticos. Solo hacía falta que siguieran haciendo sus trabajos. Que mantuvieran la economía funcionando. Que procesaran la burocracia necesaria. Que no hicieran demasiadas preguntas. Que no escondieran a los perseguidos.
Los hombres grises
Christopher Browning, en su libro Aquellos hombres grises (1992), documentó el caso del Batallón de Policía de Reserva 101. Eran hombres mayores, padres de familia, demasiado viejos para el frente. No eran SS ideológicos. No tenían entrenamiento especial en sadismo. Y acabaron ejecutando a tiros a miles de judíos en Polonia. Directamente. Cara a cara. Incluyendo niños.
¿Cómo? El primer día, el comandante les dio la opción de no participar si les resultaba demasiado difícil. Solo un 10-20% se negó. El resto participó. No porque fueran nazis convencidos, sino porque no querían parecer cobardes frente a sus camaradas o porque era más fácil obedecer que resistir. O se emborrachaban antes y después para lidiar con ello. O deshumanizaban a las víctimas porque “no son realmente personas como nosotros, son diferentes.”
Y con el tiempo, se acostumbraron. Lo que al principio les horrorizaba se volvió rutina. Algunos incluso desarrollaron eficiencia profesional, orgullosos de hacer bien su “trabajo”.
Tú también lo harías. Yo, también. No en el primer día, tal vez. Pero después de semanas, meses, años de normalización gradual, de presión de grupo, de racionalización, de pequeños pasos donde cada uno parece justificable.
Cuando todos a tu alrededor actúan como si algo terrible fuera normal, tu cerebro se adapta y lo normaliza también. Cuando resistirse significa perder tu trabajo, poner en peligro a tu familia, o convertirte en paria social, la mayoría de la gente elige la autopreservación.
Y hay razones perfectamente comprensibles para hacerlo. No se trata de ser un un cobarde. Es suficiente con ser humano, tener una familia que mantener y estar acojonado por las posibles consecuencias.
Es fácil juzgarlos desde fuera, desde la comodidad de tu sofá, leyendo esto. Es infinitamente más difícil estar en su posición y elegir la resistencia cuando cuesta todo.
La pregunta que no quieres responder
Entonces, aquí está la pregunta que llevamos evitando desde que empezaste a leer esto:
Si mañana tu país empieza a deslizarse hacia el autoritarismo, hacia la persecución de minorías, hacia políticas que sabes que están mal… ¿qué harás?
No me digas que resistirás heroicamente. Todo el mundo dice eso. Es fácil decirlo en abstracto, sentado cómodamente, leyendo un artículo sobre gente muerta hace décadas.
¿Qué estarías dispuesto a perder, en concreto?
¿Tu trabajo? Tu empresa implementa una política que discrimina a ciertos grupos. ¿Renuncias o te quedas diciendo “necesito el sueldo, yo solo trabajo aquí”?
¿Tu vivienda? Protestar te puede costar tu empleo, y sin empleo pierdes tu casa. ¿Lo arriesgas o te callas?
¿Las relaciones con tu familia? Resistir públicamente significa que tu familia también será señalada. ¿Los pones en peligro por tus principios?
¿Tu libertad? Desobedecer puede significar cárcel. ¿Vas a prisión por resistir o cumples las órdenes que sabes que están mal?
¿Tu vida? En situaciones extremas, resistir significa riesgo de muerte. ¿Mueres por tus principios o sobrevives comprometiéndolos?
Lo que cuesta de verdad es ser honesto. Cualquiera puede escribir palabras bonitas en redes sociales. La indignación performativa que no te cuesta nada. Resistir de verdad cuesta todo.
Los alemanes que escondieron judíos sabían que, si los descubrían, morirían. Ellos y sus familias. Toda la familia, ejecutada. Y aun así lo hicieron. Esa es la resistencia real. Los que marcharon en Selma con Martin Luther King Jr. sabían que serían golpeados por la policía. Con porras. Con mangueras de agua a alta presión. Con perros. Lo sabían. Y marcharon de todas formas.
Muchos acabaron en el hospital. Algunos murieron. Los estudiantes que se enfrentaron a los tanques en la Plaza de Tiananmen sabían que podían ser aplastados. Literalmente. Uno se quedó ahí de pie frente a los tanques de todas formas. No sabemos qué le pasó después, pero imagino que nada bueno.
¿Te resistirías como un héroe o te dirías a ti mismo las mismas cosas que se dijeron millones de personas antes que tú?
“Tengo que pensar en mi familia.”
“No puedo cambiar nada yo solo.”
“Si no lo hago yo, lo hará otro.”
“No es tan malo todavía.”
“Solo estoy haciendo mi trabajo.”
“Yo no hice las reglas, solo las sigo.”
“Tengo que sobrevivir, no puedo ser un mártir.”
Todas esas frases son racionales. Todas son comprensibles. Todas son las frases exactas que usó la gente que acabó siendo cómplice de atrocidades.
Para mí, la de “todavía no es tan malo” es la más peligrosa de todas. Porque nunca es “tan malo” hasta que de repente lo es, y para entonces ya es demasiado tarde. Ya has normalizado cada paso anterior. Ya tienes años de complicidad que racionalizar. Ya estás demasiado dentro para retractarte sin admitir que llevas años siendo parte del problema.
¿Y ahora qué?
Ni hay una respuesta fácil ni una solución reconfortante. No se puede escribir una lista con cinco pasos simples para asegurarte de que nunca serás el burócrata que procesa papeles para un genocidio.
La pregunta que sí podemos contestar es: “¿Qué estoy haciendo HOY para asegurarme de que no seré esa persona?”
¿Estás practicando decir “no” en situaciones de bajo riesgo? ¿O siempre cedes para evitar conflicto?
¿Estás cuestionando órdenes injustas ahora que las consecuencias son mínimas? ¿O esperas mágicamente tener coraje cuando las apuestas sean tu vida?
¿Estás estableciendo tus líneas rojas? ¿O dejarás que las circunstancias decidan por ti cuándo es “demasiado”?
Porque si tu respuesta es “nada en particular”, si simplemente confías en que cuando llegue el momento tendrás el coraje que ahora no practicas, entonces ya estás más cerca del burócrata de lo que te gustaría admitir.
Recuerda: la banalidad del mal no necesita monstruos. Solo necesita gente normal haciendo su trabajo, sin hacer demasiadas preguntas, normalizando lo inaceptable un peldaño a la vez.
Y esa gente normal eres tú. Si no haces nada para evitarlo.
En la tercera y última parte de esta serie, exploraremos qué puedes hacer concretamente (herramientas prácticas, no buenos deseos) para resistir tu propia normalización de lo inaceptable. Porque reconocer tu vulnerabilidad es el primer paso. Pero sin acción, es solo conocimiento inútil que te hace sentir superior mientras sigues siendo igual de vulnerable.
Referencias:
Arendt, H. (1963). Eichmann in Jerusalem: A Report on the Banality of Evil. Viking Press.
Browning, C. R. (1992). Ordinary Men: Reserve Police Battalion 101 and the Final Solution in Poland. HarperCollins.
Feynman, R. P. (1985). Surely You're Joking, Mr. Feynman! W.W. Norton & Company.
Rhodes, R. (1986). The Making of the Atomic Bomb. Simon & Schuster.
Cárcel y exclusión social, el alto precio que pagan los 'refusenik' por negarse a servir en el ejército israelí
Los jóvenes israelíes tienen que presentarse a filas del Ejército de forma obligatoria a los 18 años y formar parte de la reserva hasta los 40. Los que se niegan a alistarse o a permanecer en la reserva por motivos éticos son llamados 'refusenik'. Hemos hablado con algunos de ellos.
María Inmaculada Balbás Pérez
No hay cifras oficiales. El Ministerio de Defensa israelí no comparte esta información tan sensible. Pero asociaciones como Mesarvot afirman que, desde el inicio de la invasión de Gaza, por lo menos unos 100 jóvenes se han negado a hacer el servicio militar obligatorio. Investigaciones periodísticas independientes afirman, por otra parte, que por lo menos unos 100.000 reservistas también se han negado a incorporarse al Ejército.
En las ciudades israelíes, especialmente en Jerusalén, es común ver a jóvenes uniformados y con fusiles de asalto en plena calle, incluso cuando van de paisano. En el país hebreo, el servicio militar es obligatorio para ambos sexos: ellos tienen que servir durante dos años y medio como mínimo, ellas durante dos en las FDI (Fuerzas de Defensa de Israel).
Sin embargo, el país hacía una excepción con dos colectivos: los árabes que son ciudadanos israelíes, es decir, palestinos que tienen pasaporte israelí (el 21% de la población en 2025, según la Oficina de estadísticas del Estado), y los judíos ultraortodoxos (el 14% de los judíos son haredíes, según los datos del Instituto de la Democracia de Israel). En junio de 2024 se canceló la excepción para los ultraortodoxos (lo que ha provocado numerosas protestas entre la población haredí, que se ha negado tradicionalmente a servir en el Ejército). La exclusión sigue sin embargo vigente para los palestinos con pasaporte israelí.
También hay excepciones, como por ejemplo, las personas consideradas no aptas por cuestiones médicas o mentales, que están exentas del servicio militar obligatorio, y aquellos estudiantes sobresalientes que pueden aplazar el servicio militar o hacerlo más corto. El 65% restante de los jóvenes israelíes tienen que presentarse a filas de forma obligatoria a los 18 años y formar parte de la reserva hasta los 40, cuando terminan el servicio militar, aunque esto puede variar dependiendo del rango o de la unidad del Ejército. También tienen que acudir a formaciones de cuatro meses cada año para mantenerse en forma hasta que llegan a la edad límite. Luego están aquellos que se niegan a alistarse o a permanecer en la reserva por motivos éticos: los llamados refusenik.
Los refusenik son jóvenes como Yona Roseman, objetora de conciencia transexual de 19 años originaria de Haifa (norte de Israel), que afirma que "gracias al activismo anti apartheid" se dio cuenta de que no podía alistarse en el Ejército, opinión que reforzó "tras el inicio del genocidio" el 7 de octubre de 2023.
Sobre las consecuencias de su activismo y de su negativa a ingresar en las FDI, explica que ha sido arrestada hasta en siete ocasiones, y ha pasado un total de 50 días entre rejas, 20 de ellos en confinamiento solitario. Pero eso no fue todo: "Muchos de mis amigos cortaron lazos conmigo a raíz de mi decisión". La relación con sus padres tampoco ha vuelto a ser la misma. La activista recibió la exención del servicio militar hace mes y medio, dos meses después de haber sido puesta en libertad.
Yuval Peleg, joven de 18 años originario de Kfar Saba (área metropolitana de Tel Aviv), pagó también con pena de cárcel su negativa a realizar el servicio militar: pasó un total de 130 días entre rejas las cinco veces que fue encarcelado, hasta que finalmente recibió la exención oficial el 6 de enero de este año. Sobre el proceso cuenta que "era siempre lo mismo: ingresaba en prisión por unos 20 o 30 días, me liberaban, y a los pocos días me volvían a encarcelar". Peleg, que según las autoridades israelíes debía de alistarse un mes después de acabar la educación secundaria, no dudó en negarse a ingresar en el Ejército, al que califica de "organización criminal" y del que declara con convicción que "comete un genocidio".
Sobre el rechazo social que ha tenido que soportar en el país, afirma que, por suerte, siempre ha contado con el apoyo de su familia y de personas de todo el mundo, gracias a una campaña de Amnistía Internacional por su liberación. Sin embargo, las últimas veces que estuvo en la cárcel recibió amenazas por parte de otros internos, y ha perdido amistades. "La mayor parte de la sociedad lo ve como una traición, como algo que no pueden aceptar", asegura.
La historia de Daniel Yahalom es distinta a la de los refusenik anteriores. Yahalom, profesor de Economía de 32 años residente en Haifa, sirvió en el Ejército varias veces. Tenía 19 años cuando fue enviado a la frontera norte con Líbano. Sobre aquel momento, comenta que sentía que era su deber contribuir a la defensa de su patria. Tras el inicio de la guerra en 2023, fue llamado a filas desde la reserva en tres ocasiones: en 2023, 2024 y 2025, cuando le llamaron para participar en la toma de la ciudad de Gaza en mayo, momento en que decidió negarse. Fue puesto en confinamiento solitario durante cinco días, tras una semana de procedimientos judiciales. Todavía no ha recibido la exención de forma oficial, pero no le han vuelto a llamar a filas.
Lo que finalmente hizo renunciar a Yahalom fue su experiencia como soldado en la Cisjordania ocupada los meses que estuvo activo durante 2023 y 2024. Describe que fue la "falta de equilibrio de poder" que rige el día a día entre palestinos e israelíes lo que poco a poco hizo sentir más y más incómodo en el Ejército, hasta que llegó el momento de renunciar. "Cuando tu estás con una pistola y les estás pidiendo que te muestren su carné de identidad, y ellos saben que no pueden hacer un movimiento en falso, porque si no serán detenidos por días, semanas o meses (...), cuando soldados aparecen en sus casas en medio de la noche, los detienen y llevan a prisión sin juicio (...) lo mundana que es la brutalidad contra los palestinos allí… es algo terrible, que hace que sus vidas sean insoportables".
Sin embargo, afirma que él es un "afortunado", ya que recibió muchas muestras de apoyo por parte de su entorno y pagó un "precio muy bajo", puesto que solo perdió dos semanas de empleo y sueldo, mientras que otros objetores han llegado a perder sus puestos de trabajo o han sido rechazados en procesos de selección por ese motivo. Ser judío en Israel es un gran privilegio, y afirma: "Desobedecer al Estado es mucho más peligroso cuando eres palestino, incluso si tienes el pasaporte israelí".
Por su parte, el Ejército israelí no explica muy bien la duración de las condenas ni por qué unas duran más que otras, como recoge un informe de Amnistía Internacional. Según reza el informe, "todas estas personas están expuestas a ser encarceladas a pesar de que no se les ha dado la oportunidad de realizar un servicio civil alternativo (...). Pueden ser encarceladas durante semanas y en ocasiones meses, tras ser juzgadas por oficiales", tras negarse a presentarse a filas. No obstante, y según recoge el organismo, el derecho a objetar el servicio militar por motivos de conciencia está protegido por el artículo 18 del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, del que Israel es parte.
El 7 de octubre, un antes y un después
"Siempre ha habido objetores de conciencia en Israel", explica Nimrod Flaschenberg, portavoz de Mesarvot, plataforma que une distintas organizaciones que defienden los derechos de los objetores de conciencia, como el Partido Comunista, Combatants for peace o Yesh Gvul. El portavoz corrobora el aislamiento social al que son sometidos los refusenik, ya que "aquellos que se niegan son considerados traidores a la patria", sentimiento que se intensificó tras el inicio de la guerra en Gaza.
"Poco antes del 7 de octubre, hubo una gran protesta general contra del Gobierno, mucha gente amenazó con negarse a hacer el servicio militar… especialmente reservistas, pero también jóvenes", explica el portavoz. Muchos jóvenes protestaron contra la ley que les obliga a alistarse en el ejército y contra la ocupación israelí de Palestina en septiembre antes de los múltiples atentados perpetrados por Hamás el 7 de octubre de 2023.
Pero tanto el portavoz como los refusenik entrevistados coinciden en que, desde que comenzó la guerra, muchos jóvenes israelíes que antes estaban abiertos a la idea de convertirse en objetores de conciencia cambiaron de opinión. Peleg afirma que inmediatamente después de los atentados "la gente quería venganza" y que "hubo una oleada de personas que se ofrecieron voluntarias, no sólo para alistarse, sino incluso para preparar comida a los soldados". Roseman va más allá y afirma creer que la gran mayoría de la sociedad israelí "lleva más de dos años sumida en un frenesí genocida".
Cualquier tipo de disidencia en Israel, y especialmente la disidencia contra el Ejército y el servicio militar, que se considera un organismo unificador del Estado hebreo, es visto como una traición, concluye la activista. Sin embargo, Peleg también asegura que "muchos soldados están desertando del Ejército, no por razones ideológicas, sino porque están cansados" de la guerra, como es el caso de Yahalom.
Documentos filtrados revelan la postura del gobierno de Emiratos Árabes Unidos de respaldar el genocidio de Israel en Gaza 'por todos los medios necesarios'
Un documento filtrado obtenido por el medio EmirateLeaks ha revelado una propuesta del gobierno emiratí para utilizar las bases de los Emiratos Árabes Unidos en el Mar Rojo para proporcionar apoyo militar, de inteligencia y logístico directo a Israel durante su guerra en Gaza.
El documento data de octubre de 2023 y está dirigido al Comando de Operaciones Conjuntas de las Fuerzas Armadas de los EAU. Fue redactado por Hamdan bin Zayed Al-Nahyan, representante de la región de Al-Dhafra y presidente de la Autoridad de la Media Luna Roja de los EAU.
“Con los ataques terroristas [del 7 de octubre] contra el estado hermano de Israel, y con base en el acuerdo histórico que estipula la cooperación entre los dos países… y en implementación de la orden emitida por el Comando de Operaciones Conjuntas de los EAU para apoyar al Estado de Israel a través de bases militares en la región sur del Mar Rojo – Al-Mokha en la costa occidental de Yemen, así como Massawa y Assab en Eritrea y Somalia – se llevaron a cabo preparativos y preparación rápidos para proporcionar a nuestras bases militares en el sur del Mar Rojo, especialmente en Yemen, todo lo necesario para apoyar al Estado de Israel”, comienza diciendo el documento.
El documento pide explícitamente que los Emiratos Árabes Unidos “fortalezcan a Israel en su guerra contra los terroristas en Palestina” y que ese apoyo continúe “hasta que los terroristas sean derrotados”.
El documento filtrado también pide que se continúen las “iniciativas comunitarias” para mejorar la “cohesión social” entre los dos estados.
También pide una cooperación “estrecha, cohesionada e integrada” en “antiterrorismo, intercambio de inteligencia y tecnología militar”, y “confirma el suministro de equipos y dispositivos de inteligencia a Israel por valor de mil millones de dólares”.
Continúa criticando el apoyo qatarí a Hamás y acusa a Kuwait de actuar “junto a Qatar” al “proporcionar apoyo financiero masivo a grupos combatientes en Palestina”, al tiempo que califica esto de “clara contradicción con las políticas de nuestro Estado y con los acuerdos entre nuestro Estado y Kuwait”.
“Existen amplios motivos para mencionar nuestros vínculos previos con el Estado de Israel, que nos obligan a cooperar con él y a acudir en su ayuda, a sumarnos a su apoyo tanto en tiempos de adversidad como de prosperidad. Los Emiratos Árabes Unidos y el Estado de Israel están unidos por estrechos vínculos culturales, diplomáticos, económicos y de seguridad, y estos vínculos se han intensificado desde el histórico acuerdo de 2020”, afirma.
Los Emiratos Árabes Unidos normalizaron oficialmente sus relaciones con Israel en 2020, cuando se firmaron los Acuerdos de Abraham, negociados por Estados Unidos. Washington y Tel Aviv han estado presionando a Arabia Saudita y otros estados árabes para que se unan a dichos Acuerdos.
En los años que siguieron al inicio de la guerra liderada por Arabia Saudita en Yemen en 2015, el ejército de los Emiratos Árabes Unidos estableció una ocupación generalizada de puertos, islas y vías fluviales yemeníes, llevada a cabo en coordinación con Israel.
Los Emiratos Árabes Unidos también han establecido bases militares a lo largo de la costa de Somalia.
Desde que comenzó el genocidio en Gaza, Abu Dhabi –ahora el principal socio comercial árabe de Israel– ha seguido manteniendo una relación militar estratégica con Tel Aviv.
En 2024, Balkan Insight reveló que una empresa vinculada a los Emiratos Árabes Unidos, Yugoimport-SDPR, exportó armas por valor de 17,1 millones de dólares a Israel mediante aviones militares. Estas armas estuvieron directamente implicadas en la guerra genocida contra Gaza.
Empresas emiratíes también han firmado acuerdos con XM Cyber, cofundada por un exjefe del Mossad, para proteger la infraestructura energética nacional. XM Cyber colabora con Rafael y otras empresas militares israelíes de élite como parte de un consorcio que se centra en mercados sensibles del Golfo, como el petróleo, la energía y los datos.
Además, el gigante de defensa estatal de los Emiratos Árabes Unidos, EDGE, tiene acciones en los principales fabricantes de armas israelíes, incluidos Rafael e Israel Aerospace Industries (IAI).
Fuente: https://thecradle.co/articles/leake...
Traducido del inglés por Tortuga con ayuda de un traductor automático.
La última elección
Fuerte artículo del periodista Chris Hedges sobre Trump, así como la foto que eligió para ponerlo en sus redes. Cada vez hay más voces en EEUU que abiertamente hablan de dictadura y fascimo en la era Trump.
Pedro Brieger
La amenaza de Donald Trump de cancelar las elecciones de medio término no es un amague. Ya intentó revertir el resultado de las elecciones de 2020 y dijo que no aceptaría el de 2024 si perdía. Fantasea con desafiar la Constitución para quedarse un tercer mandato. Está decidido a conservar un control absoluto —apuntalado por una mayoría republicana servil— en el Congreso. Teme que, si pierde el control del Congreso, llegue el juicio político. Teme los obstáculos a la rápida reconfiguración de Estados Unidos como un Estado autoritario. Teme perder los monumentos que está erigiendo a su propia gloria: su nombre estampado en edificios federales, incluido el Kennedy Center; la eliminación de la entrada gratuita a los Parques Nacionales el día de Martin Luther King Jr. para reemplazarla por su propio cumpleaños; la anexión de Groenlandia y, quién sabe, quizá Canadá; su capacidad para poner ciudades como Minneapolis bajo sitio y secuestrar residentes legales en plena calle.
A los dictadores les encantan las elecciones, siempre que estén amañadas. Las dictaduras que cubrí en América Latina, Medio Oriente, África y los Balcanes montaban espectáculos electorales minuciosamente coreografiados. Eran una utilería cínica con resultados predeterminados. Servían para legitimar el control férreo sobre una población cautiva, encubrir el enriquecimiento del dictador, su familia y su círculo íntimo, criminalizar toda disidencia y prohibir a los partidos opositores en nombre de “la voluntad del pueblo”.
Cuando Saddam Hussein organizó un referéndum presidencial en octubre de 1995, la única pregunta en la boleta era: “¿Aprueba usted que el presidente Saddam Hussein sea el presidente de la República?”. Los votantes marcaban “sí” o “no”. Los resultados oficiales le dieron a Hussein el 99,96% de unos 8,4 millones de votos, con una participación del 99,47%. Su par en Egipto, el ex general Hosni Mubarak, fue reelegido en 2005 para un quinto mandato consecutivo de seis años con un mandato algo más modesto: 88,6% de los votos. Mi cobertura poco reverencial de las elecciones en Siria en 1991 —donde había un solo candidato en la boleta, el presidente Hafez al‑Assad, que supuestamente obtuvo el 99,9%— me valió la expulsión del país.
Estos espectáculos son el modelo, sospecho, de lo que viene, a menos que Trump consiga su deseo más profundo: emular al príncipe heredero Mohammed bin Salman de Arabia Saudita —cuyo equipo de seguridad asesinó en 2018 a mi colega y amigo Jamal Khashoggi en el consulado saudí en Estambul— y no celebrar elecciones en absoluto.
Trump, aspirante a presidente vitalicio, lanza la idea de cancelar las elecciones legislativas de 2026. Le dijo a Reuters que “si lo pensás bien, ni siquiera deberíamos tener elecciones”. Cuando el presidente Volodímir Zelenski le explicó que en Ucrania no se celebraban elecciones por la guerra, Trump se entusiasmó: “¿O sea que si estamos en guerra con alguien, no hay más elecciones? Ah, eso está bien”.
Trump le dijo a The New York Times que se arrepiente de no haber ordenado a la Guardia Nacional que incautara las máquinas de votación después de las elecciones de 2020. Quiere abolir el voto por correo, junto con las máquinas y los tabuladores que permiten a las autoridades publicar resultados la misma noche electoral. Mejor ralentizar todo y, como hacía la maquinaria política de Chicago bajo el alcalde Richard J. Daley, rellenar urnas después del cierre para asegurar la victoria.
La administración Trump está prohibiendo campañas de registro de votantes en los centros de naturalización. Impone leyes restrictivas de identificación de votantes a nivel nacional. Reduce las horas que los empleados federales pueden ausentarse del trabajo para ir a votar. En Texas, el nuevo mapa electoral priva de derechos de manera flagrante a votantes negros y latinos, una maniobra avalada por la Corte Suprema. Se espera que elimine cinco bancas demócratas en el Congreso.
Nuestras elecciones inundadas de dinero, sumadas a un gerrymandering agresivo, hacen que pocas contiendas legislativas sean competitivas. La reciente redistribución de distritos prácticamente garantiza a los republicanos nueve escaños más —en Texas, Misuri, Carolina del Norte y Ohio— y a los demócratas seis —cinco en California y uno en Utah—. Los republicanos planean más redistritaciones en Florida y los demócratas impulsan una iniciativa en Virginia. Si la Corte Suprema sigue desmantelando la Ley de Derecho al Voto, la manipulación de distritos por parte de los republicanos se disparará, quizá consolidando una victoria aunque la mayoría del electorado no la quiera. Nadie puede llamar democrático al gerrymandering.
El fallo de la Corte Suprema en Citizens United nos quitó cualquier influencia real en las elecciones. Autorizó dinero ilimitado de corporaciones y grandes fortunas para amañar el proceso electoral en nombre de la libertad de expresión protegida por la Primera Enmienda. Dictaminó que el lobby pesado y organizado de las grandes empresas es una expresión del derecho del pueblo a peticionar a su gobierno.
Nuestros derechos más básicos, incluida la libertad frente a la vigilancia masiva del Estado, han sido revocados de manera constante por decreto judicial y legislativo.
El “consentimiento de los gobernados” es una broma cruel.
Hay pocas diferencias sustantivas entre demócratas y republicanos. Existen para ofrecer la ilusión de una democracia representativa. Los demócratas y sus apologistas liberales adoptan posturas tolerantes en cuestiones de raza, religión, inmigración, derechos de las mujeres e identidad sexual, y fingen que eso es hacer política. La derecha utiliza a los sectores marginados —en especial a los inmigrantes y al fantasma de la “izquierda radical”— como chivos expiatorios. Pero en los grandes temas —guerra, acuerdos comerciales, austeridad, policía militarizada, el gigantesco sistema carcelario y la desindustrialización— marchan en perfecta sintonía.
“No se puede señalar ninguna institución nacional que pueda describirse con precisión como democrática”, escribió el filósofo político Sheldon Wolin en Democracy Incorporated: “seguro que no en elecciones hipercontroladas y saturadas de dinero, un Congreso infestado de lobbistas, una presidencia imperial, un sistema judicial y penal sesgado por clase o, menos que nada, los medios”.
Wolin llamó a nuestro sistema de gobierno “totalitarismo invertido”. Rinde pleitesía externa a la fachada de la política electoral, la Constitución, las libertades civiles, la libertad de prensa, la independencia judicial y la iconografía, tradiciones y lenguaje del patriotismo estadounidense, mientras permite que corporaciones y oligarcas se apoderen de los mecanismos de poder y dejen al ciudadano impotente.
El vacío del paisaje político bajo este “totalitarismo invertido” fusionó la política con el entretenimiento. Fomentó una farsa política permanente, una política sin política. El imperio, el poder corporativo sin regulación, la guerra interminable, la pobreza y la desigualdad social se volvieron temas tabú.
Estos espectáculos fabrican personalidades políticas prefabricadas —la persona ficticia de Trump, producto de The Apprentice—. Viven de retórica hueca, relaciones públicas sofisticadas, publicidad pulida, propaganda y el uso constante de focus groups y encuestas para devolverle al votante lo que quiere oír. La campaña presidencial vacía, sin temas y centrada en celebridades de Kamala Harris fue un ejemplo impecable de este arte performático político.
El asalto a la democracia, llevado adelante por los dos partidos gobernantes, preparó el terreno para Trump. Castraron nuestras instituciones democráticas, nos despojaron de derechos básicos y consolidaron la maquinaria del control autoritario, incluida la presidencia imperial. Trump solo tuvo que accionar el interruptor.
La violencia policial indiscriminada, familiar desde hace tiempo en comunidades urbanas pobres —donde fuerzas militarizadas actúan como juez, jurado y verdugo— le otorgó al Estado el poder de hostigar y matar ciudadanos “legalmente” con impunidad. Generó la mayor población carcelaria del mundo. Ese vaciamiento de libertades civiles y del debido proceso ahora se volvió contra todos. Trump no lo inició. Lo amplió. El terror es el objetivo.
Trump, como todos los dictadores, está embriagado de militarismo. Pide aumentar el presupuesto del Pentágono de un billón a un billón y medio de dólares. El Congreso, al aprobar su One Big Beautiful Act, asignó más de 170 mil millones para control fronterizo e interno, incluidos 75 mil millones para el ICE en los próximos cuatro años. Eso supera el presupuesto anual combinado de todas las fuerzas policiales estatales y locales.
“Cuando un gobierno constitucionalmente limitado utiliza armas de poder destructivo horrendo, subsidia su desarrollo y se convierte en el mayor traficante de armas del mundo”, escribe Wolin, “la Constitución es reclutada para servir como aprendiz del poder, no como su conciencia”.
Que el ciudadano patriota apoye sin fisuras a los militares y su enorme presupuesto significa que los conservadores lograron convencer al público de que las fuerzas armadas son algo distinto del gobierno. Así, el componente más sustancial del poder estatal queda fuera del debate público. Del mismo modo, en su nuevo estatus de ciudadano imperial, el creyente desprecia la burocracia pero no duda en obedecer las directivas del Departamento de Seguridad Nacional, el organismo gubernamental más grande e intrusivo de la historia del país. La identificación con el militarismo y el patriotismo, junto con las imágenes de poder estadounidense proyectadas por los medios, hace que el ciudadano se sienta más fuerte, compensando la sensación de debilidad que la economía impone a una fuerza laboral sobreexigida, exhausta e insegura.
Los demócratas, en la próxima elección —si es que la hay—, ofrecerán la opción menos mala mientras hacen poco o nada para frenar la marcha hacia el autoritarismo. Seguirán rehenes de las exigencias de los lobbistas corporativos y los oligarcas. Un partido que no defiende nada ni pelea por nada bien podría entregarle a Trump una victoria en las legislativas. Pero Trump no quiere correr ese riesgo.
Trump y sus secuaces están cerrando con energía la última salida del sistema que impide la dictadura absoluta. Pretenden orquestar elecciones simuladas, al estilo de todas las dictaduras, o directamente abolirlas. No están bromeando. Será el golpe de gracia al experimento estadounidense. No habrá vuelta atrás. Nos convertiremos en un Estado policial. Nuestras libertades, ya bajo ataque feroz, serán extinguidas. En ese punto, solo movilizaciones masivas y huelgas podrán impedir la consolidación de la dictadura. Y esas acciones, como vemos en Minneapolis, serán respondidas con represión estatal letal.
La subversión de las próximas elecciones planteará dos opciones brutales para los opositores más visibles de Trump: el exilio o el arresto y encarcelamiento a manos de matones del ICE.
La resistencia a la bestia, como en todas las dictaduras, tendrá un costo altísimo.
Significado del cuadro Guernica de Pablo Picasso y qué representa
Revisado por Andrea Imaginario
Especialista en artes, literatura e historia cultural
Guernica es una pintura mural al óleo elaborada en el año 1937 por el pintor, escultor y poeta español Pablo Ruiz Picasso (Málaga, España 1881-Mougins, Francia 1973). Se encuentra actualmente en el Museo de Arte Reina Sofía en Madrid, España.
El cuadro fue un encargo del gobierno de la Segunda República en España para el pabellón español de la Exposición Internacional de París de 1937, en pleno contexto de la Guerra Civil española.
Picasso no recibió ninguna petición acerca del tema, de modo que demoró algún tiempo en hallar un concepto apropiado. A partir de esta situación, surgen una serie de dudas respecto a la génesis y tema real del lienzo.
Significado del Guernica
Pablo Picasso alcanzó a decir lo siguiente sobre su obra:
Mi trabajo es un grito de denuncia de la guerra y de los ataques de los enemigos de la República establecida legalmente tras las elecciones del 31 (...). La pintura no está para decorar apartamentos, el arte es un instrumento de guerra ofensivo y defensivo contra el enemigo. La guerra de España es la batalla de la reacción contra el pueblo, contra la libertad. En la pintura mural en la que estoy trabajando, y que titularé Guernica, y en todas mis últimas obras, expreso claramente mi repulsión hacia la casta militar, que ha sumido a España en un océano de dolor y muerte.
Sin embargo, la beligerante declaración de Pablo Picasso hizo que la obra Guernica fuera considerada una pintura propagandística. ¿Fue realmente inspirada en los bombardeos de Guernica o respondió a los fines propagandísticos de la izquierda española? Parafraseando a José María Juarranz de la Fuente, Macarena García sostiene que:
Picasso nombró Guernica a su obra para elevarla de categoría y multiplicar su visibilidad en Europa, convirtiéndola en un símbolo contra la barbarie fascista de la guerra española.
Macarena García resume las conclusiones de Juarranz de la Fuente de la siguiente manera:
El toro representa el autorretrato de Picasso, la mujer con el niño desmayado representaría a su amante Marie Thèresse Walter y a su hija Maya en el momento del nacimiento y el caballo representaría a su ex mujer Olga Koklova y la lengua puntiaguda a sus duras discusiones con ella antes de su separación.
En cuanto a la figura femenina que sostiene una lámpara que sale de una ventana, José María lo asocia a la madre del artista en el momento del terremoto que vivieron en Málaga...
En otro artículo titulado ¿Es el ‘Guernica' un retrato familiar de Picasso?, escrito por Angélica García y publicado en El País de España, también se hace referencia al libro de Juarranz de la Fuente. En este se dice que:
El guerrero tirado en el suelo es su interpretación más polémica, reconoce el autor. No alberga dudas de que se trata del pintor Carlos Casagemas, al que considera que Picasso traicionó durante un viaje a Málaga.
Más allá de determinar cuál interpretación es verdadera, surgen una serie de preguntas en nosotros. ¿Acaso este cuestionamiento invalida el significado simbólico que se le ha atribuido a la obra?
¿Podría ser que Picasso hubiera comenzado el proyecto como algo personal y, ante el evento, le hubiera dado un giro a sus bocetos preliminares antes de su ejecución final? ¿Puede ser que haya visto en su propia historia de vida la metáfora de una guerra?
Si bien puede ponerse en cuestión las motivaciones iniciales de Picasso, la polémica confirma la naturaleza polisémica del arte. En todo caso, es posible interpretar esta discusión como signo de la capacidad de los artistas, muchas veces inconsciente, para trascender el pequeño mundo de las intenciones declaradas y captar sentidos universales.
Quizá en cada obra, como en el Aleph de Borges, se esconde el universo vivo.
AnálisisGuernica se considera uno de los cuadros más importantes de la carrera del pintor Pablo Picasso y del siglo XX, tanto por su carácter político como por su estilo, una mezcla de elementos cubistas y expresionistas que lo tornan único. Cabe preguntarse qué representa, de dónde deriva su carácter político y cuál es el significado que el pintor le atribuye.
¿Qué representa el cuadro Guernica?
En la actualidad, existen dos tesis en debate sobre qué representa el Guernica de Pablo Picaso: la más extendida defiende que se inspira en el contexto histórico de la Guerra Civil española. Otra, más reciente y escandalosa, insiste en que se trata de una autobriografía.
Contexto histórico
La mayoría de las fuentes señalan que el cuadro Guernica representa un episodio enmarcado en el contexto histórico de la Guerra Civil española. Para entonces, Guernica —ubicada en Vizcaya, País Vasco—, estaba bajo el control de la Segunda República y tenía tres fábricas de armamento.
En consecuencia, el 26 de abril de 1937, la población de Villa Vasca de Guernica fue bombardeada por la Legión Cóndor de las fuerzas de aviación alemanas, apoyadas por la aviación italiana. El bombardeo dejó un saldo de 127 fallecidos, despertó la reacción popular y repercutió en la opinión pública internacional.
Una posible autobiografía
Tras el análisis de los bocetos para el lienzo y su datación, algunos investigadores se ha preguntado si realmente Picasso se propuso desde el inicio una representación deliberada de los bombardeos sobre Guernica.
En un artículo de Macarena García titulado ¿Y si el ‘Guernica' contara otra historia?, en el que reseña el libro Guernica: la obra maestra desconocida de José María Juarranz de la Fuente (2019), se informa que la obra habría comenzado a realizarse antes de que se tuviera conocimiento de los bombardeos.
El tema inicial habría sido, según Juarranz, un relato autobiográfico familiar del pintor, que recorre su historia con su madre, sus amantes y su hija, la cual estuvo a punto de morir tras el alumbramiento. Esta hipótesis ya habría sido sugerida por Daniel-Henry Kanhweiler, marchante y biógrafo del pintor malagueño.
Cabe preguntarse, ¿puede un análisis iconográfico confirmar o invalidar esta interpretación? Veamos a continuación.
En Guernica, Picasso aplica la técnica de la pintura al óleo en un lienzo de gran formato. es un cuadro polícromo, cuya paleta incluye negro, gris, azul y blanco, de modo que el pintor aprovecha al máximo los fuertes contrastes de claroscuro que estos colores permiten.
El cuadro refleja la dualidad de dos escenas en una: la parte izquierda parece el interior de una casa y la parte derecha el exterior, unidos y separados a la vez por umbrales.
El umbral es un símbolo importante en el imaginario artístico. Este se permite el tránsito del interior al exterior y viceversa, y comunica diversos espacios y mundos. Por lo tanto, cuando se cruza cualquier umbral, se pasa a una zona peligrosa de batallas invisibles pero reales: el subconsciente.
Para la unificación de los diferentes aspectos del cuadro, Picasso usa la técnica del cubismo sintético, que consiste en trazar una línea recta a lo largo del cuadro, unificando con ello las formas inconexas.
La luz en el cuadro es crucial para mostrar el dramatismo y la conexión entre los diferentes personajes al estar todos iluminados y todos juntos en este sufrimiento.
Personajes y figuras en GuernicaLa composición de Guernica presenta nueve personajes: cuatro mujeres, un caballo, un toro, un pájaro, una bombilla y un hombre.
Las mujeres
Para Picasso, las mujeres son efectivas para mostrar el sufrimiento y el dolor, ya que les atribuye esa cualidad emocional.
Las dos mujeres que claman al cielo por justicia están una en cada extremo del cuadro enmarcando el sufrimiento. La mujer de la izquierda clama por la vida de su hijo, quizá símbolo del dolor psíquico, y nos recuerda la iconografía de la Piedad.
La mujer de la derecha clama por el fuego que la consume. Representa probablemente el dolor físico. Picasso consigue aumentar la sensación de encierro al circunscribirla en un cuadrado.
Las otras dos mujeres crean movimiento desde la derecha hacia el centro de la obra. La mujer más pequeña parece absorta con la luz que emana la bombilla en el centro de la sala, por lo que su cuerpo (en diagonal) completa la composición triangular.
La otra mujer, semejante a un espectro, se asoma por una ventana portando una vela en dirección a la figura central del caballo. Ella es la única imagen etérea y la única que sale o entra por una ventana o umbral, transitando de un mundo a otro.
El caballo
Herido con una lanza, el caballo sufre contorsiones cubistas de cabeza y cuello. De su boca sale un cuchillo que tiene por lengua, el cual apunta en dirección al toro.
El toro
El toro al lado izquierdo del cuadro está sorprendentemente impasible. El toro es el único que mira al público y se comunica con él en una forma que los otros personajes no lo logran.
Pablo Picasso, en la década de los 30, hace del toro un animal recurrente en su iconografía hasta convertirlo en el símbolo del laberinto de su vida.
El pájaro (paloma)
El pájaro está muy sutil entre los dos animales fuertes del cuadro: el toro y el caballo. Pero eso no le impide graznar a los cielos de la misma manera que hacen las mujeres que se enmarcan a cada lado del cuadro.
La bombilla
La bombilla circunscrita en una especie de ojo, con rayos como un sol, preside el conjunto de la escena y da la sensación de observar por fuera todos los acontecimientos.
La bombilla interior juega con la ambigüedad y dualidad de no saber si es noche o día, interior o exterior. Nos transporta a un mundo fuera de este mundo.
El hombre
El hombre es representado por una sola figura, en el suelo, con los brazos abiertos extendidos y fragmentados.
Ubicado a lo largo del suelo de la parte izquierda, vemos su brazo amputado, aún empuñando una espada rota junto a una única y minúscula flor ubicada en el centro inferior del cuadro, representando quizá la esperanza.
Las rayas en el brazo simbolizan la flagelación. Esto, junto con sus brazos abiertos nos recuerda la crucifixión como sufrimiento y sacrificio del hombre.
El nuevo gobierno holandés propone un 'impuesto de la libertad' para financiar el gasto militar
El gobierno entrante planea introducir un impuesto extra a los ciudadanos y empresas para recaudar 5.000 M€ y dedicarlos a gasto militar. El incremento total del presupuesto militar será de 19.000 M€ al año, que serán financiados por amplios recortes presupuestarios, incluido sanidad y asistencia social, además del impuesto extra que el gobierno ha llamado "impuesto de la libertad".
El nuevo gobierno holandés planea un "impuesto de libertad" para financiar el gasto de defensa
Bart H. Meijer y Charlotte Van Campenhout
El nuevo gobierno holandés planea añadir un recargo a los impuestos sobre la renta y corporativos para generar alrededor de 5.000 millones de euros (6.000 millones de dólares) por año para aumentar el gasto de defensa, dijeron el viernes los partidos de la coalición.
Para cumplir con el objetivo establecido por los países de la OTAN el año pasado, el gobierno pretende aumentar el gasto de defensa al 2,8% del producto interno bruto para 2030 y al 3,5% para 2035, en comparación con el 2% actual.
En última instancia, el aumento del gasto de defensa sería de unos 19.000 millones de euros al año, que se financiarían con amplios recortes presupuestarios, incluidos en sanidad y bienestar, así como con el incremento de impuestos que el gobierno ha denominado impuesto de la libertad.
En su acuerdo de coalición presentado el viernes, meses después de las elecciones de octubre, el nuevo gobierno también dijo que planeaba invertir en vivienda, limitando al mismo tiempo el déficit gubernamental a alrededor del 2% del PIB.
'UN NUEVO RUMBO' PARA EL PAÍS
"Estamos trazando un nuevo rumbo para nuestro país, con inversiones orientadas al largo plazo", dijo el líder del partido D66, Rob Jetten.
A principios de esta semana, Jetten y otros líderes políticos acordaron formar un gobierno minoritario poco común en el que el centrista pro-UE D66 se unirá a los conservadores demócrata-cristianos y al derechista VVD.
Esta coalición sólo tendrá 66 de los 150 escaños de la cámara baja del parlamento y necesitará encontrar apoyo entre los partidos de oposición para sus propuestas.
El principal partido de oposición de izquierda dijo que luchará por políticas más sociales y verdes.
Como líder del nuevo gobierno, Jetten, de 38 años, se convertirá en el primer ministro más joven en la historia holandesa.
En las próximas semanas se cubrirán otros puestos del gabinete y se espera que el gobierno sea instalado oficialmente dentro de un mes.
Fuente: https://www.reuters.com/business/ne...
Traducido del inglés con ayuda de traductor automático y revisado por Tortuga.
Cinefilia estrena el documental 'Desarmando la guerra', de Montse de la Cal
Redacción
La asociación cultural Cinefilia presenta el estreno oficial del documental “Desarmando la guerra”, un trabajo de investigación audiovisual de gran calado dirigido por Montse de la Cal, que llegará a las salas en enero tras varios meses de intenso proceso de actualización, postproducción y edición de sonido.
El documental ya pudo verse en preestreno en el EJE de Azuqueca de Henares el pasado mes de octubre, dentro de la programación del FESCIGU, donde fue proyectado en pantalla grande y recibió excelentes críticas tanto por su enfoque como por la solidez de su planteamiento. Aquella primera acogida impulsó una nueva fase de trabajo sobre la obra, incorporando actualizaciones documentales y un cuidado tratamiento del sonido y el montaje, con el objetivo de afrontar su estreno y posterior distribución en las mejores condiciones posibles.
“Desarmando la guerra” nace de una inquietud profundamente contemporánea: ¿por qué en 2025 se ha batido el récord de conflictos armados desde la Segunda Guerra Mundial? ¿Por qué el mundo se rearma de forma acelerada mientras vuelven a soplar vientos de guerra? A lo largo de ochenta minutos de ritmo vertiginoso, la película articula estas preguntas a través de entrevistas y abundante documentación gráfica, fruto de un exhaustivo trabajo de investigación y contraste de fuentes.
El documental pone el foco en los intereses económicos y geopolíticos que se benefician de la desestabilización de países y conflictos prolongados. Cinco miradas diferentes construyen un relato que combina análisis, reflexión crítica y una apuesta decidida por la esperanza, invitando al espectador a cuestionar los discursos dominantes y a pensar la paz como una opción posible y necesaria.
La obra se distribuye bajo Licencia Creative Commons CC BY-NC-ND 4.0, lo que significa que puede visionarse, descargarse y compartirse libremente, siempre que se reconozca la autoría, no se utilice con fines comerciales y no se realicen modificaciones ni obras derivadas. Esta decisión refuerza la vocación divulgativa y social del proyecto, facilitando su circulación en espacios educativos, culturales y sociales, y garantizando al mismo tiempo la integridad del contenido original.
Con “Desarmando la guerra”, de la Cal firma un documental comprometido, riguroso y necesario, que aspira a generar debate y conciencia en un momento histórico marcado por la escalada armamentística y la normalización del conflicto. Un estreno que invita a mirar de frente la realidad para, precisamente, empezar a desarmarla.
Este nuevo documental se inscribe en una trayectoria de trabajo continuado de Montse de la Cal, que ya ha codirigido junto a Luis Moreno otros documentales en formato corto realizados también para el FESCIGU, como “El agua secuestrada” —con más de 100.000 visualizaciones en YouTube—, “La edad de la calma” o “Guadalajara SOStenible”.
El estreno de “Desarmando la guerra” se produce tras el cierre reciente del ciclo de proyecciones de la sección Infancine, una iniciativa educativa del FESCIGU que ha recorrido la provincia de Guadalajara acercando el cine comprometido a centros escolares. El programa, patrocinado por la Diputación Provincial de Guadalajara, se consolida como una de las líneas educativas más relevantes del festival.
Por otro lado, Cinefilia informa de que la exposición “La humanidad en la guerra”, obra del Premio Princesa de Asturias James Nachtwey, y cedida por Cruz Roja, prevista inicialmente para el 10 de enero en la Sala de Exposiciones Jesús de Campoamor, en Azuqueca de Henares, se ha aplazado al mes de marzo debido a problemas de disponibilidad del espacio.
SNDP Enero 2026
Los premios nobel de la Paz.
Efemérides.
Consultorio de Mari Paz.
La guerra del Mes.
Israel ha matado a 520 gazatíes desde el inicio del alto al fuego
EFE
Los palestinos asesinados por fuego israelí pese al alto el fuego en vigor desde el 10 de octubre ascienden a 520, tras el asesinato de 26 gazatíes este sábado, entre ellos a una familia de siete en una tienda de campaña en Jan Yunis (sur) y once muertos en el bombardeo de una comisaria en la ciudad de Gaza, según fuentes médicas y de la defensa civil.
Un misil israelí impactó esta mañana contra la comisaría del barrio de Sheij Radwan, en la ciudad de Gaza, causando siete muertos, según confirmó una fuente de la morgue del Hospital Shifa, que aumentaron poco después a once tras el hallazgo de cuatro cuerpos entre los escombros.
Según el hospital y un comunicado del Ministerio del Interior de Hamás, entre las víctimas mortales hay al menos tres mujeres agentes de Policía y cuatro personas que estaban detenidas. Todavía se desconocen detalles sobre los últimos cuatro fallecidos.
Los ataques tuvieron lugar tanto en el norte como en el sur de Gaza, incluidos el bombardeo de un dron israelí contra una tienda de campaña en Jan Yunis en el que murieron un padre, sus tres hijos y tres de sus nietos, según una fuente del Hospital Naser.
En el norte, en Ciudad de Gaza, una madre y tres de sus hijos fueron asesinados, junto a otro familiar, en el bombardeo aéreo contra el apartamento en el que se refugiaban, de acuerdo con el Hospital Shifa.
Además, hubo otros cuatro bombardeos, entre ellos contra otro apartamento cerca del cruce de Jabalia, al este de Ciudad de Gaza, que solo causó heridos y dos al sureste del campamento de refugiados de Al Bureij, en el centro de la Franja y cerca de la denominada línea amarilla.
Además, en estos más de tres meses y medio de tregua, los equipos de la defensa civil han recuperado entre los escombros 715 cuerpos y miles más siguen sepultados.
"Se han añadido 85 mártires (muertos) a las estadísticas acumuladas, cuyos datos fueron completados y aprobados por el Comité de Aprobación de Mártires entre el 23 y el 30 de enero de 2026", detalla este sábado Sanidad.
La ofensiva bélica israelí iniciada el 7 de octubre de 2023 se considera por gran parte de la comunidad internacional como un genocidio contra el pueblo palestino por la destrucción generalizada, el alto ratio de civiles muertos versus milicianos o el uso del hambre como arma de guerra.
Yuval Noah Harari: 'En el siglo XXI las élites perderán sus incentivos para invertir en la salud, la educación y el bienestar de la mayoría. La mayoría de la gente será innecesaria'
Tenemos que ser muy realistas: durante la mayor parte de la historia, la mayor parte de la gente ha sido insignificante para las élites y los centros de poder. Hemos vivido en una sociedad muy especial, en la que solo durante los siglos XIX y XX las masas han sido vitales para la economía y por lo tanto han tenido derechos. Que ya no sean necesarias por razones económicas o militares tendrá consecuencias desastrosas sobre las personas.
Yuval Noah Harari: "La mayoría de la gente será innecesaria en el siglo XXI"
Ernest Alós
Con libros como ‘Sapiens. Breve historia de la humanidad', el joven historiador israelí Yuval Noah Harari (1976) ha sido leído y recomendado por lectores como Barack Obama o Mark Zuckerberg. La élite de la élite que puede hacer realidad, o no, los negros presagios sobre el futuro de nuestro género que plantea en ‘Homo Deus. Una breve historia del mañana' (Debate / Edicions 62), el libro sobre el que este martes debatirá con Jorge Wagensberg en el ciclo Converses a la Pedrera (19 horas, entradas agotadas). En él expone que en el último siglo la humanidad ha reducido drásticamente el hambre, ha retrasado la muerte y acotado las guerras. Ese proceso puede seguir progresando para conseguir más felicidad (pero gracias a la bioquímica) y más longevidad (para unos pocos) hasta llegar a crear una nueva figura, el ‘Homo deus', con capacidades que nuestros ancestros reservaban a los seres divinos. Pero ese planteamiento aparentemente optimista es un ‘macguffin', y la historia puede ir por otros derroteros, mucho más funestos. Y es que uno de los méritos de Harari es su habilidad para utilizar recursos narrativos…
Así que de optimismo nada, ¿no?
El primer capítulo del libro es una historia simple, la que nos suelen explicar científicos y futurólogos sobre lo que sucederá en los próximos 100 años. Una simple proyección del presente sin grandes cambios. En el pasado conseguimos superar el cólera, el tifus y la tuberculosis y ahora venceremos el cáncer y el alzhéimer y encontraremos la manera de rejuvenecer el cuerpo. Pero en la mayor parte del libro lo que hago en realidad es complicar la historia. No solo porque vaya a haber imprevistos sino porque los ideales fundamentales que nos impulsaron en esta dirección están en peligro, pueden colapsar. En el próximo siglo encararemos no solo cambios tecnológicos sino también ideológicos. Y la idea de que podemos mantener los valores humanísticos que han sido predominantes durante el siglo XX, solo que con una mejor tecnología para hacer realidad estos ideales, es muy naïf.
¿Así, la libertad, la democracia, los derechos humanos, cree que son valores que corren peligro?
Sí, por supuesto. Las ideas fundamentales de las democracias liberales con las que estamos familiarizados, como ‘un hombre un voto', en un mundo con castas biológicas, ciborgs e inteligencia artificial pueden quedar completamente obsoletas. Los superricos podrán conseguir para sí mismos o para sus hijos capacidades que les harán superiores a la población media, que no podrá competir, y la brecha se hará cada vez mayor. Hoy no, y por eso el hijo de un pobre aún tiene alguna oportunidad. Cuando haya estas diferencias biológicas no tendrá ninguna.
Quedémonos de momento dentro de esta narración que dice que viviremos más y nuestra especie mejorará. Toda la humanidad no se convertirá en ‘homo deus'. Solo unos pocos. ¿Y los demás?
Durante el siglo XX la igualdad fue quizás el valor más importante de la humanidad. En gran parte, la historia del siglo XX es una historia de victorias, incompletas por supuesto, sobre la desigualdad. El mundo es ahora mucho más igualitario entre razas, entre clases, entre géneros, incluso entre padres e hijos. Esto ahora quizá va a invertirse. Veremos mayores desigualdades que en cualquier otro momento de la historia. Podremos ver a una pequeñísima minoría de personas que monopolice el poder económico y político, los algoritmos y la tecnología, y utilice este enorme poder para empezar a mejorar biológicamente y crear clases biológicas. Esto es abstracto, así que podemos poner un ejemplo: pensemos por ejemplo en los coches con pilotaje autónomo. Serán casi inevitables en los próximos 10 o 20 años. Hoy, millones de personas comparten las decisiones sobre la movilidad. Taxistas, conductores, profesores de autoescuelas, guardias de tráfico… Dentro de 20 años todos los vehículos estarán conectados a una única red que estará controlada por un único algoritmo. ¿Y quién será el propietario? Quizá una corporación como Google controlará toda la red de transporte de Barcelona. Ese es el tipo de monopolización del poder que puede venir.
Usted dice que en esa sociedad la clase mayoritaria pasaría a ser la de los innecesarios. El momento más inquietante del libro es cuando usted plantea que ya hay un modelo de cómo sería esa relación entre superhombres y homo sapiens: la forma como hoy nosotros tratamos a los animales.
Bueno, me parece que no se los comerán, no creo que lleguemos a eso. No creo que la gente vaya a ser criada en granjas como en ‘Matrix', eso no es realista… las máquinas no necesitan comer personas. Lo que quiero dar a entender es que en el siglo XX las mejoras en la vida del humano medio se produjeron sobre todo debido a que los gobiernos, en todo el mundo, establecieron sistemas masivos de educación, salud y del estado del bienestar. Hasta Hitler necesitaba que millones de alemanes estuvieran en condiciones de servir en la Wehrmacht y trabajar en las fábricas. Tenía sentido invertir en su bienestar. En el siglo XXI las élites perderán sus incentivos para invertir en la salud, la educación y el bienestar de la mayoría porque la mayor parte de la gente será innecesaria. Esto no significa que los vayan a exterminar de forma activa, solo que los gobiernos invertirán cada vez menos en ellos. Y esto ya está sucediendo ahora en el todo el mundo.
¿El futuro se parecerá a esas sociedades del pasado en que el 20% de la población podía morir de hambre sin que se inmutaran en el palacio real?
Podría ser algo así. Tenemos que ser muy realistas: durante la mayor parte de la historia, la mayor parte de la gente ha sido insignificante para las élites y los centros de poder. Hemos vivido en una sociedad muy especial, en la que solo durante los siglos XIX y XX las masas han sido vitales para la economía y por lo tanto han tenido derechos. Que ya no sean necesarias por razones económicas o militares tendrá consecuencias desastrosas sobre las personas.
Hubo otra razón: leyeron a Marx, creyeron en la amenaza de una clase obrera organizada y reaccionaron preventivamente. Tienes el argumento ético, que debería ser suficiente, pero me temo que no lo es. Marx escribía en el siglo XIX bajo la idea de que el proletariado era el elemento imprescindible para la economía. Y que la huelga general era su arma irresistible. Pero ahora es irrelevante. La mayoría de las personas serán económicamente innecesarias. ¿A quién le importa que hagan huelga los mendigos? ¡Los algoritmos no van a la huelga!
¿Hay hoy alguna amenaza que disuada al poder de dejar a la mayoría de población a la intemperie?
No lo sabemos. Cuanto más globalizada y automatizada es la economía, menor es el poder de la clase obrera. Creo que esta es una de las razones por las que la gente vota a Donald Trump en EEUU, por el Brexit en el Reino Unido o por los nuevos partidos en España, Grecia e Italia. La gente se da cuenta de que está perdiendo su poder e intenta desesperadamente demostrar al sistema que aún lo tiene votando todo tipo de políticas antiestablishment. Pero temo que es un gesto. No consigo adivinar cuál puede ser la amenaza que pueda invertir esa concentración de recursos que hace que las 60 personas más poderosas tengan más riqueza que el 50% de la población mundial, 3.500 millones de personas.
Le pone nombre a ese futuro amenazante. Dataísmo. ¿Cómo lo define?
Para dar una definición breve: dataísmo es la situación en la que, con suficientes datos biométricos sobre mí y suficiente poder computacional, un algoritmo externo puede entenderme mejor de lo que yo me entiendo a mí mismo. Y una vez existe este algoritmo, el poder pasa de mí, como individuo, a ese algoritmo, que puede tomar mejores decisiones que yo. Esto empieza con cosas simples, como el algoritmo de Amazon que te propone libros, o los sistemas de navegación que nos dicen qué camino tomar. Eran decisiones que tomábamos basándonos en nuestros instintos y conocimientos. Ahora la gente cada vez confía más en aplicaciones y sigue instrucciones del teléfono móvil. Y esto irá pasando también en decisiones más importantes, cómo en qué universidad estudiar, a quién votar… Iremos cediendo poder de decisión, y no porque lo decida un poder dictatorial, sino que seremos nosotros quienes querremos hacerlo. Hay departamentos de policía de EEUU en los que es un algoritmo el que decide dónde se debe desplegar a los patrulleros en función de los patrones de delincuencia, no un sargento veterano como antes. Tengo un amigo en Israel que está investigando en una inteligencia artificial que actúe como tutor de los niños las 24 horas del día y les enseñe todo. Por supuesto los algoritmos no acertarán en el 100% de las ocasiones… pero no lo necesitan, solo necesitan ser mejores que un humano medio, y eso no es tan difícil.
Dice usted que este es solo un futuro posible. ¿Qué posibilidades tenemos de hacer que no sea así? ¿Hacer nuestros datos tan opacos como sea posible? ¿Confiar en nuestras propias habilidades?
Aún tenemos mucho margen para elegir cuánta autoridad ceder a nuestro móvil. Pero hay un campo en el que será muy difícil resistir a esta evolución, el de la medicina. En 20 o 30 años, el tipo de cuidados médicos que podrás recibir si renuncias a tu intimidad será tan, tan superior al que tenemos ahora que muy poca gente elegirá preservar su privacidad. Si un Googledoctor puede monitorizarte 24 horas al día, todo lo que sucede en tu cuerpo, y puede reconocer el inicio de una gripe, de un cáncer o un alzhéimer cuando sea tratable, y has de elegir entre intimidad y salud, el 99% de la gente elegirá salud y le dará permiso al Googledoctor. Tomemos otro ejemplo: la gente dice que el futuro de la moneda es bitcoin, que eso será irresistible. Pero una economía basada en el bitcoin hará perder a los gobiernos cualquier capacidad de política monetaria y de garantizar el pago de los impuestos. No creo que sea inevitable. Aún tenemos la posibilidad de tomar otras decisiones políticas: por ejemplo desarrollar una divisa electrónica controlada por los gobiernos, con sus ventajas pero sin anonimato. Aquí podemos elegir entre dos futuros muy distintos.
Usted dice que en su libro expone una “predicción histórica”. Parece una contradicción entre términos. Y muchos historiadores no estarán de acuerdo con usted en que su trabajo sea el de especular con escenarios alternativos, ni en el pasado ni mucho menos en el futuro. ¿Cómo entiende usted la labor del historiador?
Creo que el papel del historiador es el de plantear diferentes posibilidades. La mayoría de la gente, cuando observa el mundo, cree que lo que ve es natural, inevitable. Los historiadores somos importantes porque reconstruimos el proceso por el cual el mundo ha llegado a ser como es, cómo el capitalismo y el Estado Nación son las formas de organización dominantes hoy, y entendemos las fuerzas que nos han llevado hasta aquí y también los accidentes que han ocurrido durante este proceso y las alternativas que podrían haberse hecho realidad. Porque los historiadores no ven el presente como algo natural y eterno. Debemos utilizar este conocimiento para mirar hacia el futuro con una perspectiva más abierta, para darnos cuenta de que hay alternativas a los sistemas políticos, económicos y sociales que dominan el mundo hoy. Y esto es lo que intento hacer. No predecir el futuro, algo que es imposible, sino abrir mentes y pensar de una forma más creativa sobre el futuro.
Habla de las guerras y el hambre en África como problemas a corto plazo, y del cambio climático como una preocupación a medio plazo, pero parece que le da menos importancia que a las amenazas a largo plazo de esa sociedad de la inteligencia artificial. ¿Pero llegará, si finalmente el agua nos llega literalmente al cuello?
Mi temor es que el cambio climático puede destruir la mayoría de sistemas ecológicos, la mayoría de los animales y plantas, la mayoría de la gente, pero que la ciencia y la tecnología serán capaces de salvar a las élites. Así que el el calentamiento global puede acelerar ese proceso del que estábamos hablando. El peligro es que la élite política y económica, ni que sea de forma inconsciente, siente que podrá escapar de ese desastre ecológico.
Sudáfrica rompe relaciones diplomáticas con Israel y expulsa a su embajador
Sudáfrica e Israel rompen relaciones diplomáticas
Johanesburgo. Sudáfrica e Israel anunciaron este viernes la expulsión recíproca de representantes diplomáticos, una nueva crisis entre ambos países que ya se habían enfrentado por la situación en la franja de Gaza.
El gobierno de Pretoria declaró persona non grata al principal diplomático israelí en el país y le dio 72 horas para salir, indicó el ministerio de Exteriores sudafricano.
Poco después Israel reaccionó anunciando la expulsión del encargado de negocios de Sudáfrica en Tel Aviv.
Según el ministerio sudafricano, el gobierno israelí fue informado de que su encargado de negocios, Ariel Seidman, ha sido "declarado persona non grata" y "obligado a abandonar la República en un plazo de 72 horas".
"Esta medida decisiva se produce tras una serie de violaciones inaceptables de las normas y prácticas diplomáticas que suponen un desafío directo a la soberanía de Sudáfrica", indicó en un comunicado.
Por su parte Israel justificó la expulsión de Shaun Edward Byneveldt, el máximo representante diplomático de Sudáfrica, por "los ataques falsos de Sudáfrica contra Israel en la escena internacional", indicó en X del Ministerio de Exteriores israelí.
Las relaciones entre ambos países ya eran tensas desde 2023, cuando Sudáfrica acusó a Israel de genocidio en la franja de Gaza y presentó una demanda ante la Corte Internacional de Justicia, el principal órgano jurídico de Naciones Unidas.
El ministerio reprocha al encargado de negocios israelí "el uso reiterado de plataformas oficiales israelíes en redes sociales para lanzar ataques insultantes" contra el presidente Cyril Ramaphosa.
Las autoridades sudafricanas se mostraron indignadas por algunos mensajes en redes publicados por la embajada israelí, así como por la visita de una delegación israelí a la provincia del Cabo Oriental y su encuentro con uno de los reyes del pueblo xhosa.
"Han socavado sistemáticamente la confianza y los protocolos esenciales para las relaciones bilaterales", afirmó.
Sudáfrica, que alberga la mayor comunidad judía del África subsahariana, apoya la causa palestina y mantiene una postura muy crítica con Israel y sus acciones en Gaza, un territorio palestino ocupado.
Desde noviembre de 2023, la embajada sudafricana en Tel Aviv está cerrada.
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