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Lo que muere en Caracas
Máriam Martínez Bascuñán
en El País
Esta madrugada, Estados Unidos ha bombardeado Caracas. Donald Trump anuncia desde Truth Social que Nicolás Maduro ha sido capturado y sacado del país. La conferencia de prensa será en Mar-a-Lago. Esto no es Yemen ni Somalia. Es América Latina. La primera intervención militar directa de EE UU en una capital latinoamericana desde Panamá en 1989. Hay una historia aquí: la Doctrina Monroe, el “patio trasero”, las intervenciones del siglo XX. Se suponía que eso había terminado. ¿Qué significa esto para el orden internacional? ¿Qué muere hoy junto con la soberanía de Venezuela? La ficción de un orden basado en normas.
Si el líder de Occidente puede bombardear una capital y secuestrar a un jefe de Estado, ¿con qué argumento se condena a Putin por Ucrania? Con el bombardeo de Caracas, Trump no ha legitimado a Rusia. En realidad, nunca la condenó. Lo que ha hecho es desarmar a quienes sí lo hacían. La paradoja es que Trump cree estar mostrando fuerza cuando en realidad está destruyendo el único recurso que EE UU aún tenía: la legitimidad. Durante décadas, la hegemonía americana se sostuvo no solo por su capacidad militar, sino por la pretensión de representar algo más que puro poder. Eso ha terminado. EE UU siempre violó el derecho internacional cuando le convenía, pero mantenía la ficción de respetarlo. Inventaba justificaciones, buscaba coaliciones, pasaba por el Consejo de Seguridad aunque luego lo ignorara. Esa ficción importaba: era lo que permitía a otros invocarla. Ahora ni siquiera finge.
Nicolás Maduro, tras ser arrestado, a bordo del USS Iwo Jima. Imagen difundida por Trump en su red social, Truth.
Lo que viene es el regreso al siglo XIX. Esferas de influencia, no normas universales. El concierto de las grandes potencias, donde cada una hace lo que quiere en su zona, sin posibles argumentos en contra: solo correlación de fuerzas. Pero lo que revela esta madrugada no es únicamente un cambio en el orden internacional. Es una transformación en la naturaleza misma del poder americano que se muestra con toda su brutalidad, sin ficciones. La justificación oficial es el narcotráfico. Pero el marco es otro: Trump no dice “llevamos democracia”. Dice “defendemos nuestra civilización”. Y esa diferencia importa. La democracia es un principio universal: cualquiera puede aspirar a ella, cualquiera puede invocarla, cualquiera puede exigir que se cumpla. “Civilización” es otra cosa. Es un marcador de pertenencia. O estás dentro o estás fuera. No se aspira a ella: se nace en ella. La retórica democrática, aunque hipócrita, era expansiva: todos pueden ser democráticos. La retórica civilizatoria es excluyente: nosotros contra los bárbaros. Y lo más grave: la democracia supone un interlocutor, un sujeto político con derechos. La civilización convierte al otro en objeto. Maduro no es un dictador al que hay que derrocar mediante presión o transición. Venezuela es territorio bárbaro, exterior a la civilización, que se puede bombardear sin explicaciones.
Hoy también muere la separación entre lo público y lo privado. Las intervenciones anteriores servían a intereses económicos, pero existía al menos una distinción formal entre el Estado y los negocios del presidente. Trump la ha eliminado. Venezuela tiene las mayores reservas de petróleo del mundo. Trump lo dice sin rodeos: “Lo queremos de vuelta”. La conferencia de prensa se da en su club privado. Y hay algo más: la exhibición como fin en sí mismo. Las intervenciones del pasado buscaban resultados (un cambio de régimen, estabilidad, aliados). Esta busca la imagen de fuerza. ¿Qué viene después de Maduro? No está claro, y probablemente no importa. El espectáculo es el objetivo.
Y mientras esto ocurre, la evasión. España llama a la “desescalada” y se ofrece a mediar. Sánchez insta a “respetar el derecho internacional”, pero no dice quién lo ha violado. María Corina Machado, Nobel de la Paz, respalda la operación. Lula condena. Petro pide una reunión de la ONU y la OEA, pero ¿para qué? Las instituciones internacionales parecen hoy más instrumentos del poder que límites al mismo. Quien no calla es Milei, que celebra el bombardeo en redes sociales.
¿Y Europa? Emite comunicados. Kaja Kallas, la Alta Representante de la UE, anuncia que ha hablado con Marco Rubio (con quien coordinó la operación) no con sus víctimas, ni con la ONU, ni con Petro. Y añade que “los principios del derecho internacional deben ser respetados”, pero no dice por quién. No condena el bombardeo mientras pide “contención” sin especificar a quién. Y recuerda que Maduro “carece de legitimidad”, es decir, ofrece la coartada moral. El comunicado perfecto: complicidad con sintaxis diplomática. ¿Por qué? Tal vez porque Europa necesita a EE UU para Ucrania y no puede permitirse un enfrentamiento con Trump. Así que traga. Pero cada gesto de falsa neutralidad agranda el margen de maniobra de quien actúa sin reglas. Lo que validamos por conveniencia hoy será precedente mañana. Si ofrecemos cobertura moral al bombardeo de Caracas porque Maduro “se lo merece”, el mecanismo ya está disponible para cualquier otro escenario.
Cuando el hegemón abandona la legitimidad, solo queda la fuerza. Y eso, advertía Tucídides, no es signo de poder. Es síntoma de declive. Trump cree que esta madrugada ha mostrado fuerza. En realidad, ha confirmado algo mucho más grave: que EE UU ya no ofrece normas, ni legitimidad, ni horizonte. Solo capacidad de daño. Y cuando eso es todo lo que queda, la decadencia ya no es una hipótesis. Es un hecho.
Fuente: El País 3 de enero de 2025
Tomado de: https://conversacionsobrehistoria.i...
Juan Carlos Rois, investigador: 'La noviolencia es la lucha radical contra la violencia estructural'
Ecologista 124
Entrevistamos al escritor Juan Carlos Rois. Conversamos con él sobre la noviolencia y lo que esta significa. La noviolencia no es una actitud contemplativa, va más allá y afecta a todos los órdenes de la vida.
J.V. Barcia Magaz. Activista social, miembro de Ecooo. Revista Ecologista nº 124.
En un mundo sacudido por guerras, discursos de odio y un rearme global que erosiona las democracias, la noviolencia se reivindica como una herramienta política radical y transformadora. Juan Carlos Rois, activista e investigador, defiende en su libro ‘La noviolencia como acción política' que esta no puede reducirse a un gesto moral o espiritual, sino que constituye una praxis de lucha capaz de desafiar la lógica estructural y cultural de la violencia. Frente a un sistema capitalista que combina explotación, patriarcado y ecocidio, propone una metodología de acción directa, colectiva y emancipadora.
Rois insiste en que la noviolencia no es una actitud contemplativa, sino un repertorio de herramientas para disputar el sentido común y abrir horizontes emancipadores. Desde la insumisión al servicio militar obligatorio hasta las luchas ecologistas y feministas o por el derecho a la vivienda actuales, recuerda que existen experiencias concretas que prueban la eficacia de la acción noviolenta, incluso en contextos represivos. En esta conversación analiza los fundamentos, retos y horizontes de una estrategia que busca proyectar un futuro más justo, sostenible y libre de violencias rectoras.
En su libro sostiene que la noviolencia no es mera pasividad, sino acción política transformadora. ¿Cómo define usted la violencia estructural y en qué medida constituye el verdadero campo de batalla de la noviolencia?
La noviolencia es acción para provocar cambios. No basta con simpatizar o cultivar valores compasivos: no es filosofía ni religión, sino praxis de lucha. Hablo de ortopraxis frente a ortodoxia: sin lucha no hay noviolencia. Se trata de combatir tanto la violencia visible como la lógica invisible que legitima desigualdades normalizadas.
La violencia estructural se manifiesta en leyes discriminatorias, economías que expulsan a personas como desechables, normas que bloquean el acceso a vivienda o a bienes esenciales, reglas de comercio que condenan a pueblos enteros al hambre o a la depredación ambiental, instituciones que vigilan y reprimen, y discursos que justifican el control social. Todo ello conforma un orden que priva a millones de una vida digna. Ese es el verdadero campo de batalla de las luchas noviolentas.
¿Qué opina sobre las tesis que defienden que la violencia está inscrita en la naturaleza humana?
El fatalismo antropológico sostiene que somos violentos por naturaleza, pero confunde agresividad con violencia. Nuestra evolución no solo responde a la competitividad, sino también a la cooperación, la empatía o la compasión. Las pasiones humanas no determinan nuestras respuestas: podemos actuar para bien o para mal.
Si la violencia es fruto de un aprendizaje, también puede desaprenderse. Y aunque los medios difundan, sobre todo, horrores, cada día ocurren actos de solidaridad, altruismo y heroísmo anónimo que demuestran que la violencia no es inevitable ni definitiva. La historia humana está atravesada por episodios de destrucción, pero también por gestas de cooperación y cuidado que nos permiten seguir existiendo.
Frente a los conflictos internacionales, la ciudadanía suele ser reducida a espectadora. ¿Qué papel real puede desempeñar desde la lógica noviolenta?
La noviolencia rechaza la pasividad. Gandhi afirmaba que era preferible la acción violenta a la indiferencia, porque al menos implicaba no resignarse. La lógica noviolenta ofrece un repertorio amplio: desobediencia, acuerpamiento, performance, visibilización de la disidencia, construcción de alternativas comunitarias.
Esto vale tanto para conflictos internacionales como locales. La ciudadanía europea, por ejemplo, alimenta guerras mediante la venta de armas y un consumo desmesurado que se sostiene en la explotación de otros pueblos. Dejar de ser espectadores implica pasar de la obediencia al activismo: luchar contra el rearme, reducir el consumo, apostar por la coherencia ecologista y articular luchas feministas y anticapitalistas. La paz no se delega: se construye con prácticas diarias de resistencia.
¿Vivimos en una cultura que no solo normaliza, sino que glorifica la violencia?
Sí. Existe la violencia cultural, que actúa como argamasa de las demás. Nuestra cultura educa en la violencia como algo lógico, deseable e incluso heroico. Desde el cine bélico hasta la política punitiva, pasando por la publicidad, los videojuegos o el deporte competitivo, se ensalza la lógica del enfrentamiento. La violencia se convierte en espectáculo y hasta en aspiración.
A la combinación de violencias directa, estructural y cultural la llamo violencia rectora: la ley interna del capitalismo, que se expresa como patriarcado, ecocidio, meritocracia o guerra permanente. Subvertirla implica identificar sus dinámicas en nuestra vida cotidiana, desnormalizarlas y enfrentarlas de manera coordinada. La clave es que la energía de la resistencia se convierta en un proyecto político compartido que no solo denuncie, sino que también anuncie y construya alternativas.
En un escenario de retroceso democrático y avance de las extremas derechas, ¿qué riesgos enfrenta la acción noviolenta organizada?
La extrema derecha encarna la lógica violenta: supremacismo, negacionismo, culto a la guerra, odio al diferente. Ridiculizan la noviolencia como “buenismo” e intentan imponer la idea de que la fuerza bruta es la única respuesta válida. Incluso han llegado a apropiarse de técnicas propias de la acción noviolenta —boicots, performances, acampadas— para legitimar agendas autoritarias.
Por eso es esencial mostrar que nuestra práctica es radicalmente distinta: la noviolencia no es un conjunto de trucos tácticos, sino una metodología de empoderamiento colectivo. Hoy feminismo, ecologismo social, campesinado y movimientos por los derechos humanos la ejercen en todo el mundo, aunque muchas veces queden invisibilizados por los medios. El reto está en articular redes, compartir experiencias y construir agendas comunes de resistencia frente al avance de políticas que buscan reinstaurar la violencia como norma social.
La noviolencia ha sido ridiculizada. ¿Cómo articular una narrativa eficaz que le devuelva centralidad política?
La noviolencia no es ingenuidad moral, sino práctica que acumula energía política desde abajo mediante desobediencia pública y acción colectiva. Importa tanto la eficacia de las campañas como el cuidado mutuo, la creatividad y la cohesión del grupo. Muchos movimientos ya luchan así, aunque se les tache de utópicos.
Nuestro desafío es mostrar que no se trata de mera técnica instrumental, sino de un horizonte político de transformación: respeto a la vida, atención a los cuidados, cultivo de la empatía, solidaridad y coherencia ética. Una narrativa poderosa debe transmitir que se trata de una fuerza realista y necesaria, capaz de abrir horizontes en medio de la crisis de sentido actual.
¿Qué relación existe entre el sistema económico capitalista y las múltiples formas de violencia?
Son vasos comunicantes. El capitalismo combina explotación, patriarcado, desigualdad, ecocidio y militarismo en un sistema complejo de violencia rectora. Por eso luchas feministas, ecologistas, pacifistas o anticoloniales no pueden fragmentarse: forman parte de una misma causa común.
Síntesis como el ecofeminismo o el feminismo pacifista muestran que es posible articular horizontes compartidos y más potentes que la suma de esfuerzos dispersos. Nadie puede luchar contra una sola violencia sin cuestionar a la vez las demás. La interdependencia de los males exige la interdependencia de las luchas.
¿El actual rearme internacional es una claudicación del espíritu democrático?
El rearme es consustancial al capitalismo, que siempre prepara la guerra. Desde 2004 la UE impulsa un keynesianismo militar destinado a fortalecer a la industria armamentística. Hoy este militarismo se presenta como respuesta inevitable a las amenazas globales, pero responde en realidad a los intereses de corporaciones y lobbies militares.
Supone un retroceso democrático porque desvía recursos de los servicios públicos hacia los presupuestos de defensa y porque normaliza un discurso de excepción permanente. Lo que se presenta como seguridad nacional se traduce en inseguridad social: menos sanidad, menos educación, menos derechos. Estamos ante una claudicación que erosiona el multilateralismo y consolida el programa ultra: negacionismo climático, represión de la disidencia y estado de excepción como horizonte político.
Desde una perspectiva pedagógica, ¿cómo se construye una cultura noviolenta?
La acción noviolenta es una escuela: forma identidades colectivas, transmite memoria política y genera autoestima. La insumisión o el 15M son ejemplos claros de cómo la práctica enseña más que cualquier manual. La expresividad comunicativa, acampadas, performances, desobediencia civil, produce pedagogía social y viralización mediática.
La educación formal es necesaria, pero insuficiente frente al control cultural de las élites. Hace falta desbordar sus cauces con creatividad popular: música, literatura, teatro, redes sociales. Cada gesto de desobediencia es también un acto pedagógico. La cultura noviolenta se construye en la práctica cotidiana, cuando se tejen redes de solidaridad y cuando se ponen en marcha instituciones paralelas que cuestionan el orden establecido.
¿Qué principios estratégicos guían una campaña noviolenta en contextos represivos?
Primero, respetar la metodología noviolenta: acción directa, horizontalidad, cuidado del grupo, negativa a usar violencia. Después, estrategia escalonada: problematizar, visibilizar, negociar, intensificar presión, generar masa crítica y desbordar al adversario.
“La violencia estructural se manifiesta en leyes discriminatorias, economías que expulsan a personas, normas que bloquean el acceso a la vivienda o a bienes esenciales, reglas de comercio que condenan a pueblos enteros al hambre o a la depredación ambiental…”
Importa construir identidad colectiva, tejer redes y aprovechar ventanas de oportunidad. Incluso la represión puede volverse marco comunicativo de la causa, cuando convierte a quienes resisten pacíficamente en espejo de legitimidad ante la sociedad. La clave es mantener la resiliencia y acumular fuerza moral y política.
¿Cómo conjugar la ética de la noviolencia con la resistencia a la opresión más brutal?
La noviolencia actúa en escenarios extremos como Palestina, Myanmar o El Salvador. El dilema de la legítima defensa existe, pero no obliga a reproducir la lógica del enemigo. Prefiero no “ser como ellos” para no dejar herencia de odio. Todas las guerras se justifican en nombre de la defensa, por eso conviene distinguir entre defensa y lucha armada.
La noviolencia también responde al deber de defensa, pero lo hace desde otra lógica, que busca no perpetuar el círculo de violencia. Responder sin reproducir la lógica destructiva es un límite ético y político que nos puede proteger del abismo.
Muchos cuestionan la viabilidad de la noviolencia frente a regímenes autoritarios. ¿Qué responde?
Muchos de los logros de la noviolencia ocurrieron en contextos represivos donde, según los del espíritu guerrero, debía fracasar. Su fuerza está en la inclusión, el contagio y la resiliencia de los activistas. No es exclusiva de democracias consolidadas: se practica en Asia, África y América Latina bajo condiciones muy duras y con resultados a menudo sorprendentes.
El poder autoritario suele subestimar a quienes resisten sin armas, y esa es una ventaja estratégica. La capacidad de inclusión y la amplitud social de las luchas noviolentas acaban erosionando la legitimidad de los regímenes.
En un mundo saturado de relatos distópicos, ¿en qué fuentes sostiene su esperanza política?
La noviolencia no promete victorias seguras, pero abre horizontes. Su fuerza es prefigurativa: denuncia y anuncia a la vez. Los grupos noviolentos viven a partir del cuidado mutuo, la horizontalidad y los sueños compartidos. Es práctica inclusiva y diversa que muestra que podemos ser de otro modo.
La esperanza, entendida no como ingenuidad sino como resistencia activa, es la fuerza que sostiene a quienes luchan en condiciones adversas. Sin esperanza no hay futuro posible.
¿Qué ejemplos contemporáneos inspiran la lucha noviolenta?
El activismo ecologista y climático, eje central de las luchas actuales, y el feminismo, que pone los cuidados en el centro. También luchas contra desalojos, barcos humanitarios como el Open Arms, experiencias latinoamericanas de reconstrucción comunitaria o el ciclo del 15M. En España, la insumisión fue escuela política fundamental. En la actualidad es fundamental la resistencia noviolenta mostrada por la ciudadanía frente al genocidio perpetrado por Israel al pueblo palestino. La Flotilla organizada desde la ciudadanía encarna la moralidad de los pueblos europeos ante la impotencia y complicidad de la Unión Europea.
En definitiva, que hoy se documentan cientos de experiencias que muestran que la noviolencia no es excéntrica ni minoritaria, sino una práctica extendida que sigue ofreciendo lecciones valiosas. Cada una de estas luchas demuestra que es posible abrir grietas en el muro del poder.
Para cerrar: ¿cuáles serían los pilares de una transición hacia una sociedad justa y sostenible basada en la noviolencia popular?
La violencia debe dejar de ser el eje rector de nuestra sociedad. Una sociedad alternativa debe ser interdependiente, ecodependiente y antipatriarcal, garantizar vida digna y sustituir la dominación por cooperación.
Desde el antimilitarismo proponemos una defensa popular noviolenta: la sociedad defendiéndose a sí misma desde abajo, sin ejércitos ni jerarquías, mediante la coordinación de luchas feministas, ecologistas, sindicales, vecinales y pacifistas que ya existen. No es una utopía lejana: muchas de estas experiencias están en marcha, aunque sean invisibles.
El reto es reconocer su carácter de defensa social, coordinarlas en un horizonte común y construir un proceso de transición que reste poder al discurso militarista y abra espacios concretos de vida alternativa. Ese es el horizonte que podemos empezar a construir desde ahora: un futuro basado en la cooperación y la noviolencia como principios rectores de la vida colectiva.
No es solo el petróleo: La desdolarización y China, tras el golpe de estado de Trump en Venezuela
Yago Álvarez Barba
Petróleo, petróleo, petróleo... Hasta 26 veces mencionó el oro negro Donald Trump en la rueda de prensa posterior a la intervención en Venezuela y el secuestro de Nicolás Maduro. La Casa Blanca no se ha andado con muchos rodeos, excusas y eufemismos a la hora de reconocer que la violación del Derecho Internacional que ha cometido con el golpe de Estado en Caracas ha sido para que las grandes empresas energéticas estadounidenses se hagan con el petróleo venezolano.
Pero observar tan sólo las reservas de petróleo puede dejar el análisis en lo superficial, ya que ese mismo crudo mantiene algo más que las cuentas de resultados de las petroleras o de los países productores, también es un pilar necesario para una de las principales y más poderosas armas de la hegemonía mundial de Estados Unidos: la dolarización de la economía global y, más concreto, la del comercio de crudo. Son muchos los analistas que señalan que el petróleo es lo que se ve, pero que Trump ha dado este golpe en la mesa para evitar que las exportaciones de barriles venezolanos acaben comerciándose en otras monedas.
El sistema de comercio mundial de petróleo fue la herencia del acuerdo firmado entre Estados Unidos, con Henry Kissinger a la cabeza, y Arabia Saudí, país líder de la OPEP, en 1974. La gran potencia norteamericana garantizó protección militar y la venta de armas al régimen saudí a cambio de que vendiera su petróleo exclusivamente en dólares e invirtiera los excedentes de esa producción en bonos del Tesoro de Estados Unidos. Más tarde, el resto de países de la OPEP siguieron a Arabia Saudí y nació el sistema global dominante del petrodólar. Desde ese momento el mercado de compra y venta de crudo pasó a negociarse en dólares, generando una demanda constante de la divisa. Esa necesidad de obtener dólares a todo aquel que necesite importar petróleo mantiene la demanda de la moneda alta de forma artificial, lo que permite que Estados Unidos se pueda financiar más barato (reduce los tipos de interés) y le permite tener déficits fiscales y comerciales sin que afecte a su economía, como sí le ocurre a cualquier otro Estado. De esta forma, la economía estadounidense puede seguir gastando, aumentando su déficit (mayor del 6% del PIB) y su ratio de deuda respecto al PIB (supera el 122%) sin temor a que su moneda pierda valor y sin que los mercados encarezcan mucho lo que paga por su financiarse.
Aunque lo cierto es que existen motivos más allá de las ratios económicos: el dominio del dólar como moneda global da a Estados Unidos un enorme poder geopolítico y la capacidad de sancionar a aquellos países que la Casa Blanca ponga en su mira. Trump puede congelar activos en dólares a Estados o puede excluirlos del sistema de pagos internacional, lo que puede congelar el comercio de dicho país o imposibilitar sus importaciones de materias primas referenciadas al dólar como el caso del crudo. Esa es una de las bases del poder hegemónico de Estados Unidos. Si el petróleo se empieza a comerciar en otra moneda, el país norteamericano puede perder esa hegemonía. Ahí es donde entra Venezuela y el competidor por dicha hegemonía mundial estadounidense, la China de Xi Jinping.
“El golpe de Estado estadounidense en Venezuela también tiene como objetivo ayudar al sistema del petrodólar”, afirma en redes sociales el alemán Richard Wegner, doctor en Economía por la Universidad de Oxford. “Venezuela, con las mayores reservas de petróleo del mundo, desafió al dólar vendiendo petróleo en yuanes, euros y rublos, eludiendo el dólar y creando canales de pago alternativos con China”, señala el economista como principal motivo para que Caracas haya desatado las iras de Washington.
No sería la primera vez que ocurre. Wegner señala dos precedentes históricos: el derrocamiento de Sadam Husein en Irak por pretender cambiar dicho comercio al euro o el del líder libio Muamar el Gadafi, que pasó de ser considerado un aliado de Occidente (no olvidemos que Alberto Ruíz-Gallardón le concedió las llaves de oro de Madrid en 2007) a convertirse en el enemigo número uno “por proponer un dinar respaldado en oro” con el que comerciar su petróleo. Cada vez que esa hegemonía del petrodólar se encuentra en peligro, Estados Unidos utiliza toda su fuerza militar para mantener las cosas en su sitio.
Si un país como Venezuela, sujeto a innumerables sanciones económicas, no puede utilizar el dólar, debe encontrar formas y aliados a los que vender su enorme producción petrolera. Ahí es donde ha entrado China. Ante las sanciones, el Gobierno de Maduro lleva un año vendiendo el 80% de la producción de crudo al gigante asiático utilizando el renminbi (yuan), la moneda china. ¿Es ese canal de comercio suficiente para poner en jaque el dominio global del dólar? No, pero ofrece una imagen que la Casa Blanca no quiere permitir: se puede comerciar y subsistir fuera del dólar, lejos del poder estadounidense, comerciando con aquellos países cansados del imperialismo financiero y militar promovido por las distintas administraciones que han pasado por Washington desde hace ya más de 50 años. “La invasión contrarresta la acelerada desdolarización mundial liderada por Rusia, China, Irán y los BRICS, a medida que las naciones pasan a utilizar medios de pago distintos del dólar y alternativas al SWIFT”, apunta Wegner sobre esta nueva deriva multipolar hacia la que avanza el planeta.
En una línea muy similar a la de Wegner se encuentran los argumentos Aníbal Garzón, sociólogo especializado en Estudios Internacionales y autor del libro BRICS: La transición hacia un Orden Mundial Alternativo (Akal, 2024). “Pese a que Venezuela no pertenece a los BRICS, por el veto que puso Brasil en uno de las últimas reuniones, a Rusia y a China siempre le ha interesado que entre”, dice el analista que señala que si bien Rusia puede ser una cuestión más política, las intenciones de China van más enfocadas al tema del petróleo. “China ha hecho inversiones en esta industria en Venezuela y ha aumentado las importaciones desde el país, lo que ha hecho que Venezuela pueda esquivar las sanciones y ha estrechado las relaciones entre los dos países”, explica Garzón.
Aunque el autor del libro sobre los BRICS también señala a otro club de países, el de los productores de crudo, la OPEP: “Este movimiento también lo está haciendo Arabia Saudí, que aunque ha sido siempre socio de Estados Unidos ahora también negocia parte de su petróleo en yuanes con China, y también lo está haciendo Irán”. En esos procesos de desdolarización es el lugar donde se encuentran el club de los BRICS y el de la OPEP, “por eso Venezuela, sin ser de los BRICS, es un socio fundamental tanto para Rusia como para China”, dice Garzón.
Un puzzle mucho más grande
Todavía se puede ampliar mucho más el foco en el análisis, subir una capa más en esa enrevesada guerra hegemónica. “Claro que importan las reservas de petróleo de Venezuela y que las exploten las empresas estadounidenses y claro que importa la desdolarización, pero todo son piezas de un puzzle mucho más grande”, explica a El Salto Juan Vázquez Rojo, doctor en Economía, profesor e investigador en la Universidad Camilo José Cela y experto en la hegemonía del dólar y la internacionalización del yuan o el modelo económico chino. El economista señala a la nueva estrategia de la Casa Blanca para mantener ese poder hegemónico y que quedó plasmado sin eufemismos en el documento de seguridad nacional publicado en noviembre: “Básicamente dice que tienen mantener su influencia sobre lo que ellos consideran su región, el continente americano, y tener el monopolio de poder. Algo que deciden porque otras potencias han ganado terreno en la región, sobre todo China”, señala el economista en referencia a las inversiones en infraestructuras que está haciendo el gigante asiático por toda latinoamérica o los lazos comerciales exportando manufacturas e importando, sobre todo, materias primas, además de deslocalizar producción a esos países para que las empresas chinas puedan exportar a países de esa región, incluido los Estados Unidos.
Aún así, Vázquez Rojo señala que el poder y la influencia de Estados Unidos sigue siendo muy superior si miramos las cifras de inversión, tecnología y poder de sus empresas en los países latinoamericanos, “pero Trump tiene la sensación de que está perdiendo ese peso y China se ha colado en la región”. La estrategia, según su análisis, es clara: “Intentar reforzar los gobiernos con los que me llevo bien, como hemos visto con el swap de divisas con el que prácticamente ha rescatado al Gobierno de Milei y del que no sabemos qué ha pedido Trump a cambio, y en el caso de gobiernos no afines como el de Venezuela, el documento de seguridad nacional habla claro y dice que ‘si hace falta, utilizaremos todos los medios para volver a controlar la región'. Y eso pasa, lógicamente, por el hecho de que si hay que cargarse a un gobierno pues se lo cargarán… y eso es lo que ha hecho en Venezuela”, apunta el economista.
En las próximas semanas, si nadie le para los píes a Trump, se deberá ver qué condiciones se impone al Gobierno venezolano, pero Vázquez Rojo vuelve remitirse a la estrategia de seguridad nacional de la Casa Blanca: “Se va a presentar como una estrategia de win-win, de inversiones de empresas estadounidenses y transferencias tecnológicas que beneficien a Venezuela pero, como dice el documento, esos países tendrán que renunciar a acuerdos con otras potencias”. En resumen, “Estados Unidos querrá limpiar la influencia de China en Venezuela”.
Todavía falta por ver si China y Rusia tomarán algún tipo de medida específica para contestar a esta violación del Derecho Internacional con el golpe de Estado en Venezuela y el secuestro de Maduro, pero no parece que este acto vaya a contrarrestar una corriente que cada vez se extiende con más fuerza: la de los países que están hartos del matonismo económico y bélico de los Estados Unidos. De hecho, el golpe en Venezuela puede que provoque el efecto contrario: “Es una señal de desesperación, que podría acelerar el declive del petrodólar, ya que el Sur Global está resentido por la dependencia de Estados Unidos y su uso de la fuerza militar para mantener el dominio de su moneda”, apunta Richard Werner.
Prueba de ello es que los BRICS tienen una lista de espera de Estados que se quieren adherir a este club que no deja de alargarse, los productores de petróleo miran cada vez más hacia China en sus exportaciones, los gobiernos no alineados con la Casa Blanca han encontrado en este mundo alternativo una forma de evitar las sanciones y el dólar, aunque sigue dominando sin duda, va perdiendo poco a poco posiciones ante la divisa china. Habrá que ver qué ocurre en los próximos días y semanas pero lo que queda claro es que, tal y como resumen Aníbal Garzón, lo ocurrido este pasado fin de semana “no ha sido sólo un golpe contra Venezuela y contra Nicolas Maduro, sino que ha sido un golpe contra el mundo bipolar, contra los BRICS, contra China, contra Rusia y contra la desdolarización”.
Para un kit de supervivencia frente al militarismo norteamericano (y el nuestro)
La nueva intervención militar de EE. UU., esta vez en Venezuela (pero hace unos días en Nigeria y antes en Irán y dando cobertura a Israel, y antes en Yemen y Siria lanzando munición guiada y misiles, o los ataques perpetrados en Somalia, por referirnos solo al año 2025, y una larga lista de sobra consabida desde los años 40 del siglo pasado) ha provocado reacciones de protesta airada en esta parte claudicante del imperio.
La carta a su militancia (¿?) utilizada por el presidente Sánchez como medio de protesta oficial por dicha intervención (¡!) es dudoso que llegue a tener eficacia alguna (o incluso a llegar a los oídos de la arrogante diplomacia americana) pero demuestra la habilidad de Sánchez para detectar un tema generador de malestar (y eventual caladero de votos) en el que necesita hacerse presente oportuna y oportunistamente.
La rápida movilización del día después en la embajada americana, en los consulados de muchas ciudades y en múltiples plazas de otras localidades demuestra la sensibilidad del tema y la disposición de una parte de la población a movilizar energías políticas por este asunto.
Por desgracia, los lemas contra el imperialismo yanqui, dicho sea de paso, muy justificados, y las invocaciones al orden internacional no parecen excesivamente operativos para pasar de una protesta airada a una lucha eficaz que necesita, como es obvio, otros complementos que en este momento no parece que estemos capacitados para proponer y movilizar.
Dispositivos, me refiero, de hacer daño de verdad, de cortocircuitar, de señalar, de poner piedras en el camino, palos en las ruedas, verdadera coacción moral y social con capacidad de provocar cambios.
Por de pronto, a mi se me ocurre una especie de kit de emergencia para hacer en mi día a día lo que pueda. Lo lanzo por si entre todos somos capaces de complementarlo con otras ideas.
- A) La primera de mis ideas; que la aplastante y abrumadora fuerza de la primera potencia se basa en gran parte en una endiablada y compleja cadena de colaboraciones y sumisiones sucesivas que nos hace formar parte de los eslabones con los que nos atan.
Y ello me lleva a pensar en dos colaboracionismos en los que trabajar(me):
- El personal, en el que tal vez si que tengo margen de maniobra si no para solucionar la situación, al menos para higienizar mi mente e incordiar en lo posible.
- Y el comunitario, en el supuesto de que cuanto menos nos prestemos en colectivo a apoyar a estos cencerros menos resonará su badajo proclamando la ideal libertad americana.
En lo estrictamente personal he comenzado por hacer higiene en mi propia cabeza con la suspicaz sospecha de que estos tipos nos infiltran en vena la aceptación de sus lógicas. A la mierda el consumo de sus películas (que por cierto son performativas del mundo que aspiran a construir para nuestro bien), de sus canciones y espectáculos, de la idiota obsesión por su idioma, de los cachivaches que nos venden, de sus reclamos religiosos y mundanos, del marketing y del sursuncorda. De hecho, esta misma mañana me ha preguntado un tipo con pinta de yanqui despistado por una calle y le he dicho que yo a los americanos, después de lo ocurrido, no les doy ni la hora para que sienta en sus carnes el desprecio visceral que provocan sus políticas agresivas.
Incluso me estoy pensando si proponer a mis amigos establecer una especie de sello de calidad o algo así para espacios «liberados» o «descontaminados» del colaboracionismo americano; sellos que podemos poner en pueblos que se declaren contra el militarismo americano, o contra la ocupación, o en espacios rescatados (y ojalá pueda campear el sello en Rota o en Morón y otros espacios infectados por la contaminación militar americana).
Puede que no solucione mucho esta especie de disposición personal hostil, pero, como dice un dicho leguleyo, «lo que abunda no daña» y al menos me hace estar despierto.
En lo comunitario se me ocurren de momento dos cosas más:
Una, que en la medida en que la actitud de hostilidad (por ponerle un nombre) a la colonización mental, tecnológica y de todo tipo de lo americano se hace colectiva, pudiera ser que esto les haga más daño (y a nuestras colectividades más salud por añadidura). De ahí la llamada a alimentar este nocolaboracionismo entre amistades, conocid@s, vecin@s, colegas, etc.
Que se nos hagan odiosos e indeseables y que dejemos, como papanatas, de consumir su modo de vida guay.
Y la segunda, que un rechazo cuanto más amplio mejor y cuanto más organizado y extenso más eficaz puede además afectar a sus intereses, en definitiva, uno de los motores de sus lógicas coloniales. De modo que, aprendiendo de nuestros amigos palestinos y de sus organizaciones de lucha, promover el boicot, la desinversión, el señalamiento y la problematización de todo lo americano, hacemos más eficaz y plausible el rollete del yanquee go home para que nos e quede en mera palabrería.
- B) La segunda idea que se me ocurre tiene que ver con las posibilidades de articular una lucha de respuesta política y en este caso, la afinaré diciendo que luchar contra la infiltración de las lógicas militaristas de EE. UU. es luchar también contra nuestro propio militarismo.
No desvelo ningún secreto si afirmo que España está alineada al militarismo global como un alumno aventajado (también practicamos la injerencia militar, somos la octava potencia en venta de armas, mantenemos un gasto militar contrario a la seguridad humana y gigante, un aparato militar desmesurado y un militarismo social preocupante) y sometida a la orientación militarista de la OTAN y de EE. UU.
Romper el peso de esta enorme cadena implica luchar contra nuestro propio militarismo.
Por eso, una apuesta por intentar ser eficaces políticamente en el enfrentamiento contra todo esto pasa por:
- Luchar contra la presencia militar (y no militar) de EEUU en España: bases militares, instalaciones de alta disponibilidad, de entrenamiento u otras al servicio de la política imperial americana, tratado de amistad y cooperación, uso del espacio aéreo o de tecnologías instaladas en suelo español para operaciones militares americanas, participación en operaciones militares de la OTAN, adquisición de armamento americano, negativa a colaborar con el estiaje de armas o bagajes militares americanos en suelo español y todo atisbo de presencia del militarismo americano entre nosotros.
- Y adoptar una política propia global de resistencia a la guerra y su preparación, desmilitarización y trans-arme, porque lo que defienden los ejércitos no es lo que queremos defender (al contrario, forma parte de aquello de lo que queremos defendernos) y la paz que queremos construir no es la mera ausencia de guerra ni su preparación.
Esta segunda idea nos pone en la necesidad de rearticular un movimiento de lucha por la paz más antimilitarista y confrontativo que, por ejemplo:
-# -Reivindique la resistencia a la guerra, la no injerencia militar española en el exterior, la salida de las alianzas militares, la devolución a la sociedad de los espacios naturales al servicio del militarismo, la desaparición de los campos de entrenamiento militar y las grandes bases al servicio de la OTAN; contra la ocupación del territorio y la creación de zonas de interés de la defensa, contra e gasto militar y por la reversión del rearme emprendido, el trasvase del gasto militar a necesidades vinculadas con la seguridad humana y ecológica.
- -Lance campañas de boicot y desobediencia al militarismo vinculadas con el gasto militar, la investigación y los desarrollos científicos, la penetración del militarismo en escuelas, centros formativos o recreativos, la ocupación del espacio público por militares y exaltaciones militaristas, la producción de armas, la expansión del militarismo a la protección civil en detrimento de política publicas de respuesta civil, etc.
- - Promueva la lucha contra las industrias militares, proponga alternativas de conversión militar y ofrezca apoyo a la clase trabajadora para ejercer la objeción laboral como respuesta personal y política al armamentismo.
- - Se oponga a las políticas de defensa militaristas y ofrezca alternativas de transarme y defensa alternativa.
- Combata el militarismo ideológico, social y sociológico.
- - Empodere y movilice a la sociedad en ciclos de movilización que afecten de forma decisiva al militarismo y sus intereses y se coordine con luchas sociales emancipatorias y movimientos sociales de aspiración a un cambio global de rumbo.
- Y promueva metodologías de lucha social y de cultura de paz positiva que mejoren la calidad ética y social de nuestra sociedad.
- C) La tercera idea que se me ha ocurrido, tiene que ver con los aliados.
Me imagino que, al igual que ocurre aquí, las apuestas militaristas del imperialismo americano son compartidas por un parte de su sociedad, pero rechazadas por otra.
E igual ocurre en otras partes del militarizado mundo actual.
Nos interesa trazar alianzas, tejer lazos, cruzar sabidurías para provocar disidencias dentro del propio centro del imperio y no sólo en su periferia.
Una de las enseñanzas analíticas que las investigadoras Erica Chenoweth y María J. Stephan acerca de la eficacia de la desobediencia civil para conseguir transformaciones sociales es que gran parte de sus logros se producen por la construcción de un numero crítico de activistas a su favor y el cambio de alianzas en la fila contraria y que para que esto tenga lugar la principal fortaleza es la persistencia/resiliencia de las luchas emprendidas.
No se me ocurre de qué manera, pero debemos conectar con las propias disidencias internas del propio eje del mal, las de sus periferias vendidas y de todos los lugares como ingrediente de nuestra lucha para hacer que no se nos quede en un calentón o una descarga de adrenalina.
Y, como no, debemos conectar y coordinar esta lucha con las restantes luchas ejercidas por los movimientos transformadores, en definitiva perseguidores de los mismos propósitos, sueños y esperanzas y combatientes de los mismos males, puesto todos ellos tienen vasos comunicantes.
Y lo tenemos que hacer en términos de defensa social alternativa, el nuevo argumentario con el que articular y defender el mundo que queremos colaborar a construir.
Estibadores de Europa y el Mediterráneo convocan una huelga contra la economía de guerra para el 6 de febrero
Sindical
En un contexto de creciente militarización en el viejo continente, los sindicatos de estibadores y trabajadores portuarios de Europa y el Mediterráneo han lanzado una convocatoria internacional de huelga y movilización. Esta jornada de protesta, programada para el próximo 6 de febrero, busca rechazar cualquier complicidad en el transporte de armas y material bélico, al tiempo que se opone firmemente a las consecuencias devastadoras de la «economía de guerra» en los derechos laborales y la paz.
Esta iniciativa surge de la declaración firmada por varios sindicatos el 26 de septiembre en Génova, titulada “Los estibadores y trabajadores portuarios no trabajan para la guerra”. En este documento, los firmantes reafirman su compromiso con demandas clave, como poner fin al genocidio del pueblo palestino perpetrado por Israel —con el apoyo explícito de Estados Unidos, la OTAN y la Unión Europea (UE)—, la apertura de corredores humanitarios estables, el rechazo al plan de rearme de la UE y la reivindicación de los puertos europeos y mediterráneos como espacios de paz.
Según el comunicado emitido por las organizaciones sindicales, el genocidio en Palestina continúa, al igual que numerosas guerras en otras regiones. Ahora, es evidente que los planes de rearme exigen la militarización de los puertos y las infraestructuras estratégicas, esenciales para los preparativos bélicos. Estos planes son bien recibidos por armadores y operadores de terminales, ya que impulsan la automatización, la reducción de plantillas y la erosión de las libertades sindicales. Además, la economía de guerra está recortando salarios, derechos y protecciones en materia de salud y seguridad para los trabajadores portuarios, incluyendo la reducción de la jornada laboral.
“La paz ha terminado”, es la frase que resuena en los discursos de la mayoría de los gobiernos europeos, según denuncian los sindicatos. Ante esta realidad, los estibadores y trabajadores portuarios de toda Europa y el Mediterráneo se comprometen a manifestarse y hacer huelga el 6 de febrero, recurriendo a todas las formas de acción posibles.
Los organizadores quieren garantizar que los puertos europeos y mediterráneos sean lugares de paz, libres de cualquier implicación en conflictos armados. Para ello, hacen un llamamiento a bloquear todos los envíos de armas desde estos puertos hacia zonas de guerra.
Los sindicatos se oponen al plan de militarización impulsado por la UE y consideran urgente detener los inminentes proyectos de los gobiernos europeos para militarizar puertos e infraestructuras estratégicas. Los trabajadores portuarios denuncian que los planes de rearme son la puerta de entrada a una mayor privatización y automatización de los puertos, y advierten sobre los efectos negativos de la economía de guerra en los salarios, los derechos laborales y las condiciones de salud y seguridad.
Las organizaciones firmantes extienden este llamado a todos los sindicatos portuarios europeos, mediterráneos e internacionales que compartan estas preocupaciones, invitándolos a unirse a la jornada de protesta. Hasta el momento, se han adherido a esta iniciativa la Unione Sindacale di Base (Italia), Enedep (Grecia), la Organización Democrática del Trabajo de Marruecos, Liman-Is (Turquía) y LAB (País Vasco).
Esta jornada representa un paso significativo en la resistencia sindical contra la militarización y la economía de guerra, destacando el rol crucial de los puertos como nodos estratégicos en la cadena global de suministro. Los sindicatos enfatizan que los trabajadores no serán cómplices de conflictos que perpetúan la violencia y el sufrimiento humano, priorizando en cambio la paz, la justicia y la defensa de los derechos laborales.
Fuente: Nueva Revolución.
Tomado de: https://kaosenlared.net/estibadores...
El negocio del miedo: Empresas militares impulsan una era de muros y vallas para detener la migración
Bruno Sgarzini
La caída del Muro de Berlín y el apartheid sudafricano anunciaban el inicio de un supuesto “mundo libre”, integrado por la globalización. Pero en lugar de eso, se ha dado lo que el historiador David Frye llama “una Segunda Era de las Murallas”, que eclipsa a la primera que comprende desde la antigua Grecia hasta finales del siglo XIX.
Un informe del Instituto Trasnacional de 2020, titulado Mundo Amurallado, hacia un apartheid global, estima que desde 1989 se han construido 63 muros. La cifra actualizada alcanza supera los 70 según el Migration Policy Institute. Elisabeth Vallet de la Universidad de Quebec calcula que ahora existen 74 muros fronterizos en todo el mundo, seis veces más que al final de la Guerra Fría, extendiéndose por más de 20,000 millas (32,000 kilómetros).
Para 2020, seis de cada diez personas en el mundo viven en un país con un muro en sus fronteras, según el instituto. La proporción podría ser mayor con el crecimiento de muros en todo el mundo.
Israel es el país con el mayor número de muros (seis), seguido de Marruecos, Irán e India (tres), y Sudáfrica, Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos, Jordania, Turquía, Turkmenistán, Kazajstán, Hungría y Lituania (dos).
Para 2020, seis de cada diez personas en el mundo viven en un país con un muro en sus fronteras, según el instituto. La proporción podría ser mayor con el crecimiento de muros en todo el mundo
Sin contar el que se construye en las fronteras entre Estados Unidos y México, como otros ya existentes.
En total, Asia tiene el mayor número de muros (56 por ciento) seguida de Europa (26 por ciento) y África (16 por ciento).
Para el Instituto Trasnacional, una de las mayores razones de esto proceso es la securización de las fronteras.
“Se creó un modelo de sociedad que se percibe a sí misma como insegura, que se gobierna a través del miedo. Las sociedades que se sienten más inseguras generan tendencias de segregación espacial. Esta segregación se debe, principalmente, a la búsqueda por parte de algunos sectores sociales de aislamiento de los supuestos elementos amenazantes para conseguir un determinado modelo de seguridad”, sostiene su informe.
El caso más emblemático, por ejemplo, es el del Viejo Continente. Según el Eurobarómetro 2017, en Italia, por ejemplo, la percepción social es que el porcentaje de inmigrantes es del 24,6%, cuando el valor real es del 7%. En España, estos valores son del 23% y 9%, y en Holanda, del 12,5% y 9%. En Polonia, la percepción es del 10% mientras que el porcentaje real es del 1%. Entre 2014 y 2022, la longitud agregada de vallas fronterizas en las fronteras externas de la UE y dentro del área UE/Schengen creció de 315 km a 2,048 km. Actualmente, el área UE/Schengen está rodeada o atravesada por 19 vallas fronterizas o de separación que se extienden por más de 2,000 kilómetros, según el parlamento europeo.
En los últimos años, después de la intervención rusa en Ucrania, los muros dejaron de construir para detener el flujo de refugiados de África y Medio Oriente. Polonia, en 2021, por ejemplo, completó un muro de cero de 186 kilómetros a lo largo de su frontera con Bielorrusia, que atraviesa varias áreas naturales protegidas, incluido el antiguo bosque de Białowieża. Esta barrera fue erigida como respuesta a lo que la Unión Europea calificó un "ataque híbrido" por el flujo de migrantes que empezaron a atravesar desde Bielorrusia. Finlandia, que comparte 1,340 kilómetros de frontera con Rusia, aprobó en 2023 la construcción de una valla que cubrirá el 15% de su territorio limítrofe, con un coste de más de 400 millones de dólares y finalización prevista para 2026. En El Báltico, Estonia, Lituania y Letonia avanzan en un plan conjunto de fortificación de 700 kilómetros para separar sus fronteras de Rusia lo máximo posible.
En Europa, destacan, además, las vallas de Ceuta y Melilla, en la frontera entre España y Marruecos, para detener la inmigración fronteriza. Donde se han usado desde alambres con cuchillas hasta un cable metálico que inmoviliza a quienes intenten cruzarla. España fue precursor con un sistema de vigilancia que dio origen al EUROSUR, “un sistema que combina el control de datos de todos los países de la UE con sistemas de radares y vigilancia fronterizos, que también se ha externalizado a terceros países”.
“Estas dinámicas en torno al miedo, la seguridad y el riesgo, sirven de mecanismo diferencial, divisor y fraccionario de diferentes sectores y capas de la sociedad, según los riesgos que estas perciben y las herramientas de las que disponen para hacerles frente. De esta manera la separación física y divisoria del espacio, se convierte en una política común a seguir y, la interposición de barreras, la herramienta para hacerla efectiva”, según el instituto Trasnacional.
Por esto, las razones que se han dado para la construcción de muros son; inmigración (32 por ciento), terrorismo (18 por ciento), contrabando de bienes y personas (16 por ciento), narcotráfico (10 por ciento) y disputas territoriales (11 por ciento).
Esto de facto genera un apartheid donde hay ciudadanos de primera, dentro de fronteras, y ciudadanos de segunda, que están fuera, con sus derechos suspendidos.
Lo que no se reduce solo a los muros, sino también a despliegues militares en fronteras como las de México y Guatemala o despliegues marítimos fuera de Australia, con centros de detención incluidos, que han costado cinco mil millones de dólares entre 2013 y 2018. En América Latina, República Dominicana empezó a construir una estructura de 3,6 metros de altura, mitad de concreto y mitad de valla metálica con alambre de púas, en más de la mitad de los 340 km de frontera que comparte de frontera con Haití.
El ejemplo más claro de una política segregación es la de Israel, el país con más muros del mundo, contra la población palestina.
Otro caso paradigmático es el de Siria, rodeado por cuatro muros en cuatro de los cinco países que lo rodean (Israel, Turquía, Jordania e Irak). “Todos se justifican en el terrorismo y la inmigración”, según el Instituto Trasnacional.
Ayudaron a esto la aparición del Estado Islámico y la inmigración de personas que huían de la guerra. La ACNUR estima que por el conflicto ha habido 6,2 millones de desplazados, el número más alto de un país en el mundo.
India, por su lado, tiene barreras con tres de las siete naciones con las que comparte frontera; Bangladesh, Pakistán y Myanmar. Las razones esgrimidas por sus sucesivos gobiernos es la inmigración musulmana de Bangladesh, el terrorismo y la disputa territorial sobre Cachemira con Pakistán y la entrada de narcotraficantes y de los desplazados rohinyás, etnia perseguida por el gobierno Myanmar.
Para el instituto Trasnacional; “la industria militar y de seguridad es una de las fuerzas impulsoras de la militarización de las fronteras, incluida la construcción de muros y vallas. Para ello, ha impulsado una narrativa en la que la migración y otros desafíos políticos o humanitarios en la frontera son tratados principalmente como un problema de seguridad, para el cual la construcción de muros y vallas, junto con el uso de equipos militares y de seguridad, es presentada como la solución”.
En general, los muros y vallas son construidos por empresas locales o fuerzas armadas de los países. Luego, la industria militar y de seguridad proporcionan tecnología de monitoreo, detección e identificación, vehículos, aviones, armas y otros equipos para mejorar y proteger las barreras fronterizas, como robots y drones.
Las empresas con más contratos en Europa y Estados Unidos son Airbus, Thales, Leonardo, Lockheed Martin, General Dynamics, Northrop Grumman, L3 Technologies, Elbit, Indra, Dat-Con, CSRA, Leidos y Raytheon. La israelí Elbit, por ejemplo, ofrece sus servicios a otras naciones con la promoción de que fueron testeados en los muros armados por Israel en los territorios palestinos.
Según el Instituto Trasnacional; “mientras construimos estas fortalezas, segregamos a las personas protegiendo los privilegios y el poder de unos y negando los derechos humanos y la dignidad de otros”.
“Detrás del aumento de los muros y la industria se esconde una narrativa poderosa y manipuladora que se ha vuelto hegemónica. Sostiene que los migrantes, en particular, son una amenaza para el modo de vida de algunos países, en vez de víctimas de políticas económicas y políticas perpetuadas y promovidas por los países más ricos que obligan a las personas a abandonar sus hogares”.
‘Mars attacks!'
Más allá de lo imaginable: todos esperaban una invasión o una campaña larga contra el gobierno bolivariano de Venezuela, pero dar un golpe de Estado exprés con más de 150 aviones militares secuestrando al presidente de un país soberano inaugura una nueva era de la doctrina Monroe. Estados Unidos, una vez más, ha actuado sin tapujos contra el derecho internacional y la Carta de la ONU. Desde luego, no es la primera vez. La diferencia es que antes lo hacía en nombre de la democracia y la libertad, y ahora esas palabras han desaparecido del vocabulario de sus líderes.
La democracia fue la coartada para invadir Afganistán en 2001, Irak en 2003, Libia en 2011. La excusa para robar las riquezas de esos países es que había que acabar con el terrorismo islamista mediante la instauración de regímenes democráticos en Oriente Medio. Una vez que la democracia enraizara, los regímenes autoritarios irían cayendo como las piezas de un dominó, florecerían las libertades y se acabaría el terrorismo. Hoy podemos calibrar las consecuencias de la “guerra contra el terrorismo” puesta en práctica por Estados Unidos tras los atentados del 11-S: más de 400.000 personas asesinadas a manos del ejército norteamericano; más de cuatro millones de muertes en la zona como resultado de las guerras civiles que devoraron los países intervenidos; y de la democracia en Irak, Afganistán, Libia o Siria, mejor olvidarse. Un desastre sin paliativos.
Con su ataque a Venezuela y la “extracción” de su presidente, Nicolás Maduro, y de su familia en su residencia de Caracas, Donald Trump ha dado un paso adicional. Una de las pocas cosas buenas de Trump es su franqueza. En su comparecencia ante la prensa, una de las más erráticas y delirantes que se recuerdan, ha reconocido abiertamente que ha atacado la soberanía de otro Estado, que piensa gobernar el proceso de cambio de régimen en Venezuela y que las compañías petrolíferas norteamericanas se encargarán de reflotar la industria de extracción del crudo en el país con las mayores reservas del mundo.
La trágica escena superaba en comicidad a la película Mars attack: rodeado por el jefe de Estado Mayor y los secretarios de Guerra y Exteriores, el líder del imperio occidental prometía desde su mansión de Florida dar caza “a los malos” allá donde estén hasta que todos sus vecinos sean “buenos”, es decir sumisos a sus intereses y sus políticas. La doctrina que considera a América Latina el patio trasero de EEUU, puesta al día por el millonario narcisista desde el salón de su casa. Ahora la justificación para cambiar gobiernos en el continente es el “narcoterrorismo”, y el propósito “llevar riqueza, paz y justicia a los países donde gobierna la mala gente” y al propio Estados Unidos.
La intervención militar culmina semanas de intimidación en las que el ejército estadounidense mató a más de 100 personas disparando contra supuestas “narcolanchas” venezolanas, tras un despliegue sin precedentes en el Caribe. Ahora sabemos que, al igual que la movilización del ejército ruso en el invierno de 2022, no se trataba de meras maniobras de intimidación. Putin invadió Ucrania, rompiendo la legalidad internacional, y en esta ocasión lo ha hecho Trump con igual o mayor desfachatez y con mucho más descaro. Es muy probable que esta guerra acabe tan mal como las anteriores.
Entramos en una nueva era, donde se premian las afrentas al derecho internacional y se fomenta la erosión de la autoridad de Naciones Unidas. Después de que EEUU haya apoyado y financiado el genocido de Israel en Gaza, se diría que todo está permitido. La violación de la soberanía venezolana se justifica sin medias tintas; se trata de recuperar el petróleo “robado a Estados Unidos por Venezuela”.
Trump ha roto su compromiso de centrarse en los asuntos nacionales de Estados Unidos (frente al activismo internacional que atribuía a los demócratas). Ha entrado claramente en la conformación de áreas de influencia, siguiendo la estela de Putin y Jinping. Es un retroceso claro para la paz internacional. Y un precedente terrible, que abre las puertas de par en par a una geopolítica salvaje, basada en el poder militar de las potencias hegemónicas.
Venezuela, Ucrania, Taiwán, Palestina, Sudán, Congo: la estabilidad mundial es cada vez más frágil y los riesgos de nuevas guerras aumentan por momentos. La escalada armamentista, los juegos de poder y los líderes mesiánicos pueden hacernos retroceder a los momentos más oscuros de la historia. Europa ya no pinta nada, cohibida por su propia involución reaccionaria en muchos de los Estados miembro. En estos momentos, no se adivinan contrapesos al reparto del mundo por Estados Unidos, China y Rusia. La única esperanza estriba en que las sociedades civiles sean capaces de hacer oír sus voces y de protestar en masa contra esta involución demencial, que nos acerca a escenarios apocalípticos. El mensaje que manda el líder psicópata de occidente lo resumió su ministro de la guerra: “Es la paz a través de la fuerza”. Aunque la jornada no trajo buenas noticias para Corina Machado, la flamante Nobel de la paz y musa de la derecha hispana. “Es una señora muy agradable, pero no tiene el respeto de su pueblo”, dijo Trump.
Portugal y Francia: Cómo festejan nuestros vecinos a los Reyes Magos
Redacción
Eduardo González
La imagen de los Reyes Magos como los “regaladores” por excelencia de la Navidad forma parte del patrimonio cultural en España y en la mayoría de los países latinoamericanos desde el siglo XVI, cuando la Iglesia decidió sustituir el aguinaldo, de origen pagano, por el reparto de regalos en la Pascua de los Reyes Magos.
En la mayoría de los países de Europa, las festividades navideñas concluyen el 2 de enero, pero en España las fiestas se prolongan hasta el 6 de enero (incluido) gracias a unos Reyes Magos de Oriente cuya jurisdicción tiene unos límites territoriales bien definidos: una cordillera de más de 400 kilómetros (los Pirineos) en el noreste y los cinco ríos (Miño, Limia, Duero, Tajo y Guadiana) que conforman la frontera más larga entre dos países de la Unión Europea, en el oeste.
Como es sabido, la fiesta de los Reyes Magos coincide con la celebración de la primera de las tres Epifanías del año litúrgico cristiano, la que simboliza la revelación de Jesús ante el mundo pagano, representado por los Magos. La primera referencia a los Magos de Oriente se encuentra en el Evangelio de San Mateo, pero no se precisa número, nombre ni cargo real alguno. No fue hasta el siglo VI cuando se registraron por primera vez los nombres de Melchor, Gaspar y Baltasar en un mosaico de la iglesia de San Apolinar Nuovo, en Rávena (Italia).
Andando el tiempo, y una vez superadas las disputas teológicas iniciales sobre cuál debía ser la celebración más importante de la Navidad (Nacimiento de Jesús o Epifanía), la unificación de ambas condujo a que cada país escogiera una u otra fecha como el día por excelencia para los regalos.
La mayoría de los países optaron por la Nochebuena, pero en España, donde al igual que en otros países católicos se unificó la Epifanía con la festividad de los Reyes Magos, el punto de inflexión se produjo en el siglo XVI, cuando la Iglesia prohibió la costumbre de repartir juguetes o dulces como aguinaldo (una tradición feudal francesa de origen pagano) y estableció, en compensación, la Pascua de Reyes como símbolo de la victoria del día sobre la noche. A partir de entonces, los Reyes de Oriente pasaron a estar indisolublemente asociados a los regalos de Navidad.
Pero eso solo ocurre en España y, por extensión, en países como Venezuela, Argentina, Uruguay, Perú, República Dominicana o Paraguay. Más allá de La Raya (A Raia) o de los Pirineos la cosa cambia, y mucho.
Los portugueses, nuestros vecinos más inmediatos, también celebran los Reyes Magos, pero lo hacen sin su aditamento más apetecible para nosotros: los regalos. En Portugal, los regalos siempre se han intercambiado el 24 de diciembre y el regalador antiguamente era el propio Niño Jesús, aunque con el paso del tiempo acabó imponiéndose, como en tantas partes del mundo, la figura de Papá Noel, en este caso Pai Natal.
Con regalos o sin ellos, los portugueses festejan la Adoración de los Reyes Magos con una cena familiar en la noche del 5 de enero y una comida familiar al día siguiente, en la que suelen comer bacalao con patatas y, de postre, el Bolo Rei, una especie de Roscón de Reyes muy diferente del español tanto en los ingredientes (pasas, frutos secos y frutas escarchadas en el interior, en lugar de nata o crema) como en la consistencia (es más denso y más duro) y que, además, es propio de todas las Navidades e incluso de otras festividades del año, no solo de estas fechas en concreto. Al igual que nuestro Roscón, el Bolo Rei -cuyos orígenes están en Francia y que se instauró en Portugal en el siglo XIX- contenía antiguamente en su interior un haba o una pequeña pieza de porcelana, pero la costumbre se fue abandonando con los años por temor a los atragantamientos.
En cualquier caso, ninguno de los dos días de la Epifanía es festivo en Portugal, los niños no reciben regalos y, salvo en algunas localidades fronterizas con España, tampoco se celebran cabalgatas de los Reyes Magos. De hecho, la peculiar forma en que se homenajea a los Reyes de Oriente en España suele despertar la curiosidad de los portugueses y, año tras año, de los telediarios del país.
Una variante muy “pintoresca” de la Epifanía en Portugal se da en el Vale de Salgueiro, en la región de Trás-os-Montes (fronteriza con Galicia y Castilla y León), donde las fiestas comienzan con la llegada del gaitero y concluyen con su marcha al día siguiente, y en la que los niños bajan a las calles para obtener cigarros y fumar en la plaza del pueblo (otra curiosidad habitual de los telediarios, que en este caso se muestran mucho menos benevolentes).
En cuanto al otro vecino, Francia, aunque el Día de Reyes tampoco es festivo, tampoco se festeja en las calles y, por supuesto, tampoco hay regalos, la Epifanía sí se celebra, y se hace, de hecho, de una manera muy francesa: comiendo mucho y bien.
El Roscón de Reyes de los franceses es la Galette de Rois, una pasta hojaldrada de almendras de forma redonda y plana que se dora al horno, que se vende en las pastelerías adornada con una corona real en papel dorado y en cuyo interior se introduce una figurita de un rey (de mayor o menor calidad artesanal, dependiendo del nivel de la pastelería). El que encuentra el muñequito, se convierte en el rey de la casa durante todo el día (portando, obviamente, la corona de papel dorado de la tarta) y recibe el honor de brindar por la salud y la buena suerte de todos para todo el año. Lo malo del premio es que el ganador queda obligado a invitar a todos los demás al próximo pastel. Para que no haya trampa, la tradición marca que los más jóvenes de la familia deben ocultarse debajo de la mesa para decidir, a ciegas, a quién le toca cada rebanada mientras los mayores cortan la tarta.
Al igual que en Portugal, el regalo tradicional era una alubia, pero desde finales del siglo XIX pasó a ser la figura del rey (por la misma época, precisamente, en la que los franceses se liberaron de los reyes para siempre). Se dice que Luis XIV, cuando era un niño, siempre quería ser el primero en encontrar la sorpresa para convertirse en “rey dos veces”. También se cuenta que, en 1521, el conde de Saint-Pol se encontró con el haba delante del mismísimo rey Francisco I, a quien tuvo el honor de “destronar” por un día. El juego de tronos acabó con una jocosa pelea con bolas de nieve, huevos y tarta entre los dos, en la que el tartazo en la cara se lo llevó el rey de verdad.
Como es de esperar en un país tan diverso como Francia, la costumbre de la tarta tiene tantas variantes como regiones. A diferencia de la forma “de París”, en el norte, la Galette suele ser redonda y rellena de hojaldre, compota de manzana o mermelada; en el este, se le suele poner una capa gruesa de masa de petit chou bien azucarada y aromatizada con flor de naranjo sobre una base de hojaldre; en el sur, el pastel es muy similar al Roscón de Reyes, con su fruta confitada incluida; y en la región de Lyon, el pastel típico de los Reyes Magos es la frangipane, elaborada con verdadera mantequilla de calidad. Lo único que no varía en ningún caso es la corona real de papel y la sorpresa, ya sea una alubia o un muñeco.
Trump ha cambiado las reglas: Vienen tiempos difíciles
Trump ha cambiado las reglas. Hasta ahora EEUU venía consiguiendo sus objetivos en países no sometidos a sus designios mediante presión, bloqueo económico, revoluciones de colores, promoción de golpes de estado (véase el que le hicieron a Hugo Chávez) o apoyo a grupos opositores (incluido el bélico en caso de que la oposición fuera armada, caso de Libia, Kosovo, Siria...). Habitualmente esgrimiendo supuestos motivos de índole humanitaria; restauración de la democracia, los derechos humanos, etc. Ahora, en cambio, han desempolvado el recurso militar directo, la pura ley del más fuerte, triturando cualquier asomo de sometimiento a legalidad internacional ninguna.
El cambio que está anulando las convenciones que regían desde el final de la Segunda Guerra Mundial, podría decirse, comenzó cuando, tras la llegada de Donald al poder, se intensificó el genocidio en Gaza ante el silencio cómplice de la gran mayoría de los países de lo que llaman "comunidad internacional".
Ahora el mensaje es claro: cualquier país pequeño que no se someta a los dictados imperialistas de la potencia belicista estadounidense corre el peligro de, bajo la más tonta de las excusas, ser atacado militarmente con las devastadoras armas que posee EEUU.
Rusia y China, en principio, parecen estar fuera del alcance de esa amenaza. No así el resto de países con gobiernos no sometidos a Estados Unidos como, por ejemplo, Irán, Brasil, México, Colombia, Cuba... Estos tres últimos ya han sido amenazados por Trump. Hay que recordar también la amenaza del presidente norteamericano de hacerse con el control territorial de Groenlandia y el Canal de Panamá
La disyuntiva de todos estos estados amenazados por la bota militar norteamericana transcurrirá entre presentar algún tipo de resistencia o someterse al poder yanki, caso de los países de América o la Dinamarca (miembro fundador de la OTAN, para más inri) que ejerce la soberanía de Groenlandia, ya que sus recursos bélicos no les alcanzan para poder defenderse del ejército de Donald.
La otra opción es armarse hasta los dientes, si puede ser con armas nucleares, caso de Irán, porque ni Rusia, emboscada en la guerra de Ucrania, parece poder defender militarmente a nadie de las agresiones estadounidenses, ni China tampoco, además de que su agenda hasta ahora ha venido pasando por mantener un perfil bajo en este tipo de conflictos mientras se centra en su expansión económica. De la ONU, maniatada por los poderes cruzados de veto, o los países de la Unión Europea, incapaces, a su vez, y no deseosos de enfrentarse al que hasta ahora venía siendo (veremos qué ocurre a medio plazo) su gran aliado transatlántico, tampoco cabe esperar nada.
Creo que este acto de conquista bélica de un gran país soberano (junto con el genocidio de Gaza) marca un antes y un después. Se nos vienen tiempos muy convulsos y muy bélicos: démonos cuenta de cuánta gente aplaude y defiende en nuestro mundo estas locuras militaristas, y qué poca conciencia tienen esas personas de cuáles son sus riesgos potenciales para todos. Sin olvidar, además, el freno que estas iniciativas belicistas y la apuesta de EEUU por el mercado del petróleo están suponiendo a las políticas que trataban de aminorar el cambio climático inducido por causas humanas.
Como decía un conocido hablando de otro tipo de temas, se nos avecina un descenso a los infiernos. La arquitectura internacional (y las diversas nacionales) construida por los poderes occidentales desde hace décadas se desmorona. El mundo que conocemos y en el que hemos vivido parece que va a experimentar cambios importantes a peor. Veremos qué tipo de infierno es, cuánto dura y si después habrá o no algún tipo de catarsis. En este proceso que ya está aquí, las y los antimilitaristas, y cualquier persona que tenga un mínimo anhelo de Paz, de Justicia y de Dignidad, tenemos mucho que aportar y hay que empezar a hacerlo desde ya.
Llamamientos internacionales para la liberación del doctor Abu Safia y del personal médico de Gaza
Estas llamadas se producen antes del primer aniversario del secuestro del Dr. Hussam Abu Safia por parte del ejército de ocupación en el Hospital Kamal Adwan, que él dirigía en el norte de la Franja de Gaza.
«No olvidaremos al doctor Abu Safia, ni a los más de 360 trabajadores sanitarios secuestrados por Israel en Gaza desde octubre de 2023», dijo CodePink.
El Dr. Yipping Gee, miembro de Médicos Contra el Genocidio, declaró en una publicación en redes sociales: «Hace un año, el ejército israelí secuestró al Dr. Hossam Abu Safia junto con decenas de miembros del personal médico durante una horrible redada en el Hospital Kamal Adwan en Gaza.
La activista Petra Schornhofer dijo en la plataforma de X: «Ha pasado un año desde que el Dr. Hossam Abu Safia fue secuestrado y detenido ilegalmente. Desde entonces, ha estado languideciendo en una prisión israelí y ha sido sometido a un trato cruel e inhumano. No lo olvides, y no dejes de exigir su liberación.»
Abu Safieh (52 años), director del Hospital Kamal Adwan, fue arrestado el 27 de diciembre de 2024, durante el continuo asedio e incursiones del hospital por parte de las fuerzas de ocupación en Beit Lahiya, al norte de Gaza.
El ejército israelí afirmó, sin aportar pruebas, que el hospital —que en ese momento era el último gran hospital en funcionamiento en el norte de la Franja de Gaza— se utilizaba como centro de mando de Hamás.
Durante un ataque israelí anterior al hospital, el hijo de Abu Safieh, de 15 años, murió en un ataque con dron, y el propio médico resultó gravemente herido en un ataque separado, que le dejó seis metralla en la pierna.
Tras su arresto, Abu Safieh fue trasladado a la prisión de Sde Timan en el desierto del Néguev, donde se registraron numerosas muertes de detenidos y denuncias de tortura y agresión sexual, antes de ser trasladado posteriormente a la prisión de Ofer en Cisjordania ocupada.
Abu Safia informó que fue torturado, incluyendo palizas con palos y descargas eléctricas, así como una pérdida de peso severa, costillas rotas y otras lesiones por las que se le negó la atención médica adecuada.
Las autoridades de ocupación niegan estas acusaciones, pero numerosos informes documentados indican que trabajadores sanitarios han sido torturados, a veces hasta la muerte, como en el caso del Dr. Adnan Al-Barsh, jefe del departamento de ortopedia del Hospital Al-Shifa en la ciudad de Gaza.
Según la relatora especial de la ONU sobre los territorios palestinos ocupados, Francesca Albanese, al-Barsh «probablemente fue violada hasta la muerte», un destino que otros palestinos sufrieron bajo custodia israelí, según Sueños Comunes.
Abu Safia sigue detenido sin cargos formales, y los tribunales israelíes han prorrogado su detención en varias ocasiones bajo las llamadas leyes de «combatientes ilegales».
En enero, la madre de Abu Safia murió de un infarto, y la organización estadounidense Medglobal, con la que había trabajado como médico jefe en Gaza, afirmó que la muerte fue resultado de un «gran dolor» por el destino de su hijo.
Según agencias de la ONU y expertos internacionales, las fuerzas israelíes han destruido o dañado gravemente la mayoría de los hospitales de Gaza en cientos de ataques desde el 7 de octubre de 2023, mientras que más de 1.500 trabajadores sanitarios palestinos han sido mártires.
Una comisión independiente de investigación de la ONU concluyó el año pasado que «Israel ha seguido una política deliberada de destruir el sistema sanitario de Gaza como parte de un ataque más amplio contra la Franja de Gaza, que equivale a crímenes de guerra y a un crimen de genocidio contra la humanidad.»
Diario Al-Quds Libération صحيفة القدس ليبراسيون –
Manuel Hidalgo
La humanidad está perdida cuando se aplaude una guerra, creyendo que juega a favor de tus intereses. En una guerra, cualquier guerra, perdemos todos. Seguiremos perdiendo cada vez que el dinero, el poder o las ideas que ni siquiera son nuestras si no aprendidas, se antepongan a lo verdaderamente importante, el amor y la paz entre hermanos. Estoy del lado de la paz y me dan igual vuestros bandos, despertad, y dejad de pelear para comenzar a vivir, porque no se pueden hacer las dos cosas a la vez. Enamoraos de la vida en vez de seguir atados a la muerte.
El gobierno de España y la Unión Europea validan el bombardeo y el golpe de estado en Venezuela
El ejecutivo español y la diplomacia de la UE se niegan a condenar el secuestro del presidente venezolano y el ataque a la soberanía del país caribeño.
Martín Cúneo
Un llamamiento a la “desescalada” y la “moderación” ha sido la reacción del Ministerio de Exteriores español al operativo de secuestro del presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, y el ataque a diferentes objetivos en el país. En un comunicado publicado pocas horas después de que el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, diera la noticia, el Ministerio de José Manuel Albares se limitaba a decir que “seguían de cerca la situación” y llamaban a “actuar siempre con respeto al Derecho Internacional y a los principios de la Carta de NNUU”.
Unos principios que rigen el mundo desde el final de la II Guerra Mundial y prohíben la violación de la soberanía nacional sin acuerdo previo de las Naciones Unidas. En el texto emitido por exteriores no hay rastro de condena ni acusación directa a EEUU por violar el derecho internacional sino un vago llamamiento general a su cumplimiento. Mucho más concreto es el comunicado de Exteriores cuando recuerda que el Gobierno español “no ha reconocido los resultados de las elecciones del 28 de julio de 2024” y que “ha acogido, y seguirá haciéndolo, a decenas de miles de venezolanos que han tenido que abandonar su país por motivos políticos”.
Una fórmula similar a la utilizada por el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, en un mensaje en X/Twitter en el que hace un llamamiento a la “desescalada” y a la “responsabilidad” sin rastro de condena ni rechazo. El mensaje del presidente español contrasta con el texto de apoyo al pueblo ucraniano escrito el 24 de febrero de 2022: “El Gobierno de España condena la agresión de Rusia a Ucrania y se solidariza con el Gobierno y el pueblo ucraniano”. En los mensajes de Pedro Sánchez y de Exteriores por el ataque a Venezuela ni si siquiera se menciona a Estados Unidos.
En la misma línea se expresaba en redes sociales la Alta Responsable de Asuntos Exteriores y vicepresidenta de la Comisión Europea, Kaja Kallas: “La UE ha declarado reiteradamente que el Sr. Maduro carece de legitimidad y ha defendido una transición pacífica. En cualquier circunstancia, deben respetarse los principios del derecho internacional y la Carta de las Naciones Unidas. Hacemos un llamamiento a la moderación”.
La Plataforma por la Paz congrega a unas setenta personas en Villena en protesta por el excesivo gasto militar
Unas sesenta personas han respondido a la convocatoria que la plataforma Villena por la paz realizaba para este final de año en protesta por las guerras y los gastos militares.
En una mañana soleada, desde las 11:30 personas afines a la plataforma pacifista fueron concentrándose en la avenida de la Constitución desplegando, junto a su habitual pancarta en contra del genocidio en Gaza, carteles alusivos al incremento de los gastos militares y al gran número de guerras vigentes. En ellos se podían ver la distribución geográfica de los conflictos y las equivalencias entre el dinero dedicado a armamento y las posibles inversiones en necesidades sociales.
En una concentración dividida en cuatro momentos, miembros de la Plataforma por la Paz fueron intercalando música reivindicativa con reflexiones sobre los conflictos vigentes, el elevado número de víctimas, los gastos militares y un llamamiento a la esperanza.
Presentaron la dura realidad existente en la que cerca de cincuenta conflictos, a los que nombraron, generaron durante el año 2025 más de 250.000 personas muertas. Criticaron el creciente interés de incrementar los gastos militares para beneficios de las empresas del sector. Compararon las cifras actuales de gasto en las que la Unión Europea supera los 673 mil millones de dólares y España los 33.000 millones dólares. Denunciaron como en caso de llegar al anunciado 5% del PIB esta cifra alcanzará los 82.000 millones. Según la plataforma pacifista esto equivaldría a la construcción de más de 130 hospitales generales. Planteaba por tanto la Plataforma Villena por la paz si no se debería dedicar el dinero a defendernos de aquellas cosas que realmente nos amenazan como es el cambio climático, la falta de vivienda o el retroceso en los servicios de salud.
En un último apartado se planteó una llamada a la reivindicación por construir la paz y a la movilización ciudadana como un gesto de esperanza, entendiendo que mientras los gobernantes ensalzan discursos de enfrentamiento y nada preventivos, la ciudadanía debería hacer valer el encuentro, la necesaria educación para la paz y la búsqueda de soluciones negociadas a los conflictos para que en 2026 quede un atisbo a la esperanza. “Cuando el militarismo y el capitalismo ponen los intereses de las empresas por encima de los derechos de las personas y del medio ambiente, mostrar la discrepancia es una obligación” señala la Plataforma por la Paz.
Con la idea clara de no permanecer indiferentes ante los conflictos y no caer en la insensibilidad ni en la pasividad, la Plataforma Villena por la paz concluía un año cargado de reivindicación y con la clara disposición de trabajar en el 2026 para favorecer la paz.
Plataforma Villena por la Paz
Teatro Antimilitarista: (11) Mi hermana es soldado
Donde veas
Donde veas
que el látigo o la espada se levantan,
que la prisión redobla sus cerrojos
que los fusiles amenazan muerte,
acércate y, a pecho descubierto,
lanza un tremendo NO que salve al mundo.
Fragmento, Ángela Figuera
Mi hermana es soldado
ADOLESCENTE: ¿Adónde vas?
SOLDADO: Es la primera vez que me lo preguntas.
ADOLESCENTE: Ya sabes que no me gusta lo que haces.
SOLDADO: Ni a mí lo que haces tú, niñata.
ADOLESCENTE: Voy a cumplir dieciséis años.
SOLDADO: No es edad para andar con esa gente. No sé cómo papá y mamá...
ADOLESCENTE: Yo hago mi vida, como tú.
SOLDADO: No, como yo no. Yo defiendo a mi país.
ADOLESCENTE: ¿En Afganistán? ¿Estás segura que no defiendes los intereses de Estados Unidos?
SOLDADO: Te tienen comido el coco esos perroflautas.
ADOLESCENTE: Ya te lo he explicado otras veces, pero veo que te ha comido tanto la cabeza que no retienes. Somos un grupo de acción noviolenta, de análisis y estudio antimilitarista y feminista. En el instituto nos han enseñado lo que dice la UNESCO: “Que, puesto que las
guerras nacen en la mente de los hombres, es en la mente de los hombres donde deben erigirse los baluartes de la paz”. Te aclaro que esto fue escrito en 1945 y que entonces el lenguaje todavía no había evolucionado, así que cuando hablan de hombre se refieren a los seres humanos, hombres y mujeres.
SOLDADO: Mientras vosotros...
ADOLESCENTE: (Cortándola.) Y vosotras.
SOLDADO: Vale, como quieras. Mientras os dedicáis al estudio, nosotros, sí, nosotros, salvamos la vida de personas.
ADOLESCENTE: Y perpetuáis el negocio de la guerra, de los paradigmas de violencia y dominación. ¿Por qué no una institución de vuestro estado dedicada al estudio de las defensas noviolentas, de las alternativas de desarme y cooperación? ¿Eh? ¿Por qué tanto miedo?
SOLDADO: No te reconozco, eras una niña tan dulce.
ADOLESCENTE: Sigo siendo dulce. ¿Y tú? Eras una hermana mayor cariñosa y protectora. ¿Cuándo se rompió nuestra relación? ¿Tú lo sabes?
SOLDADO: No.
ADOLESCENTE: Yo creo que sí.
SOLDADO: Tú dirás.
ADOLESCENTE: Cuando te hicieron creer que la igualdad era esto.
SOLDADO: ¿Y no lo es?
ADOLESCENTE: No. Porque defendéis los principios del patriarcado. Aunque os dirija una ministra de defensa, ¿sabes quiénes son los propietarios de las fábricas de armas y de los bancos que las financian? ¿Y sus grandes accionistas? (Pausa. Se miran.) Pero no he entrado en la habitación para esto.
SOLDADO: Pues parecía que tenías ganas de soltar el discurso.
ADOLESCENTE: Bueno, en cierto modo sí. Tenía ganas de que habláramos desde nuestra verdad. Pero sobre todo quería proponerte algo.
SOLDADO: Tú dirás.
ADOLESCENTE: Que asistas a una de nuestras asambleas de debate y formación. Y, a cambio, que me dejes participar en una reunión similar en la que se reflexione sobre vuestros métodos.
SOLDADO: Hermanita, sabes que eso no es posible. El ejército no funciona así.
ADOLESCENTE: Es una pena. Creía que era una bonita forma de acercarnos.
SOLDADO: Intento fallido.
ADOLESCENTE: Bueno, pensaré en una alternativa. ¿Puedo pedirte algo?
SOLDADO: Sí, claro.
ADOLESCENTE: Ten cuidado.
SOLDADO: (Sorprendida.) Claro. (Pausa. Se miran.) Sigues teniendo cara de niña. Cuando vuelva tenemos que ir a algún sitio juntas. Como antes.
ADOLESCENTE: Sí, me gustaría mucho.
(Se acercan y se abrazan. El OSCURO se irá haciendo lentamente.)





