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Albiol prende la mecha en Badalona: Cuando el Ayuntamiento fabrica una guerra social

Tortuga Antimilitar - 23 December, 2025 - 21:05

El alcalde convierte un desalojo en un conflicto racial y traslada a la calle lo que se negó a resolver desde las instituciones.

El 22 de diciembre de 2025, Badalona no estalló por casualidad. Estalló porque alguien empujó. El alcalde Xavier García Albiol decidió hace meses que el antiguo instituto B9 no era un problema social que resolver, sino un enemigo político que exhibir. El desalojo se ejecutó la semana pasada con un auto judicial que ordenaba expresamente la intervención de los servicios sociales municipales. El Ayuntamiento se negó a cumplirlo.

A partir de ahí, el conflicto dejó de ser administrativo y pasó a ser social y callejero. Decenas de personas migrantes quedaron sin alternativa habitacional. Varias terminaron durmiendo bajo la C-31. Otras ocuparon Can Bofí Vell, un antiguo albergue que la Generalitat había señalado como solución de emergencia y que el consistorio rechazó habilitar. No hubo plan, solo abandono.

El domingo 21 de diciembre, un dispositivo solidario liderado por Cruz Roja intentó alojar temporalmente a parte de las personas desalojadas en una parroquia de Sant Crist. Un grupo de vecinos, alentado por el propio alcalde, bloqueó el acceso. El Ayuntamiento volvió a mirar hacia otro lado.

La respuesta llegó el lunes 22, cuando cerca de 400 personas se concentraron frente a Can Bofí Vell en una protesta convocada por entidades sociales y sindicatos de vivienda. Al otro lado, un grupo menor se manifestó contra la acogida. Hubo cordón policial, tensión constante y gritos racistas y homófobos. Nada de esto surgió de la nada. Fue el resultado directo de una política de señalamiento.

La policía no encontró a nadie con órdenes de detención pendientes en el B9. Aun así, el discurso de la delincuencia se mantuvo. Criminalizar para deshumanizar. Deshumanizar para no atender. No atender para provocar rechazo vecinal. Una cadena política conocida.

Hoy, una semana después, la mayoría de las personas desalojadas sigue sin solución estable. Unas 40 han recibido alojamiento temporal. El resto, calle. El invierno ya ha empezado. Badalona no vive una crisis inevitable. Vive una guerra social fabricada desde el Ayuntamiento, donde el abandono se convierte en mensaje y el racismo en herramienta política.

Fuente: https://www.facebook.com/photo?fbid...

Ver también: El debate de la inmigración

Categorías: Tortuga Antimilitar

El programa de radio con el que Walter Benjamin demostraba que se puede enseñar a los jóvenes sin ser aburrido

Tortuga Antimilitar - 23 December, 2025 - 00:00

Cristina Ros

¿Qué le parecería asistir a una clase magistral de uno de los filósofos más importantes del siglo XX? Esto no es una invitación a resucitarlo con inteligencia artificial, sino a algo mucho más al alcance: leerlo. Pero no en cualquier libro, sino en aquellas piezas concebidas con el propósito de instruir al público al tiempo que lo entretiene, porque, como es bien sabido, cualquier lección se recuerda mejor cuando quien la imparte es, además de un docto profesor, un maestro de la elocuencia.

Y no todos los grandes intelectuales lo han sido; no es tan sencillo bajar de la tribuna para dirigirse a un oyente menos versado. Por fortuna, hay sorpresas agradables, como Walter Benjamin (Berlín, 1892-Portbou, 1940), el gran pensador alemán del periodo de entreguerras, próximo a la Escuela de Fráncfort. Su pensamiento marcó el devenir del siglo XX, pero, más allá de sus aportaciones teóricas, fue un profesional polifacético y tenaz del que se siguen descubriendo caras menos conocidas. Como la radio, ese medio de comunicación que se consolidó en los años veinte y resultó clave en los conflictos subsiguientes.

Benjamin escribió y narró cerca de un centenar de guiones para Hora de la juventud, un programa dirigido a los jóvenes que se emitía por la tarde en Radio Berlín. En él, aparcaba su lado de filósofo sesudo para adoptar un tono más ameno, con el que abarcaba multitud de temas históricos y culturales; unas píldoras de sabiduría de las que podemos disfrutar una selección en Radio Benjamin (2025), un volumen editado por Libros del Zorro Rojo, traducido por Joaquín Chamorro Mielke e ilustrado por Judy Kaufmann, artista chilena afincada en Barcelona.

Este Benjamin guionista-locutor –por desgracia, no se han conservado las grabaciones– es tan riguroso como de costumbre, aunque sabe adoptar otro registro, adaptado al perfil del oyente y a cada tipo de contenido. Es consciente de que, para mantener la atención, no basta con leer un texto enciclopédico; se supone que un programa debe aportar algo más, o cuando menos algo diferente, singular, que un libro. Él posee los recursos necesarios: a veces se dirige de forma directa al público, y en general adecúa el orden de la exposición de los hechos para que no resulte monótona ni previsible.

Por ejemplo, para contar por qué el terremoto en Lisboa del 1 de noviembre de 1775 fue “lo que para nosotros sería hoy la destrucción de Chicago o de Londres”, entra en la materia así: “Cualquiera que desee hablarnos del terremoto de Lisboa empezará por el principio. Y luego irá contando todo lo que pasó. Pero, si yo lo hiciera así, no creo que lograra entreteneros”. El entretenimiento como medio para instruir; ahí está el quid del asunto. De modo que Benjamin enfila el relato a su manera: “Pero el terremoto […] no fue solo un desastre como otros miles, sino que en muchos aspectos fue único y extraño. Y ahora os contaré por qué”.

Es posible que sorprenda que una de las piezas esté dedicada a esa catástrofe. Las demás exploran cuestiones como la caza de brujas (“La mayoría creía en las brujas del mismo modo que los niños creen en los cuentos”), el dialecto berlinés (“No penséis que no es más que una colección de chistes. Es todo un idioma, y admirable además”), los perros (“Contar siempre de ellos historias que pretenden demostrar algo, ¿no es ofenderlos? […] ¿No tiene cada uno su propio y particular carácter?”) o las colmenas (“Berlín es el mayor colmenar de la Tierra. Hoy trataré de explicaros cómo a lo largo de los siglos se convirtió gradualmente en nuestra desgracia”).

Erudito siempre, y además curioso, atento, ingenioso, persuasivo, accesible y, por qué no decirlo, con chispa. Este es el Benjamin del lenguaje oral, alejado de la disquisición filosófica al uso, pero con sus vastos conocimientos y su espíritu crítico inconfundibles, que aquí emplea para tratar de despertar a su vez el interés de los jóvenes por la historia y por el mundo que los rodea, que, al fin y al cabo, confluyen en un mismo río: para entender quiénes somos, cómo nos hemos construido, es necesario conocer el pasado.

Él afronta el reto con voluntad ecléctica, pero sin caer nunca en lo trivial; hasta del tema más superfluo en apariencia saca petróleo; son los trucos del orador perspicaz, que habla de tú a tú en programas de veinte minutos, sin perder jamás el respeto por la inteligencia del oyente, sin infantilizarlo ni subestimarlo por la edad. Porque a un adolescente, hasta a un niño mayorcito, se le puede hablar de todo; tan solo se debe encontrar el tono, que resulte claro, original en la medida de lo posible, y siempre con la teoría bien digerida.

Las ilustraciones de Judy Kaufmann juegan con el contraste entre los colores apagados de los fondos y el negro de las siluetas humanas, en una concepción que se nutre de las formas geométricas –espléndidos los dibujos de edificios y sus interiores–, que le dan un aire vintage, como de periódico antiguo, y hacen gala de su inventiva para poner imágenes a algo tan difícil de ilustrar como unos contenidos didácticos tan variados.

Ella misma, en la introducción, reflexiona sobre el reto de ilustrar la voz del filósofo: “Existen pocas ediciones ilustradas con textos de Benjamin, quizás porque lo más representativo de su obra resulta difícil de visualizar”. A este respecto merece la pena destacar el Manifiesto incierto de Frédéric Pajak (Errata naturae, 2016, trad. Regina López Muñoz), un brillante ensayo gráfico en tres tomos que recorre su vida y su pensamiento entretejiéndolos con el contexto histórico.

Judy Kaufmann revela asimismo algo que la une a Benjamin, más allá de esta propuesta profesional: “No puedo evitar asociar su vida a la de mi abuelo”, confiesa. “Los veo cruzándose a principio de los años treinta en Fráncfort: ambos alemanes, judíos, amenazados por el nazismo y obligados a huir. […] Al presentar este libro, se me hizo inevitable pensar en la cara oculta de las motivaciones, y acortar así la distancia con lo que nunca estuvo unido salvo en mi imaginación”.

La memoria, sí, la indispensable memoria. Memoria para recordar quién fue Benjamin; y memoria de él mismo al recuperar estos episodios históricos para darlos a conocer a las nuevas generaciones: “Os contaré algo que no habéis oído en vuestras clases de alemán, ni de geografía, ni de educación cívica, pero que algún día podrá ser importante para vosotros”. Con cada nueva edición de su obra, más si cabe si incorpora ilustraciones tan sugerentes como estas, se añaden matices distintos, que enriquecen la mirada e invitan a profundizar en los detalles. En este sentido no cabe duda del buen hacer de Libros del Zorro Rojo (Premio Nacional a la Mejor Labor Editorial 2011).

Dicen que uno no entiende del todo un tema hasta que no es capaz de explicarlo con sus propias palabras, y qué mejor que probarse con un público joven. El Benjamin cronista-narrador de la República de Weimar es un ejemplo paradigmático de ello. Estas piezas no solo no han envejecido mal, prueba de que son obra de un escritor genuino, sino que constituyen un modelo para aprender a comunicar y hasta podrían emitirse en una serie de podcasts. No importa si la materia interesa de antemano, puesto que el autor posee la mejor virtud del docente: el talento de hacer interesante todo cuanto aborda.

Fuente: https://www.eldiario.es/cultura/lib...

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La desesperada búsqueda de Israel por borrar la historia del genocidio de Gaza

Tortuga Antimilitar - 23 December, 2025 - 00:00

RAMZY BAROUD

( Middle East Monitor ) – Los aliados de Israel en todo el mundo se esfuerzan desesperadamente por ayudar a Tel Aviv a restablecer una narrativa convincente, no solo en lo que respecta al genocidio de Gaza, sino a todo el legado del colonialismo israelí en Palestina y Oriente Medio.

La historia perfecta, construida sobre mitos y falsedades flagrantes —la de una pequeña nación luchando por sobrevivir entre «hordas de árabes y musulmanes»— se desmorona rápidamente. Fue una mentira desde el principio, pero el genocidio de Gaza la ha vuelto completamente indefendible.

Los espeluznantes detalles del genocidio israelí en Gaza fueron más que suficientes para que personas de todo el mundo cuestionaran fundamentalmente la narrativa sionista, en particular el tópico racista occidental de la "villa en la jungla" utilizado por Israel para describir su existencia entre la población colonizada.

No solo personas de todo el mundo, sino incluso estadounidenses, se han vuelto decisivamente en contra de Israel. Lo que comenzó como una tendencia alarmante —desde la perspectiva israelí, por supuesto— es ahora una realidad innegable. Las encuestas nacionales indican que el apoyo a los palestinos entre los adultos estadounidenses ha aumentado, con un 33 % que afirma simpatizar más con ellos, la cifra más alta registrada hasta el momento y un incremento de seis puntos porcentuales con respecto al año pasado.

Incluso la otrora inquebrantable mayoría proisraelí entre los republicanos se está suavizando a favor de los palestinos, con un 35 por ciento de republicanos a favor de un Estado palestino independiente, un aumento significativo respecto al 27 por ciento en 2024, lo que demuestra un claro cambio en un segmento de la base republicana.

El gobierno israelí está empleando todos los recursos a su alcance para dominar la guerra de la información. Su objetivo es introducir falsedades calculadas en el discurso público y bloquear agresivamente la perspectiva palestina.

Los últimos informes sobre una campaña israelí para ganar terreno en las redes sociales otorgando millones de dólares a TikTok y otros influencers de las redes sociales son solo una fracción de una campaña masiva y coordinada.

La guerra es multifrontal. El 4 de noviembre, informes de prensa revelaron que Jimmy Wales, cofundador de Wikipedia, intervino personalmente para bloquear el acceso de edición a la página dedicada al genocidio de Gaza. Alegó que la página no cumplía con los “altos estándares” de la compañía y “necesitaba atención inmediata”. Según Wales, esa página en concreto requería un “enfoque neutral”, lo que en la práctica significa que se necesitaba una censura flagrante para impedir que el genocidio se describiera con precisión como la “destrucción intencional y sistemática, en curso, del pueblo palestino”.

Israel lleva mucho tiempo obsesionado con controlar la narrativa en Wikipedia, una estrategia que precede al actual genocidio en Gaza. Informes que datan de 2010 confirman que grupos israelíes establecieron cursos de capacitación específicos en «edición sionista» para editores de Wikipedia, con el objetivo explícito de inyectar contenido afín al Estado y moldear entradas históricas y políticas clave.

La campaña de censura contra los palestinos y las voces pro-palestinas es tan antigua como los propios medios de comunicación. Desde sus inicios, los principales medios de comunicación occidentales se han alineado estructuralmente con los intereses corporativos, que por naturaleza están vinculados al dinero y al poder; de ahí la preponderancia de la visión israelí y la casi total invisibilización de la perspectiva palestina.

Sin embargo, hace años, Israel comenzó a comprender el peligro existencial de los medios digitales, en particular los espacios abiertos en las redes sociales que permitían a la gente común convertirse en creadores de contenido independientes. La censura, no obstante, adquirió un cariz repugnante y generalizado durante el genocidio, donde incluso el uso de palabras como «Gaza», «Palestina», y mucho menos «genocidio», resultaba en el bloqueo encubierto o el cierre total de cuentas.

De hecho, muy recientemente, YouTube, que anteriormente era conocido por ser menos severo que META en la censura de voces pro-palestinas, cerró las cuentas de tres importantes organizaciones palestinas de derechos humanos (Al-Haq, el Centro Al Mezan para los Derechos Humanos y el Centro Palestino para los Derechos Humanos), borrando más de 700 vídeos con imágenes cruciales que documentaban violaciones israelíes del derecho internacional.

Lamentablemente, aunque no sorprende, ninguna plataforma de redes sociales convencional está exenta de censurar cualquier crítica a Israel. Por lo tanto, se ha vuelto una práctica cotidiana que las referencias a Palestina, el genocidio de Gaza y temas similares deban escribirse en lenguaje cifrado, donde, por ejemplo, la bandera palestina se reemplaza por la imagen de una sandía.

Muchos activistas pro-Palestina están denunciando la complicidad directa de los medios occidentales, especialmente en el Reino Unido, al intentar encubrir las acusaciones de violación contra soldados israelíes. En lugar de usar la palabra inequívoca «violación», los principales medios de comunicación se refieren a los horribles episodios de Sde Teiman simplemente como «abusos». Mientras que políticos israelíes y otros criminales de guerra celebran abiertamente los supuestos «abusos» y a los violadores como héroes nacionales, los principales medios británicos y franceses se niegan a aceptar que la tortura, la violación y el maltrato generalizados de palestinos forman parte de una agenda sistémica y centralizada, y no meros «abusos» individuales.

Compárese esto con la cobertura sensacionalista y exhaustiva de la supuesta "violación masiva" cometida por palestinos en el sur de Israel el 7 de octubre, a pesar de que nunca se llevó a cabo una investigación independiente y de que las acusaciones fueron realizadas por el ejército israelí sin pruebas creíbles.

Sin embargo, esto no es mera parcialidad e hipocresía, sino complicidad directa, como lo afirma la declaración final del Tribunal de Gaza del 26 de octubre de 2025. “El jurado encuentra que una serie de actores no estatales son cómplices de genocidio”, se lee en el veredicto , incluyendo “la información sesgada de los medios de comunicación occidentales sobre Palestina y la falta de denuncia de los crímenes israelíes”.

La batalla final se libra en el campo de batalla de la información. Los próximos meses y años marcarán el inicio de la lucha más crucial por la verdad en la historia del conflicto. Israel, valiéndose de la censura, la intimidación y la manipulación de la opinión pública, utilizará todos los medios a su alcance para asegurar la victoria. Para los palestinos y todos aquellos que defienden la justicia, esta batalla por la historia es tan trascendental como el propio genocidio. No se debe permitir que Israel lave su imagen, porque embellecer el genocidio garantiza su repetición.

Traducido del inglés por Tortuga con ayuda de un traductor automático.

Fuente: https://www.juancole.com/2025/11/is...

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Por la Paz en diciembre

Tortuga Antimilitar - 22 December, 2025 - 00:00

Categorías: Tortuga Antimilitar

No a las agresiones militares de Estados Unidos en América Latina

Tortuga Antimilitar - 22 December, 2025 - 00:00

Contemplamos estos días, con gran preocupación, cómo el militarismo salvaje de los Estados Unidos de Norteamérica está construyendo un peligroso escenario bélico frente a las costas de los estados de Venezuela y Colombia.

Con la excusa de una supuesta acción preventiva contra el narcotráfico, el gobierno estadounidense ha movilizado un potente contingente aereonaval en la zona. Arrogándose atribuciones que ninguna ley internacional le adjudica y bajo la amenaza militar, ha dictado una suerte de exclusión del espacio aéreo venezolano, así como la prohibición de comerciar con petróleo de la república bolivariana a cualquier compañía que no sea norteamericana, bajo amenaza del secuestro de los barcos petroleros. Resulta más que evidente que el objetivo de toda la operación poco tiene que ver con el tráfico de drogas y sí con la posibilidad de apoderarse de las importantes reservas de petróleo de Venezuela.

Este cerco aeronaval que se aplica sobre la república venezolana y, en menor medida, sobre la colombiana, está evidenciando cómo Estados Unidos ha decidido pulverizar cualquier resto de legalidad y de derecho internacional marítimo. Operativos estadounidenses atacan sistemáticamente cualquier tipo de embarcación que se adentre en las zonas que controlan, matando deliberadamente a todos sus ocupantes, sin ningún tipo de juicio previo, fuera del marco de cualquier legalidad, sin dejar supervivientes y sin molestarse tan siquiera de presentar pruebas sobre si esas personas asesinadas eran narcotraficantes o simples pescadores, como parece estar resultando en la mayoría de los casos. A pesar de las llamadas de socorro internacional de los gobiernos de Venezuela y Colombia ante estos gravísimos crímenes, tristemente, no hemos oído alzarse voces de condena entre los líderes de los estados de la Unión Europea. Ello es un buen botón de muestra de cómo nuestros países han abandonado la senda del derecho internacional para unirse al matonismo y a la ley del más fuerte, en un camino que, si sigue así, solo puede conducirnos al abismo bélico.

Por si fuera poco, EEUU, en una acción que solo puede calificarse como piratería, ha secuestrado estos días tres petroleros frente a las costas de Venezuela, apropiándose del crudo que transportaban.

Por otra parte, el gobierno de EEUU no deja de realizar amenazantes declaraciones sobre supuestos preparativos de operaciones militares en el territorio de la República de Venezuela.

Es importante que la opinión pública de todo el planeta se una y fuerce a la clase política a tomar decisiones. No se puede seguir permitiendo que el gigante norteamericano destruya la legalidad internacional. No se puede permitir que EEUU, siempre en defensa de sus particulares intereses económicos, organice guerras por doquier, ataque embarcaciones, altere procesos electorales, bombardee países, financie genocidios y, en general, sea un foco permanente de inestabilidad bélica que en cualquier momento podría estallar en una gran conflagración.

Si la humanidad aspira a un futuro de Paz, es preciso dejar atrás la política de bloques y hegemonías. No podemos ser aliados de naciones que hacen de la guerra y el saqueo su bandera. Empecemos hoy por denunciar con firmeza estas acciones criminales de EEUU que están desestabilizando el Caribe y el Pacífico, que están acabando con la vida de seres humanos y que podrían desembocar en una sangrienta masacre en la región.

No a la guerra en América Latina.
No a la presencia militar estadounidense frente a las costas de Colombia y Venezuela.
No al asesinato indiscriminado y la impunidad. No a la amenaza y la extorsión. No a la piratería.
Sí a la Paz.

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Cómo ser judío y 'no ignorar los gritos'

Tortuga Antimilitar - 22 December, 2025 - 00:00

Manuel Ligero

La gente cambia, eso es un hecho. Cambia para bien o para mal. El caso de Peter Beinart es paradigmático de eso que Kant llamó «giro copernicano». Este profesor de periodismo, exdirector de la revista liberal The New Republic, fue un decidido defensor de la política intervencionista de Estados Unidos. Por ejemplo, apoyó de forma entusiasta las invasiones de Irak, Afganistán y Libia, un hecho que luego calificaría como su peor error intelectual y moral. «Yo mismo me consideré un ‘halcón liberal' hasta que aquellas guerras me forzaron a cambiar mi visión del mundo», escribió en The Guardian. Judío practicante, asiste todos los sábados a la sinagoga y sigue las leyes dietéticas kosher. También fue un enérgico sionista en su juventud, pero su opinión sobre el Estado de Israel ha cambiado radicalmente. Lo explica en Ser judío tras la destrucción de Gaza (publicado en español por Capitán Swing), un libro concebido para convencer a otros judíos del error del proyecto nacional israelí y de las trampas argumentales, los mitos y el victimismo en que se fundamenta. «Este libro va del cuento que los judíos nos contamos a nosotros mismos a fin de ignorar los gritos», escribe en el prólogo. Los gritos palestinos.

«Beinart cuenta que él llegó a esa postura tras conocer a palestinos reales», explica su traductor, Pablo Batalla Cueto, durante la presentación del libro en Madrid. «Esos seres humanos, en el discurso de su familia, eran el Otro, el enemigo que te determina». Beinart compara esta visión excluyente de los palestinos con la Sudáfrica en la que nacieron sus padres y en la que él vivió parte de su infancia. «Recuerda cómo era aquello y por eso nos dice: ‘Israel es un apartheid y la gente justifica el apartheid israelí exactamente igual que mi familia justificaba el apartheid sudafricano, con los mismos argumentos, con las mismas mentiras, con los mismos cuentos'». Incluso recurriendo al principio del «supremacismo», un término que Beinart menciona literalmente respecto a la política del Estado de Israel.

Esta comprensión de la realidad palestina le ha llevado a una postura que muchos calificarían de extremista. Por supuesto, abomina de Hamás, un movimiento violento y reaccionario, pero comprende sus razones. «La mayoría de los líderes de Hamás y de la Yihad Islámica son hijos o familiares de víctimas de Israel. Han visto morir a sus padres, a sus hermanos, a sus primos. Y la violencia sólo engendra violencia. ¿Qué podría esperar Israel tras el genocidio de Gaza sino más violencia?», dice Batalla recogiendo el testimonio de Beinart para ilustrar la salvaje y contraproducente posición de Tel Aviv. «A la mayoría de la gente no le gusta matar. Lo hacen cuando no ven otra vía». Así es como Beinart analiza la resistencia palestina.

«Este es un libro diferente, novedoso, extrañamente esperanzador», indica su traductor. «Conocemos otros libros escritos por judíos antisionistas y críticos con Israel, como los de Ilan Pappé, Noam Chomsky o Norman Finkelstein, y son muy valiosos, pero a menudo tienen un punto de exaltación y de rabia. Beinart se muestra como una persona increíblemente cabal, sensata, tranquila». Aboga por un Estado laico, para todos los que vivan allí, judíos y árabes, compartiendo los mismos derechos y que ni siquiera se llame Israel. En este sentido, fue muy sonado el artículo que publicó en The New York Times en 2020 bajo el título «Ya no creo en un Estado judío». En él explicaba la diferencia entre un Estado y «un hogar judío en la tierra de Israel», que es a su juicio la verdadera (y tergiversada) esencia del sionismo. «Israel-Palestina –escribía– puede ser un hogar judío y, en igualdad de condiciones, un hogar palestino. Construir ese hogar puede traer la liberación no solo para los palestinos, sino también para nosotros».

Suena ingenuo. Utópico quizás. Pero cosas más raras se han visto. Sudáfrica vuelve a servirle de ejemplo: cuando acabó el apartheid, muchos blancos pensaban que llegaba la hora de la venganza de las personas negras y que se produciría un baño de sangre. No fue así. Y lo mismo ocurrió en Irlanda del Norte. «Allí estuvieron 50 años pegándose tiros y poniendo coches bomba –ilustra Pablo Batalla–, pero de repente llegaron los Acuerdos de Viernes Santo e incluso se formó un gobierno de coalición entre el DUP y el Sinn Fein. Es como si aquí gobernaran juntos Vox y Bildu». Beinart insiste en que el pueblo judío no es diferente, no es ni mejor ni peor que cualquier otro pueblo. Si ellos pudieron hacerlo, Israel también.

Pero una de las primeras cosas que debe hacer, a juicio de Beinart, es abandonar de una vez por todas el victimismo. Lo abrazó tras la Guerra de los Seis Días, «cuando pasó de ser un Estado débil, precario, que contaba con las simpatías de la izquierda internacional, a ser un matón. A partir de entonces empieza lo que Finkelstein llama ‘la industria del Holocausto', que sirve para contrarrestar cualquier crítica», explica Batalla. «Señalar cualquier disfunción del Estado de Israel se responde con acusaciones de antisemita y de complicidad con el Holocausto».

Estas consideraciones han llevado a Beinart a ser repudiado por buena parte de su comunidad. Lo insultan en la sinagoga, se niegan a darle la paz e increpan a sus hijos en la universidad. Pero no va a dejar de defender la versión más humanista de su religión. Como explica Pablo Batalla, los primeros internacionalistas fueron los judíos. No les quedó otro remedio: «Han solido ser los mejores humanistas precisamente porque han sido perseguidos en todas partes. Los encerraban en guetos o los expulsaban o les negaban la nacionalidad en los países en los que se encontraban, por eso se vieron obligados a volverse internacionalistas y a pensar en la humanidad. En la izquierda, gran parte de nuestros héroes intelectuales, como Rosa Luxemburgo o Walter Benjamin, forman parte de una bella tradición judía que pensó en el ser humano de forma universal. No eran nacionalistas porque no podían serlo, porque no les dejaban tener patria. Y según explica Beinart, la condición de pueblo elegido no se basa en que Yavé les diera privilegios especiales sino deberes especiales para con toda la humanidad. Ese mensaje contempla la dignidad intrínseca de todo ser humano y es fundamentalmente universalista».

Fuente: https://www.lamarea.com/2025/12/10/...

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Julian Assange demanda a la Fundación Premio Nobel, por dar el premio de la Paz a Corina Machado

Tortuga Antimilitar - 21 December, 2025 - 00:00

"No demando a una fundación, demando a una tintorería. El Nobel de la Paz se ha convertido en el detergente preferido para lavar las manos de quienes piden bombas y firman bloqueos." — Julian Assange, frente a la sede de la Fundación Nobel.

Assange, que pasó una década en una celda de alta seguridad por el pecado capital de enseñarnos que la verdad tiene el mal gusto de ser gratuita, ha decidido que está harto de cortesías.

Su demanda no busca dinero; busca que el Comité Nobel admita que su proceso de selección tiene la misma profundidad ética que un folleto de ventas de Lockheed Martin.

La "lucha" de Machado ha sido grotescamente fascinante: pedirle al mundo que deje de comprarle cosas a su propio país para que la gente, en un arrebato de hambre y desesperación, la elija a ella. Premiar esto con el Nobel de la Paz es como darle el premio a la prevención de incendios a alguien que rocía gasolina para que el dueño de la casa aprenda a valorar el agua. Es la "paz" buscada a través del asedio logístico, pero con una sonrisa fotogénica...

"Alfred Nobel creó este premio para compensar el daño de su dinamita; la Fundación ahora lo usa para amplificar el daño de su diplomacia." — Cita del expediente judicial presentado por el equipo de Assange.

"Si el criterio es el sufrimiento causado en nombre de "la libertad", el Comité debería considerar póstumamente a los arquitectos de la invasión a Irak. Ellos también tenían "muy buenas intenciones"." — Nota al pie en la demanda de Assange.

La ironía es tan espesa que se podría cortar con un cuchillo: Assange fue perseguido por revelar crímenes de guerra reales (asesinatos de civiles, torturas, conspiraciones). Machado es premiada por ser la cara amable de una Guerra Híbrida que promete usar, balas, no sin antes decretos financieros y bloqueos de medicamentos. En el mundo del revés de Estocolmo, el que revela el crimen es el villano, y el que pide el castigo colectivo es el santo.

El absurdo alcanza su cénit cuando comprendemos que el Nobel de la Paz es hoy un activo financiero. Sirve para elevar el "valor de mercado" de una figura política antes de una intervención. Al premiar a Machado, el Comité no está reconociendo la paz, está cotizando la privación de ella. Es un sello de calidad para que los inversores extranjeros sepan que la candidata tiene el respaldo de la "buena conciencia" de Occidente.

Assange le ha quitado la máscara al baile de disfraces. Al demandar a la Fundación por premiar a una promotora del colapso económico, nos obliga a mirar el metal de la medalla: ¿es oro o es crudo pesado? Al final, la diferencia entre Assange y el Comité Nobel es simple: Assange cree que la paz se construye con la verdad, mientras que el Comité cree que la paz se compra con la rendición de los recursos.

Fuente: https://www.facebook.com/photo/?fbi...

Ver también:
Suecia desestima la denuncia de Assange contra la Fundación Nobel por premio a María Corina Machado

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Ciudades, ruralidad y tecnología (I): El triunfo del modelo urbano

Tortuga Antimilitar - 21 December, 2025 - 00:00

Texto del libro de Pablo San José "El Ladrillo de Cristal. Estudio crítico de la sociedad occidental y de los esfuerzos para transformarla", de Editorial Revolussia.

Índice y ficha del libro

La existencia de la ciudad, como se ha venido explicando, se corresponde en todos los casos con un tipo de sociedad humana con poder concentrado, alta demografía y economía no directamente vinculada al medio. Requiere poblaciones sedentarias capaces de obtener alimentos y otros bienes que no se producen en la ciudad, ni por los habitantes de ésta. Tal cosa era así en su origen y lo sigue siendo exactamente igual hoy día. Más si cabe.

Las primeras ciudades están constatadas a finales del neolítico, un periodo que no tiene la misma cronología en todas partes. Surgen primero en Mesopotamia y en los valles fluviales del Indo y el Nilo (en otras fechas, aparecen también en China y América). Son, precisamente, el fruto de primitivas concentraciones humanas, por fusión entre tribus o clanes, o por simple crecimiento demográfico de éstos, y dan lugar a lo que se llama «civilizaciones». Nótese cómo esta palabra impone un cierto matiz de superioridad —de progreso— a la nueva organización sobre lo que había antes.

Una civilización es eso: un protoestado, un sistema humano con una autoridad política reconocida, con diferencias de tipo económico y social, con alta densidad poblacional y en permanente competencia con sociedades vecinas, a las que siempre está en la tensión y obligación de tratar de absorber, so pena de ser ella misma destruida. Podemos decir que la ciudad es característica imprescindible de este modelo, a sumar a las anteriores. Su centralidad en esta nueva forma organizativa supone la existencia de mecanismos de exacción, que aseguren el necesario flujo de mercancías desde la periferia hacia el centro del sistema, a fin de que éste pueda desarrollar una administración del territorio subordinado y mantener la dinámica de concentración, que es la que a su vez le permite expandirse. Por ello, en la antigüedad y el medioevo, suelen ubicarse en lugares de fácil defensa militar y rodearse de murallas.

La ciudad, hasta el advenimiento de la sociedad industrial y postindustrial, reunirá siempre a un porcentaje menor de la población total de los territorios sobre los que ejerce su influencia. A veces un porcentaje ínfimo. La razón resulta obvia, dado su carácter, en general, improductivo. Sin embargo, el hecho de ser sede del poder la mantendrá siempre en una posición de preeminencia sobre la población mayoritaria radicada en tierras no urbanas. Dicho poder —civil y religioso— se encargará de prestigiarla, de dotarla de un gran capital simbólico (1).

El nivel de la dominación de la ciudad sobre el agro fluctuará según épocas, llegando a ser asfixiante en sociedades de gran nivel de concentración, fuertemente burocratizadas y militarizadas, y más o menos liviano —incluso inexistente— en épocas de descomposición de los poderes estatales, nobiliarios, religiosos, etc. Se dan casos de asalto y saqueo de la ciudad por parte de gentes descontentas venidas del campo, pero no es frecuente que un episodio de este tipo logre la destrucción permanente de una ciudad; menos de una organización política afirmada sobre la centralidad urbana. Será una constante el hecho de que, a mayor poder concentrado, mayor cantidad de ciudades y de mayor tamaño. Y viceversa. Que se lleguen a dar —en la actualidad— sociedades con preeminencia demográfica urbana es signo indicativo de una altísima, nunca vista, concentración del poder. Justo lo contrario de lo que se presume. Ya se habló en una nota anterior del cómo la vida en la ciudad parece requerir, inexorablemente, una poderosa autoridad central que, entre otros, ejerza el monopolio de la violencia.

La ciudad, que no cabe comprender como un espacio físico de calles pavimentadas y grandes edificios, sino como una mera acumulación permanente de gente —esa es su característica definitoria—, en tanto sede de un poder que extiende sus tentáculos sobre un alfoz y aún más lejos, se diseñará para esa función. Ya hemos nombrado la cuestión del emplazamiento (2) y las murallas. En su interior, además, se implementa y organiza toda la impedimenta logística para la administración del territorio y la succión de recursos: almacenes, mercados, servicio de recaudación, oficios y productos estancados, fortalezas para los cuerpos armados, templos, tribunales, oficinas funcionariales... La autoridad nominal, civil o religiosa, o ambas cosas (económica en tiempos modernos), destacará su superioridad ejerciendo desde un edificio singular lo más fascinante posible. El tamaño y la altura sobreelevada será, por lo común, un dato importante para lograr ese objetivo.

En torno a la ciudad, las obligaciones que ésta exige y los servicios que presta, se irá galvanizando la población campesina de los alrededores, la cual se vinculará a ella, de forma más o menos estrecha, según factores de distancia kilométrica, barreras naturales y capacidad de la propia ciudad de extender su influencia. Todas estas cosas que comento son aplicables a cualquier época. La apariencia de las ciudades ha variado a lo largo del tiempo, pero su función apenas lo ha hecho.

En tiempos anteriores a la era industrial, el ejercicio del poder se encontraba con limitaciones hoy prácticamente desaparecidas. Muchos de los sistemas de control que hemos estudiado en el capítulo anterior, sin el auxilio de la moderna tecnología, solo eran de aplicación a la población inmediatamente congregada en torno al poder. En la ciudad. Extender el dominio sobre personas que residían lejos, a menudo en lugares poco y mal comunicados, y que tenían su propia economía, era todo un problema. Cuanto más lejos e inaccesible estaba el lugar en cuestión con respecto al centro de poder, más débil era el vínculo, concretándose en muchos casos en una cuestión simbólica de mero reconocimiento formal, y en el pago irregular de tributos en especie.

Aunque cabe interpretar la red jerárquica funcionarial que la Iglesia Católica (y luego otras iglesias) extendía por toda Europa como una forma de control mediante adoctrinamiento, era fundamentalmente la amenaza de la violencia la que mantenía la relación de sumisión hacia el poder central. Incluso en los casos en que, por lejanía o debilidad de la propia autoridad, el vínculo era más laxo. Precisamente, el estamento nobiliario desplegado en el entorno rural en la Edad Media y Moderna —cuyo extremo fue el régimen feudal— puede comprenderse también en esta clave: como una forma de sucursalizar el poder central monárquico, paliando así el problema de la distancia. El campo pagaba sus impuestos al señor, y éste al monarca, habitualmente bajo la forma de tropa armada cuando era requerida. La vecindad entre señor y campesinado, con la posibilidad de rápida respuesta violenta ante la insubordinación, aseguraba la fidelidad. La nobleza rural, además, hasta tiempos casi contemporáneos, se hacía cargo de la administración local de justicia.

Puede decirse que es una constante histórica la necesidad de todo poder central de controlar y administrar su territorio. En parte, de aquí arranca la dualidad entre campo y ciudad; una dicotomía que no sucederá sin tensión ni conflicto hasta que el mundo rural occidental sea definitivamente domeñado por el moderno estado burgués con ayuda de la tecnología industrial y mediante el despliegue masivo de las nuevas instituciones de castigo y vigilancia. Tras la conquista, como hizo Roma con Cartago, sucederá su definitivo desmantelamiento pasando a ser el mundo rural —ahora despoblado— un mero epígono de la civilización urbana.

Como se decía en capítulo anterior y se ha repetido aquí, el vínculo entre el campo y la ciudad es de carácter parasitario en favor de ésta última. Los trabajadores del campo habrán de multiplicar sus esfuerzos para obtener los excedentes que entregan a los improductivos habitantes de las ciudades, en forma de impuestos que recauda la autoridad, o de comercio en situación de desventaja. Si conversamos con algún pequeño o mediano agricultor o ganadero, constataremos fácilmente que tal cosa sigue sucediendo en la actualidad. Como contrapartida, los habitantes del mundo rural pueden contar con la ciudad como sitio en el que colocar —aunque sea a bajo precio— sus excedentes en momentos de abundancia. También es el lugar hacia el que enviar población excedentaria en momentos de crisis. En ciertos contextos, los habitantes del campo esperan de la ciudad socorro armado en caso de conflicto bélico o, simplemente, disuasión preventiva que les libre de una agresión. Aunque, como es sabido, las autoridades militares de toda época y lugar no están especialmente interesadas en la protección —ni aun en el respeto— de las zonas rurales, y sí en la defensa de las ciudades. En cualquier caso, como puede inferirse, el balance es netamente desfavorable para el agro.

El cambio histórico de modelo hacia un tipo de sociedad definido por la residencia masiva en ciudades se inicia en Occidente a principios del siglo XVII con las primeras enclosure acts inglesas. Es un proceso continuado, aunque de trayectoria irregular. La fluctuación suele estar relacionada con episodios concretos de crecimiento del tejido industrial y fuerte demanda de mano de obra para el mismo. Tal situación la podemos comprobar en el Manchester de finales del siglo XVIII como en un Elche o una Barcelona de 1970.

En el contexto postindustrial, con el sistema rural ya desmantelado, el lento vaciado de la población residual del campo tendrá que ver con la inviabilidad competitiva de su modelo económico primario —deslocalizado a otros lugares del planeta— y con ciertas desventajas a la hora de consumir y recibir servicios; es decir, con un menor grado de Estado de Bienestar. En el caso del llamado «éxodo rural español», un fuerte movimiento migratorio interno que despobló el agro entre 1950 y 1980, creo que puede atisbarse el interés del poder político-económico. Por una parte, el tardío impulso industrial español recibió la masa trabajadora que lo hizo inmediatamente competitivo. Por otra, se solucionó de un plumazo un problema que era secular para la autoridad: la difícil gobernabilidad del fragmentado medio rural y la situación socialmente explosiva a que daba lugar tradicionalmente un sistema agrario muy poblado, pero tecnológicamente poco desarrollado y con una fuerte entidad de la propiedad latifundista, sobre todo en la mitad sur del país. El cine popular del momento, como sabemos, de gran capacidad adoctrinadora, es fiel testigo de esta intención. A diferencia de los filmes de los años 30 y 40, que muestran una visión casi idealizada del mundo rural español, las películas de los años 60 y 70 tenderán a mostrarlo como un ámbito de paletos reaccionarios. Nada que ver en ese aspecto «Nobleza Baturra» (1935), de Florian Rey con, por ejemplo «Abuelo Made in Spain» (1969), de Pedro Lazaga, protagonizada por el gran Paco Martínez Soria (3).

A fines del siglo XX la cultura rural está prácticamente desaparecida en todo el primer mundo y el proceso ha concluido. Otra realidad se da todavía en los países y culturas no totalmente occidentalizadas, las cuales siguen siendo predominantemente rurales, aunque, mediante unas formas y otras, está en marcha el impulso que desaloja a las masas campesinas e indígenas de sus territorios y las obliga a instalarse en las ciudades. No en vano muchas de las mayores aglomeraciones urbanas del planeta se dan en el mundo empobrecido. Gigantescas ciudades, crecidas desordenadamente, que alojan ingentes grupos humanos en infraviviendas, a menudo autoconstruidas, que viven y malviven como pueden, rotos los vínculos con su base económica tradicional, tratando de «integrarse», mal que bien, en la peor versión de la cultura occidental-capitalista. En su día tuve la oportunidad de conocer personalmente tal realidad recorriendo algunos de los barrios más desfavorecidos de, entre otras, Bogotá, Medellín o Caracas, y comprobar el tipo de situaciones desarmónicas y socialmente conflictivas a las que da lugar este hecho.

En la actualidad, las sociedades primermundistas, de economía muy terciarizada, apenas conservan restos de vida rural mínimamente autónoma. La actividad agropecuaria, su tradicional base económica, en virtud del desarrollo tecnológico, precisa hoy una cantidad muy baja de mano de obra. Aunque sí onerosa maquinaria. Este hecho, añadido a, o retroalimentado por las dinámicas de concentración de propiedad productiva que, como hemos estudiado, son propias del moderno capitalismo, provocan la desaparición del minifundio y que la única economía posible en estos lugares, por causa de rentabilidad, sea el llamado agrobusiness, la gran explotación agrícola, de carácter semiindustrial, fuertemente maquinizada y dotada de gestión empresarial. La novela «Las Uvas de la Ira» (1939), de John Steinbeck, relata, fiel y dramáticamente, la transición entre el modelo de explotación familiar y el industrial, acaecida en EEUU en la década de 1930, y el daño social que causó.

A estas circunstancias hay que añadir la influencia de la globalización económica, la división internacional del trabajo, la deslocalización y la externalización; factores que han provocado que la producción de insumos vegetales y animales tienda a ubicarse en determinados países del Sur en los que el factor mano de obra supone un coste mínimo que, a pesar de la inversión en transporte, hace difícil la competitividad en el mismo sector para los productores del Norte. Éstos solo pueden mantener la actividad, como digo, mediante una fuerte maquinización y la aplicación de punteras tecnologías químicas y biológicas. Cuyos efectos sobre la salud humana y los ecosistemas están en entredicho, por cierto. Y a base de temporeros, habitualmente inmigrantes, a los que poder remunerar por debajo de todo umbral. Sin olvidar las subvenciones que reciben desde el poder político-económico, cuya causalidad es compleja. Sin posibilidad de base económica propia, las poblaciones mínimas que mantienen su residencia en un espacio rural no convertido directamente en el dormitorio o lugar vacacional de alguna capital, vivirán básicamente del propio estado; de sus pensiones de jubilación o, si están en edad de trabajar, atendiendo la red de servicios mínima que éste mantiene en el lugar (4). Red que tiende a enflaquecer, ya que no pocos de estos servicios (escuelas, estaciones de tren, atención sanitaria, geriátrica..., u otros de carácter privado como las oficinas bancarias o la asistencia religiosa) van siendo desmantelados, obligando a los usuarios a optar entre el traslado a la ciudad o la necesidad de recorrer grandes distancias cada vez que los precisan. También se vive indirectamente de la ciudad, mediante actividades relacionadas con el turismo (bares, alojamientos, ocio rural, venta de artesanía...) o el trabajo asalariado en instalaciones que, por su nocividad, han sido alejadas de la urbe.

Porque esa es otra. Hoy el campo es comprendido por la mayoritaria población urbana y, como no podía ser menos, por la autoridad y el poder económico, como un mero espacio, amplio y vacío, disponible para la satisfacción de los deseos e intereses de la ciudad. Un lugar sin entidad reconocible, casi sin realidad tangible, que solo recobra visibilidad cuando algún agente urbano pone su mirada en él. Por ejemplo, como ámbito en el que emprender algún tipo de negocio: sea una gran explotación agraria o ganadera industrial, una actividad minera, maderera o la obtención de agua para el abasto urbano. O como lugar alejado e intrascendente en el que ubicar instalaciones molestas y contaminantes: centrales de producción de energía eléctrica (en cualquiera de sus tipos), industrias especialmente agresivas, o vertederos, incluyendo los de residuos nucleares. La intrusión de la ciudad sobre el ámbito rural llega a su máximo cuando aquélla fagocita el campo, procediendo a «urbanizar» determinados espacios, a fin de construir pequeñas ciudades «dormitorio» o vacacionales. Ubicadas éstas últimas en espacios de alto valor paisajístico y natural que, así, degradan —destruyen en ocasiones, la costa alicantina verbigracia— como tal. Por lo demás, como digo, el espacio rural es solo un ámbito a no tener en cuenta, cuando no a hacerlo desaparecer como ominosa barrera que separa unas ciudades de otras. A tal efecto se trazan autovías que los automóviles recorren a toda prisa, aeropuertos desde los que «saltar» de unas a otras ciudades y líneas férreas «de alta velocidad», que unen sin apenas escalas las grandes capitales. Los pasajeros de estos modernos trenes —símbolos del progreso actual— que no viajan viendo la película o sumergiéndose en las ciberaplicaciones de su móvil o su tablet, apenas podrán alcanzar a contemplar un retazo del paisaje que transcurre atropelladamente tras el ventanal.

Así el mundo rural, despreciado hasta el olvido y agredido sin medida, acaba siendo un viejo traje lleno de remiendos, agujeros y descosidos. Los bosques se incendian y desforestan, los acuíferos se vacían, los valles se transforman en pantanos y los ríos en cloacas. Las planicies se antropizan desaforadamente a base de tendidos eléctricos, aerogeneradores, carreteras, vías férreas y monocultivos (a cuya tierra se arrojan ingentes cantidades de productos químicos, cuya inocuidad no está garantizada). Los sitios recónditos se llenan de basura, los cielos del ruido de los aviones. Los lugares bellos, las playas por ejemplo o los parques naturales, son masivamente ocupados por domingueros urbanos que, con ellos, arrastran todo el bullicio, frenesí y falta de respeto al entorno propio de la ciudad. O peor: hollados por urbanizaciones permanentes de chalets o apartamentos. Un campo de golf, una estación de esquí, un lago o una línea de costa, a menudo son el reclamo para su venta y ocupación. En una sociedad que todo mercantiliza y convierte en objeto de consumo, el territorio ha terminado por ser un bien más a rentabilizar.

El poder y buena parte de la ciudadanía aplaude este tipo de operaciones, las cuales comprende como «desarrollo», entelequia que define una forma de progreso en su faceta de oportunidad económica: posibilidad de lucro para unos y de empleo asalariado para otros. El exceso de producción y consumo y el tipo de vida crecientemente artificioso ha generado un problema medioambiental inédito en la historia. Tanto por agotamiento de recursos y espacios, como por polución de distintos tipos. Los expertos debaten sobre el alcance de la cuestión y los distintos puntos de ruptura a los que está abocado el planeta y su población si no se actúa sobre las tendencias. Y, aunque hay personas con conciencia ecologista, movimientos organizados, y cierta preocupación entre las élites gobernantes, por lo que parece, lo que prima es aplazar el problema; mirar hacia otro lado. Por una parte, hay demasiados intereses económicos en juego. Por la otra, el grueso de la población occidental está mucho más interesada en aprovechar las ventajas prácticas que hoy les proporciona el consumo que en medir, desde una visión ética, tanto la repercusión social que dicho consumo genera en el mundo empobrecido, como la situación medioambiental que legarán a sus hijos y nietos. Que nada estropee la fiesta. Y si la mierda llega a los ojos, la tecnología, uno de los nuevos dioses, proveerá.

La distancia o desafección con que el actual urbanita occidental contempla la vida en el campo, además de lo dicho, obedece a perspectivas ciertamente objetivas. Comparando la cosmovisión y tipo de vida urbana de hoy con lo que fue la forma pretérita de habitar el campo y los vestigios no demasiado contaminados que aún perduran de ella, las diferencias saltan a la vista. Y son de gran magnitud. Por poner un ejemplo, me llamó la atención la polémica, de varios años de duración, en torno al festejo de «El Toro de la Vega», de Tordesillas, Valladolid. Tordesillas es un pueblo grande, obviamente contemporáneo y partícipe de no pocos de los elementos que definen hoy una ciudad. Sin embargo conserva, como los núcleos castellanoleoneses de semejante tamaño y economía, algunos rasgos rurales. En Tordesillas venía siendo ancestralmente tradicional una competición anual consistente en alancear y dar muerte a un toro. Se podría abundar mucho en las implicaciones éticas y antropológicas del asunto y en los condicionantes diversos de su contemporánea oposición desde otra sensibilidad o cultura. Pero lo que yo deseo resaltar aquí es el choque de visiones. Los habitantes de esta localidad vallisoletana, que inteligían estar manteniendo viva la tradición de sus mayores, representada en una justa entre el hombre y el animal totem —el toro— comprendida, con todos los peros que se quieran, como símbolo de nobleza y no como ocasión para el sadismo, hubieron de contemplar, año tras año, cómo nutridos grupos de jóvenes urbanos, allegados desde lejos en autobuses, venían a decirles a ellos, a quienes no se les hubiera ocurrido ir a una gran ciudad a decir a sus habitantes lo que era justo y moral hacer o no, que eran unos garrulos y unos asesinos. Por no querer dejar morir su tradición, su identidad cultural. Finalmente, la autoridad política radicada en la capital, la misma (o su sucursal) que vende proyectiles a dictaduras en guerra, y que permite la importación de manufacturas elaboradas en condiciones de esclavitud, prohibió —por cruel— el festejo. Este y otros muchos pequeños ejemplos que pudieran añadirse describen bien la brecha existente entre las cosmovisiones de ambos mundos.

Los actuales moradores de las ciudades desconfían de la ruralidad, en la que intuyen espacios desconocidos fuera de su zona de confort. A su vez la desprecian asumiendo el mito ya expuesto de que las agrarias son sociedades primitivas, precarias, cerradas, integradas por población ignorante y reaccionaria. En este último aspecto —el carácter reaccionario o, simplemente, conservador— hay cierta verdad. En la ciudad los cambios se suceden más rápido; en el mundo rural —que era más cohesionado— no solía darse necesidad, ni motivo, para cambiar demasiadas cosas, ni para hacerlo con prisas. La relación social y económica en las ciudades es mucho más compleja que en el mundo rural, pero sus datos concretos tienden a ser de menor trascendencia. Es decir, la mayoría de esas cuestiones pueden evolucionar sin que ello suponga quebrantos en la situación de la colectividad y de los individuos, ya que nadie tiene circunstancias vitales con raíces especialmente profundas y todo el mundo puede adaptarse a, por ejemplo, un cambio de actividad laboral o de residencia. En el campo, los datos que definen la sociedad son cuantitativamente menores (a muchos urbanitas por ello les resulta asfixiante esa vida), pero son mucho más profundos y cualquier cambio de importancia puede alterar el equilibrio general y generar problemas (véanse fenómenos migratorios y despoblación, por ejemplo, o fenómenos de drogadicción masiva si nos vamos a sociedades indígenas en otros continentes). No ha de extrañar que la población rural recele, también por su parte, del mundo urbano, del cual entiende que proceden todos los males que no vienen del cielo. Por ello, el agro en Europa fue tradicionalmente un bastión de reacción frente a la revolución ilustrada-liberal, y la historia del socialismo, con pocas excepciones, pasó de largo por él. Hoy, siguiendo esa costumbre, las poblaciones que aún mantienen rasgos de vida rural, llegado el momento electoral, tenderán a votar al partido que les parezca que menos cambios en general va a propiciar. En Elche, por ejemplo, a diferencia de lo que ocurre en la ciudad, el Partido Popular suele vencer ampliamente en cada comicio en las partidas rurales, a pesar de que una de sus políticas principales (no confesa) es la erradicación de la lengua valenciana, de uso aún mayoritario en dichas partidas.

No quisiera idealizar el mundo rural, como tampoco a las sociedades sin estado. Es obvio que todo tiene sus pros y sus contras dependiendo del criterio concreto de observación que se aplica. Decía Pasolini, por ejemplo, en la obra que ya hemos citado: «Este ilimitado mundo campesino prenacional y preindustrial, que sobrevivió hasta hace unos pocos años, es lo que añoro (…) Los hombres de ese universo no vivían en una edad de oro (…) Vivían en (…) la edad del pan: eran consumidores de bienes de primerísima necesidad. Lo cual, quizás, hacía que su vida pobre y precaria fuera de primerísima necesidad. Mientras que los bienes superfluos tornan superflua la vida.» Y como, de alguna forma, yo también soy, lo reconozco, un desafecto, un remiso con respecto al tipo de sociedad urbana en la que he nacido y vivido, no quisiera dejar de señalar algunas diferencias que me resultan significativas entre ambos modelos.

Como he venido reseñando, es característico del mundo rural un tipo de relación afirmada en el parentesco y en el común (ésto último tiene importantes diferencias de concreción según lugares y momentos), un acontecer de la vida a ritmo comparativamente lento y la fidelidad a las propias tradiciones. La vida en la ciudad, por su parte, supone predominio de la dimensión individual, mayores factores de movilidad, ritmos más dinámicos y centralidad del progreso en sus vertientes material e ideológica. Puede decirse que el modelo de vida «urbanita» se ha ido sofisticando, con ayuda de la técnica, y, en buena medida, en virtud de los esfuerzos del poder «jardinero», el cual ha ido modelando poco a poco el tipo de sociedad que más conviene a su interés.

A medida que los motores de combustión y eléctricos y, en general, los productos de carácter industrial han proliferado hasta convertirse en tan abundantes como imprescindibles, la vida en la ciudad ha ido alejándose de cualquier vínculo con la naturaleza. Ésta última ha quedado restringida a los parques, una especie de isla rodeada de asfalto y pavimento, una reserva india de vegetales gestionada artificialmente. Hay ciudades que apenas si cuentan con alguna «zona verde». Las hay que ponen suelo a los parques para que nadie resbale o tropiece y revisten de goma sintética la zona donde juegan los niños. Que la tierra no manche su ropa. También hay urbes perfectamente divorciadas del cielo en las que es imposible ver estrella alguna por la noche y en las que, en los casos extremos, a la luz del día solo se percibe el gris de la boina de esmog. En realidad tal circunstancia, más allá de las implicaciones que tiene para la salud pública, importa poco o a pocos. El ciclo noche/día es relativo en la ciudad. Hay gente que trabaja de noche y duerme de día, o lo hace a turnos irregulares. El ocio de masas sucede en su mayoría por la noche y viene a durar «hasta que salga el sol». Como si fuera una gigantesca cueva, en una ciudad no resulta demasiado trascendente, en términos prácticos, que sea día o noche, que llueva o que haga sol.

Existen hoy varias generaciones de personas que han nacido y vivido en una ciudad sin apenas experiencia directa de lo que es la naturaleza silvestre o el mundo rural. Gente que se siente incómoda si no está pisando asfalto (salvo la playa, espacio asumido a la ciudad, antropizándolo y dotándolo de todo tipo de normas y medidas de seguridad e higiene). Hay personas que desarrollan fobias, más y menos diagnosticadas, a todo lo que sea alejarse del ámbito urbano. En mi propio entorno lo puedo comprobar cuando soy visitado en la pequeña casa de campo donde vivo a escasos veinte minutos de la ciudad: niños sobreexcitados que, por su carácter no artificial, sólo ven en el campo objetos que pueden romper a su gusto y animales que perseguir. Adultos incómodos y aburridos, deseosos de volver a la ciudad, pendientes de la pantalla de su móvil, al tiempo que ignorantes de los estímulos que les ofrece el lugar. Hay quienes evitan descender de las zonas pavimentadas, quienes tienen ciertos miedos a «bichos» y plantas, quienes no se hallan con «tanto» silencio y tratan de poner música, quienes, antes de acudir, preguntan por las posibilidades de «ir al baño», el estado del camino para acceder —no se vaya a averiar o ensuciar su automóvil— o se informan de la previsión meteorológica. He sido testigo del caso de quien, rechazando otro tipo de posibilidades, fue a dormir la siesta a su propio vehículo estacionado, con el motor en marcha y el aire acondicionado conectado. Obviamente, no todo el mundo es así y la mayoría de los visitantes disfrutan del sitio y de la oportunidad de variación que les ofrece. Pero son ejemplos para ilustrar la distancia de que hablaba arriba.

Notas

1- «El simbolismo arquitectónico del centro puede formularse así: (…) b/ todo templo o palacio —y, por extensión, toda ciudad sagrada o residencia real— es una montaña sagrada, debido a lo cual se transforma en centro; c/ siendo un Axis Mundi, la ciudad o el templo sagrado es considerado como punto de encuentro del cielo con la tierra y el infierno.» Mircea Eliade, «El mito del eterno retorno».

2- No solo se elige un lugar en relación a la defensa militar; también se procuran lugares fácilmente abastecibles, salubres, climáticamente resguardados, próximos a rutas convenientes, a fronteras en las que está puesta la mirada, etc.

3- Recuerdo los tebeos de mi infancia y adolescencia. Especialmente las historietas de Mortadelo y Filemón, del incomparable Francisco Ibáñez. Cómo el mundo rural, cada vez que aparece en el guión, adopta la forma de una feroz caricatura de paisanos incultos, zafios y brutales. Otro botón de muestra de la visión que la cultura popular de la época proponía del tema, es el humorista Fernando Esteso y sus inefables temas musicales «La Ramona» (no dejen de ver el vídeo en internet) o «El zurriagazo».

4- Una de las causas, si no la principal, de la plaga de incendios forestales que cada verano asola el noroeste peninsular tiene que ver con esta cuestión. Acabada la temporada estival, en la que mucha de la población activa de los pequeños municipios rurales vive del turismo y de los veraneantes (y del trabajo en las brigadas de extinción de incendios), en invierno una fuente de empleo principal es la contratación estacional de personal para la limpieza y reforestación de bosque incendiado. Creo que la relación entre ambas cosas es obvia y no requiere mayor explicación. He constatado personalmente que en la provincia de León (imagino que pasará igual en la de Ourense y en la de Zamora) hay pequeños municipios de estas características cuyo bosque arde, literalmente, cada año. Por su parte, en la zona de Asturias y Cantabria vienen sucediendo «extrañas» plagas de incendios en época otoñal, coincidiendo con algún momento meteorológico concreto de sequedad. En este caso la cuestión parece tener que ver con ciertas políticas de la Unión Europea. Europa subvenciona a los ganaderos con un fijo por hectárea de pasto, la cual ha de estar limpia de arbolado o matorral. Los beneficiarios reparten la subvención según el número de cabezas que posean. El móvil de la quema es también más que evidente.

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Informe oficial: Así se ha violado en comisarías y cuarteles

Tortuga Antimilitar - 20 December, 2025 - 00:00

No ocurrieron en un descampado, ni en un parking subterráneo, ni en un portal, ni en un domicilio, pero sí lejos de testigos, y además con total impunidad judicial. Las agresiones sexuales que recoge el informe de este año de la Comisión de Valoración de casos de violencia policial y parapolicial se han perpetrado en dependencias de la Policía española y en la Guardia Civil, lugares supuestamente de máximas garantías.

Casi todas las víctimas han sido mujeres, aunque también hay hombres. A los «comentarios vejatorios sobre sus cuerpos e insultos, a encontrarse con la regla y no disponer de productos necesarios ni condiciones de higiene adecuadas» se les sumaron «muchos casos en que son obligadas a desnudarse y son sometidas a tocamientos, insinuaciones o situaciones más graves aún, como es la violación con penetración de objetos varios, relatadas con dificultad y que esta Comisión ha escuchado y recogido», explica.

El informe presentado el martes en el Parlamento de Gasteiz da paso al reconocimiento de 75 víctimas de tortura ese año. Solo son, por tanto, el 1,5% del total de casos censados ya oficialmente en toda Euskal Herria. Sin embargo, bastan para resumir una práctica generalizada y masiva, más allá de los detalles brutales y sórdidos que arroja cada caso concreto.

Los testimonios han sido grabados en gran parte de los casos (83 registros audiovisuales sobre el total de 93 expedientes aceptados) y sometidos a análisis forense. La Comisión incide en ello: «Somos conscientes, porque las víctimas así nos lo han transmitido, de que este camino que transitamos les resulta en muchas ocasiones muy doloroso y lleno de obstáculos. ‘¿Cómo es posible que se nos exija tanto?', nos dicen, después del silencio y ‘de las mentiras que sobre nosotras se han lanzado durante años'».

Sobran más explicaciones. Hablan las víctimas:

Desnuda y colgada de la trenza. «[Cuartel de la Salve, Bilbo, 1973] Desde el primer mo­mento y de manera constante, fue objeto de terribles vejaciones, amenazas e insultos ligados a su condición de mujer. Las primeras palabras que escuchó del capitán que dirigía los interrogatorios fueron: ‘¡Aquí, en­tras virgen y saldrás puta!' (...) Fue despojada de la ropa de trabajo que vestía desde el momento de la detención. Desnuda, fue colgada de la larga trenza que lle­vaba, siendo inducida a girar sobre su propio eje a base de golpes».

La violan y se orinan encima. «[1992] En­tre otros métodos de tortura padecidos por ella, en su condición de mujer, se encuentran los relativos a la tortura sexual con la introducción de varios objetos por distintos orificios corporales. (…) Añade, además, que varios guardias civiles orinaron en su cara cuando solicitó ir al baño mientras le gritaban: ‘Yo también me meo'. Momento tras el cual la detenida decidió orinarse encima antes que volver a pasar por aquella humillación».

Palo de escoba. «[1982] Humillaciones de todo tipo por su condición de mujer, insultos, tocamientos por todo el cuerpo, realizados tanto por hombres como por mujeres… Aque­lla tortura sexual fue in crescendo. Recibió amenazas de violación que, des­graciadamente, culminaron en una grave agresión sexual, al introducirle el palo de una escoba por la vagina tras ser tumbada en una mesa y despojada de los pantalones y de la ropa interior que vestía».

Forzada a masturbarse. «En uno de aquellos descansos, se abrió la puerta de la celda y recibió la or­den de desnudarse y comenzar a masturbarse delante de los agentes, algo a lo que la detenida, en el estado en el que se encontraba, accedió sin protestar e incluso llegó a preguntar detalles de cómo debía hacerlo, algo que descon­certó y enfadó a los guardias civiles que esperaban de ella otra reacción y que acabaron por marcharse de allí».

Amenazas y tocamientos. «Por su condición de mujer, relata que fue intimidada con amenazas y acoso de tipo sexual. ‘Seguro que no has visto una polla como la mía. Ya verás cuando nos quedemos solos lo bien que lo vamos a pasar. Seguro que no has probado nunca algo tan rico como esto. Seguro que tus compañeros de ETA tampoco la tienen tan grande y seguro que no saben follar como follamos nosotros'. Des­nudada primeramente de cintura para arriba, más tarde fue obligada a permanecer completamente desnuda mientras era sometida a tocamientos y recibía amenazas de violación: ‘Bueno, vete preparándote porque esto está terminando: unas cuantas sesiones más de bolsa, unas cuantas flexiones más, y ya empezamos con lo nuestro, que es lo interesante'».

Menstruación como tormento. «Las vejaciones con episodios de desnudez forzada se dieron tanto en Donostia como en Madrid (...). Además, en aquellas condi­ciones, le bajó la regla, encontrándose en condiciones higiénicas lamentables. Cuando solicitó algún producto de higiene, le proporcionaron unas bragas desechables y algunas compresas, todo ello acompañado de vejaciones: ‘A es­tas zorras siempre les baja la regla. ¡Ojalá os bajara la regla en otras ocasiones! ¡Estáis cagadas de miedo, por eso se os baja la regla!'».

Alicates. «Esposada con las manos en la espalda y con la cabeza agachada, los insultos, las mofas, las amenazas, los tocamientos y los malos tratos comenzaron en el vehículo. ‘Metían sus manos por debajo de mi camiseta y me aplastaban los pezones, pero duro, duro. Se estaban descojonando y, yo, así. Ese es el primer flash (...) Durante el trayecto, los agentes, al igual que ocurrió nada más ser detenida, se empeñaron en apretar los pezones de I.A.G., aunque, en esta ocasión, utilizando un alicate que sacaron de algún sitio. ‘Sí, aplastán­dome los pezones. Dos veces, primero en uno y luego en el otro, ya que solo tenían una herramienta y andaban con eso'. Poco después, fue trasladada a Madrid. Relata que, de camino, realizaron una parada en un club de alterne a las afueras de Burgos, en el que se le permitió acudir al baño».

«Violaremos a tu hija». «Dada su condición de mujer, G.M.M. recibió las primeras vejaciones y ame­nazas de contenido sexual contra ella y contra su hija: ‘A nosotros no nos gustas' (...) ‘Nosotros violaremos a tu hija, a la alta' . ‘Tu hija no se va a salvar. Nosotros la vamos a violar' (...). Mientras la degradaban verbalmente, fue obligada a desnudarse en tres oca­siones con la excusa de examinar sus varices. En aquel momento de vergüen­za y humillación, de pie, frente a ellos, lloró por primera vez».

Obligado a masturbarse. «Me ponen la cuerda y, de repente [llora], uno por detrás tira la silla y hay un momento, no sé, igual son décimas de segundo o tal y otro que está detrás me agarra, me bajan y me dicen ‘¡Desnúdate!'. Me bajan el pantalón y me dicen ‘¡Mastúrbate!' [llora y no puede continuar hablando]».

Electrodos en los testículos. «En el coche en que se dirigían al cuartel, le bajaron los pantalones y la ropa interior, todo lo que permitía la cinta americana, y le colocaron electrodos en los testículos (...) Me dijeron que o cantaba todo o a mi mujer (que estaba detenida) le harían esto y aquello... y en un momento dado, abrieron la puerta para que yo viera que se encontraba bien. Estaba en una cama, sentada junto a un guardia civil».

Fuente: https://www.naiz.eus/es/info/notici...

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Stop war

Tortuga Antimilitar - 20 December, 2025 - 00:00

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Qué papel juega EE.UU. en Somalia, el país del que Trump no quiere inmigrantes y el Pentágono lleva años bombardeando

Tortuga Antimilitar - 20 December, 2025 - 00:00

Guillermo D. Olmo

Para Donald Trump Somalia es un país que "apesta" y quienes migraron de allí a Estados Unidos y sus descendientes, "basura" que hay que sacar.

El presidente estadounidense sorprendió el pasado martes con un ataque frontal a los somalíes durante una reunión televisada en la Casa Blanca.

De ellos dijo que "solo corren de acá para allá matándose los unos a los otros", y anunció su intención de ordenar una operación migratoria en Minnesota, que alberga la mayor comunidad de somalíes en EE.UU.

Minnesota es también el estado en el que resultó elegida la demócrata Ilhan Omar, la primera congresista estadounidense de origen somalí de la historia, que habitualmente intercambia duras críticas y reproches con el presidente.

El mandatario ha descrito el estado como un "centro de actividades de blanqueo de capitales", señalándolo como base para su decisión de poner fin a las protecciones contra la deportación de cientos de inmigrantes somalíes.

El comentario hace referencia a un escándalo que se remonta a la pandemia de covid. Según las autoridades, el fraude se arraigó en algunos sectores de la comunidad somalí de Minnesota, donde decenas de personas amasaron pequeñas fortunas creando empresas que facturaban a las agencias estatales millones de dólares por servicios de alimentación que nunca prestaron.

Los fiscales federales afirman que hasta el momento 59 personas han sido condenadas por las estafas y que se han robado más de US$1.000 millones del dinero de los contribuyentes en tres tramas que se siguen investigando.

Somalia es hoy uno de los países desde los que está prohibido viajar a EE.UU. y el presidente ha asegurado que pondrá fin al programa de protección temporal que durante años amparó a muchos refugiados originarios de la nación africana.

"No los queremos en nuestro país. Dejemos que vuelvan al lugar de donde vinieron y lo arreglen", zanjó Trump.

¿Pero cuál es la situación en Somalia? ¿Y qué papel ha jugado y juega Estados Unidos en lo que allí sucede?

Las "múltiples crisis" de Somalia

Ubicado en la región del Cuerno de África, a orillas del océano Índico y el estratégico golfo de Adén, Somalia es un país de mayoría musulmana muy árido, y propenso a las sequías y a las hambrunas que estas provocan.

Con un Producto Interno Bruto (PIB) entre los más bajos del mundo, el Banco Mundial estima que un 54% de sus habitantes viven por debajo del umbral de la pobreza.

Con una economía poco desarrollada y la agricultura como su sector principal, Somalia lleva décadas sumida en una guerra interna que ha atravesado diferentes fases y en la que han intervenido varias potencias extranjeras.

El caos comenzó con el colapso del régimen militar de Mohamed Siad Barre en 1991, que abrió paso a décadas de violencia y anarquía.

El gobierno federal afincado en la capital Mogadiscio, que cuenta con el reconocimiento internacional, lleva años intentando con el apoyo de una misión militar de la Unión Africana derrotar a los grupos insurgentes y establecer un control efectivo del país.

Las rivalidades entre clanes y los intereses foráneos, sumados a la impopularidad del gobierno en amplias zonas del país, han hecho imposible lograr un estado estable y funcional.

En el norte, en los territorios antiguamente bajo protectorado británico, la región de Somalilandia declaró su independencia en 1991, y aunque no ha sido reconocida internacionalmente como estado independiente lleva desde entonces funcionando totalmente al margen de Mogadiscio.

Al este de Somalilandia, la región de Puntlandia, aunque formalmente uno de los estados federados de Somalia, funge como una entidad autónoma en la que en los últimos años se ha hecho fuerte un núcleo de combatientes de la milicia extremista de Estado Islámico.

"Se estima que no son más de 400, pero se han asentado en una zona montañosa del norte estratégica por su cercanía al golfo de Adén, por donde llegan las armas a través de Yemen", país vecino también en guerra desde hace años, le dijo a BBC Mundo Jethro Norman, del Instituto Danés de Estudios Internacionales.

En la actualidad, la insurgencia de Al Shabab, grupo afiliado a Al Qaeda que controla gran parte del sur del país y ha sido capaz de golpear en Mogadiscio con acciones que han causado decenas de muertos, se ha convertido en la principal preocupación de Washington y del gobierno federal.

"En términos de control territorial, es probablemente el grupo afiliado a Al Qaeda con más éxito", le dijo a BBC Mundo Roger Middleton, director de gestión del centro de análisis Sabi Insight.

Middleton explica que "el gobierno logró poner a la defensiva a Al Shabab, pero ahora el avance se ha detenido o revertido", y los rebeldes han vuelto a controlar amplias parcelas de territorio.

La misión de la Unión Africana ha ido reduciendo su tamaño y operaciones, en parte por el agotamiento de los países europeos que mayoritariamente la financian y los africanos que aportan las tropas. Ni unos ni otros ven avances sostenidos en la lucha contra Al Shabab.

Con menor apoyo, en los últimos dos años las fuerzas gubernamentales somalíes se han mostrado incapaces de mantener el control del territorio que le habían arrebatado.
Las fuerzas internacionales

A los actores locales hay que sumar las influencias extranjeras.

Actualmente, Estados Unidos, Turquía y Emiratos Árabes Unidos llevan a cabo con frecuencia ataques aéreos contra grupos insurgentes en Somalia.

Pero el país lleva tiempo siendo el escenario de acciones extranjeras de distinto signo.

En 2006, con el apoyo de Washington, las tropas de Etiopía invadieron Somalia para derribar a la Unión de Tribunales Islámicos, el movimiento político-religioso que se había erigido en gobierno de facto en amplias zonas del centro y sur del país.

La intervención etíope instaló el precario gobierno federal que desde entonces ha intentado -con escaso éxito- extender su control a todo el territorio.

Citada con frecuencia como ejemplo típico de Estado fallido, la historia reciente de Somalia muestra que el país vive, en palabras de Jethro Norman, "una sucesión de crisis intercaladas y simultáneas".

Estas han castigado severamente a su población, sometida a duras condiciones de vida y frecuentes violaciones de los derechos humanos por parte de los diferentes grupos combatientes, según han denunciado organismos internacionales.
Trump, sobre un rótulo con el mensaje "delivering peace" ("entregando paz).

El ejército de Estados Unidos lleva décadas activo en Somalia.

En 1992, cuando diferentes "señores de la guerra" se disputaban el poder tras la caída de Siad Barre, el presidente estadounidense Bill Clinton lanzó la operación "Devolver la esperanza", con el objetivo declarado de aliviar la hambruna en el país e instalar un gobierno democrático y capaz.

El 3 de octubre de 1993, una operación de comandos especiales para capturar a cabecillas rebeldes en Mogadiscio se torció cuando los insurgentes lograron derribar dos helicópteros Black Hawk estadounidenses.

El intento de rescatar a sus ocupantes desencadenó horas de combates en los que 18 militares estadounidenses murieron. Las imágenes de sus cadáveres arrastrados por las calles por una muchedumbre victoriosa golpearon a la opinión pública en el país norteamericano.

El episodio inspiró la exitosa película "Black Hawk derribado" de Ridley Scott y para muchos sigue siendo una herida en el orgullo nacional de Estados Unidos.
Un soldado estadounidense, con un cigarro entre los labios, vigila una carretera somalí por la que pasan un camión cargado de personas y un peatón.

"Aquello no se ha olvidado, ni en Estados Unidos ni en Somalia, y los años de bombardeos estadounidenses posteriores, con las víctimas civiles que han provocado, han causado una enorme desconfianza", señala el experto Jethro Norman.

El suceso llevó a Washington a reducir al mínimo la exposición de sus tropas en el terreno, pero mantuvo su implicación en el escenario somalí.

En 2007 Washington inició sus ataques aéreos selectivos en Somalia.

La mayoría llevados a cabo mediante drones y dirigidos habitualmente desde la base estadounidense en Yibuti, han tenido como objetivos a "terroristas" alzados contra el gobierno federal.

A eso se ha sumado el entrenamiento a tropas del gobierno y, según varios observadores, ocasionales operaciones terrestres de ataque.

Cuando Donald Trump llegó a la Casa Blanca a comienzos de este año, lo hizo con la promesa de terminar con las "guerras interminables" de Estados Unidos en el exterior.

Según declaró en mayo el general Michael Langley, jefe del Comando en África del Ejército de Estados Unidos (Africom), sus fuerzas habían llevado este año más de 25 ataques aéreos en Somalia, el doble que en todo 2024.

"Estados Unidos persigue activamente la eliminación de yihadistas", dijo Langley.
Una mujer sobre chapas rectangulares oxidadas de las que se suelen utilizar para construir viviendas precarias, en Awdheegle, Somalia.

Pero informes de varios organismos muestran que las víctimas no siempre son yihadistas.

Africom ha confirmado que algunas de sus acciones acabaron también con no combatientes y Airwars, una ONG que monitorea las víctimas en conflictos, estima que las operaciones de EE.UU. en Somalia han dejado entre 92 y 167 civiles muertos, entre ellos al menos 25 niños.

"Cada vez que esto ocurre, muchos somalíes lo perciben como un ataque extranjero en apoyo a un gobierno federal al que muchos ven como corrupto, una idea que la propaganda de Al Shabab explota hábilmente", señala Middleton.

El experto señala que para muchos son "ataques externos para sostener a un gobierno que es visto como una imposición".

Por todo ello, está convencido de que las ofensivas "acaban fortaleciendo a quien se supone que buscan debilitar: Al Shabab".

El paso del tiempo ha llevado a analistas a cuestionar la estrategia basada en ataques con drones del Pentágono.

Aunque Estados Unidos ha mantenido a lo largo de los años que el objetivo de sus acciones en Somalia ha sido apuntalar al gobierno federal y estabilizar las instituciones del país, Norman considera que ese objetivo hace tiempo que pasó a segundo plano por la dificultad de conseguirlo.

"El verdadero empeño ha sido en realidad contener los problemas en Somalia y evitar que grupos como Al Shabab pudieran extenderse a otros países de la región, como Kenia o Uganda", explica.

Pero, ¿por qué Trump, que se declara contrario a las intervenciones en el exterior, ha permitido un incremento de los ataques de Estados Unidos en un país en que, a juzgar por sus comentarios, no tiene ningún interés ni esperanza?

"Este gobierno parece haber estado más interesado en hacer invisibles las operaciones militares en Somalia que en ponerles fin, tal vez porque los ataques con drones le permiten dar una sensación de fuerza con un menor escrutinio y sin exponerse al riesgo de sufrir bajas", cree Norman.

BBC Mundo no recibió inmediatamente respuesta a una solicitud de comentarios al Departamento de Estado.

Pero, sea lo que sea lo que orienta la política actual de EE.UU. en Somalia, el especialista no cree que vaya a dar los resultados deseados.

"Los mandos militares saben que no van a poder acabar con un fenómeno como el de Al Shabab solo con una guerra de drones", subraya.

Las políticas de Trump y Somalia

Además de la guerra y la pobreza, los somalíes sufren con frecuencia el castigo de las sequías, que provocan cosechas insuficientes y hambrunas.

Un informe del experto independiente de Naciones Unidas sobre los derechos humanos en Somalia, Isha Dyfant, concluyó que más de un millón y medio de niños somalíes se enfrentaban a desnutrición severa y 730 niños habían muerto en centros de nutrición en todo el país en 2023.

El documento destaca que "la severidad de las sequías en el Cuerno de África, incluida Somalia, no se hubiera producido sin el cambio climático provocado por la acción humana", que las ha hecho "más frecuentes y extremas".

El presidente Trump ha subrayado en varias ocasiones que no cree que el cambio climático sea una amenaza y en un discurso ante la Asamblea General de la ONU en septiembre lo describió como "la mayor estafa a la que nunca se haya sometido al mundo".

Pese a que su país es el segundo mayor emisor de gases que contribuyen al calentamiento global, Trump decidió retirarse del Acuerdo de París, el pacto internacional alcanzado para frenarlo.

El mandatario también ha reducido drásticamente la cooperación internacional de EE.UU. y desmantelado casi totalmente la agencia que la canalizaba, USAID, mientras en Somalia, según los informes de la ONU, los fondos no alcanzan para mitigar la situación humanitaria.

Solo el tiempo dirá si Trump es capaz de cumplir su enunciado deseo de devolver a los inmigrantes somalíes a su país y si mantiene su estrategia militar allí.

Mientras, lo que los expertos como Norman apuntan es que no se puede entender la historia reciente de Somalia sin el papel de actores externos como EE.UU.

Fuente: https://www.bbc.com/mundo/articles/...

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El 'crowding out' del gasto militar respecto a la sanidad

Tortuga Antimilitar - 19 December, 2025 - 00:01

Juan Carlos Rois, Tortuga.

En este nuevo acercamiento al impacto del rearme en nuestras vidas voy a fijarme en la comparación del gasto militar y sus hipotéticos aumentos con el gasto sanitario.

A este tipo de comparaciones de coste de oportunidad la literatura científica lo denomina crowding out, en este caso de sanidad y defensa, porque parece que cuando rotulamos a las cosas con los términos del lenguaje del imperio ganan en seriedad.

Bueno pues el citado crowding out (efecto expulsión) sanidad-defensa tiene para los países de la OCDE de renta media-alta una caída del PIB de sanidad del 0´58 por cada 1% de aumento del PIB de Defensa. Chúpate esa, marquesa. Ya vemos que, a pesar de la retahíla del escudosocial y la defensa de las clasemediaytrabajadora que cacarean Sánchez y sus palmeros de Sumar, cada eurito que aprueban de gasto militar extra supone una proporcional erosión de la sanidad. Y bien que lo celebran (eso sí, con bastante nocturnidad y alevosía, como diría el otro, para que no se note).

Bien, ahora que hemos contado el cuento, hagamos unas cuantas cuentas de la vieja.

Aquí pongo los datos de gasto en sanidad en términos de PIB de nuestra sanidad pública y (para los morbosos) si sumamos la privada (a la que algunas comunidades más que otras le están atizando además la privatización y/o gestión correspondiente de la pública, que es otra derivada del asunto que por el momento dejamos aparcada).

Para los muy curiosos (siempre hay alguno) los datos los he sacado (hasta el 2023) de los datos oficiales de Sanidad (Datos de sanidad.gob.es, tablas EGSP/SCS y epdata.es), y para 2024 y 2025 de estimaciones y estimaciones a partir del observatorio FEFE, boletines de Sanidad y datos del PIB provisional publicado por el INE.

Conforme a este cuadro, la evolución de nuestra sanidad ya muestra un cierto descenso desde 2020 (que se alcanzó el tope) y una lenta y titubeante recuperación a partir de entonces.

Ahora presentemos el gasto militar, en este caso el que calcula el gobierno y el que desvelamos nosotros. La evolución aquí no es zigzagueante, sino lineal, ascendente, como la flecha del «progreso».

Lo que arroja el siguiente cuadro:

Se me olvidaba decir que he tomado los datos desde 2018 porque es el idílico tiempo desde el que el PSOE de Sánchez y sus socios nos están salvando de que gobierne el PP con Abascal subido en el caballo del general Espartero o de ese otro que hubo después que, según decía un poeta, además era un muy mal jinete.

Bien, las comparaciones son interesantes: mientras el gasto militar no para de crecer ( para el año que viene yo espero que supere entre unas cosas y otras el 5% PIB o esté muy cerca) la inversión en sanidad no lo hace del mismo modo y, por si fuera poco, el crecimiento que pueda sufrir no implica mejora en la calidad sino negocio para lo privado que, dicho sea de paso, no contempla nuestro papel en el tinglado como el de sujetos de derecho con todas las de la ley, sino como objeto de negocio y a veces como objeto desechable por poco rentable.

Bien. Vamos ahora a hacer algunos cruces de datos para saber la perdida acumulada que bajo el supuesto de 0´58 PIB por cada 1% de aumento de PIB en defensa implica para nuestra sanidad.

Según este gráfico en crowding out por años pasaría de los aproximadamente 251 millones de 2019 a los más de 11.000 de 2025.

El desastre sería mayor con nuestras cifras de gasto militar.

Si extrapolamos los datos, suponiendo que el gobierno, como prevén los estudios mas oficialistas, mantenga un gasto militar de hasta el 2.5 % hasta 2035, el Tomando 0,92% en 2018 y 2% estable desde 2025, el aumento estructural es de 1,08 puntos de PIB (si nos quedamos en e 2%) y de 1,58 si subimos hasta el 2.5, lo que nos arroja que la pérdida anual de sanidad sería de 1,08 x 0.58 (si el presupuesto es estar en el 2%) o de 1,38x 0,58, lo que equivale a una perdida equivalente a un 0´63% del PIB por cada año hasta 2035 (12.600 millones de euros por año) o de 0,80% del PIB (más de 16.000 millones al año).

De ahí para adelante, cada 1% pib Más de 16.500 millones, supondría una pérdida de cerca de 9.600 millones de euros suplementarios a sumar a las cifras anteriores para Sanidad sin que la ministra del ramo levante el dedo índice para hacerle una peineta al resto del gobierno.

Tampoco es de extrañar. De hecho, ya van encargando poco a poco a Defensa el cuidado de nuestra sanidad ante contagios y catástrofes, infecciones porcinas y otras circunstancias sin que a nadie le parezca tan aberrante como pedir a un musico militar que dirija una sinfonía con poca fanfarria de timbales y cornetas.

¿Y si hacemos los cálculos con nuestros datos de gasto militar?

Pues aquí pongo la evolución a partir del 4.4 actual con ligeras elevaciones hasta llegar al 5% pib en 2032.

En este caso la pérdida es exagerada. En 10 años casi 460.000 millones de euros y cifras anuales de pérdida desde 33.000 a más de 48.000 millones por año.

¿Se les ocurre lo que se podría hacer con tamaño dineral? A mi sí.

Para mear y no echar gota.

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EEUU sanciona a otros dos jueces de la Corte Penal Internacional por investigar el genocidio israelí en Gaza

Tortuga Antimilitar - 19 December, 2025 - 00:00

Andrés Gil

Estados Unidos sigue siendo el mejor aliado de Israel para salir impune del genocidio cometido en Gaza. Así, el secretario de Estado de EEUU, Marco Rubio, ha sancionado este jueves a dos jueces de la Corte Penal Internacional (CPI), Gocha Lordkipanidze, de Georgia; y Erdenebalsuren Damdin, de Mongolia, en el marco de la Orden Ejecutiva 14203 de Donald Trump, sobre la “Imposición de Sanciones a la Corte Penal Internacional”.

“Estas personas han participado directamente en los esfuerzos de la CPI para investigar, arrestar, detener o enjuiciar a ciudadanos israelíes sin el consentimiento de Israel, incluyendo la votación mayoritaria a favor del fallo de la CPI contra la apelación de Israel el 15 de diciembre”, afirma el departamento de Estado de EEUU.

Según la Administración Trump, “la CPI ha continuado participando en acciones politizadas contra Israel, lo que sienta un precedente peligroso para todas las naciones. No toleraremos los abusos de poder de la CPI que violan la soberanía de Estados Unidos e Israel y someten injustamente a ciudadanos estadounidenses e israelíes a su jurisdicción”.

El fallo del pasado 15 de diciembre de la Corte Penal Internacional supone el cierre de una de las principales vías legales abiertas por Israel para frenar o retrasar el avance de la investigación sobre Palestina, al rechazar su último recurso y confirmar que el tribunal mantiene su competencia sobre los hechos ocurridos tras el ataque de Hamás del 7 de octubre de 2023.

“Nuestro mensaje a la Corte ha sido claro”, dice el Departamento de Estado de EEUU: “Estados Unidos e Israel no son parte del Estatuto de Roma y, por lo tanto, rechazan la jurisdicción de la CPI. Seguiremos respondiendo con consecuencias significativas y tangibles a la guerra legal y las extralimitaciones de la CPI”.

La relatora de Naciones Unidas para Palestina, Francesca Albanese, así como seis jueces y tres fiscales de la Corte Penal Internacional también han sido objeto de sanciones por parte de Washington, debido a su trabajo por la aplicación del derecho internacional ante crímenes cometidos en Palestina o en Afganistán.

Así. mismo, las organizaciones palestinas Al Haq, Al Mezan y el Centro Palestino para los Derechos Humanos (PHRC) llevan tres meses sobreviviendo sin salarios ni fondos, debido a las sanciones impuestas por la Administración Trump el pasado mes de septiembre. Esto supone, entre otras cosas, que no puedan acceder a sus cuentas bancarias en ningún lugar, que no dispongan de dinero y que algunas entidades internacionales que colaboraban con ellas hayan dejado de hacerlo.

Fuente: https://www.eldiario.es/internacion...

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El debate de la inmigración

antimilitaristas.org - 19 December, 2025 - 00:00
Categorías: antimilitar

El debate de la inmigración

Tortuga Antimilitar - 18 December, 2025 - 00:01

Es cierto que Europa Occidental está recibiendo un fuerte flujo de personas migrantes. La causa principal del fenómeno, en cuanto a lo que se podría nombrar como "efecto llamada", en mi opinión, es la drástica caída de la natalidad en nuestros países y la necesidad de mano de obra para nuestras economías. Esta realidad no me resulta positiva, ya que creo que es indicativa de cosas que van mal en la sociedad occidental. Tampoco creo que tenga mucho de positivo el hecho de que haya personas que, por lo que sea, se vean impelidas, o forzadas, a abandonar su tierra y su familia. Ni su llegada masiva a nuestros países, donde generan superposiciones y sustituciones culturales, (ojo, que también incluyo a las personas que inmigran desde el norte de Europa o EEUU como turistas jubilados con rentas medias y altas, causando un gran impacto en los lugares que "colonizan"). Desde este punto de vista, sin dejar de apostar nunca por los valores del respeto, la solidaridad hacia las personas necesitadas, la empatía y la tolerancia hacia las culturas diferentes, yo no enarbolaría la bandera de lo que llaman "multiculturalidad". La multiculturalidad óptima, opino, habría de ser eso: una diversidad de culturas que se respetan e interrelacionan entre si, no una mixtura de todas ellas habitando los mismos espacios.

Esa es la teoría; lo que debería ser, y no ser, en un escenario ideal. Otra cosa bien distinta es la realidad consolidada que tenemos en el estado español y, en general, en la mayoría de sociedades de Europa, donde nos encontramos con grandes contingentes de personas inmigrantes que han llegado, y siguen llegando, a nuestras tierras desde hace décadas, constituyéndose en una parte numérica significativa de nuestras sociedades. Algunas de estas personas son ya inmigrantes de lo que se conoce como segunda o tercera generación, que han crecido y se han educado entre nosotros y que, en muchos casos, se encuentran perfectamente integradas a nivel cultural y social. Pensemos, por poner un par de ejemplos de personas famosas, en los hermanos Williams, jugadores del Atlétic de Bilbao, en la atleta Ana Peleteiro, o en el propio agitador de ultraderecha Vito Zopellari Quiles, hijo de un inmigrante italoargentino.

Es decir, dado que la realidad consolidada de la inmigración parece no tener marcha atrás (ni, posiblemente, sería deseable la tuviera), se hace necesaria una correcta gestión del fenómeno. El reto está en lograr una convivencia que respete las diferencias y la diversidad de quienes han inmigrado, pero que al mismo tiempo garantice la pervivencia de las culturas locales preexistentes. Un objetivo que no siempre es fácil de alcanzar, especialmente cuando la población migrante se establece localmente en forma de grandes colonias capaces de constituirse en grupo mayoritario. Algo que sucede, tanto en pequeñas localidades de economía agrícola a las que estas personas han afluido en busca de trabajo, como en lugares turísticos en los que migrantes, frecuentemente jubilados, procedentes de los países del norte, llegan a desplazar la cultura local, acaparando las funciones económicas, sociales, las soluciones habitacionales e incluso el idioma. En mi opinión, aunque socialmente no se perciba así, es mucho mayor el impacto cultural de este segundo tipo de colonias de inmigrantes. Además, volviendo a los factores éticos esbozados al principio, creo que cabe hacer valoraciones diferentes al respecto de quienes emigran al extranjero huyendo de la pobreza o cualquier otro tipo de circunstancia extrema, frente a quienes lo hacen, con ayuda de su poder económico, en busca de un mejor clima, gastronomía, sistema sanitario etc., especialmente cuando éstos últimos, como sucede no pocas veces, no muestran voluntad alguna de participar e integrarse en la cultura que les recibe.

En este contexto, y de la mano de las corrientes reaccionarias que últimamente tanto proliferan por todo Occidente, surgen diferentes debates y especulaciones sobre la inmigración. Al ser un tema de alta incidencia social, el debate va más allá del terreno teórico y se convierte en programa útil para captación de votos o militantes por toda clase de grupos de escora populista y neofascista. Es muy fácil agitar el espantajo del miedo al diferente. En otras épocas eran los judíos (o los gitanos). Hoy, fundamentalmente, son las personas de cultura árabe. Es el recurso clásico del chivo expiatorio.

Entre las especulaciones esgrimidas, encontramos algunas teorías conspiratorias (tan en boga hoy esta forma de reflexionar y expresarse públicamente). Por ejemplo, la conocida como "el gran reemplazo", o su variante: la que habla de la islamización forzada de Europa. En ambos casos, quienes sostienen este pensamiento estarían en la creencia de que hay un plan orquestado por determinadas élites, que trabajan en la sombra, para sustituir paulatinamente la población europea por otra procedente de culturas menos "desarrolladas" y más propensas a la sumisión y la docilidad. La sustitución se llevaría a término con una combinación de políticas pro-inmigración complementadas por otras políticas anti-natalidad (estas últimas, apoyadas con la promoción gubernamental de la cultura LGTBI y el feminismo esencialista). Como puede advertirse fácilmente, más allá de la excentricidad y falta de contraste con la realidad de la idea, es una visión basada en un concepto prejuicioso y supremacista entre razas y culturas (sin nombrar los valores homófobos y de tipo semejante que destila). Por ello cala sin problemas en las mentalidades más reaccionarias.

Sin embargo hay que decir que las principales teorías conspiratorias que ponen a los grupos de personas inmigrantes pobres (es poco común que los inmigrantes ricos sean materia de conspiración) en el centro de su diana son harto más simples: basta con inventar, descontextualizar o deformar estadísticas que los vinculan con la delincuencia, preferentemente la de tipo sexual. El caso más habitual -y vergonzante- estos días se da en relación a los conocidos como "menores de edad no acompañados" (menas).

Me parece importante contrarrestar tales usos bastardos del fenómeno migratorio, que están convirtiendo nuestras sociedades en terreno abonado para toda suerte de totalitarismos, al tiempo que ponen a las comunidades inmigrantes en claro riesgo de agresión fascista. Para ello, conviene centrar el análisis no en el hecho simplista de la inmigración en sí, sino en cuáles son las causas que impulsan a tantos miles de personas a abandonar sus países de origen, jugándose la vida en no pocas ocasiones, en inciertas, peligrosas, acaso mortales travesías con el fin de llegar a nuestro continente. Destino en el que, además, raramente son bienvenidas.

Responder a la pregunta no resulta fácil ya que dicha causalidad puede deberse a multitud de casos y factores. Hay incluso quien sostiene la teoría de que, al menos cierta parte de las personas que emigran hacia el mundo rico no lo hacen huyendo de la pobreza extrema sino, simplemente, respondiendo al efecto reclamo, al factor seducción que se ejerce desde nuestra sociedad. Es decir, dado que el mundo se ha convertido en global, tal como hacen los jubilados ricos del Norte de Europa (o, ultimamente, personas pertenecientes a las élites de algunos países de Sudamérica), hay migrantes procedentes del Sur (África, Asia, America Latina...) que inmigran con el objetivo de recibir los beneficios de la sociedad de consumo europea. En tal caso, quienes emigran serían los individuos más ambiciosos e individualistas de sus respectivas sociedades, no necesariamente los más golpeados por la pobreza (no conviene olvidar que para realizar este tipo de viajes se requiere dinero), ni, por supuesto, los más implicados y participativos en las estructuras comunitarias de allí.

No negaré que pueda darse este perfil en parte del contingente de personas que inmigran procedentes del Sur. Pero, ni aunque dichas personas supusiesen un porcentaje significativo de la inmigración que reciben nuestros países, ello justificaría la opinión -que también se escucha mucho estos días- de que dichas personas no deberían tener derecho a recibir los beneficios económicos y sociales presentes en nuestra sociedad ya que ellas no han contribuído a generarlos. Es de absoluta obviedad que el tipo de sociedad terciarizada y de abundancia material que hoy se da en el Occidente rico nunca habría podido suceder sin un incesante proceso de exacción y acumulación de riqueza en dirección Sur-Norte, logrado siempre, ayer y hoy, por medios depredativos y violentos. Visto así, la población en su conjunto de aquellas sociedades que vienen sufriendo el expolio histórico viene a ser, con mayor propiedad, agente, generadora del bienestar económico del que se beneficia la ciudadanía europea. Podría decirse que vienen a recuperar lo que era suyo y les fue robado. Y todo ello sin olvidar -dato que en este debate siempre se obvia de la manera más interesada- que la gran mayoría de personas que migran hacia nuestros países europeos lo hacen de forma perfectamente legal, con su documentación en regla, a través de las aduanas. Además de los turistas permanentes y jubilados que hemos nombrado antes, los migrantes autorizados que proceden del mundo empobrecido lo hacen como la mano de obra, más que necesaria, imprescindible para que la economía europea no colapse. Este dato principal, como digo, es siempre silenciado por los voceros populistas de la ultraderecha, quienes, a menudo, alimentan el bulo de que los inmigrantes "vienen a quitarnos nuestro trabajo". Sin embargo, tanto economistas como empresarios son perfectamente conscientes de la importancia determinante de la inmigración para mantener una economía productiva en Europa con un mínimo de competitividad.

En resumen, resulta ingenuo y simplista (en ocasiones torticero) orientar el debate de la inmigración atendiendo únicamente al hecho migratorio en si y al impacto que provoca en las sociedades receptoras, no queriendo saber nada de cuales podrían ser las causas que impulsan el fenómeno. Como ya he esbozado, además del "efecto llamada" que, por su propia idiosincracia y con ayuda de los sistemas comunicativos globales, proyecta la sociedad de consumo occidental, existen poderosas razones estructurales que impulsan este flujo de seres humanos. Flujo que se da fundamentalmente desde áreas del planeta explotadas y empobrecidas hacia los lugares del mundo en que se ha concentrado la riqueza. Por dicha razón, la causa última y principal de la inmigración como fenómeno no sería el mero deseo personal de las personas migrantes de beneficiarse de las "bondades" del mundo rico, sino la inercia devastadora de un sistema económico depredador que, históricamente, ha concentrado la mayoría de la riqueza del planeta en ciertas zonas, generando enormes bolsas de pobreza en otras. La agresión militar pura y dura (como ocurrió en Libia, Iraq...) o indirecta, mediante la instrumentalización de facciones o contingentes de mercenarios locales (como ocurre actualmente, por ejemplo, en Sudán, Congo...) es el mecanismo que los países occidentales vienen implementando desde hace siglos. Esta ininterrumpida acción militar directa e indirecta ha mantenido y sigue manteniendo a grandes partes de la humanidad bajo el dominio colonial, sometida a gran inestabilidad política o sufriendo las consecuencias de perennes guerras civiles. Todo ello con el objetivo de mantener la situación de dependencia para poder seguir expoliando los recursos de cada lugar. Por si fuera poco, en las últimas décadas, el cambio climático, alimentado a su vez por el insaciable industrialismo occidental, no ha hecho sino agravar las condiciones de vida de los habitantes de esas regiones.

Vistas así las cosas, nadie debería extrañarse de que haya personas que se vean obligadas a abandonar su tierra huyendo de una pobreza y, en numerosas ocasiones, un contexto bélico de los que de ninguna manera se les puede hacer responsables. No tener en cuenta estos hechos cuando en Occidente se debate sobre inmigración no solo denota la más absoluta de las ignorancias sino que, en no pocos casos, deviene un neto ejercicio de hipocresía, cinismo y desvergüenza.

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Tierra prometida

Tortuga Antimilitar - 18 December, 2025 - 00:00

Categorías: Tortuga Antimilitar

Empresas y lobbies de defensa de España suman 50 fichajes de militares y ex altos cargos desde la invasión de Ucrania

Tortuga Antimilitar - 17 December, 2025 - 00:00

El trasvase alcanza las 70 personas desde la pandemia; Indra, Escribano, Airbus y Oesía, entre las empresas que más personas han reclutado procedentes del Ejército, la política y la Administración.

Antonio M. Vélez

Empresas y lobbies relacionados con el sector de la defensa en España han fichado ya a unos 50 militares, políticos y ex altos cargos como consejeros, asesores o directivos desde la invasión de Ucrania en febrero de 2022.

El sector está de moda y es un hervidero de fichajes, contratos y anuncios en los últimos meses, en un contexto de elevada incertidumbre geopolítica y gasto público multimillonario para cumplir las exigencias de la OTAN.

El trasvase desde lo público, habitual desde hace décadas, se ha acelerado en los tres últimos años. El cómputo alcanza las 70 personas desde que en marzo de 2020 el Covid puso el mundo patas arriba y puso en primer plano la autonomía estratégica.

El último nombramiento que acaba de recoger el Portal de Transparencia es el de José Antonio Bayón. Exdirector de la Escuela de Organización Industrial (EOI) y ex consejero delegado de la Empresa Nacional de Innovación (Enisa), adscritas al Ministerio de Industria, el ex secretario general del PSOE en Segovia recibió en agosto permiso de la Oficina de Conflictos de Interés para incorporarse a Santa Bárbara Sistemas, de la estadounidense General Dynamics, donde es director de Relaciones Institucionales.

El gigante Airbus incorporó en abril el general Francisco Javier Fernández, representante militar ante el Comité Militar de la OTAN y de la UE en Bruselas. En enero, al diplomático y ex embajador Juan Sell, entre otros cargos director de gabinete de Trinidad Jiménez en Exteriores. En febrero de 2024 la Oficina de Conflictos dio permiso para asesorar al consorcio aeronáutico europeo al segundo jefe del Estado Mayor del Ejército del Aire y del Espacio (JEMA) hasta noviembre de 2023, Fernando de la Cruz.

En octubre Telespazio Ibérica, joint venture de la italiana Leonardo y la francesa Thales en el negocio de geoinformación y navegación por satélite que aspira a facturar un 80% más en dos años, anunció el fichaje del general de división del Ejército del Aire y del Espacio retirado José María Juanas como consejero estratégico.

Otra empresa de capital francés, Europavia, especializada en logística y mantenimiento aeronáutico (su dueña es la francesa Adit, cuyo vicepresidente es Bruno Delaye, ex embajador de Francia en España), nombró este año responsable de Desarrollo de Negocio en Oriente Medio a Ángel Gómez, Jefe de Cooperación del Mando Conjunto de Ciberdefensa hasta 2016 y agregado en el Ministerio de Defensa en Corea del Sur hasta julio de 2024.

En Telespazio obtuvo permiso para ejercer como asesor hace un año Francisco González-Espresati, que tras cesar como jefe del Mando Aéreo de Combate en septiembre de 2024 también recibió autorización para asesorar a la madrileña ITE y a Indra.

La cotizada, convertida en punta de lanza de este sector, y con la que el Gobierno intenta forjar un gran operador nacional, concentra cerca de una decena de fichajes desde febrero de 2022.

Indra, gran beneficiaria de los 14.223 millones en préstamos al 0% que el Ejecutivo ha concedido a dedo al sector para los programas especiales de armamento adjudicados por Defensa a través de Industria, fichó en abril a Carmen Pérez, directora del Departamento de Información Internacional en Moncloa. En febrero logró permiso para asesorar a Indra Fernando García, jefe del Mando de Apoyo Logístico del Ejército de Tierra hasta diciembre de 2024.

En julio de 2023 Indra nombró vicesecretario de su consejo al abogado del Estado David Santos, secretario general Técnico en Defensa con María Dolores de Cospedal, y designó director de Estrategia al inspector de Hacienda en excedencia Pedro Fuster, con 16 años de experiencia como asesor y subdirector de Gestión de Programas en Defensa. Ese mes Indra también contrató como asesor al capitán Juan Carlos Sánchez-Garrido, hasta entonces jefe de la Oficina de Programas del ministerio en San Roque (Cádiz).

Indra ultima la compra de Hispasat, en la que es consejero desde julio David Cierco, ex director de Red.es y responsable de la oficina en Madrid de Acento, la consultora del exministro socialista José Blanco y el popular Alfonso Alonso. Desde diciembre de 2023 el presidente de Hispasat es Pedro Duque. El exministro de Ciencia y exastronauta, que antes de su etapa en política fue directivo de Deimos Space y trabajó para GMV, también es consejero desde 2022 de la suiza Destinus, que acaba de completar con éxito un sistema antidrón para el Ejército de Tierra y fabrica el misil Ruta, con tecnología española y que ya se utiliza en combate en Ucrania.

Inteligencia competitiva

En febrero, Indra nombró director de Inteligencia Competitiva al general de División Francisco Rosaleny, director del Centro de Inteligencia de las Fuerzas Armadas hasta septiembre de 2019. Procedía del primer accionista privado de Indra, Escribano Mechanical & Engineering (EM&E), cuyo copropietario, Ángel Escribano, presidente ejecutivo de Indra desde enero, plantea una polémica fusión con la cotizada para la que se baraja una valoración de 2.000 millones, pese a que EM&E factura menos de 400 millones y en 2019 no ingresaba ni 50 millones.

EM&E, que ha multiplicado su negocio tras recibir numerosas adjudicaciones sin competencia de Defensa, contrató hace un año como asesor a Fernando García González-Valerio, jefe del Estado Mayor Conjunto de la Defensa hasta julio de 2024. Su director de Seguridad Corporativa desde mayo de 2022 es el coronel Ángel Francisco Moreno, jefe de Coordinación en una Subdirección del Centro de Inteligencia de las Fuerzas Armadas hasta diciembre de 2021.

El consorcio Sistemas de Misiles de España (SMS), de EM&E, GMV, Instalaza y Sener, acaba de dar poderes ejecutivos al teniente general Ignacio Bengoechea. A finales de 2023 fichó como responsable de Seguridad al coronel Álvaro Barón, jefe de Infraestructuras y Mantenimiento del Instituto Nacional de Técnica Aeroespacial (INTA) hasta marzo de 2022.

Bengoechea, nombrado presidente no ejecutivo de SMS en marzo de 2024, fue segundo jefe del Estado mayor del Ejército de Tierra (JEME) hasta febrero de 2023 y asesoró hasta hace unos días de la consultora Acento. También recibió permiso para asesorar a Ela Aviation, Airbus y Brok-Air Aviation Group. En esta última, líder en mantenimiento aeronáutico en la Península Ibérica, participa el fondo Hyperion, especializado en defensa y ciberseguridad y lanzado en enero de 2024 por el anterior líder del PP, Pablo Casado, y Ricardo Gómez-Acebo Botín, sobrino de Ana Botín.

En el consejo asesor de Hyperion figuran Anders Fogh Rasmussen, ex secretario general de la OTAN y ex primer ministro danés; Michèle Alliot-Marie, exministra de Defensa, Interior, Justicia y Asuntos Exteriores de Francia; y Paula Dobriansky, ex subsecretaria de Estado para asuntos globales de EEUU.

El managing partner de Hyperion, Joaquín Ortiz, exasesor en Defensa con Pedro Morenés (ex consejero de Instalaza y presidente de Amper), fue director de Estrategia de Sapa, otro accionista de Indra, y receloso de esa fusión con EM&E.

El grupo de la familia Aperribay fichó en febrero como director de Estrategia a Raül Blanco, ex secretario general de Industria y ex presidente de Renfe. En mayo de 2024 nombró presidente de su filial en EEUU, Sapa Transmission, al general de división retirado Darren Werner, que en 2020 fue nombrado por el Ejército de EEUU Comandante General del Comando de Automoción y Armamento (TACOM), responsable de gestionar la cadena de suministro de equipo terrestre de las fuerzas armadas.

En el fondo de Casado y Botín es socio José Antonio Bartrina, ex secretario general de una de las principales patronales del sector, TEDAE, que preside desde 2020 Ricardo Martí Fluxá (secretario de Estado de Seguridad con José María Aznar) y que forma parte junto a Defensa de la Fundación Feindef, entidad público-privada que organiza la mayor feria del sector en España.

En junio de 2024, Feindef nombró presidente a Ángel Olivares, secretario de Estado de Defensa hasta junio de 2020, en sustitución del exministro Julián García Vargas, muy vinculado al sector hace años.

Otro lobby vinculado a empresas de defensa es la Asociación Atlántica Española. Dedicada a “apoyar los esfuerzos de la Alianza del Atlántico Norte, encaminados al desarrollo de las relaciones pacíficas internacionales y a la defensa de los principios de Libertad, Democracia y Estado de Derecho, así como a configurar, dentro de la Alianza del Atlántico Norte, una Comunidad Europea”, tiene entre sus “miembros institucionales” a Indra, Escribano, Airbus, Hisdesat o Lockheed Martin.

La entidad nombró presidente en febrero de 2022 al abogado del Estado en la Audiencia Nacional Adolfo Menéndez, ex subsecretario de Defensa o Fomento con Aznar y ex consejero de Indra. Su vicepresidenta es la ex secretaria de Estado de Seguridad y ex diputada del PSOE Ana Botella. Como vocales, figuran el diplomático Alejandro Alvargonzález, secretario general de Política de Defensa hasta noviembre de 2016, y dos tenientes generales: el ex JEMA Javier García Arnáiz y Juan Carrasco, ex Jefe del Estado Mayor Conjunto de la Defensa.

Otra patronal del sector es Aesmide (Asociación de Empresas Contratistas Con las Administraciones Públicas de España y Otros Estados). Su director Técnico desde julio de 2024 es el general de brigada Santiago Camarero, ex Teniente Coronel en el Estado Mayor de la Defensa y exsubdirector de Suministros y Servicios del Mando de Apoyo Logístico, entre otros cargos.

Entre los socios de Aesmide está ASCH, que a finales de 2023 nombró consejero asesor a Alejandro Monedero, hasta entonces secretario general del Mando de Apoyo Logístico (MALOG), el órgano del Apoyo a la Fuerza bajo la dependencia directa del JEMA, responsable de la dirección, gestión, administración y control del recurso de material y del apoyo logístico. Otra socia de Aesmide, la empresa de logística BeSS, contratista habitual de la Armada, fichó en octubre de 2023 como asesor al coronel de Intendencia Fernando Izquierdo.

Ese mes cesó el anterior director del Departamento de Seguridad Nacional en Presidencia del Gobierno, el general de brigada Miguel Ángel Ballesteros, del que constan permisos para asesorar a Iberdrola, GAM, Oesía (es miembro de su comité de Estrategia), la consultora de Iván Redondo (ex jefe de Gabinete de Pedro Sánchez) o Llorente & Cuenca, que en abril de 2023 creó una nueva oficina de Seguridad a la que incorporó al ex secretario de Estado de Defensa Constantino Méndez (fallecido poco después) y al general de brigada Pedro Méndez de Vigo, ex Subdirector General de Relaciones Internacionales de la Dirección General de Armamento y Material y hermano del exministro popular Íñigo Méndez de Vigo.

Varias a la vez

Varios ex mandos militares asesoran a varias empresas. En ITP es consejero desde junio de 2023 Salvador Álvarez, general de División del Cuerpo de Intendencia del Ejército del Aire. Subdirector General de Gestión de Programas de la Dirección General de Armamento y Material hasta marzo de 2020, desde 2021 es director de Estrategia de Oesía.

En marzo de 2024 recibió permiso para asesorar a esta empresa (aunque no llegó a incorporarse) Francisco de Paula Bisbal-Pons. Teniente general retirado y ex director del Centro Superior de Estudios de la Defensa Nacional (Ceseden), es consejero de Iberdrola Energía Internacional y asesor de GAM.

Oesía, que ha descartado una fusión con Indra, ha fichado a más de una decena de exmilitares y cargos en la última década. En 2024 contrató como director de Seguridad a José Morales, ex de FCC que entre 1997 y 2013 fue responsable de Dirección y Planificación en el Ministerio de Defensa; y en 2023 incorporó a su Comité de Estrategia al teniente general Miguel Martín Bernardi, Segundo JEMA hasta octubre de 2021.

De ITP (de la que Indra tiene un 9,5%) fue presidente el exministro Josep Piqué, que en enero de 2023, poco antes de fallecer, fue nombrado presidente de la filial española del consorcio de misiles europeo MBDA, formado por Airbus (de la que fue consejero), Bae Systems y Leonardo.

En la filial española de la francesa Inetum es responsable de desarrollo de Negocio desde abril de 2024 Emilio Larriba, hasta entonces jefe del área de Inspecciones Industriales en el Ministerio de Defensa. En Thales España es director general de Defensa desde septiembre de 2024 Guillermo Roselló, ingeniero de la Armada que participó en complejos programas como el submarino S-80 y en 2016 fichó por Indra en México.

También en septiembre de 2024 Alfariver nombró presidenta a Rosa Aza, ex presidenta de Duro Felguera, vinculada al PSOE asturiano y expresidenta de la Autoridad Portuaria de Gijón o la extinta Comisión Nacional del Sector Postal.

En julio de 2024, Sener anunció el nombramiento de Carlos Martínez de Bujo, oficial de carrera del Ejército de Tierra, como director corporativo de Seguridad, en sustitución del coronel José Manuel Prada.

Otro nicho de fichajes son las tecnológicas vinculadas al sector de defensa. En 2024 Miguel Bello, ex Comisionado para el PERTE aeroespacial y exdirector de la Agencia Espacial Española, fue nombrado presidente ejecutivo de la británica Orbex Space, tras recibir permiso para asesorar a Open Cosmos LTD, fabricante de satélites.

En 2024 Juan Ignacio Bidart, ex jefe de gabinete de Reyes Maroto en Industria, recibió el visto bueno para asesorar a Halo Space, dedicada al turismo espacial y en la que participa GMV. Y la multinacional tecnológica Izertis anunció el fichaje del oficial de la Armada Joaquín Castellón, coordinador de los trabajos técnicos de la Ley de Seguridad Nacional de 2015, para liderar su área de Defensa y Ciberseguridad.

En septiembre de 2022, TRC, que suministra el sistema antidrón Cervus para el Ejército de Tierra y tiene una alianza con Escribano e Indra para el desarrollo de la solución C-UAS para contrarrestar drones, contrató como asesor de Seguridad al coronel de Caballería Emilio Rico, destinado hasta junio de 2022 en el Mando Conjunto de Ciberdefensa.

Vinculada al sector tecnológico y el software está una desconocida empresa madrileña, Ainstein SL, con dos consejeros muy vinculados al ejército: Jaime Domínguez, JEME hasta 2017, y Manfredo Monforte, Subdirector General de Sistemas Terrestres del INTA. Sin relación con la empresa americana del mismo nombre que suministra radares a UAV Navigation (filial de Oesía), Ainstein está presidida por Miguel Molina, consejero delegado de la empresa de telemarketing Marktel, que no ha querido atender a elDiario.es.

Fuente: https://www.eldiario.es/economia/em...

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