You are here
News aggregator
Un anillo para gobernarlos a todos (IV): Ingeniería social
Texto del libro de Pablo San José "El Ladrillo de Cristal. Estudio crítico de la sociedad occidental y de los esfuerzos para transformarla", de Editorial Revolussia.
Ver también:
Un anillo para gobernarlos a todos (I): ¿Qué es el poder?
Un anillo para gobernarlos a todos (II): Coacción
Un anillo para gobernarlos a todos (III): Adoctrinamiento
Ingeniería social
Es práctica primigenia la intervención para el control de la cantidad y cualidad de los integrantes de una colectividad humana definida. Las formas e intensidades varían según los contextos. Así, la antropología estudia fenómenos como la guerra, el comercio de mujeres, niños y esclavos, tabúes —o no tabúes— como el incesto, la homosexualidad, la poligamia-poliandria, el infanticidio, etc. En sociedades de poder concentrado este tipo de cosas pierden, podría decirse que es lo lógico, su carácter de mecanismos de adaptación espontánea al medio y autorregulación, y se convierten en meros instrumentos de control. A partir de ahí es cuando podemos utilizar la etiqueta «ingeniería social».
En ese sentido, el esfuerzo más básico que emprende el poder en su tarea de rodearse de una sociedad diseñada en pro de su interés, es el de destruir lo que no le conviene. El arrancar o podar, según la metáfora. Hacia dentro y hacia fuera. Bauman entendía que la culminación de su «estado jardinero» era el totalitarismo del siglo XX, quien, en su afán de lograr un jardín que respondiese al detalle a su pretensión de diseño, no dudó en podar toda rama, toda maleza, toda hierba no deseada. El horror nazi escandalizó también, entre muchos otros, a los teóricos de la escuela de Frankfurt, algunos de los cuales lo padecieron en primera persona, y dio no poco que pensar sobre la condición y los límites del poder a la intelectualidad occidental de la segunda parte del siglo. Sin embargo, la utilización que se hizo del genocidio en el contexto de la Segunda Guerra Mundial, ni era nueva en la historia, ni se circunscribió a la actuación de los perdedores. Ni dejó de suceder con posterioridad.
La guerra, un medio que el poder concentrado-expansivo emplea desde que es tal y hasta el día de hoy, no deja de ser un instrumento altamente cualificado de ingeniería social. Con ella se desplazan poblaciones, se destruyen organizaciones político-económicas y aun culturas en su integridad, como hemos reseñado en capítulo anterior. La limpieza étnica primero vacía (aniquila o desplaza), y después ya se verá si coloniza o no, pero por lo pronto el elemento indeseado ha dejado de estar. Tales guerras se emprenden contra «enemigos» externos e internos. Los nazis lucharon contra otros estados que deseaban absorber, pero también contra las minorías propias que pretendían eliminar. En ello replicaron añejos esfuerzos de homogeneización social y represión de disidencias y heterodoxias. Piénsese en guerras y cruzadas religiosas, o en la «quema» de brujas y herejes de todo signo y condición (entiéndase aludida también la eliminación física de la disidencia de tipo político, como en la Argentina de Videla o el Chile de Pinochet). A día de hoy, el poder sigue combatiendo todo tipo de minorías identitarias.
Dice Theodore Kaczynski que «en la sociedad moderna, la fidelidad personal debe ser primero al sistema y sólo secundariamente a una comunidad de pequeña escala, porque si la fidelidad interna a las comunidades de pequeña escala fuera más fuerte que la fidelidad al sistema, estas comunidades perseguirían su propio provecho a expensas del sistema.» Entiéndase por «comunidad a pequeña escala», por ejemplo, la comunidad rural tradicional o el grupo indígena, pero también minorías con entidad propia dentro de la propia sociedad contemporánea capaces de mantener lazos superiores de fidelidad, como, por ejemplo, los gitanos, las maras o algunos grupos religiosos. Incluso la propia institución familiar. La excusa o coartada esgrimida para forzar su «integración», o simple eliminación, es lograr una sociedad óptima mejorando uno a uno a sus individuos: extirpando los elementos personales y colectivos que se consideran nocivos y desarrollando fórmulas para que los restantes adopten identidades sociales de carácter ideal. El objetivo subyacente tras el concepto «eugenesia» no se refiere al logro de un individuo humano feliz o imperfectible sino, más bien, al de una masa social perfectamente adaptada a los deseos del poder-jardinero. Como en la novela de Aldous Huxley. Y no pensemos en sistemas distópicos de ciencia ficción o en experimentos sociales históricos derrotados. Como ha sido reseñado, la cuestión tiene perfecta vigencia en nuestra misma sociedad.
Vuelvo a Michel Foucault, de quien tantos conceptos estoy tomando prestados en este capítulo. Hablaba de «biopoder» para referirse a la capacidad del sistema de dominación de hacerse presente en la propia vida cotidiana de los individuos de una sociedad para, desde ahí, conseguir sus objetivos. Foucault y Bauman, que caminan juntos en esta cuestión, juzgan que hay un gran cambio histórico en el ejercicio del poder a partir de la era moderna. Es el paso de guardabosques a jardinero. Las nuevas autoridades estatal-burguesas desarrollarán por primera vez formas de control de carácter personal e íntimo. Hemos hablado ya de los mecanismos de adoctrinamiento. Según Foucault, los sistemas de vigilancia y disciplina instaurados a partir del siglo XVIII tenían como fin la individualización del cuerpo social: lograr una masa compuesta por individuos dóciles y fragmentados, fácilmente controlables por la autoridad. Mediante esta dinámica, de gran importancia para la instauración y consolidación del sistema industrial capitalista, se obtiene un sujeto del que se espera alto rendimiento laboral, fácilmente insertable en la maquinaria fabril. Recordemos las teorías de Bentham y su panóptico. El paradigma y resultado de dicho modelo de ejercicio de poder es la producción industrial en cadena: fordismo y taylorismo. Chaplin lo retrató mejor que bien mediante la caricatura en «Tiempos Modernos» (1936). El cuerpo sometido al proceso económico (13).
Más allá de esta cuestión, y refiriéndose también al momento actual, con el término de «biopolítica» matiza la capacidad del biopoder de intervenir en los aspectos biológicos de los individuos de una sociedad: sus tasas de natalidad, mortalidad y fecundidad, de emigración e inmigración, identidades de género, ocupación de la vivienda, empleo y desempleo, seguridad material en la vejez, acceso a servicios médicos... Puede decirse que en la edad contemporánea todo lo que tiene que ver con funciones corporales es objeto de control por parte del poder. La biopolítica busca la autorregulación «normalizadora» del cerebro de los miembros de la sociedad, los cuales son así determinados hacia ciertas formas de vida e identidades: sexuales, nacionales, de clase, de grupo etc. Incluso, muy importante esto último para lo que estamos tratando en este ensayo, el tipo de disidencia que cabe o no mantener como activismo confrontativo. En cierta medida supone la otra cara de la moneda de la función «podadora» o aniquiladora del poder: aquello diferente que no es destruido, es transformado, reciclado, de cara a la asimilación o integración (14). Según Foucault, lo más significativo de esta cuestión radica en la puerta que abre al poder para «normalizar» toda relación social mediante el empleo de «la ley». Hoy somos testigos de cómo el proceso normativizador avanza como un rodillo que tiende a acaparar cada vez más dimensiones relacionales. Las nuevas tecnologías, en esta cuestión, juegan un papel, más que destacado, inexorable.
Apoyados en el estribo que nos propone esta lectura, podemos nombrar someramente algunos de los aspectos biológicos, vivenciales, de nuestras personas sometidos a los efectos de la ingeniería social del poder.
En primer lugar, por su obviedad, está la cuestión demográfica. A cuánta gente le es permitido residir en cada sitio. Y qué tipo de gente. El poder político controla el número de la población, y para ello dispone en ocasiones de medios para incentivar o desincentivar la natalidad: ayudas por familia numerosa, cheque bebé, legislaciones que favorecen lo que se da en llamar conciliación laboral... Por la otra parte, normas que penalizan tener hijos, como ocurrió durante décadas en China, campañas de esterilización forzosa... Cabe destacar que hoy la principal influencia sobre el número de hijos que engendra cada pareja y, por tanto, sobre la pirámide demográfica de cada lugar, no es política sino económica. El modelo urbano basado en el trabajo asalariado y la incorporación masiva de la mujer al mismo ha sido determinante a la hora de generar sociedades conformadas por familias nucleares de pocos miembros.
El poder también actúa sobre la curva de mortalidad. Incrementándola en algunos casos: guerras, desplazamientos forzados, expolio económico que, a su vez, provoca pobreza y desnutrición, destrucción de sistemas económicos basados en la soberanía alimentaria... O disminuyéndola: fomentando la investigación y atención médica, geriátrica, pediátrica…, programas de salud pública (tabaquismo, alimentación saludable, deporte), control higiénico-sanitario, vacunaciones, etc. En su día, la implantación generalizada de estas políticas en Occidente, junto a la mejora de los hábitos alimenticios que posibilitó la bonanza económica, provocó una drástica disminución de la morbilidad, la cual, desde entonces, se ha mantenido en valores mínimos. Esta circunstancia, que no deja de ser un medio de ingeniería social, forma también parte de la dimensión de seducción (hay que tener a la gente contenta) que emplea el poder para obtener la estabilidad que pretende.
Cuando, según determina en cada sitio el poder económico, faltan individuos para mantener competitivamente el factor productivo, o sobran en exceso, produciendo peligrosas bolsas de pobreza, el principal sistema regulador es la migración. Ésta, que no constituye ninguna novedad histórica, en la era moderna es cuidadosamente controlada. Véanse, a la hora de impedirla, los potentes y militarizados filtros fronterizos de Occidente y las, más que restrictivas, legislaciones a la hora de conceder visados, permisos de residencia, e incluso asilo político. En contrapartida, también podemos contemplar cómo se importa mano de obra especializada a menor coste, de forma puntual o generalizada, cuando el interés de la empresa lo requiere. Es como la deslocalización pero al revés. En lugar de llevar la fábrica allá donde la mano de obra es barata, traemos ésta aquí para que trabaje estacionalmente. Luego nos deshacemos de esas personas devolviéndolas (o expulsándolas) a su lugar de origen. Y a colación de esto, cabe reseñar un debate de actualidad en la sociedad española a fecha de estar escribiendo estas líneas: ¿Qué pasará con las pensiones cuando, por efecto de un fuerte envejecimiento de la población, sean minoría quienes estén en edad de trabajar (y cotizar)? Quizá, si la coyuntura lo permite, el poder económico aproveche para hacer caja (la famosa «acumulación por desposesión» de Harvey) y las prestaciones sean recortadas. Pero también —mucho más probable, me parece— se abrirá lo necesario el grifo de la inmigración (si es que antes no ha sido sustituido por máquinas el grueso de la fuerza laboral). Llama la atención lo poco que se cita dicha variable en los debates mediáticos sobre el tema. Nuevamente el discurso del miedo.
Lo demográfico es una directriz de carácter macro cuyos efectos principales, aunque afecten a personas concretas, sólo se advierten a escala global. Mucho más personal es la cuestión laboral. Sugeríamos en páginas anteriores (ver capítulo «la libertad un regalo envenenado») que las poblaciones que pasaron de gestionar por si mismas sus necesidades básicas a depender del sueldo de un empleador, con ello, perdieron el pulso sobre el reloj, el dominio sobre su tiempo y, por ende, sobre la gran mayoría de facetas de sus vidas. Ninguna herramienta de ingeniería social, de biopolítica, aplicada sistemáticamente, logra tanto impacto sobre el individuo y la sociedad como el salariado. Éste no solo somete a las personas a ritmos y frecuencias marcadas por el poder —actualizado en este caso por la figura del empleador—, a comportamientos (incluidos los reproductivos), roles e identidades relacionadas con su puesto, sino que, además, las sitúa bajo la espada de Damocles de la competencia y el desempleo, lepra de las sociedades postindustriales. El grifo de la inmigración del que hablábamos estará, a su vez, más o menos abierto y cerrado en función de los porcentajes de paro que convienen al poder. El trabajo asalariado, por si fuera poco, determina las fases de infancia y juventud, que serán íntegramente dedicadas a preparase para poderse incorporar al mercado laboral en las condiciones menos desventajosas que cada cual logre alcanzar, tras un proceso de competencia y selección. Cual si fuera una mercancía. Y más cosas: teniendo en cuenta que a día de hoy, aproximadamente, la mitad del esfuerzo de un asalariado medio se traduce —de unas y otras formas— en pago de impuestos, podemos decir que nunca antes logró el estado, y con él el poder económico, tal exacción de la masa social. Como las hormigas pastorean a los pulgones, con ese dinero se financia, por ejemplo, la maquinaria militarista dedicada al control social. Es la pescadilla que se muerde la cola. ¿Talón de Aquiles del sistema tal vez? Mucho podría decirse sobre el salariado, circunstancia capital que a casi nadie da que pensar —o rebelarse— a día de hoy. Baste por el momento con lo dicho.
Hay más dimensiones en las que se ejerce la intervención del poder sobre la vida biológica de los gobernados: por ejemplo, los discursos hegemónicos sobre sexualidad y reproducción (15), la investigación genética que, bajo la coartada de la lucha contra la enfermedad, profundiza en cierta eugenesia, la aplicación de la ciencia psicológica y la psiquiatría, la medicalización generalizada o la machacante presión para el consumo compulsivo —y el materialismo—.
Por otra parte, algunos grupos que desafían al poder también emplean la ingeniería social para el logro de sus objetivos. La guerra o guerrilla insurgente, por ejemplo, que tanto afecta a la población de los escenarios bélicos. O la táctica terrorista; una forma de inyectar miedo en una sociedad concreta, influyendo en sus pautas y costumbres.
Cuestión capital para entender la dominación en la vida cotidiana que unas personas ejercen sobre otras es el género. Estudiosos de la antropología y la política no llegan a ponerse muy de acuerdo en la lectura de este asunto —de hecho hay visiones absolutamente contrapuestas al respecto— y yo he de decir que, en este tema, tampoco tengo el punto de vista suficientemente depurado que me gustaría poseer. Para empezar, ni siquiera los términos «género» y «patriarcado» gozan de una definición precisa y hay quienes los aplican o no a según qué realidades. Porque, tratando nuevamente de fugarnos de nuestra prisión etnocéntrica, no está claro que la desigualdad de roles entre sexos, incluyendo el reparto de tareas, represente necesariamente diferencias de poder, de prestigio o algún tipo de subordinación. Clastres, por ejemplo, en el capítulo «El arco y el cesto» de su obra «La sociedad contra el estado», estudia detenidamente el desglose de funciones según sexos entre los guayakíes, una tribu amazónica en la que no observa diferencias materiales ni de poder entre sus miembros. De su descripción no se desprende subordinación alguna de la mujer hacia el hombre. De hecho, la tribu estudiada practica la poliandria y Clastres refiere varios casos de homosexualidad perfectamente integrados en su seno. Sin embargo, hay grandes diferencias entre ambos sexos: tipos de tareas que realizan, instrumental que utilizan, formas de expresarse, de relacionarse con el entorno, de cantar. Algunas de ellas consagradas mediante el tabú. De ello no cabe deducir que toda sociedad no-estatal sea igualitaria en cuanto al poder de decisión o acceso a los recursos. La antropología nos muestra no pocos casos de grupos humanos de ese tenor en los que la mujer está subyugada por el varón; pueblos poligámicos e incluso algunos que comercian (o intercambian) mujeres cual si fueran objetos. En las propias tribus estudiadas por Clastres la función de jefatura, que no aporta poder de decisión sobre el colectivo pero sí prestigio, es invariablemente ocupada por varones.
Para empezar a cortar el paño quizá sea bueno distinguir dos realidades: el reparto de tareas según sexos por una parte, y la preeminencia masculina en distintos sentidos por la otra. En la actual sociedad occidental se ha heredado una situación en la que ambas cosas concurren y la citada preeminencia masculina —que podemos llamar aquí «patriarcado»— se apoya con fuerza en el reparto de tareas y en las diferencias culturales entre sexos: lo que habitualmente se denomina «el género». Como decíamos, no está claro que siempre haya sucedido tal cosa: que el género —las características diferenciadas que la sociedad atribuye a cada sexo— desemboque en patriarcado. Incluso podríamos decir que, en caso de que efectivamente así hubiera sido, nada impide —en pura teoría— una relación igualitaria entre personas de distintos sexos que desempeñan, a su vez, diferentes funciones.
En cuanto a la primera parte, la especialización, sin entrar en demasiadas honduras, podemos concluir que entre las primitivas comunidades humanas y pre-humanas que vivían de los recursos que podían obtener directamente del medio natural hay una razón clara para que se dé, al menos, cierto reparto de tareas: la reproducción. Que implica embarazo, parto y alimentación-cuidado de crías que precisan periodos muy largos, mayores que en cualquier otra especie, para ser autónomas. Por una cuestión de optimización del esfuerzo en una sociedad no basada en la distinción entre individualidades, sino en la pertenencia al común, no carece de lógica que los individuos no afectados directamente (en lo biológico) por esta función de vital importancia para la pervivencia del grupo, sustituyan durante el periodo reproductivo a quienes sí lo están, en aquellas otras tareas básicas que éstas no pueden atender o que les supone un esfuerzo añadido hacerlo. De este reparto resulta un bien que afecta a todas las partes (16).
De lo dicho emanan otras lógicas posibles: que la especialización no se circunscriba al periodo reproductivo sino que termine por extenderse a la vida completa de cada sexo dando lugar así al género. Que el sexo encargado de la reproducción aproveche su menor movilidad a causa de ello para, además, asumir otro tipo de tareas «logísticas» (cocinar, mantener la vivienda, atender ancianos y enfermos, confeccionar ropa y utensilios…), etc. Cabe entender que, al ser igualmente necesarias para la sociedad las funciones desempeñadas por cada sexo, ningún tipo de especialización tendría porqué proporcionar prestigio o poder, o suponer agravios comparativos. De hecho, no falta documentación sobre sociedades primitivas (orgánicas, las llama Bookchin) del neolítico y de la actualidad, matrilineales, matrifocales y/o matricéntricas (no matriarcales en sentido estricto, concepto que se refiere a dominación del sexo femenino sobre el masculino, de lo cual no constan evidencias); es decir, en las que las mujeres detentan las funciones (identidad de linaje, decisión sobre cuestiones económicas, interlocución externa, elección sexual…) que desde el contexto jerárquico y patriarcal de Occidente se consideran centrales. Esta supuesta «centralidad», conviene subrayarlo, al contrario que en las sociedades patriarcales, no se traduce en dominación-subordinación entre sexos.
La propia entrada de la Wikipedia sobre el patriarcado (marzo 2018) señala su origen en el momento en que la especie humana se sedentariza y comienza a dedicarse en forma amplia a la agricultura. La necesidad de producir, conservar excedentes y defenderlos del asalto de grupos externos hizo precisa una alta demografía. Todo esto recuerda mucho a lo que decíamos sobre el origen del estado. En las precedentes tribus nómadas —según la enciclopedia virtual—, la movilidad era condicionante de que se tuviera poca descendencia, lo que impedía que surgieran grandes diferencias operativas entre ambos sexos. En la sociedad sedentaria la mujer se especializará en tener un gran número de hijos y el hombre en la obtención y defensa de los recursos. Esta forma extremada de la especialización está determinada por una organización social amplia y compleja, y ya no vinculada directamente al medio. En ella el hombre atiende la labor y el ganado y se entrena para la guerra, acaparando las funciones políticas, mientras que la mujer permanece en el ámbito doméstico (estoy simplificando mucho), dedicada a la reproducción y a la cría. Tal situación produce la emergencia, con carácter general, de la jerarquía y, en buena lógica, la dominación del sexo femenino por el masculino. La clave del patriarcado, según esta lectura, sería el factor reproductivo en el contexto de una organización social de alta concentración.
Repasando la historia universal, y sin necesidad de hilar finísimo, puede afirmarse que, desde que en Occidente existe el poder concentrado (esto es, el estado en cualquiera de sus formas), el patriarcado está presente en él de forma inherente. Cualquier imperio de la antigüedad, incluyendo Roma en todas sus épocas, estuvo definido por una neta preeminencia masculina en lo político, lo económico y lo cultural. Los pueblos que conquistaron Europa a la caída de Roma eran patriarcales, como también lo era la Iglesia Católica, que actuó como reservorio ideológico en la Edad Media, sobre todo en su primera mitad, ese momento en el que algunos quieren ver un igualitarismo entre sexos en el norte cristiano de la Península Ibérica. Patriarcal continuó siendo la sociedad occidental a lo largo de la Edad Moderna y —a pesar de la Ilustración— hasta nuestros días. Pienso que la clave principal hay que buscarla en el factor reproductivo. Siempre que la mujer, sometida al reparto cultural extremado de tareas, jugó un papel secundario en la obtención del sustento y la defensa violenta del mismo y estuvo fundamentalmente dedicada a la logística de la vivienda y la reproducción, se encontró en una situación de dependencia frente al varón. Circunstancia que —a diferencia de otras sociedades— fue recurrente a lo largo de la historia de Occidente, podríamos decir, hasta antesdeayer.
No obstante, en ciertos ámbitos de campesinos y ganaderos minifundistas basados en la cooperación, el patriarcado pudo llegar a atenuarse mucho —nunca desaparecer por completo (la «auctoritas», nominal cuando menos, del «paterfamilias», está más que documentada para todo tipo de sociedades a lo largo y ancho de la historia de Europa)—. En estas sociedades el concepto higiénico y gastronómico era muy distinto al actual. Mantener limpia y en orden la vivienda y las pocas pertenencias o hacer la comida no requería demasiado tiempo. La optimización de recursos que suponía la atención de personas dependientes entre los miembros de una familia extensa (y más allá, mediante mecanismos como, por ejemplo, la lactancia compartida), permitía liberar mucho tiempo de las mujeres para la producción de alimentos. Así, podían desempeñar esas tareas de forma casi paritaria —mayor en algunos casos— a la de los varones, lo cual les daba mayor presencia política en su comunidad y en la familia (17).
Como contrapunto a esta situación, desde finales del siglo XIX, por efecto del proceso de aburguesamiento que le venía sucediendo a la clase obrera, muchas de las mujeres de ese sector, residentes en ciudades, acaban recluidas en sus viviendas monofamiliares, dedicadas a cocinar, limpiar, lavar y criar hijos mientras sus maridos trabajan en las fábricas y departen luego en el bar. Esta situación, que estuvo perfectamente normalizada en todas las clases sociales en las décadas centrales del siglo XX (ama de casa, profesión «sus labores»...) y que, en forma menguante, ha llegado a la actualidad, supuso, en su día, un impulso de la dinámica patriarcal y, opino, es en buena parte, la causa pretérita de las actuales tasas de desigualdad laboral, remunerativa, de presencia en determinados cargos y funciones en el seno de la sociedad capitalista, que tanto dan que hablar. El paradigma que se implanta en estos momentos representa la asunción por parte de la industria capitalista del reparto de roles que era propio del mundo tradicional. El empresario, mediante la figura del trabajador varón, remunera a toda la familia, la cual es una comunidad de bienes en todos los sentidos. Se vincula la correcta productividad de un trabajador masculino con la «liberación» de una mujer para que pueda desempeñar las tareas domésticas y atender a las personas dependientes. Obviamente, de esta dinámica, mediatizada, además, por un tercero en búsqueda única del beneficio económico y la acumulación de capital, solo puede resultar fortalecida la desigualdad entre sexos.
Si bien las grandes plumas de la Ilustración no tuvieron prácticamente en cuenta al sexo femenino en sus propuestas de cambio social, sí puede decirse que es a partir de este momento cuando nace la toma de conciencia antipatriarcal. Es de cajón que de la reflexión sobre la igualdad, antes o después, debe surgir el tema de la desigualdad entre sexos. De hecho, es también una obviedad, el patriarcado no es compatible con la cosmovisión de la modernidad. Desde finales del siglo XVIII ya existe literatura feminista (18), y si la desigualdad de sexos perdura, ello tiene que ver sobre todo con el hecho de que, entre las capas sociales que por su grado de instrucción son susceptibles de conocer esta nueva sensibilidad, se mantiene una división funcional de tareas que perpetúa el estado de dependencia económica de las mujeres hacia sus maridos. Sin minimizar, desde luego, la fuerte impronta cultural-ideológica heredada que supone el patriarcado, la cual no es superable así como así.
En el siglo XX las cosas comienzan a cambiar en Occidente. Existe un feminismo organizado que se ubica, fundamentalmente (aunque no solo), en el seno de los partidos y organizaciones socialdemócratas (19). Así, su objetivo principal será la obtención de derechos civiles para las mujeres. Especialmente el voto. Posteriormente aparecerán corrientes feministas, denominadas de tercera y sucesivas olas (existe cierta controversia en la nomenclatura), que ampliarán el foco hacia las restantes consecuencias prácticas del patriarcado, mestizándose, asimismo, con todo tipo de ideologías y dando lugar a enfoques y propuestas bastante variadas, que no me voy a detener a pormenorizar aquí.
A partir de la segunda mitad del siglo XX el heteropatriarcado comienza a perder terreno en las sociedades occidentales. El punto de vista feminista y el de los colectivos de homosexuales, a través de movimientos sociales y partidos políticos progresistas, comienza a estar presente en el poder estatal y en los medios de comunicación. A ello hay que añadir la instrucción masiva, que consigue extender el estándar cultural moderno y el pensamiento cartesiano a todas las capas de la sociedad. La tecnología, por su parte, acaba con la mayoría de determinantes de tipo físico que hacían que fuese más productiva la presencia del sexo masculino en según que tareas. Incluso abre a la participación masculina una cuestión que venía siendo tan importante para la permanencia de la mujer en casa como la lactancia. Pero lo realmente trascendente es el cambio de hábitos: la reducción drástica de la natalidad —llegándose en muchos lugares al crecimiento cero e incluso negativo— y, como consecuencia (o causa; más bien retroalimentación) de lo anterior, la incorporación de un elevado porcentaje de mujeres a los estudios medios y superiores, y al mercado de trabajo asalariado, hecho que logra, por fin, romper los vínculos de dependencia económica entre sexos y tiene un gran impacto en el imaginario social. Aunque parezca mentira, podría decirse que nada ha hecho más daño a la cultura patriarcal a lo largo de la historia de Occidente, que la necesidad —o el interés— del capitalismo moderno (incluido el capitalismo de estado de los países soviéticos) de integrar a las mujeres en sus centros de trabajo. Con el propósito de contar con más personas produciendo pero, sobre todo, obteniendo, con su salario, el poder adquisitivo necesario para que el «mercado», la sociedad de consumo, pudiera acrecentar sus dimensiones.
La idea, empero, de que una participación igualitaria en las tareas productivas (fuera del hogar) es sinónimo de fin del patriarcado debe ser matizada. Podemos constatar realidades sociales en las que tal cosa no es así. Por ejemplo, es común en amplias áreas de América Latina (imagino que ocurre lo mismo en otros lugares) el hecho de que mujeres que producen tanto o más que sus parejas masculinas, se encuentren fuertemente subordinadas a éstas habiendo de padecer, incluso, su parasitismo económico, el maltrato, la infidelidad sexual unilateral normalizada o el abandono frecuente. En nuestro ámbito cercano hemos sido testigos de una situación que, si bien se encuentra en declive, todavía mantiene vigencia: la primera generación femenina que se incorporó masivamente al trabajo por cuenta ajena hubo de comprobar cómo ello no le liberaba de las tareas domésticas. Cómo éstas habían de ser desempeñadas por ella —y no por el varón— al regreso de ambos al hogar, tras cumplir con la jornada laboral. Así era en mi familia, sin ir más lejos. Entiendo que estas situaciones se encuentran relacionadas con procesos de transición. Como se sugería arriba, la impronta cultural del patriarcado no es algo que pueda desaparecer de un día para otro. Aunque varíen las circunstancias objetivas que generan y alimentan la desigualdad entre sexos, desarraigar el patriarcado de las estructuras mentales y culturales es algo que va mucho más lento y que, según en qué casos, puede demorarse generaciones. En el nuestro, creo que es fácilmente comprobable el hecho de que hay un cambio en marcha en tal sentido. A medida que transcurren las generaciones, la tendencia de los roles de género a difuminarse y la disminución de la influencia de la educación paterno-materna y familiar en sentido amplio (en beneficio de, por ejemplo, la que se ejerce desde la escuela, los medios de comunicación, etc.), hacen cada vez más difícil que esos patrones tradicionales, los cuales solo se materializan de forma intermitente y discontinua, se vayan transmitiendo. Más teniendo en cuenta que hay una nada desdeñable —y creciente— presión social en su contra. Argumento que, por otra parte, no ha de llevar al sofisma de que como el proceso, de algún modo, es automático e inexorable (estructural), toda lucha feminista está de más. Que se den esas luchas, es obvio, acelera la transición.
Tal proceso, como se apunta, sucede con ritmos distintos en cada área geográfica y, dado que hoy, incluso donde más se ha avanzado, persisten algunas tasas de discriminación, puede decirse que en ningún lugar ha concluido. Empieza en los estados del norte de Europa. No por casualidad éstos son los primeros donde cae la natalidad y donde se establece en fechas tempranas un sólido, y no superado, estado de bienestar (ambas cosas parecen ir de la mano). Algunas películas españolas de los años 60 y 70 muestran el estupor de la sociedad ibérica ante las costumbres «liberales» de las turistas nórdicas. La abundancia económica permitirá prestar apoyo institucional suplementario a la incorporación de la mujer al trabajo: instauración de bajas remuneradas por paternidad y maternidad, legislaciones laborales que aseguran la lactancia, guarderías... En otros lugares los cambios van con alguna que otra década de retraso. En el sur de Europa es posible que —nos acordamos de Max Weber al hacer esta especulación— la influencia del catolicismo, muy importante hasta fechas recientes, haya ralentizado el proceso. En otros lugares del mundo, por ejemplo América Latina, lugar en el que se experimenta una concreta y compleja confluencia entre formas culturales tradicionales del mundo indígena, la herencia de la cultura colonizadora española y portuguesa, y la violenta y acelerada aplicación de formas económicas capitalistas depredadoras —todo ello afectado por la tardía importación de los contemporáneos estándares culturales europeos y norteamericanos—, el patriarcado, que allí tiene connotaciones propias y diferenciadas según estados y sub-regiones, apenas está iniciando su retirada.
Aunque la definición de que el patriarcado es una más de las «estructuras estructurantes» que operan en la actual sociedad tiene hoy numerosos y activos detractores, no creo que tal idea pueda ser puesta en tela de juicio. Cualquier hombre (o mujer) que se esfuerce en analizar la realidad con un mínimo de objetividad y desapasionamiento podrá reconocer, más allá de los datos escandalosos que salen en los medios de comunicación, numerosas situaciones de pequeña ventaja del varón frente a la mujer. Baste pensar —generalizando— en quiénes se suelen levantar y quiénes permanecen sentados para poner y retirar platos en los banquetes familiares. Quién baña, da la cena y acuesta a la persona anciana que no ha sido ingresada en un geriátrico. Entre muchos ejemplos similares que podríamos nombrar. Generalizando, repito, que sus excepciones las hay. Hoy pocos —casi nadie— defienden en Occidente, al menos de forma pública, algún tipo de supremacía del varón sobre la mujer. Lo que no impide que situaciones como las descritas sigan sucediendo. Ello es así porque todavía existen importantes reminiscencias —más y menos soterradas según el nivel cultural y la extracción social de las personas concernidas— de la ideología que legitimaba y normalizaba el patriarcado (20).
A día de hoy, esta cuestión y sus implicaciones (violencia física y sexual hacia las mujeres, diferencias salariales, de presencia en puestos de prestigio...), a pesar de su mengua paulatina, está dando mucho que hablar en Occidente. Desde hace unos años se ha multiplicado la atención mediática y social hacia el tema. Hay quien afirma que de forma inducida desde el poder. Yo soy poco amigo de querer ver manos negras y señores en cuartos oscuros tramando conspiraciones. Pero sí es cierto que en este asunto, tal vez, podría estar dándose una confluencia de intereses, más o menos casual, entre la reivindicación feminista —especialmente en su versión más institucional— y los objetivos implícitos del poder estatal y económico. No hay más que ver cómo grandes próceres políticos de izquierda y derecha, personajes famosos e importantes empresas capitalistas se suman a la causa. Uno de los fines del biopoder, según Foucault, es el de atomizar la sociedad disolviendo en lo posible los vínculos privados entre sus miembros. Hay quienes señalan que el encendido debate mediático sobre el patriarcado y, concretamente, sobre lo que se da en llamar «violencia de género», y las medidas legislativas punitivas que se vienen implantando por doquier al respecto, no hacen otra cosa que cavar un foso de desconfianza y recelo entre ambos sexos, dinamitando, entre otros, los fundamentos de la última célula social que mantiene algo de vida propia y cierta autonomía con respecto al estado: la familia. No hay ya capitalismo que aliena y expropia a las personas, mundo rico viviendo a costa del mundo pobre, sino solo hombres oprimiendo y maltratando a mujeres en el civilizado Occidente. Con independencia de que dichas opresión y maltrato son reales, sería deseable poder opinar —sin arriesgarse a sufrir ningún tipo de linchamiento— sobre los posibles aprovechamientos de su éxito mediático por parte del poder.
Los antiguos estados del bloque soviético, nunca pilotados por mujeres como se dijo, ni tampoco libres de discriminaciones y techos de cristal, sí tuvieron como una de sus más reconocibles políticas la igualdad de género. Es decir, el objetivo de reducir, minimizar, todo tipo de diferencia social, política y aun cultural entre varones y mujeres. Este tipo de ingeniería social tiene hoy su continuidad. Por ejemplo, en los discursos e iniciativas que, por distintas razones, definen como incorrecto, y a corregir, el mayor vínculo de las mujeres con la vida familiar. O que tratan de que los niños jueguen con muñecas y las niñas con camiones. Igual número de hombres y mujeres trabajando en la guardería y en la mina (o en el ejército). La «discriminación positiva» (cuotas, listas cremallera)... Sería largo y complejo (aunque no se debe desistir por ello) analizar y debatir la pertinencia de estas y otras líneas políticas de actuación que pretenden —se supone— el establecimiento de una sociedad igualitaria entre sexos (21).
Por otra parte, lo que sí es cierto, como se dijo, es que la actual lucha contra el heteropatriarcado pone en cuestión el modelo de familia nuclear que venía siendo indiscutido hasta hace poco. Es obvio que cabe alegrarse de que el tipo de familia monoparental o integrada por personas homosexuales esté paulatinamente obteniendo la aceptación social. Siempre y cuando no lo haga denostando el modelo anterior. La modernidad destruyó en su día el vínculo comunitario de las sociedades agrarias minifundistas y la familia extensa. La posmodernidad parece ir hoy contra la familia biparental heterosexual de carácter permanente, a la que juzga opresiva y limitante de la libertad individual. Además de tildarla —qué mejor coartada— de reducto del patriarcado. Ya he comentado en capítulo anterior mi opinión sobre este tipo de deriva hacia el individualismo total.
Notas
13- El filósofo germano-coreano Byung-Chul Han (1959), muy de moda últimamente, acomete una revisión de la teoría del poder de Foucault a la luz de las nuevas circunstancias del presente. En su opinión, la clave de la dominación del poder sobre la vida y el logro de la atomización social, hoy, no se basa en la negación, en la negatividad (vigilancia y castigo), sino en la positividad: una abundancia de opciones perfectamente interiorizada, que somete al individuo a una dinámica y un ritmo vital frenético, convirtiéndolo en «emprendedor de sí mismo», un engranaje de la máquina que no deja nunca de girar y que lo hace de forma autónoma (y automática). En su obra «La sociedad del cansancio» (2010) afirma que: «La sociedad disciplinaria de Foucault, que consta de hospitales, psiquiátricos, cárceles, cuarteles y fábricas, ya no se corresponde con la sociedad de hoy en día. En su lugar se ha establecido desde hace tiempo otra completamente diferente, a saber: una sociedad de gimnasios, torres de oficinas, bancos, aviones, grandes centros comerciales y laboratorios genéticos. La sociedad del siglo XXI ya no es disciplinaria, sino una sociedad de rendimiento. Tampoco sus habitantes se llaman ya “sujetos de obediencia”, sino “sujetos de rendimiento”. Estos sujetos son emprendedores de sí mismos. Aquellos muros de las instituciones disciplinarias, que delimitan el espacio entre lo normal y lo anormal, tienen un efecto arcaico. El análisis de Foucault sobre el poder no es capaz de describir los cambios psíquicos y topológicos que han surgido con la transformación de la sociedad disciplinaria en la de rendimiento. Tampoco el término frecuente “sociedad del control” hace justicia a esa transformación. Aún contiene demasiada negatividad.»
14- Una curiosa excepción a lo dicho es la trayectoria histórica del pueblo gitano en Occidente. Una sociedad nómada, endogámica, constituida desde su propia tradición, creencias y sistema de autoridad. Presente en Europa desde hace más de medio milenio (está datada su llegada a la Península Ibérica en el siglo XV), funcionó paralela y transversalmente a la sociedad dominante, obteniendo de ésta su modo económico de vida pero sin disolverse ni mestizarse apenas con ella. La historia del pueblo gitano en Europa está jalonada de infructuosos intentos por parte del poder de asimilarla y aun destruirla físicamente. La persecución a la minoría refractaria gitana fue una constante en Europa durante toda la era moderna y aun contemporánea: esterilizaciones y abortos forzados, deportación, expulsión, intentos de asimilación forzosa, esclavización, reclusión y, finalmente, intento de exterminio fueron los métodos utilizados. También en España. Es, sin embargo, la positividad y no la negatividad la que está logrando la «normalización» del pueblo gitano. La vertiginosa evolución de la sociedad de consumo, en lo cultural y lo tecnológico, ha dejado en fuera de juego sus sistemas económicos tradicionales, que no han podido adaptarse a la suficiente velocidad. Así, se han visto obligados a la sedentarización y a una paulatina —aunque lenta— incorporación al sistema laboral asalariado. La escuela y la televisión están haciendo el resto. Cabe destacar que la gitanofobia ha sido y es una constante en las sociedades en las que esta cultura ha estado presente. Lo cual es indicativo del nivel de «interferencia» que es capaz de causar al sistema occidental una minoría no integrada. También merece señalarse que el proceso de asimilación de los gitanos a la sociedad tecnológico-urbanita no está sucediendo sin disfunciones y conflictos de diverso signo, como pueden comprobar muchas personas que residen en barrios con fuerte presencia de esta etnia.
15- Desde algunos sectores del poder político y económico, incluyendo el feminismo institucional, se plantea legalizar de derecho algo que siempre lo estuvo de facto: la prostitución. No es el machismo rancio quien lo reivindica, que sería lo normal, sino el progresismo ilustrado. Obviando el problema de la prostitución forzosa o por causas de pobreza económica, circunstancias que enmarcan ampliamente el fenómeno en la actualidad, el discurso llega a hablar de «empoderamiento de la mujer», la cual, así, habría de ser liberada de tabúes y leyes patriarcales, a fin de poder utilizar su cuerpo, incluida su dimensión sexual —e incluso reproductiva—, en cualquier forma que pudiera desear: como una posibilidad más de obtener dinero, si tal es su libre e individual decisión. No conviene olvidar, por otra parte, que esas mismas voces que no encuentran diferencia entre ofrecer el cuerpo como fuerza de trabajo en el mercado asalariado y comerciar con la propia sexualidad, en cambio sí hacen una enorme (y apropiada) distinción cuando una persona es agredida, en función de si la agresión tiene o no carácter sexual. La argumentación en defensa del derecho a prostituirse añade la exigencia de que este «trabajo», considerado como cualquier otro en el marco capitalista, goce de la «protección» del estado. Esto es, el derecho a beneficiarse del sistema de cobertura laboral pagando —esta vez en dinero y no con carne, aunque de ella procede—, periódicamente, al estado por ello. Aún más allá, un sector de esta progresía reivindica la plena normalidad, social y legal, de lo que se llama eufemísticamente «maternidad subrogada»; el poder comprar de encargo (quien se lo pueda permitir) hijos gestados en un vientre ajeno. De una mujer joven que ha decidido «libremente» prestarse a ello, claro. Hay todo un mercado conformado por parejas homosexuales con gran poder adquisitivo, por famosos millonarios con poco tiempo para dedicar a esos menesteres o por parejas que, simplemente, más allá de la clásica adopción, prefieren comprarse un niño de estas características para «no perderse» los primeros compases de la paternidad. No se puede cosificar/mercantilizar más al sexo femenino y a los propios bebés. En algunos países empobrecidos existen ya «granjas» de mujeres dedicadas a este menester. Por ahora no se habla, al menos en España, del derecho legal a vender propios órganos, que encajaría perfectamente en la lógica expuesta, pero todo llegará.
16- La tradición feminista de inspiración marxista afirma que el patriarcado surge cuando la aparición de las clases, en algún momento de la historia, da lugar a la especialización en el trabajo. En este contexto, el poder masculino —que, de alguna manera, sería protocapitalista— subyuga a las mujeres, controlando su factor reproductivo y obligándolas a las tareas «inferiores». La idea procede de «El Origen de la Familia, la Propiedad Privada y el Estado», un libro que Engels escribió en 1884 apoyándose en algunas notas de Marx y, sobre todo, en «La Sociedad Antigua» (1877), obra del antropólogo Lewis H. Morgan. Este esquema, muy arraigado, y que no se opone frontalmente a lo que trato de exponer aquí, falla, en mi opinión, cuando evita poner su mirada comparativa en las actuales sociedades primitivas y, aun, en el comportamiento de las especies animales más próximas. La especialización por sexos es previa a la aparición de cualquier tipo de forma estatal o acumulación económica. Incluso a la «sapientización» de los homínidos. No creo que eso sea discutible. Lo que es posterior es asignar poder y prestigio a unas funciones en detrimento de otras. Si hay que hablar de patriarcado en relación al reparto de tareas debería ser en estos términos y no en aquéllos.
En una línea similar, ha tenido cierta influencia la obra escrita en 2004 por la neomarxista y feminista Silvia Federici «Calibán y la Bruja. Mujeres, Cuerpo y Acumulación Originaria». En ella, apoyándose en datos e interpretaciones históricas más y menos controvertidas, establece un vínculo bastante unidireccional entre patriarcado y capitalismo, relacionando la emergencia de este sistema económico y la destrucción del sistema rural descentralizado que lo precedió, con un proceso de subyugación y pérdida de autonomía de las mujeres. Todo ello en el marco de las nuevas necesidades productivistas del capital. Destaca especialmente la persecución y ejecución de las señaladas como «hechiceras”, acción con la que, según su interpretación, se procedió a una sistemática destrucción de los roles autónomos de la mujer.
17- Algunos manuales de antropología señalan la comarca de La Maragatería, en León, como uno de los puntos de posible matriarcado en la península. Entiéndase matriarcado en sentido figurado; sinónimo de un patriarcado de muy baja intensidad. Muchos maragatos, tradicionalmente eran arrieros, los transportistas peninsulares históricos por excelencia. La prolongada ausencia de los varones a causa de sus viajes hacía que fueran las mujeres las que, de facto, gestionaran y gobernaran la casa, la hacienda y la vida familiar, dando lugar así a numerosas costumbres que remarcan el peso femenino en la comunidad. Por su parte Julio Caro Baroja, en su obra antológica «Los Pueblos de España» (1946), refiriéndose a La Cabrera, comarca interior de los Montes de León, dice que: «como ejemplo característico de viejas prácticas de fisonomía matriarcal que no se hallan uniformemente, podemos poner la costumbre de las "ceibas" o emparejamientos, propia del territorio de la Cabrera Baja. Consistía en el emparejamiento de mozos y mozas que en el período de verano, de mayo a octubre, dormían juntos en los "palleiros" de los pueblos después de que los hombres solicitaban a una mujer y ésta aceptaba, costumbre que puede compararse muy bien con las de licencia sexual y vida particular de los solteros en parejas, en determinadas chozas y graneros, que los etnólogos han encontrado en pueblos agrícolas y matriarcales...» También me parece interesante la recuperación de la memoria de la siguiente costumbre arcaica, recogida en el libro de Argimiro Crespo Pérez «Cartas a Minerva. Relatos, Costumbres, Leyendas y Canciones de las Comarcas de La Carballeda y Sanabria en la Provincia de Zamora» (1990): «La palabra rebecar se decía en la comarca de La Carballeda, mientras que rebrincar se usaba en la comarca zamorana también y limítrofe, de Aliste (...) Es la acción de luchar para medir la fuerza, el temperamento y el carácter entre mozos y mozas. No era una lucha brutal ni agresiva, pero como en todas las competiciones gustaba y se deseaba quedar vencedor y no vencido y humillado. Estas luchas o rebeques surgían espontáneos en las majas, trillas, en el concejo, en los grupos que en las tardes soleadas se reunían a la puerta. Solo se necesitaba la iniciativa de una de las partes; con mucha frecuencia era la moza, la hembra la que provocaba al mozo.» Algunas cuestiones similares se refieren en el contexto vasco y en otros lugares del ámbito rural pretérito.
18- Dejando aparte algunos precedentes premodernos, es en torno a la Revolución Francesa cuando surgen las primeras expresiones de feminismo político-intelectual. En 1791 Olimpia de Gouges, publica su «Declaración de los Derechos de la Mujer y la Ciudadana», tratando de completar el documento dos años anterior «Declaración de los Derechos del Hombre y el Ciudadano». En 1792 Mary Wollstonecraft redacta en Inglaterra la «Vindicación de los Derechos de la Mujer». Ambos escritos reivindican la igualdad de derechos civiles, laborales, educativos, jurídicos, etc. Su trabajo será continuado, en las primeras décadas del siglo XIX, por escritores varones como Condorcet o Stuart Mill, dando lugar así al llamado «feminismo liberal», que entroncará con la generación llamada «de segunda ola», conocida, sobre todo, por el movimiento sufragista.
19- Por su parte, los estados del bloque soviético, o simplemente comunistas, habitualmente se han posicionado en contra del patriarcado, en cuya pervivencia han querido ver una consecuencia más de la «podrida» sociedad burgués-capitalista. Sin embargo, a pesar de desarrollar algunas políticas homogeneizadoras, contrarias a ciertas identidades de género, como muestra un botón, la presencia femenina en los altos puestos gubernamentales (o militares) de dichos estados ha sido irrisoria. De hecho no recuerdo uno solo de ellos que haya sido presidido por una mujer. Con pocas excepciones, lo dicho es trasladable a la mayoría de partidos y organizaciones comunistas europeas del siglo XX.
20- Dado que la función reproductiva es la razón fundante de la cultura patriarcal, será su objeto de mayor preocupación. Así, el marido se convertirá en el guardián de la capacidad reproductora de su esposa e hijas. Éste es el principal motivo de la obsesión con lo sexual de la religión cristiana (y de otras, como la musulmana, propias asimismo de sociedades patriarcales). Extendido a cualquier relación de tipo sexual, el paradigma tiene vigencia, por ejemplo, en las comunidades actuales de adolescentes, entre las cuales se dan sorprendentes —por supuestamente anacrónicos— episodios de vigilancia y control de las relaciones sociales y cibernéticas de las jóvenes por parte de sus «novios». Por otra parte, cabe recordar que en el ámbito doméstico, o en la pequeña comunidad aún no sometida a la vigilancia e intervención del poder estatal, la violencia física era un recurso muy habitual para implementar todo tipo de soluciones: desde la educación de los hijos a la defensa del patrimonio, pasando por la resolución de conflictos interpersonales. Por ello no tiene nada de extraordinario que su uso estuviera normalizado socialmente para mantener la autoridad patriarcal. Traigo a colación esta cuestión para señalar que la violencia privada no es intrínseca a las relaciones entre sexos, sino que responde a un espectro más amplio. A día de hoy, el uso privado de la violencia, especialmente la que se aplica por motivo patriarcal, resulta extemporáneo y, tras ciertas campañas mediáticas, objeto de fuerte estigma social. Obviamente, cabe alegrarse de esta evolución, que sería deseable fuese extendida hacia otro tipo de violencias; las que sigue ejerciendo impunemente el poder, por ejemplo.
21- Cabe añadir que no todas las líneas del feminismo abogan por esta equiparación de roles. Algunos grupos, ya en la primera mitad de siglo XX, reivindicaban la igualdad de derechos sin que las mujeres hubieran de renunciar a los rasgos culturales de su sexo. La organización anarquista —integrada en la CNT— «Mujeres Libres» llega a afirmar en 1936, en la edición número uno de su periódico homónimo: «El feminismo lo mató la guerra dando a la mujer más de lo que pedía al arrojarla brutalmente a una forzada sustitución masculina. Feminismo que buscaba su expresión fuera de lo femenino, tratando de asimilarse virtudes y valores extraños, no nos interesa; es otro feminismo, más sustantivo, de dentro a afuera, expresión de un modo, de una naturaleza, de un complejo diverso frente al complejo y la expresión y la naturaleza masculinos». Esta escora reivindicativa de lo femenino daría lugar hacia los años 70 al llamado «feminismo de la diferencia», un desarrollo del feminismo radical estadounidense que hace, precisamente, de la diferencia con los hombres la bandera de la liberación de las mujeres. Dicha corriente, coetánea de la eclosión de la posmodernidad, concediendo gran importancia a las formas distintas de concebir la sexualidad y la vida relacional, daría lugar a variados enfoques. Algunos crípticamente filosóficos. Otros, de tipo esencialista; focalizados hacia lo estrictamente femenino (maternidad, lactancia, lesbianismo…) o, en su dimensión política, negadores de y enfrentados a lo masculino.
El sector militar español contaminó en 2023 tanto como tres millones de automóviles
Óscar F. Civieta
El sector militar mundial fue responsable de alrededor del 6% de las emisiones mundiales de dióxido de carbono (CO2) en 2023. El español, en concreto, contaminó tanto como lo hacen 2,9 millones de automóviles. El parangón muestra la magnitud del impacto en la atmósfera tanto de las Fuerzas Armadas como de las empresas armamentísticas.
Esta contaminación, apuntan en el informe Malos humos militares: la huella de carbono del sector militar en España, elaborado por Centre Delàs d'Estudis per la Pau y Ecologistes en Acció, es creciente por el aumento en el gasto militar que están aplicando todos los países de la OTAN.
También, aclaran en el estudio, el cálculo es aproximado, ya que los Estados no están obligados a informar al respecto. En la actualidad, esta demanda es voluntaria, tal y como se aprobó en el Protocolo de la COP de París de 2015.
Los ejércitos y la industria militar representan el 6% de las emisiones mundiales de CO2
En 2023, con datos del informe referido, las emisiones GEI mundiales fueron de 37.550 millones de toneladas de CO2 equivalente (tCO2e). El sector energético es el máximo responsable (con un 26% del total), seguido de la industria (11%) y por detrás ya está el sector militar (6%), por encima incluso de la aviación (2%).
El sector militar, por tanto, emitió 2.253 millones de tCO2e en 2023. En el estudio señalan que este cálculo se hace solo contando las emisiones de ejércitos estacionarios en sus instalaciones, bases militares, campos de entrenamiento, maniobras y prácticas de tiro, más los residuos que generan.
“Y sin tener en cuenta las emisiones de las Fuerzas Armadas que intervienen directamente en guerras. Por ejemplo, se estima que en la guerra de Ucrania entre 2022 y 2024 se ha emitido una huella de carbono a la atmósfera de 2.700 millones de tCO2e”, agregan.
La contaminación de las Fuerzas Armadas españolas ha aumentado un 46% en cuatro años
En el estudio destacan que para evaluar la huella de carbono “es necesario contemplar todas las fases del ciclo de producción, desde la extracción de materias primas necesarias para la fabricación de las armas y equipos militares, hasta la utilización de esas armas y la gestión de los residuos que todo ello genera”.
En el caso de España, y siempre con las limitaciones provocadas por la falta de transparencia en la materia, los autores parten del informe Under the Radar: Europe's military sectors dodge scrutiny under European Green Deal, publicado por la Izquierda del Parlamento Europeo en 2021 –que da información sobre las emisiones GEI militares de España– para hacer una extrapolación con la situación actual.
Así, cifran en 2,8 millones de tCO2e las emisiones de las Fuerzas Armadas de España en 2019, y de 4 millones en 2023, es decir, un aumento del 46%. Si se suman las emisiones de las empresas, el total del sector militar es de 4,97 millones de tCO2e.
Desde el Centre Delàs destacan que de las 400 empresas armamentísticas que, según el Ministerio de Defensa, hay en España, disponen de datos de 126, y solo nueve de éstas informan de sus emisiones y de su huella de carbono. Por tanto, de nuevo, es grande la dificultad para hacer el cálculo.
Aun así, queda claro que la que lidera las emisiones es Navantia, con 567.899 toneladas de dióxido de carbono en 2023. Es la huella ecológica más alta de la industria militar española, reiteran, “y tiene su explicación en que la producción de los astilleros navales militares necesita de materiales sujetos a un valor añadido de seguridad y resistencia que no precisan los buques civiles, y que en su extracción y producción necesitan de mucha más energía que otros sectores militares o civiles”.
Más gasto en defensa, más emisiones del sector militar
Los investigadores hacen una correlación lógica entre las emisiones del sector militar en España y el presupuesto del Ministerio de Defensa, que fue de 14.453 millones de euros en 2023 (el 1,13% del PIB).
Como existe el compromiso del Gobierno, acordado en la Cumbre de la OTAN de 2022 en Madrid, de alcanzar el 2% del PIB en 2029, “en ese año, el presupuesto debería alcanzar la cifra de 25.582 millones, y representaría un incremento del 56,5% respecto al presupuesto de 2023. Si se aplica ese mismo incremento a las emisiones GEI de las Fuerzas Armadas, entonces las emisiones podrían alcanzar los 6.336.226 tCO2e en 2029”, sostienen.
Algo similar sucedería en otros países de la OTAN, que también aumentarán su gasto militar. De hecho, en el informe El clima bajo fuego cruzado: cómo el objetivo del 2% de gasto militar de la OTAN contribuye al colapso climático (también del Centre Delàs) estimaban que el gasto militar de los Estados miembros de la Organización del Tratado del Atlántico Norte había aumentado en 100.000 millones de dólares en dos años.
Fuente: https://climatica.coop/sector-milit...;:text=Par%C3%ADs%20de%202015.-,Los%20ej%C3%A9rcitos%20y%20la%20industria%20militar%20representan%20el%206,las%20emisiones%20mundiales%20de%20CO&text=En%202023%2C%20con%20datos%20del,equivalente%20(tCO2e).
Bienvenidos al internet muerto: Por primera vez en la historia hay más robots que personas en la red, y la tendencia va a crecer hasta el infinito
Internet muerto.
Paula García
Internet, tal y como lo conocíamos, ha desaparecido por completo. O, al menos, eso es lo que piensan miles de usuarios y también un buen puñado de expertos. El internet muerto ha llegado por fin... pero ¿qué significa este concepto?
La “Teoría del Internet Muerto” defiende que, desde alrededor del año 2016, las plataformas online han ido desplazando progresivamente los mensajes, imágenes y opiniones creadas por humanos y favoreciendo el contenido creado por máquinas. En origen, era apenas una teoría conspiranoica creada y apoyada por algunos usuarios. Sin embargo, se ha convertido en una manera tristemente realista de describir el rápido declive de Internet como plataforma basada, fundamentalmente, en la interacción humana.
La popularización y democratización de los modelos de Inteligencia Artificial basados en LLMs, como el popularcísimo ChatGPT de OpenAI, Gemini, la IA de Google, o Apple Intelligence, han acelerado todavía más este proceso. Los expertos del Instituto de Estudios Futuros de Copenhague ya estiman que, para el año 2030, el 99% contenido de Internet estará creado por Inteligencia Artificial.
Y lo cierto es que las cifras lo respaldan. La empresa de seguridad NewsGuard mantiene un seguimiento constante sobre la cantidad de sitios de noticias online que están operados y nutridos únicamente por contenido creado a través del uso de Inteligencia Artificial.
A fecha de mayo de este año, ya han identificado más de 1.271. La mayoría de estos sitios web buscan hacerse pasar por periódicos locales o medios especializados operados por humanos, pero sus artículos, creados sin supervisión humana, frecuentemente muestran “afirmaciones falsas sobre líderes políticos, muerte de celebridades, eventos inventados, y planteamientos de eventos pasados como si acabasen de suceder”.
La desinformación es una de las principales consecuencias de este auge de la IA y de la ausencia del filtrado y la autoría humana en la red, pero no es la única. También se generan percepciones inexactas sobre los gustos, opiniones e incluso inclinaciones políticas de la mayoría.
Según el Informe Bad Bot, un estudio anual realizado por la empresa de ciberseguridad Imperva, a fecha de 2025 ya hay más de un 51% de usuarios de Internet que son bots. Es la primera vez desde que se realiza el informe que el porcentaje de robots y cuentas automatizadas alcanza una cifra tan alta que, en esencia, quiere decir que solo el 49% de los mensajes, posts e interacciones que vemos en la red proceden de personas reales.
A la luz de este dato, es difícil no replantearnos la mayoría de los vídeos, artículos y comentarios que consumimos cada día. ¿Son reales todos esos comentarios, bajo un vídeo sobre una crema hidratante, que nos explican lo bien que les ha funcionado? ¿Y las reseñas del producto que hemos comprado porque tenía buenas opiniones? ¿Podemos confiar de los mensajes en X o Instagram que nos recomiendan ver una película? ¿Significa algo que un vídeo tenga decenas de miles de reproducciones, o que una canción tenga millones de streams?
Otra consecuencia inevitable de la proliferación de la IA y los bots en Internet es que, tarde o temprano, estas máquinas acaban interactuando consigo mismas, retroalimentándose y generando conversaciones o situaciones absurdas.
La influencer y divulgadora Ophelia Pastrana ejemplifica la situación en una escena bastante corriente que probablemente haya sucedido en más de un instituto o universidad: nos plantea la historia de un profesor que le pregunta a ChatGPT sobre qué tarea debería asignarle a sus alumnos. Después, sus alumnos resuelven esa tarea utilizando ChatGPT… Y el profesor termina corrigiéndolas usando, a su vez, la Inteligencia Artificial. Máquinas hablando con máquinas. “En esta ecuación… ¿Dónde están los humanos?”
Una situación bastante similar podemos encontrarnos, por ejemplo, en los comentarios y publicaciones de redes sociales como Facebook. Cada vez son más frecuentes los posts de “AI slop” —un término despectivo utilizado para referirse a contenido de baja calidad creado por IA— con cientos o miles de interacciones y comentarios incongruentes, destinados a crear una falsa sensación de conversación y comunidad y a obtener ingresos a través de clics y publicidad.
El filtrado algorítmico que las mayoría de las redes sociales utilizan para ordenar y mostrarnos sus mensajes o vídeos suele confiar, al menos en parte, en algún tipo de sistema impulsado por IA que sirve para determinar el contenido y el posible alcance de los distintos contenidos. De manera similar, estos bots escanean las plataformas para interactuar con aquellos posts que considerasen interesantes o relevantes.
Aunque, en ocasiones, las cuentas que publican estas imágenes sí están administradas por una persona humana, la intención de estas no es informativa, ni de entretenimiento: simplemente buscan atraer la mayor cantidad de clics posible (de humanos o de máquinas).
En una entrevista con la revista New York, un creador de contenido “AI Slop” procedente de Kenia, administrador de más de 170 páginas de Facebook, confesaba pedirle a ChatGPT las imágenes más atractivas posibles. “Genérame 10 imágenes de Jesús que vayan a conseguir muchas interacciones en Facebook”. Una vez las tiene, las postea en sus páginas sin ningún tipo de filtro.
El aumento de este tipo de interacciones falsas y de este contenido de baja calidad no ha pasado desapercibido, ni siquiera por parte de las empresas que, de hecho, han generado el problema.
El año pasado, Google manifestaba que había habido un aumento notable en la cantidad de contenido poco fiable generado por IA que aparecía en las búsquedas, y se comprometía a tratar de reducirlo. Y, hace unos días, Sam Altman, fundador de OpenAI y creador de ChatGPT, confesaba que estaba empezando a estar de parte de quienes denunciaban el progresivo deterioro de la web: “Nunca me he tomado la Teoría del Internet Muerto en serio, pero ahora mismo parece que hay muchísimas cuentas llevadas por LLMs”.
Más allá de la inconveniencia o el posible engaño al que pueden llevar estos mensajes generados por bots, lo cierto es que el problema se extiende todavía más allá: conforme el contenido creado por Inteligencia Artificial aumenta exponencialmente, las páginas webs creadas antes del boom de estos modelos va quedando, cada vez más, sepultada bajo estas toneladas de contenido falso.
Según un estudio realizado el año pasado, la mayoría de enlaces de Internet tienen una vida media de alrededor de dos años, después de lo cual quedan inutilizables. Este estudio analizaba 27 millones de páginas web archivadas entre los años 1996 y 2021, y concluía que, a día de hoy, el 64'7% habían desaparecido por completo.
El Pew Research Center confirmó recientemente que, a fecha de 2014, ya no quedaba nada de alrededor del 38% de las páginas web creadas en el año 2013. Y, si la tendencia continúa, es posible que pronto no quede absolutamente nada del Internet que conocemos.
Casi once millones de vidas desplazadas: El devastador impacto humano de la guerra en Ucrania
Rusia continúa su locura militarista contra Ucrania (introducción de Cristóbal Orellana)
Los organismos internacionales señalan todo tipo de crímenes de guerra cometidos por Rusia contra población civil ucraniana. Por su parte Ucrania, armada por la OTAN, comete también los suyos (según la ONU): “La comisión concluyó, asimismo, que ambas partes del conflicto han matado o herido con drones a soldados visiblemente heridos que no podían defenderse, lo que constituye un crimen de guerra. El informe también describe violaciones de las leyes internacionales de derechos humanos cometidas por las autoridades ucranianas contra personas acusadas de colaborar con las autoridades rusas”.
En esta guerra, sin duda provocada por la OTAN, decenas de miles de personas y millones se han visto obligadas a huir. La locura de Putin y de la OTAN, poniendo al mundo al borde de una tercera guerra mundial con armas de destrucción masiva, continúa.
Casi 11 millones de vidas desplazadas: El devastador impacto humano de la guerra en Ucrania
Tras cumplirse tres años desde que empezara la guerra en Ucrania, el país entra en su cuarto año de conflicto con consecuencias devastadoras para la población. ¿Qué implica esto para las personas desplazadas? Desde el inicio de la invasión rusa en febrero de 2022, cerca de 11 millones de personas se han visto obligadas a abandonar sus hogares, buscando refugio dentro de Ucrania o en países vecinos. La crisis humanitaria es profunda, pero también lo es la respuesta internacional, con organizaciones como ACNUR, la Agencia de la ONU para los Refugiados, trabajando incansablemente para proporcionar alivio, en medio de un conflicto que parece no cesar.
¿Cuál es la magnitud del sufrimiento para la población civil?
Desde que comenzó la guerra, alrededor de 6,9 millones de personas de Ucrania se han refugiado en otros países, mientras que 3,7 millones se han desplazado dentro del país, sin traspasar frontera. Este desplazamiento masivo ha afectado a una cuarta parte de la población del país, antes del conflicto. De todas estas personas, más de la mitad son mujeres, niñas y niños, quienes representan el 76% de los refugiados en el extranjero.
La devastación es igualmente alarmante en términos de vidas perdidas y propiedades destruidas. Más de 42.000 civiles han muerto o resultado heridos, entre ellos unos 2.500 niños. Además, más de 2,5 millones de viviendas han sido dañadas o destruidas, lo que equivale al 13% del total del país. El impacto económico de los ataques a infraestructuras clave, como viviendas, redes eléctricas y sistemas de transporte, ha sido enorme, con un coste estimado de 176.000 millones de dólares.
A pesar de estos horrores, una reciente encuesta realizada por ACNUR reveló que el 61% de los refugiados ucranianos y el 73% de los desplazados internos tienen el deseo de regresar a sus hogares.
¿Cómo se está respondiendo a la crisis humanitaria?
ACNUR y otras organizaciones internacionales están haciendo esfuerzos significativos para mitigar el sufrimiento. Desde el inicio del conflicto, ACNUR ha distribuido:
410.000 kits y materiales para albergues de emergencia se han distribuido inmediatamente después de los ataques.
300.000 personas han recibido apoyo psicosocial.
37.000 viviendas dañadas por la guerra han sido reparadas.
Junto a otras agencias de la ONU, ACNUR ha llevado más de 190 convoyes humanitarios, con suministros básicos de emergencia y asistencia vital a las comunidades atrapadas en las zonas de conflicto. Además, ha trabajado en la rehabilitación de viviendas destruidas por los constantes bombardeos. También se ha centrado en proporcionar ayuda inmediata a las personas desplazadas, ayudándolas a encontrar alojamiento temporal, suministrándoles artículos de primera necesidad, ayuda económica para alimentos y medicinas, y asistencia en efectivo para cubrir otros gastos durante su reubicación.
ACNUR también ofrece apoyo psicosocial que es vital para ayudar a las personas refugiadas y desplazadas a superar el trauma de la guerra y sobrellevar la situación de desplazamiento. Asimismo, ACNUR ayuda a las personas desplazadas a recuperar sus documentos personales, fundamentales para acceder a servicios gubernamentales y empleo.
Aproximadamente 12,7 millones de personas dentro de Ucrania y 6,9 millones de refugiados ucranianos requieren asistencia humanitaria urgente. Las principales necesidades incluyen alojamiento seguro, la reparación rápida de viviendas, artículos de higiene, atención médica, educación y apoyo emocional. La recuperación de documentos esenciales también es crucial para que las personas desplazadas puedan reintegrarse en la sociedad.
Para 2025, la ONU ha solicitado 3.830 millones de dólares para financiar la respuesta humanitaria, incluida la ayuda a la población refugiada. ACNUR trabaja de manera coordinada con el gobierno de Ucrania y organizaciones locales para garantizar que la asistencia sea efectiva y sostenible.
Trump autoriza operaciones de la CIA en Venezuela y anuncia ataques dentro del país: 'Ahora vamos a pararlos por tierra'
Andrés Gil
¿Tiene la CIA autorización para acabar con el presidente de Venezuela, Nicolás Maduro? “No quiero responder a una pregunta así”, contesta Donald Trump este miércoles en el Despacho Oval: “Es una pregunta que sería ridículo responder. Pero creo que Venezuela está sintiendo presión. No vamos a permitir que nuestro país se arruine porque otros quieran dejarnos a sus peores enemigos”.
Así ha confirmado el presidente de EEUU que ha autorizado a la CIA realizar acciones encubiertas en Venezuela, noticia adelantada por The New York Times, en lo que supone un paso más en la campaña de la Casa Blanca contra el presidente venezolano, Nicolás Maduro, y que llega después de al menos cinco ataques del ejército estadounidense contra embarcaciones frente a las costas venezolanas que, según afirma Washington sin pruebas, transportan drogas, causando la muerte de 27 personas.
Fuentes gubernamentales citadas por NYT sostienen que el objetivo final es expulsar a Maduro del poder, y que la autorización a la CIA permitiría a la agencia llevar a cabo operaciones letales en Venezuela y realizar operaciones en el Caribe.
“Las he autorizado [las operaciones de la CIA] por dos razones”, ha abundado Trump: “Número uno, han vaciado sus prisiones en EEUU. Entraron porque teníamos una política de fronteras abiertas y han permitido que miles y miles de prisioneros y de instituciones mentales, manicomios, sean vaciados en Estados Unidos. Los estamos llevando de vuelta, pero es una situación realmente mala y lo hicieron a un nivel que probablemente no muchos países lo han hecho. Y el otro problema son las drogas. Tenemos mucha droga que entra desde Venezuela, y mucha de la droga venezolana entra por mar, pero vamos a detenerlos por tierra. Ya casi lo hemos detenido por mar. Ahora lo haremos por tierra”.
Al preguntársele por qué no utiliza la Guardia Costera para detener las lanchas supuestamente cargadas de drogas, Trump ha respondido: “Porque lo hemos estado haciendo durante 30 años y ha sido totalmente ineficaz. Tienen barcos más rápidos. Algunos de estos barcos son lanchas rápidas de clase mundial, pero no son más rápidas que los misiles. Gran parte de las drogas, entre el 25% y el 30%, entrarban por mar. Ahora mismo, diría que no entra nada por mar. De hecho, no sé qué pasa con la industria pesquera; si quieren ir a pescar, mucha gente ni siquiera se atreve a hacerlo”.
La agencia podría tomar acciones encubiertas contra Maduro o su gobierno, ya sea unilateralmente o en conjunto con una operación militar más amplia, según la información de The New York Times. Sin embargo, esta escalada se produce en un momento en que el ejército estadounidense planea sus propias acciones, preparando opciones para que el presidente de EEUU las considere, incluyendo ataques dentro de Venezuela.
No obstante, el historial de acciones encubiertas de la CIA en América Latina y el Caribe es elocuente. En 1954, la agencia orquestó un golpe de Estado que derrocó al presidente Jacobo Árbenz de Guatemala, lo que dio inicio a décadas de inestabilidad. La invasión de Bahía de Cochinos a Cuba en 1961, respaldada por la CIA, terminó en desastre, y la agencia intentó repetidamente asesinar a Fidel Castro. Ese mismo año, sin embargo, la CIA suministró armas a los disidentes que asesinaron a Rafael Leónidas Trujillo Molina, el líder autoritario de la República Dominicana.
La agencia también participó en un golpe de estado en Brasil en 1964, la muerte del Che Guevara y otras maquinaciones en Bolivia, un golpe de estado en Chile en 1973 y la lucha de la Contra frente al gobierno sandinista de Nicaragua en los años 80.
Despliegue militar
La magnitud del refuerzo militar estadounidense en la región es considerable: actualmente hay 10.000 soldados de EEUU allí, la mayoría en bases en Puerto Rico, pero también un contingente de marines en buques de asalto anfibio.
En total, la Armada de EEUU tiene ocho buques de guerra de superficie y un submarino en el Caribe.
Trump ordenó el fin de las conversaciones diplomáticas con el gobierno de Maduro hace unos días, debido a la negativa del líder venezolano a acceder a las exigencias estadounidenses de renunciar voluntariamente al poder.
La CIA ha tenido durante mucho tiempo capacidad para colaborar con los gobiernos de América Latina en materia de seguridad e intercambio de inteligencia, lo que le ha permitido colaborar con funcionarios mexicanos para combatir a los cárteles de la droga. Sin embargo, dichas autorizaciones no le permiten llevar a cabo operaciones letales directas.
No obstante, las acusaciones del gobierno de Trump de que se ha beneficiado del narcotráfico y de que su país es un importante productor de drogas para Estados Unidos han sido objeto de contestación. El gobierno de EEUU ha afirmado que Maduro controla la banda criminal Tren de Aragua. Sin embargo, una evaluación de las agencias de inteligencia estadounidenses contradice esa conclusión, explica The New York Times.
Si bien el gobierno de Trump ha ofrecido públicamente justificaciones legales débiles, Trump declaró ante el Congreso que Estados Unidos estaba en un conflicto armado con cárteles de la droga que considera organizaciones terroristas y que los cárteles que traficaban drogas eran “grupos armados no estatales” cuyas acciones “constituyen un ataque armado contra Estados Unidos”.
Venezuela recurre a la Justicia internacional
El presidente del Parlamento de Venezuela, Jorge Rodríguez, informó este miércoles de que el Consejo Nacional por la Soberanía y la Paz promoverá que se “establezcan responsabilidades de carácter penal” contra Estados Unidos por sus “amenazas y agresiones”, como parte de un conjunto de propuestas en defensa del país, informa Efe.
Rodríguez explicó que esta petición se hará ante la Fiscalía de Venezuela y ante instancias judiciales internacionales y forma parte de una serie de acciones del Consejo.
También, este consejo organizará en el país un congreso internacional de juristas y académicos por el “derecho a la paz”, con la participación de expertos internacionales que “expongan la violación al derecho internacional y a los derechos elementales del ser humano que está siendo utilizada -dijo el jefe del Parlamento- por el imperio grosero del norte en contra toda la población de Venezuela”.
El documento de las propuestas, que fue entregado a Maduro, incluye igualmente una reunión, en Venezuela, de parlamentarios de todo el Caribe para “insistir en la declaración” de esta región como una zona de paz.
“Más de 30 actividades para los próximos días que iremos informando al pueblo de Venezuela”, indicó Rodríguez, en una reunión del Consejo, transmitida por el canal estatal Venezolana de Televisión (VTV) y recogida por Efe.
Asimismo, se propone “una agenda de movilización cultural, deportiva, un ciclo de conferencias especializadas con voceros nacionales e internacionales en los temas relacionados con la paz y las nuevas formas de agresión psicológica”, explicó Rodríguez.
Quién es quién en el lobby sionista en España
Gran reportaje
La galaxia que niega el genocidio en Gaza orbita en torno a David Hatchwell y sus empresas y asociaciones. Reciben millones de dinero público del PP y del Estado, y apoyan a medios, políticos y agitadores de la extrema derecha.
El 11 de enero de 2021, en California, falleció el milmillonario Sheldon Adelson. A sus 87 años, dejó atrás un enorme imperio empresarial y un genocida corrupto perfectamente colocado en el tablero de la política internacional. Benjamin Netanyahu lo definió como “un maravilloso amigo y un campeón de la causa judía”, y no es para menos, pues Adelson dedicó una cantidad ingente de recursos a impulsar la carrera política del actual primer ministro de Israel.
Además de ayudar a financiar sus campañas electorales, Adelson llegó a crear en 2007 un periódico gratuito en Israel con el único objetivo de actuar como instrumento propagandístico a favor de Netanyahu. Tanto es así que quedó probado que el mandatario se comunicaba directamente con el director de Hayom –así se llama el diario– para definir la línea editorial. Siete años después de su fundación, las pérdidas ascendían a 190 millones de dólares , pero Adelson continuó sosteniéndolo más allá de toda lógica comercial. En definitiva, el objetivo no era hacer negocio. En 2023, el Hayom quedó clasificado en una encuesta como el periódico más leído en un país que, en gran medida, sigue apoyando las masacres cometidas en su nombre.
Otra de sus grandes apuestas políticas lidera hoy la complicidad internacional con el genocidio en Gaza y fantasea con hacer negocio con la aniquilación de Palestina. Tras invertir decenas de millones de dólares en las campañas de los republicanos George W. Bush y Mitt Romney –en este segundo caso, se gastó 100 millones en 2012 para intentar derrotar, sin éxito, a Obama–, Adelson se volcó en 2016 con Donald Trump. Sus inyecciones millonarias son solo uno de los muchos elementos que hacen de EEUU el principal colaborador de las masacres israelíes, pero las palabras del propio Netanyahu dan una idea de la relevancia de Adelson: “Las grandes acciones de Sheldon para fortalecer la posición de Israel en los Estados Unidos (...) serán recordadas por generaciones”.
El magnate judío estadounidense no vivió lo suficiente para disfrutar del último y más salvaje estadio del genocidio, inaugurado el 7 de octubre de 2023 tras los atentados de Hamás. Sin embargo, el pueblo palestino lleva décadas sufriendo matanzas, ocupación y apartheid . En un contexto como ese, el papel de sionistas convencidos y poderosos como Adelson se centra en limpiar la imagen de Israel en la escena internacional. Y España, a pesar de encabezar actualmente la solidaridad europea con Palestina, es uno de los países en los que el lobby sionista ha cobrado con más fuerza.
La fortuna de Adelson, el PP y Vox
Entre los años 2015 y 2016, la fundación de Sheldon Adelson donó dos millones de dólares a una organización sin ánimo de lucro llamada Friends of Israel Initiative. Creada el 8 de septiembre de 2010 en Miami, dos nombres resaltaban por encima del resto: José María Aznar y Rafael Bardají. El primero, por ser el impulsor de la iniciativa; el segundo, por presidir la organización –según La Marea, al menos hasta 2019–. Tan solo 16 días después se registró en España una fundación homónima constituida por cuatro personas: Carlos Bustelo, Enrique Gonzalo Navarro, Pablo Casado y, de nuevo, Rafael Bardají.
En los ejercicios de 2014, 2015 y 2016, las cuentas de Friends of Israel Initiative en EEUU –infladas por donaciones como las de Adelson– registraron varias transferencias a España. En total, fueron más de 700.000 dólares de cuyo destino solo se especificó que servirían como “apoyo” para una “fundación española”. Nada más. De lo que sí hay rastro, y muy evidente, es de las conexiones que pueden trazarse desde Friends of Israel y desde el propio Sheldon Adelson con algunas personas y organizaciones patrias cuya actividad encaja milimétricamente con las ambiciones del sionismo más descarnado.
PP y Vox son omnipresentes en el lobby que empieza a dibujarse entre las dos fundaciones homónimas. Aznar y Casado presidieron el Partido Popular, Bardají formó parte de él y Enrique Gonzalo Navarro fue asesor en Defensa durante la primera legislatura de Aznar. Con respecto a Vox, Bardají fue un actor clave, desde el Comité Ejecutivo Nacional, en la irrupción del partido en el tablero político, sirviendo de enlace con la extrema derecha trumpista a través de su ideólogo Steve Bannon; mientras que Bustelo es asesor internacional de la Fundación Disenso, una de las organizaciones fundamentales de la órbita Vox, presidida por Santiago Abascal y bajo sospecha por las transferencias millonarias realizadas por el líder fascista desde la caja del partido.
Networking por arriba, guerra sucia por abajo
En 2016, coincidiendo con el último envío de dinero a España de Friends of Israel Initiative –coincidencia no quiere decir correlación; o sí, no hay información al respecto–, surge la Fundación Hispano-Judía (FHJ). La ponen en marcha Alberto Ruiz-Gallardón y David Hatchwell. El primero reafirma la estrecha conexión del PP con el sionismo, el segundo es la llave que desbloquea el resto del entramado y permite ver la fotografía completa del lobby prosionista en España.
“Me parece vergonzoso que una ministra del Gobierno hable de genocidio por parte de Israel, cuando el 7 de octubre Hamás hizo un genocidio a la población israelí”. Hay pocas frases que representen la ideología de Hatchwell con tanta exactitud como esta. Su nivel de radicalización supera la negación/justificación del genocidio sionista, y llega incluso a colocar a Israel como víctima. Para más señas, en 2014 se hizo pública la lista de los 15 mayores donantes de la campaña electoral de Netanyahu; había 14 ciudadanos estadounidenses y uno español: David Hatchwell. El empresario había contribuido con 9.000€, prácticamente la cifra máxima permitida por persona, establecida en 9.609€. Y hay más: Hatchwell ejerció como representante y persona de máxima confianza de Sheldon Adelson en 2012, cuando el magnate pretendía levantar el proyecto Eurovegas en suelo madrileño.
Hijo de Maurice Hatchwell Toledano, un sefardita nacido en Casablanca, David heredó un imperio empresarial cuya piedra de toque es Excem. Originalmente concebida como una cementera, la compañía ha ido diversificando su negocio y actualmente se centra en la ciberseguridad, el espionaje y la inteligencia, aunque también se desenvuelve en el mercado de pisos compartidos a través de una socimi en la que participa el Grupo Medina. Esta empresa agroalimentaria andaluza, líder del mercado de la fresa de Huelva, recibió en 2022 la medalla Economía y Empresa de Andalucía en un acto presidido por el presidente de la Junta andaluza, Juan Manuel Boreno Bonilla, y por el portavoz, Elías Bendodo Benasayag, también judío sefardita (sus padres nacieron en Larache).
Perteneciente a la jet set desde su nacimiento, David Hatchwell se mueve como pez en el agua en la maraña de dinero y política que orbita alrededor de PP y Vox. En una entrevista fechada en junio de 2023, en el canal del periódico argentino La Nación, se le presentó como “mentor de Isabel Díaz Ayuso”, y el empresario definió a la presidenta madrileña como una “rockstar”, “una mujer extraordinaria” que “fue capaz de descabezar una hidra comunista populista”. Ambos coinciden en su querencia por la especulación inmobiliaria en la Comunidad de Madrid, puesto que la socimi de Excem alquila pisos por habitaciones para estudiantes en la capital, especialmente en distritos céntricos como Moncloa, Chamberí, Centro y Salamanca.
De vuelta en la Fundación Hispano-Judía, se trata del instrumento de poder blando del sionismo en España. Su objetivo es enraizarse en los ambientes de la élite nacional e internacional, y basta un vistazo a la lista de miembros del patronato para advertir su éxito. Entre los nombres destacan Juan Luis Cebrián (exdirector de El País), Juan Ignacio Entrecanales (vicepresidente de Acciona) o Alicia Koplowitz (una de las grandes fortunas del país). Además, Inditex aparece como una de las empresas benefactoras de la FHJ.
Fundada por un expresidente autonómico y exalcalde de Madrid –Alberto Ruiz-Gallardón–, la imbricación de la FHJ en el PP madrileño es total. A la relación entre David Hatchwell y Díaz Ayuso se suma un trato de favor notable por parte del alcalde José Luis Martínez-Almeida. En 2020, tras desalojar un edificio okupado por el centro social La Ingobernable, se lo cedió a la Fundación para la construcción del museo hispanojudío, su principal proyecto. La concesión no salió adelante por problemas con la documentación, y en 2023 la FHJ obtuvo la adjudicación de otro inmueble público para dicho fin. A finales de ese mismo año, en plena ofensiva genocida, Almeida decidió otorgarle la medalla de la ciudad de Madrid al Estado de Israel, aunque se vio obligado a rectificar y terminó dándosela a la comunidad judía madrileña.
Cremades y ACOM, el brazo jurídico y tuitero
Si la FHJ es el networking y los contactos en la élite, la agresividad y las estrategias de confrontación dura corren a cargo de la asociación Acción y Comunicación sobre Oriente Medio (ACOM), estrechamente ligada a ella. Primero, porque David Hatchwell promocionó su lanzamiento y llegó a presidirla; segundo, porque la dirección postal de ambas organizaciones es exactamente la misma: una de las sedes del despacho Cremades & Calvo Sotelo, fundado por el miembro del Opus Dei Francisco Javier Cremades García, vicepresidente a su vez de la FHJ. En resumidas cuentas, ACOM es una suerte de brazo armado propagandístico de la FHJ y del sionismo.
Lo de “armado” no es una expresión vacía. La actividad en redes sociales de ACOM muestra un grado altísimo de violencia, desde montajes que combinan la bandera de Palestina con una esvástica nazi hasta acusaciones que afirman que las imágenes de cadáveres y heridos por los ataques israelíes son falsas –“Pallywood”, lo llaman, haciendo un juego de palabras con Hollywood y Palestina–, pasando por afirmaciones como que “no hay sociedad más bárbara y animal que la de Gaza”.
Según se ha sabido estos días, en 2019 OkDiario firmó con ACOM un contrato por el que recibiría 75.000€ anuales a cambio de publicar contenido patrocinado por la asociación. Es decir, el instrumento propagandístico del sionismo en España redactaría hasta diez textos para la web de Eduardo Inda que serían publicados bajo una apariencia informativa. Además, en una de las cláusulas se advertía lo siguiente: “El MEDIO se obliga a no difundir contenidos que, de algún modo, pudieran atentar contra la buena imagen de ACOM”. Como ejemplo de lo que aquello supuso, dos titulares reales de OkDiario, ambos de enero de 2020: “Una asociación proisraelí advierte que el ‘vicepresidente' Pablo Iglesias lanza mensajes de odio contra Israel”; “Iglesias paga el peaje iraní: celebra la liberación de Auschwitz sin mencionar a los judíos asesinados”.
Al frente de ACOM se encuentra Ángel Mas Murcia, fotografiado junto a Santiago Abascal e Iván Espinosa de los Monteros en una imagen compartida en Twitter por la cuenta de la asociación, acompañada de un texto en el que, primero, se declaran “apartidistas”, y después agradecen a Vox ser un “baluarte” de sus valores e intereses.
La relación con el partido de extrema derecha va más allá de la coincidencia ideológica, puesto que el ahora eurodiputado de Vox, Juan Carlos Girauta, declaró haber cobrado mensualmente –antes de entrar en la eurocámara– 1.000€ de ACOM y 2.000€ de la FHJ durante “quizá dos años, quizá algo más”, según sus propias palabras. Rosa Reigía es otro nombre compartido: actualmente ejerce como responsable de Relaciones Institucionales y Políticas de ACOM, pero fue directora de Relaciones Internacionales de la Fundación Disenso y coordinadora del Foro Madrid, evento clave en el desempeño internacional de Vox. Cabe recordar que Carlos Bustelo, uno de los fundadores de Friends of Israel Initiative, forma parte del comité de asesoramiento internacional de Disenso. Las piezas van encajando.
Persecución del antisionismo financiada con dinero público
ACOM no solo se dedica a esparcir odio y acusar de antisemitismo a cualquiera que se atreva a condenar el genocidio que sufre el pueblo palestino, sino que pone denuncias en ese mismo sentido a un ritmo demencial. Entre sus objetivos han estado las personas que participaron en las protestas durante la Vuelta Ciclista a España; Ione Belarra, por supuesta incitación al odio antisemita; o las universidades de Burgos, Málaga, Valencia, Granada y Complutense, por suspender relaciones con campus israelíes.
Semejante actividad tiene un coste que, a falta de transparencia en las cuentas de la asociación, podría explicarse, al menos en parte, introduciendo un nuevo elemento en este entramado: Zakut. Presidida por David Hatchwell y con Ángel Mas Murcia como vicepresidente, se vende como una aceleradora de startups “a la israelí”, aunque suscita serias dudas acerca de su verdadero propósito.
Solo 45 días después de su creación, y aun sin contar siquiera con estatutos, Zakut recibió medio millón de euros del Instituto de Fomento de la Región de Murcia. No solo es llamativo, sino irregular, puesto que los criterios para acceder a la subvención recogen la necesidad de aportar, entre otras cosas, los estatutos de la organización. Estos no fueron publicados hasta diez días después de recibir el dinero. Un año después, llegó otro medio millón de euros exactamente desde el mismo lugar.
Tanto la Fiscalía española como la europea decidieron investigar el caso tras una denuncia del abogado José Luis Mazón, aunque en el segundo caso se terminó archivando. No por falta de delito, sino porque se consideró que, al no ser fondos europeos, quedaba fuera de sus competencias.
El portal Las Noticias RM desveló que las subvenciones de la Región de Murcia suponían el 98% del presupuesto de Zakut tanto para el año 2021 como para el 2022. Es decir, la organización solo era viable económicamente gracias al sostén público. Además, la mitad de ese millón de euros se dedicó al pago de salarios, mientras que las actividades realizadas por la asociación tan solo supusieron un gasto de menos de 75.000€.
Ampliando un poco más el foco, queda al descubierto que, solo entre junio y diciembre de 2022, Zakut recibió algo más de dos millones de euros en subvenciones. Todos procedentes de solo tres gobiernos autonómicos: Andalucía, Región de Murcia y Comunidad de Madrid, por ese orden de importancia. Coincide que en los tres casos era el PP quien estaba al mando. Es reseñable también que, en el caso de Andalucía, la financiación se otorgase para la realización de unos cursos de formación para mujeres que no impartiría Zakut, sino una empresa administrada por una persona que forma parte de otra compañía presidida por David Hatchwell, que es dueño o socio de una enorme galaxia de sociedades mercantiles.
En total, desde junio de 2021 a diciembre de 2024, esta organización que sacraliza el “método israelí” y está encabezada por el representante de Sheldon Adelson en España ha recibido más de tres millones doscientos mil euros en subvenciones públicas de Murcia, Andalucía y Madrid. Por su parte, el Estado español concedió en enero de 2024 una subvención a la FHJ de casi 400.000€.
Un triángulo de datos más. El dominio web de ACOM está a nombre de José Carlos Pérez Gómez. En diciembre de 2021, Pérez Gómez fue invitado por Zakut a un evento sobre ciberseguridad en la era digital, en calidad de experto por su labor como director del departamento de Ingeniería e Innovación de Excem Technologies, la empresa de David Hatchwell. Esta compañía es puntera en términos de inteligencia, defensa y telecomunicaciones gracias a su estrecha colaboración con la industria armamentística israelí. En el periodo que va desde el 1 de enero de 2024 hasta el 24 de septiembre de 2025, Excem ha recibido más de 154 millones de euros en contratos públicos con el Estado español.
María Corina Machado asegura en una entrevista con el hijo de Trump que quiere privatizar el petróleo venezolano
ELPLURAL.COM
Hace escasos días se conocía que el Comité Noruego del Nobel decidía otorgar el Premio Nobel de la Paz 2025 a María Corina Machado por "su incansable labor en la promoción de los derechos democráticos del pueblo venezolano y por su lucha por lograr una transición justa y pacífica de la dictadura a la democracia".
En su declaración oficial, el Comité subrayaba que Machado representa “uno de los ejemplos más extraordinarios de coraje civil en América Latina en los últimos tiempos”. También resaltaba su papel como figura unificadora dentro de la oposición venezolana, que “encontró un terreno común en la demanda de elecciones libres y de un gobierno representativo”. Fuera de sus fronteras, concretamente en Occidente, la venezolana encuentra el principal apoyo para desplegar su campaña política contra el Gobierno de Venezuela. Conservadora católica en lo social y neoliberal en lo económico, Machado representó la reacción contra Hugo Chávez y ahora se desempeña contra Nicolás Maduro. Además de abanderar la lucha contra el gobierno venezolano, Machado ha defendido en más de una ocasión promover un acercamiento servil de su país a Estados Unidos.
Precisamente relacionado con esto último, María Corina Machado explicaba en una entrevista una estrategia que busca desarrollar y con la cual pretende entregar el petróleo de Venezuela a Estados Unidos. Respondiendo a una serie de preguntas que el hijo de Donald Trump le planteaba en su canal de Rumble, plataforma de video y streaming, Machado habló de privatizar toda la industria de su país y se mostraba incisiva a la hora de indicar que los estadounidenses debían de olvidarse de Arabia Saudí y centrarse en Venezuela, ya que, tal y como expresaba, "tenemos más petróleo". En este sentido, la venezolana le explicaba al hijo del presidente estadounidense que su país dispone de un "potencial infinito" y que "vamos a echar al gobierno de este sector". Así, expresaba que, cuando estuviera en el poder, van a proceder a privatizar toda la industria de este Estado.
De esta manera, María Corina Machado hablaba a Donald Trump Jr de los recursos de los que dispone Venezuela, como el gas, los minerales o la tecnología, y la localización estratégica de la que dispone. Este era un punto en el que empezaba a hacer mención en distintas ocasiones a Estados Unidos y lo positivo que resultaría para el país norteamericano invertir en esta región. Así, Machado subrayaba que Venezuela ofrece a las empresas estadounidenses la oportunidad de realizar inversiones y que "sus buenas personas" consigan "ganar mucho dinero".
El show de Trump: Una operación de lavado de imagen a Israel y un respaldo al genocidio
Olga Rodríguez
Tras dos años de crímenes masivos contra la población civil palestina en Gaza y Cisjordania, asistimos a la segunda fase de la normalización del genocidio, a través de la teatralización y el relato. Donald Trump ha salido al rescate del Gobierno de Netanyahu y ha iniciado una operación de lavado de imagen con la que intenta garantizar la impunidad israelí y el enriquecimiento de Estados Unidos sobre los escombros de Gaza.
“Gran trabajo”
Así lo demostró él mismo en la Knesset israelí -el Parlamento- este pasado lunes, acompañando y protegiendo a Benjamin Netanyahu. Allí, arropado por los aplausos de la mayoría parlamentaria de Israel, Trump agradeció al Gobierno de Israel el “gran trabajo” realizado y presumió de haber facilitado las acciones militares contra Gaza con el suministro de armamento estadounidense. Merece la pena prestar atención al contenido del acto.
“Tenemos las mejores armas y dimos muchas a Israel. Bibi [Netanyahu] me decía: ‘¿puedes darme esta y aquella?'. De algunas yo no había oído nunca; y se las dimos, y son las mejores. Las usasteis muy bien”, afirmó el presidente de EEUU ante continuas interrupciones con aplausos y vítores.
Esas y otras frases dejan clara la voluntad de Trump de respaldar los crímenes israelíes: “A mi gente [del Ejército] le encantó trabajar con vosotros”, aseguró ante el Parlamento israelí. “Con nuestra ayuda, Israel ha ganado todo lo que podía ganar con la fuerza de las armas”, añadió.
El acto fue una orgía de la impunidad, con la presencia de algunos de los hombres más cercanos al presidente de EEUU, su hija, su yerno –con grandes negocios en la zona– y también de Miriam Adelson, viuda del magnate de los casinos, de quien Trump quiso destacar dos cuestiones: que tiene, al menos, 60.000 millones de dólares y que ella y su marido le convencieron para apoyar más a Israel.
Ocupación y apartheid
Ahora llega la fase de la reconstrucción de los hechos a la medida de los intereses estadounidenses e israelíes, con un plan que pretende consolidar un proyecto colonial con ocupación permanente y segregación racial. En ese sentido, Trump ha reiterado esta semana su reconocimiento de Jerusalén como “capital eterna” de Israel y de la soberanía israelí de los Altos del Golán sirios, pese a que varias resoluciones del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas -la primera, de 1967- exigen la retirada de la ocupación ilegal israelí de Jerusalén Este, Cisjordania, Gaza y los Altos del Golán sirios.
El proyecto de ese Gran Israel sigue en los objetivos de Netanyahu, quien esta semana agradeció a Trump haber respaldado en 2020 un plan para la anexión ilegal israelí de territorio palestino en Cisjordania. El presidente de Estados Unidos protege al mandatario de Israel. Tal es así que este lunes, en el Parlamento israelí, llegó a pedir el indulto para Netanyahu: “¿Por qué no le indultáis? Puros y champán, ¿a quién le importa?”, dijo en referencia a uno de los casos de corrupción.
El plan Trump ha sido diseñado para salvar a Israel con todo, con su ocupación ilegal y su sistema de apartheid, sin fecha de retirada de las tropas israelíes de Gaza y con un proyecto urbanístico para negocio y especulación estadounidenses. No contempla rendición de cuentas y deja un mensaje: que se puede cometer un genocidio durante dos años, recibir recompensa por ello y negar derechos a sus víctimas. Que se puede financiar y proteger al autor del genocidio y sonar como candidato al Premio Nobel de la Paz o autodenominarse “pacificador”. Que es posible mantener relaciones preferenciales con el Estado que impulsa crímenes masivos, no adoptar medidas para prevenirlo o pararlo durante casi dos años y, aún así, presentarse como defensor del derecho internacional, como sigue haciendo la Unión Europea, el mayor socio comercial de Israel.
La respuesta social
La operación cosmética ideada por el mandatario estadounidense llega en el momento de más respuesta social internacional contra los crímenes israelíes. Las protestas en muchos países estaban poniendo en aprietos a varios gobiernos aliados de Washington y, por ende, de Tel Aviv. En el contexto de bombardeos y masacres era cada vez más difícil justificar las alianzas con Israel, y así lo reflejaban tanto las calles como las encuestas que toman el pulso a la opinión pública estadounidense y europea.
Reino Unido, por ejemplo, ha tenido que afrontar manifestaciones masivas e incluso la aparición de un nuevo partido impulsado por integrantes del laborismo que han abandonado sus filas debido, entre otras razones, a la complicidad británica con el genocidio israelí, a través del envío de armamento.
En las últimas semanas, las movilizaciones sociales internacionales, la conclusión de la Comisión asignada por la ONU –que señaló que Israel comete genocidio– y algunos movimientos en Naciones Unidas obligaron a la Unión Europea a anunciar que estudiaría una suspensión de su acuerdo preferencial con Israel, aunque finalmente solo ha propuesto tibias limitaciones, pendientes aún de aprobación.
También la UEFA, la FIFA y Eurovisión se vieron forzadas a estudiar la suspensión de la participación israelí en sus competiciones de fútbol y el concurso de la canción. Ahora, con el plan Trump, han anunciado que congelan o postergan su decisión. El canciller alemán, Friedrich Mertz, insistió la pasada semana en que su país abandonará Eurovisión si Israel es excluido del evento.
Las sanciones
En julio de 2024 la Corte Internacional de Justicia señaló la ilegalidad de la ocupación de Israel de los Territorios Ocupados Palestinos y solicitó a los países medidas “para impedir relaciones comerciales o de inversión que contribuyan” a la ocupación y la segregación. Poco después, una resolución de la Asamblea General de la ONU exigió el fin de la ocupación israelí en el periodo máximo de un año. Ese plazo se cumplió en septiembre.
Ahora, con esta tregua, Estados Unidos, Reino Unido y Francia barajan la posibilidad de impulsar una resolución en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas para respaldar el plan Trump, lo que supondría un retroceso en los avances legales internacionales registrados en el último año y medio. En la práctica, la aprobación de una resolución de esas características significaría dar el visto bueno a la ocupación israelí de Gaza durante un “periodo de transición” que podría no terminar nunca, como ha ocurrido tantas veces en el pasado, a través de la política de hechos consumados de Israel.
“Lo llaman paz, pero para los palestinos es el riesgo del peor apartheid”, ha advertido la relatora de Naciones Unidas, Francesca Albanese, quien ha insistido en la necesidad de “boicot, sanciones y rendición de cuentas” para Israel. El pueblo palestino sigue enfrentando “ocupación, eliminación y genocidio”, advertía este lunes el historiador israelí Ilan Pappé.
“La plataforma Cartografía del Genocidio muestra, atrocidad tras atrocidad, cómo Israel destruyó todos los aspectos de vida palestina en Gaza. El genocidio no termina simplemente con un alto el fuego. Continúa mientras no se restablezcan las condiciones de vida”, ha señalado el director del grupo de investigación Forensic Architecture.
La ley internacional obliga a los Estados a prevenir, detener y sancionar el genocidio. Durante casi dos años los máximos aliados de Israel hicieron caso omiso de ese mandato: mantuvieron negocios, acuerdos preferenciales y todo tipo de relaciones con Tel Aviv, mientras decenas de miles de personas eran asesinadas en vivo y en directo. Con el transcurso de los meses, y pese a un relato predominantemente proisraelí, la realidad comenzó a ser más evidente e insoportable para grandes sectores de las sociedades occidentales.
Ante ello, Israel y sus aliados confían en volver a lo que la abogada palestina Diana Buttu llama “la píldora mágica”, un proceso de “paz”, como los Acuerdos de Oslo de los años noventa, que haga “invisible la ocupación” israelí y la segregación racial “ante los ojos de Occidente”.
Una parte de la comunidad internacional, la Unión Europea, Turquía, Qatar, Egipto y otros socios de Estados Unidos han optado por el plan de Trump, como si no existiera opción B. ¿Qué habría pasado si hubieran impuesto sanciones coordinadas a Tel Aviv hace tiempo? ¿Qué ocurriría si lo hicieran ahora? El proyecto estadounidense tiene como objetivo evitar esas sanciones y otras medidas de presión que podrían contribuir a garantizar derechos al pueblo palestino.
Trump y Netanyahu confían en que, sin masacres masivas, el mundo vuelva a olvidarse de Palestina. Si eso ocurre, Israel podrá seguir asesinando a civiles –como hizo este martes en Gaza– y consolidar su ocupación colonial con segregación racial. El regreso a un ritmo de limpieza étnica más lento, menos espectacular, sería más tolerable para la hipocresía de los aliados internacionales. Por eso la relatora de la ONU, Francesca Albanese, subraya la importancia de prestar atención y movilización social en esta nueva fase: “Pueblos del mundo, todas las miradas deben permanecer sobre Palestina. El legado de Nelson Mandela nos recuerda que nadie es libre hasta que todo el mundo sea libre”.
Como señala la abogada Diana Buttu, antigua asesora del equipo negociador de la Organización para la Liberación de Palestina (OLP), “los palestinos vivimos con dos formas omnipresentes de violencia: la violencia israelí, infligida directamente sobre nuestros cuerpos, tierra y sociedad; y la violencia occidental, en la que solo nuestra desaparición impulsa al mundo a notarnos y ver nuestra humanidad –pero poco”. Ha tenido que producirse una operación acelerada de destrucción para que el pueblo palestino sea visto, un poco.
Este lunes, cuando Trump presumió de haber proporcionado “el mejor armamento” al Ejército israelí, insistió en ser “fuerte y poderoso” por la vía de las armas para “traer la paz”. Esa es la dinámica que pretende consolidar, la de la ley del más fuerte y del más dispuesto a usar la fuerza bruta, sin espacio para la ley internacional y con “paz” obtenida a través de un genocidio, como si no hubiera otra opción.
Por eso Palestina condiciona el mundo. Sin derechos para la población de Gaza ni rendición de cuentas para los autores de los crímenes de lesa humanidad, la impunidad crece y, con ella, la desprotección de los pueblos. Ese es el nuevo ciclo que Trump y Netanyahu intentan impulsar, con el apoyo de varios aliados, bajo el nombre de “nuevo amanecer” o “era dorada” para Oriente Medio.
Israel está inundada de maldad, por eso tengo tanto miedo
Nunca he visto tanta maldad, tanta gente ansiosa por expresar su crueldad y compitiendo entre sí para demostrar su falta de empatía y humanidad. Nunca creí que las personas fueran capaces de ser tan malvadas: alegrarse del dolor ajeno, regocijarse cuando otros sufren, pasan hambre, lo pierden todo y son asesinados. Por eso nunca he sentido tanto miedo, porque tengo la sensación de que una enorme presa se ha roto y las masas de israelíes están despojándose de toda contención humana para revolcarse en el odio, la deshumanización y la violencia. Como si hubieran estado esperando el momento de liberarse de las reglas que los obligaban a mantener una apariencia de moralidad.
A gritos, se deshacen de las convenciones que la sociedad ha construido durante miles de años. La igualdad ha sido borrada de su léxico, por no hablar de la dignidad humana. La compasión, la empatía, amar al prójimo como a uno mismo… han sido abolidos. La nueva "unión israelí" se basa en una adicción al odio y a la sed de sangre.
Nada de esto ocurrió por ciencia infusa de la noche a la mañana. Hubo alguien que durante años construyó una sofisticada maquinaria de veneno y rencor. En la lista de crímenes contra la humanidad perpetrados por Netanyahu, despojar a muchos israelíes de toda inhibición moral es uno de los más graves. Y su punto culminante sucedió cuando logró convertir su fracaso más terrible, la masacre del 7 de octubre, en la excusa que justifica y estimula la nueva maldad israelí. Como una respuesta pavloviana implantada mediante hipnosis: basta con que la gente recuerde ese día, para que inmediatamente deseen la destrucción de los palestinos.
Netanyahu no es el único que tiene responsabilidad pública por la espantosa desintegración que estamos presenciando. Los miembros de su gobierno y los diputados de la coalición, los medios de comunicación que le sirven con una obediencia nauseabunda y cualquiera que aspire a un puesto de liderazgo y no establezca límites morales ni presente una alternativa, son igual de culpables.
Cuando una sociedad pierde su brújula moral se hace más necesario que nunca un liderazgo valiente que no tema llamar al mal por su nombre y exigir un comportamiento ético. De lo contrario, la sociedad israelí tendrá muy difícil salir del pantano donde se está hundiendo. Allí, en el fondo de la miseria moral, muchos ciudadanos de Israel están cegados frente a los 2 millones de gazatíes que están siendo expulsados y masacrados, mientras en Cisjordania se organizan pogromos con el respaldo de las autoridades y el ejército.
A pesar del estruendo de los israelíes que corren hacia el abismo, estoy segura de que la mayoría de nosotros desea la vida y la paz; que no hemos renunciado a la humanidad. Hemos sido silenciados ante la violencia y la fealdad, pero todavía estamos aquí.
Cómo el lobby sionista trabaja para controlar la política exterior de Estados Unidos
Diego Hernández
¿Puede un Estado financiar, mediante millonarios afines, a políticos en un país extranjero para que estos aprueben legislación a su favor? PAra la mayoría resulta muy difícil pensar que, por ejemplo, Francia pudiera pagar cientos de miles de euros a personas de todos los partidos en España para que beneficiaron en el Congreso los intereses económicos, militares y geopolíticos del país galo. Sin embargo, esta es la manera en la que Israel opera desde hace años en Estados Unidos.
La influencia del Estado de Israel en la vida política estadounidense es indudable desde la creación del propio Estado. El país, presidido por Benjamin Netanyahu, se sirve de lobbies y asociaciones financiadas por millonarios sionistas para ejercer una gran influencia sobre políticos tanto demócratas como republicanos. El lobby sionista en EEUU lo conforman organizaciones como Jews Democratic Council of America o Democratic Majority for Israel, además de la más influyente en ambos partidos, AIPAC –American Israel Public Affairs Committee– y su filial United Democracy Project.
AIPAC nace en 1954, fundado por el lobbista canadiense Isaiah L. Kenen como grupo de presión para contrarrestar la condena internacional a la masacre de la aldea de Qibya, en la cual el Ejército israelí asesinó a 69 civiles palestinos, dos tercios de ellos mujeres y niños.
Desde su fundación, AIPAC ha tratado de influir activamente en la política estadounidense, financiando campañas y presionando a los distintos gobiernos para beneficiar a los intereses de Israel. En 2003, el lobby sionista se mostró a favor de presionar a congresistas estadounidenses para favorecer la invasión de Irak, pero también ha tratado de influir en la imposición de fuertes sanciones contra Irán y sus aliados.
La influencia de ese grupo de presión va más allá de tratar de decantar primarias a nivel local o estatal, busca defender los intereses de Israel durante la toma de las decisiones más importantes en materia de política exterior. Para lograrlo financia las campañas de ambos candidatos a la presidencia y de los cargos más relevantes a nivel institucional.
El periodista argentino y experto en relaciones internacionales y geopolítica, Roberto Montoya, en conversación con infoLibre, explica que “la influencia de AIPAC ha llegado a tal punto que se aseguran tener gente afín a su mensaje en los gabinetes que controlan gran parte de la política exterior para Oriente Medio”. Pero no solo eso. Según Montoya, “tanto demócratas como republicanos han respetado la relación con Israel" y eso también se percibe en la relación con la propia organización sionista ya que "todos los presidentes se ven obligados a pasar por la reunión anual de AIPAC, donde van personas de mucho poder y tiene una gran relación con el Gobierno israelí”.
En la Cámara de Representantes de Estados Unidos, la encargada de aprobar la legislación federal, han recibido dinero por parte de la AIPAC para sus campañas tanto el líder de la minoría, el demócrata Hakeem Jeffries (866.000 dólares), como el presidente de la propia cámara, el republicano Mike Johnson (618.000 dólares). El líder de la mayoría en el senado, John Thune, recibió 120.000 dólares entre 2019 y 2024, según datos del portal Open Secrets, lo que evidencia el control económico que ejerce el lobby sobre los órganos de poder estatal más importantes.
Además, el grupo de presión proisraelí presume orgullosamente en su página web de que los 129 candidatos demócratas apoyados por su lobby ganaron sus primarias en el año 2024, primarias que en muchas ocasiones se ven condicionadas por las cifras de dinero astronómicas inyectadas para favorecer al candidato que defiende los intereses de Israel.
Las voces discordantes
A pesar de la enorme influencia que ejerce el lobby sionista en Estados Unidos, una minoría de políticos demócratas y republicanos se mantiene firme ante las presiones económicas que ejercen estas organizaciones. Estos políticos se ven frecuentemente aislados en las votaciones sobre el envío de dinero para financiar material militar que posteriormente se utiliza para llevar a cabo el genocidio en Gaza. El republicano Thomas Massie ha sido uno de los más vocales dentro de su partido, al posicionarse en contra del envío de dinero a Israel, lo que le ha granjeado fuertes enemistades entre el resto de representantes republicanos y críticas de parte del presidente Donald Trump. Además, Massie ha realizado declaraciones contrarias a la línea de su partido sobre los documentos relacionados con Jeffrey Epstein, lo que ha provocado que Trump le retire su apoyo.
En los demócratas, Cori Bush, la primera congresista demócrata afroamericana, fue derrotada en las primarias de San Luis por cinco puntos, después de que se posicionara en contra del “castigo colectivo” contra los palestinos y AIPAC financiara la campaña de su rival con 8,5 millones de dólares, según informó el medio israelí Haaretz. En las primarias demócratas entre el congresista Bowman, muy vocal en contra del genocidio, y el centrista George Latimer, a favor del estado de Israel, el lobby sionista invirtió 14 millones de dólares en publicidad negativa sobre Bowman y en la campaña de Latimer, tal y como desveló la BBC, y acabó venciendo en la carrera electoral por lo que fue felicitado públicamente por AIPAC. Y es que tal y como explica Roberto Montoya: “Mantener una buena relación con el lobby te asegura un apoyo económico, de banqueros, inversores inmobiliarios, etc.”
Sin embargo, el lobby no puede ganar siempre, el pasado 24 de junio el candidato progresista del partido demócrata de Nueva York, Zohran Mamdani, venció en las primarias para la alcaldía de la ciudad.
El 'caso Mamdani'
Zohran Mamdani, suscitó todo tipo de opiniones tras su victoria hace ya tres meses en las elecciones para ser el representante del partido demócrata que buscará ostentar el puesto de alcalde de la ciudad de Nueva York. Este neoyorquino de origen ugandés se ha mostrado a favor del movimiento por la desinversión, el boicot y las sanciones, y durante su tiempo como miembro de la asamblea de la ciudad impulsó la aprobación de un decreto ley para acabar con la exención fiscal a organizaciones benéficas que colaboran con asentamientos israelíes ilegales.
El caso del candidato progresista ha representado una excepcionalidad rompedora. El nuevo candidato a la alcaldía de Nueva York por parte del Partido Demócrata fue capaz de vencer al exsecretario de Vivienda, Andrew Cuomo, quien era respaldado por las figuras más importantes dentro del propio partido, los lobbies sionistas más poderosos y formaba parte del equipo legal de Benjamin Netanyahu destinado a defenderle de las acusaciones de la Corte Penal Internacional. A pesar de haber distinguido siempre entre antisionismo y antisemitismo, Mamdani ha recibido agresivas críticas y acusaciones por parte de grupos de presión vinculados al Estado de Israel que lo consideran una amenaza.
Montoya explica que acusar de antisemitismo a las personas que critican las acciones del Estado de Israel es uno de los métodos habituales usados por parte del lobby sionista y que no es casual sino que se trata de una estrategia coordinada para acallar dichas críticas.
El rastro del dinero
AIPAC recibe dinero de parte de una incalculable cantidad de personas. Sin embargo, algunos de sus donantes son más generosos que otros: Jan Koum, empresario estadounidense de origen ucraniano y fundador de WhatsApp, fue el mayor donante de AIPAC en el ejercicio fiscal 2023-24, aportando 5 millones de dólares a su filial UDP, según datos del portal AIPAC Tracker. Koum, es uno de los mayores financiadores del sionismo a nivel mundial. En el año fiscal 2019-20 donó 17 millones a la European Jewish Association y 10,5 millones a la Federation of Jewish Communities of the CIS, según publicó el portal Ynet Global, filial en inglés del medio israelí Yedioth Ahronoth. El multimillonario, según informó The Times of Israel, ha financiado a través de su fundación familiar, entre otras muchas organizaciones, a la Asociación de Amigos de las Fuerzas de defensa Israelís y al Central Fund of Israel, fondo acusado de apoyar a colonos israelíes violentos en asentamientos ilegales en la Palestina ocupada.
Entre los donantes más destacados se encuentra también Miriam Adelson, una de las mayores partidarias de Donald Trump que junto a su marido, el ya fallecido Sheldon Adelson, ha financiado ampliamente todas las campañas del presidente republicano. Adelson aportó a AIPAC 5 millones de dólares en el año fiscal 2023-24, y se estima que ella y su marido han inyectado cientos de millones de dólares durante los últimos años a organizaciones que promueven el judaísmo y el Estado de Israel, tal y como reveló el medio israelí Jerusalem Post. Además financiaron directamente a la organización Birthright Israel, que organiza viajes planificados al Estado sionista de manera gratuita para jóvenes estadounidenses.
No solo individuos financian a este lobby, sino también importantes fondos de inversión como el grupo Kraft, propietario del equipo de fútbol americano New England Patriots. Este fondo donó un millón de dólares a la filial de AIPAC en el año 2022. Este no es el único caso en que sionismo y deporte se entrelazan en Estados Unidos: Martin Geller, fundador de Geller & Company, y propietario de una parte del equipo de baloncesto Philadelphia 76ers, donó 268.000 dólares en 2022 a UDP.
Una alianza inevitable
Ambos países viven en una relación de dependencia mutua que les mantiene inevitablemente ligados a las acciones del otro. En palabras de Montoya: “La relación entre Estados Unidos e Israel es de interés mutuo, Israel no podría vivir sin el apoyo de Estados Unidos” y, al mismo tiempo, “Estados Unidos ha visto que ese país puede controlar que no haya un bloque árabe unido que pueda condicionar el precio del petróleo o tener un poder militar importante, es el único país de Oriente Medio al que se le permite tener armas nucleares".
A día de hoy, y tras más de 68.000 palestinos asesinados, el Gobierno norteamericano mantiene una posición de respaldo férreo a las acciones del Ejecutivo de Benjamin Netanyahu. El pasado 18 de septiembre, EEUU volvió a vetar una resolución de Naciones Unidas que pedía el alto al fuego en Gaza y era apoyada por los otros 14 miembros del Consejo de Seguridad, lo que demuestra su apoyo tajante a la barbarie que el Estado de Israel comete en la Franja y a la ocupación de los territorios palestinos.
La carrera belicista europea: ¿Quién está detrás de la industria de la guerra?
Las nuevas derechas y el placer de la crueldad
Hannah Leffingwell (Jacobin)
Reseña de The New Fascist Body ('El nuevo cuerpo fascista'), de Dagmar Herzog (Wirklichkeit Books, 2025).
Si has visto la exitosa serie de Netflix The Hunting Wives, sabrás que el autoritarismo de la derecha estadounidense no es más que una carga libidinal. A lo largo de esta serie pulp y sangrienta, que tiene lugar en lo más profundo de Texas, una camarilla de mujeres adineradas blancas hace alarde de sus privilegios haciendo el amor con sus rifles de caza y participando en abundantes relaciones sexuales lésbicas. Cazan animales, se cazan entre ellas, asisten a mítines políticos conservadores, van a la iglesia. El resultado es el asesinato y el caos.
A primera vista, la serie podría parecer una crítica a la feminidad MAGA, ejemplificada por mujeres de gatillo fácil como Kristi Noem y Marjorie Taylor Greene [dos mujeres importantes del Partido Republicano de Trump], pero la contrapartida de la serie en la costa este, un personaje fuera de lugar llamado Sophie, no sale mucho mejor parada. Una mujer blanca, heterosexual y casada que parece considerarse progresista antes de mudarse de Boston a Texas, rápidamente se une a las esposas tradicionales que se comportan mal (por no mencionar que se acuesta con ellas) y termina comprando armas, bebiendo hasta perder el conocimiento, engañando a su santo marido y cometiendo un asesinato, todo ello debido a una histerectomía de urgencia que la dejó estéril.
Esta serie es sensacionalista, sin duda. También es una fantástica ilustración del fascismo posmoderno.
El “fascismo posmoderno”, término definido por la historiadora Dagmar Herzog en su nuevo ensayo The New Fascist Body ('El nuevo cuerpo fascista'), describe la segunda llegada del fascismo como algo arraigado en los fascismos históricos, pero a la vez distinto de ellos. Es un fascismo que perpetúa el desdén de sus predecesores por “los ideales de igualdad y solidaridad humanas”, la crueldad hacia “aquellos que identifican como vulnerables”, la proliferación de “explicaciones racializadas para lo que en realidad son dinámicas económicas y sociales complicadas” y “anhelos narcisistas de grandeza”.
Lo que lo hace posmoderno es su tendencia a la deconstrucción. Esta reinvención contemporánea del fascismo es “ingeniosamente autorreflexiva”, nos dice Herzog, “y juega alegremente con la inevitable controversia y con la inestabilidad de la verdad”.
Herzog, cuyo trabajo sobre el fascismo alemán ha sido muy influyente en los estudios de género, los estudios sobre discapacidad y la historia europea, destila los argumentos clave de su investigación en The New Fascist Body, aportando ideas sobre la historia del nazismo para influir en la dinámica de los movimientos transnacionales de extrema derecha contemporáneos. Centrándose en dos rasgos clave que se solapan en el fascismo posmoderno, el “racismo sexy” y la “hostilidad obsesiva hacia las personas con discapacidad”, utiliza los mensajes del partido de extrema derecha alemán Alternative für Deutschland (Alternativa para Alemania, AfD) como punto de referencia analítico.
Si antes los judíos eran el principal objetivo del fascismo alemán, hoy en día la ideología de extrema derecha en Europa señala a los inmigrantes árabes y africanos como el otro racial por excelencia. En todo caso, ciertas voces de extrema derecha en Alemania han defendido recientemente opiniones filosemitas, convirtiendo efectivamente a los judíos alemanes en miembros valorados de la “raza blanca” y afirmando que su inteligencia superior los convierte en contrapesos ideales para los inmigrantes morenos, supuestamente inferiores.
Herzog cita a Mathias Döpfner, director general del grupo Axel Springer, como una de las voces que ha pedido que Alemania se vuelva “más judía” en los últimos años. Hizo esta afirmación en un ensayo publicado un año después de los atentados del 7 de octubre en Israel, en el que elogiaba el elevado número de premios Nobel otorgados a judíos en comparación con el escaso número otorgado a musulmanes e hindúes. Aquí hay una notable diferencia con respecto al fascismo histórico, aunque, por supuesto, el antisemitismo sigue vivo y presente en muchos círculos de extrema derecha.
Lo que hace única a la visión de Herzog sobre el agitado sentimiento antimigrante actual es su enfoque en el sexo y la discapacidad. Herzog, una destacada estudiosa del tema de la política sexual durante el Tercer Reich, ha dedicado gran parte de su reciente investigación a la historia a largo plazo de los programas de “eutanasia” y esterilización forzada del Tercer Reich durante la Segunda Guerra Mundial. Esta guerra contra las personas con discapacidad incluyó el uso de las infames cámaras de gas de monóxido de carbono T4 para asesinar a los residentes de hogares de ancianos para discapacitados, así como decenas de miles de procedimientos de esterilización forzada llevados a cabo a personas consideradas racialmente no aptas. Se necesitaron décadas para que las personas con discapacidad de Alemania fueran reconocidas como víctimas del genocidio nazi, y solo recientemente los activistas por la discapacidad han logrado que se aprueben leyes que reconocen la autodeterminación de las personas con discapacidad.
La AfD parece empeñada en desmantelar las protecciones que los defensores de las personas con discapacidad han conseguido con tanto esfuerzo en las últimas dos décadas, especialmente en lo que se refiere a la educación inclusiva. Su retórica violentamente nacionalista se centra en el odio a la debilidad y la adoración de la fuerza bruta, y están obsesionados con la “inteligencia” y el coeficiente intelectual. Aunque, como señala Herzog, hay mucho resentimiento hacia las personas con discapacidad en la retórica de la extrema derecha estadounidense, el fascismo alemán parece tener una fijación única por el coeficiente intelectual como determinante de la ciudadanía.
En Estados Unidos, por el contrario, el fervor antiintelectual del Partido Republicano de Donald Trump se ha manifestado a menudo como odio hacia la educación pública y una alegre reivindicación de la estupidez por parte de sus políticos (lo cual no es un fenómeno nuevo, basta recordar a George W. Bush). Lo que conecta las versiones alemana y estadounidense del fascismo es un desprecio compartido por los ciudadanos improductivos, ya sean discapacitados, enfermos mentales, homosexuales o personas sin hijos.
Uno de los acontecimientos más preocupantes de los últimos años ha sido la generalización de ciertas ideas fascistas que antes se consideraban extintas, o al menos profundamente marginales. Esto incluye la obsesión de la AfD con la “remigración”, una palabra elegante para referirse a la deportación masiva de migrantes y solicitantes de asilo de Alemania. Como nos dice Herzog: “Un efecto principal de la introducción de este concepto es que otros partidos políticos alemanes están debatiendo ahora qué migrantes son lo suficientemente trabajadores y están lo suficientemente integrados culturalmente como para que se les permita quedarse”.
Cada vez más, los partidos de extrema derecha marcan los términos del debate, haciendo que los políticos moderados cedan ante los planteamientos fascistas mientras siguen creyendo que están ofreciendo una reprimenda. La productividad como medida de la ciudadanía es uno de esos marcos que vemos desarrollarse en muchos contextos diferentes en todo el mundo.
Históricamente hablando, esto se remonta al creciente resentimiento hacia las personas con discapacidad que se apoderó de Alemania en las décadas previas al Tercer Reich, cuando los llamamientos a la “eutanasia” de los alemanes discapacitados llevaron incluso a los supuestos moderados a ceder en la cuestión de la esterilización. La extremidad de estas propuestas de eutanasia llevó a los comentaristas moderados a parecer ecuánimes cuando propusieron la esterilización como solución al supuesto problema hereditario de la discapacidad. En el proceso, “ya antes de 1933 se había vuelto socialmente aceptable (y, para muchos, simplemente intuitivo e incluso moralmente correcto) expresar desprecio o desear invisibilizar a las personas con discapacidades intelectuales o enfermedades psiquiátricas”.
En lo que respecta al “racismo sexy”, Herzog nos recuerda que el fascismo alemán contemporáneo, al igual que su antecedente histórico, se centra principalmente en el sexo, y no solo en reprimirlo. El fascismo se basa en la incitación al placer que proviene de la ruptura colectiva de los tabúes, lo que da a los partidarios del régimen fascista una falsa sensación de poder a través de la indiscreción.
El racismo sexy describe “mensajes cargados de libido para movilizar el miedo, la indignación y la aversión o, alternativamente, para transmitir la emoción del dominio frente a diversas formas de vulnerabilidad racializada”. Por su parte, la AfD “se deleita provocativamente en una sensualidad deliberada”, desde carteles de campaña que muestran a mujeres blancas desnudas como víctimas potenciales de violencia sexual a manos de los migrantes, hasta vídeos que promueven la llamada “remigración” mostrando a mujeres blancas vestidas de forma sensual que asisten alegremente a un vuelo de deportación ficticio.
Herzog observa un cambio en el énfasis de este racismo cargado de libido en los últimos años, y sostiene que, entre 2019 y 2024, el alarmismo sexualizado ha dado paso a “una forma de fanfarronería total, en la que reina la Schadenfreude [la alegría por el mal ajeno] y, como dijo Adam Serwer sobre el trumpismo, ‘la crueldad es lo importante'”. Continúa argumentando: “El mensaje secreto del fascismo a sus seguidores no es la represión. Al contrario, es un mensaje de permiso, de licencia e impunidad”.
Me parece que este es el argumento más llamativo y persuasivo de Herzog, uno que ha defendido con fuerza a lo largo de su carrera, especialmente en su libro Sex After Fascism. El fascismo funciona porque ofrece algo en lugar de la democracia, la paz y la igualdad, algo que es capaz de alejar a la gente de la promesa de la creación y acercarla a la violencia de la destrucción, y eso es el placer en el dolor ajeno. Esto ayuda a explicar la vieja pregunta, planteada por tantos teóricos después de la Segunda Guerra Mundial, de cómo los ciudadanos de una democracia como la República de Weimar pudieron estar tan equivocados como para votar “en contra de sus propios intereses” y elegir a los nacionalsocialistas.
El miedo y la rabia, nos recuerda Herzog, no son una base afectiva suficiente para el fervor fascista: se necesitan “placeres de agresión, mezquindad y violencia” por parte de sus adeptos. Y debemos reconocer la “eficacia multifuncional tanto de la erotización de la supuesta superioridad como de la insistencia repetitiva en rejerarquizar el valor humano”.
Lo instructivo de Hunting Wives como artefacto del fascismo posmoderno no es su política, si es que tiene alguna, sino más bien su retrato de la transgresión sexual como puerta de entrada al fascismo. Sophie parece abandonar rápidamente su política progresista cuando se le da permiso para seguir sus impulsos más vergonzosos. Se bebe el proverbial Kool-Aid de sus amigos de derecha cuando empieza a encontrar “el placer en la crueldad”, por citar a Herzog.
Aquí pienso en una fotografía de 1939 incluida en el libro de Herzog, que muestra a una pareja heterosexual en la playa abrazándose bajo una guirnalda de esvásticas. Ningún régimen anterior en la historia “se había propuesto de forma tan sistemática estimular y validar los deseos (hetero)sexuales, especialmente de los jóvenes, al tiempo que negaba precisamente que eso era lo que estaba haciendo”. Este “estímulo desublimador para romper con la moderación y la tradición sirvió para vincular a los jóvenes emocionalmente, pero de forma aún más directa, al Estado”.
Si solo pensamos en el autoritarismo de derecha en términos de represión –decirle a la gente lo que no puede hacer–, entonces perdemos la oportunidad de comprender, y con suerte desmantelar, los vínculos emocionales que guían el apoyo de muchas personas al fascismo contemporáneo. El “nuevo cuerpo fascista” es aquel que se deleita en romper las reglas, que se regodea en una prerrogativa antisocial para disfrutar a costa de los demás, que erotiza la superioridad y sexualiza la violencia, y no la izquierda acusada de libertinaje por estos autoritarios.
Si algo me dejó insatisfecha del libro de Herzog fue una imagen más clara de lo que podemos hacer con esta idea una vez que tenemos acceso a ella. ¿Cómo redirigimos las energías libidinales de los votados con inclinaciones fascistas en Estados Unidos y en otros lugares? ¿Cómo fomentamos el placer en la comunidad y la creación frente al neoliberalismo destructivo? ¿Cómo desincentivamos la crueldad y promovemos el cuidado?
Este artículo se publicó originalmente en Jacobin. Traducción de Pedro Perucca para JacobinLat .
La carrera belicista europea: ¿Quién está detrás de la industria de la guerra?
El sector de defensa vive su mejor momento desde la II GM, gracias al apoyo de la Comisión Europea y al impulso del eje franco-alemán, que ve una tabla de salvación al declive de sus economías.
Rubén Juste de Ancos
Más allá de la posición de Trump en la posible paz en Ucrania, Europa parece haber tomado ya de manera indiscutible la senda de aumento del presupuesto militar. La Comisión Europea, presidida por la exministra de Defensa alemana Von der Leyen, y que integra la gran coalición formada por la ultraderecha, socialistas y conservadores, ha prometido la movilización de 800.000 millones de euros. “Estamos en una era de rearme y Europa está dispuesta a impulsar masivamente su gasto en Defensa”, dijo a principios de marzo la presidenta de la Comisión, tras la congelación de la ayuda de EEUU a Ucrania decretada por Trump. El nuevo plan, denominado “Rearmar Europa”, plantea romper reglas tradicionales de la Unión, como congelar las reglas de déficit fiscal para autorizar el endeudamiento si es para gasto militar; o la compra mancomunada de material militar, para evitar sobrecargar los precios y las cadenas de suministros; y préstamos por valor de 180.000 millones para estas compras. El objetivo es “la adquisición de sistemas de defensa aérea y antimisiles, los sistemas de artillería, misiles y munición, drones y sistemas antidrones, pero también para abordar otras necesidades, desde el ciberespacio a la movilidad militar”, según aseguraba Von der Leyen. Ante esta espiral incuestionable, cabe preguntarse qué actores se pueden beneficiar de esta carrera.
El declive económico del eje franco-alemán
Macron y la industria francesa de defensa son uno de los grandes beneficiados de este plan de rearme. Desde la convocatoria de elecciones anticipadas el año pasado, y el frustrado gobierno de su delfín, el conservador Michel Barnier, las malas noticias se le han ido acumulando. En unos pocos meses ha perdido a su socio alemán Olaf Scholtz, y principalmente al estadounidense Biden, con quienes compartía objetivo estratégico en Ucrania. Más allá, la economía sigue una senda de estancamiento, con un tímido crecimiento del 1,1% en 2023 y 2024. Tras la crisis de gobierno y los datos económicos de fin de año, las agencias rebajaron la calificación de la deuda, cuyos intereses están en máximos históricos desde la crisis de 2011.
Una situación que ya hace mella en las familias. Según una encuesta de IPSOS, el 32% de los franceses afirma que apenas puede satisfacer sus necesidades esenciales (+2 puntos en un año) y el 13% que no lo hace (+1 punto en un año). En total, casi uno de cada dos franceses se encuentra, por tanto, en una situación económica incómoda (45%, una proporción que ha aumentado 3 puntos respecto a 2023).
En enero, otra encuesta situaba a Macron como el presidente con menos popularidad desde François Holland en 2015. Bajo este aguacero, Macron ha abrazado con fervor el plan de rearme europeo y cuestiona las reglas de déficit. Ya en enero decía que estaban “caducas”, con una deuda del 113,7% y un déficit del 6%, muy por encima del resto de países, y el doble de lo que marca el Pacto de Estabilidad y Crecimiento (PEC), que limita el déficit público al 3% y la deuda pública al 60% del PIB.
Con el rearme europeo, Macron fía su futuro al desempeño de la industria gala en el sector. Tras casi tres años de guerra en Ucrania, Francia se ha convertido en el segundo exportador de armas a nivel global, sólo por detrás de EEUU. Cinco de sus empresas se sitúan entre las 50 mayores del mundo (Thales, Dassault, Naval Group, Safran y CEA). Estas empresas se caracterizan, dentro del ecosistema global, por tener una participación estatal de control por parte del gobierno francés y el Ministerio de Defensa. Esto beneficia a ambas partes de la carrera armamentística, pues asegura un crecimiento de pedidos por parte del Estado y aumenta su recaudación. Sólo en 2024, los beneficios por la venta de armas de Thales aumentaron un 45%.
La locomotora parada
Alemania es otro de los países que encuentra una salida económica con esta guerra. La locomotora industrial de Europa no ha levantado cabeza tras la crisis del covid y el final del gas ruso barato: su producción industrial sigue 10 puntos por debajo del nivel precrisis, y en 2024 cayó un 3%. La economía alemana arrastra dos años de crecimiento negativo, en 2023 y 2024, una situación que no se producía desde el inicio del milenio.
Los efectos de la recesión se han dejado ver en los recientes cambios políticos en el país. Las encuestas electorales destacaban la economía y la inmigración como los principales problemas que preocupaban a la ciudadanía, y acabaron provocando el cambio de gobierno. Otro de los elementos es la disparidad creciente entre ricos y pobres, muy común en el resto de países europeos. Las condiciones de vida de muchos ciudadanos han ido empeorando, y Alemania figura entre los países líderes en indicadores como pobreza energética, con un 8,2% de su población pasando problemas para mantener caliente su hogar, frente al 20,8% en España, que lidera el ranking; y por encima de países como Polonia (4,7%), Finlandia (2,6%) o Austria (3,9%), lo que apunta directamente al incremento de precios de la energía tras el inicio de la guerra de Ucrania (el porcentaje era del 2,5% en 2019).
Elementos que ha sabido canalizar la ultraderecha para su propio interés, y que figuran entre los factores que influyen en la buena prensa de esta carrera armamentística. La crisis de gigantes como Volkswagen contrasta con el crecimiento de la industria alemana de defensa. Las icónicas empresas Thyssen y Rheinmetall AG han encadenado años de beneficios y la última está en conversaciones para adquirir la planta de Volkswagen en Osnabrück para la construcción de tanques. A diferencia de las empresas francesas, son compañías de capital abierto, con fondos norteamericanos como sus principales accionistas (Blackrock, Vanguard o FMR) y, en el caso de Thyssen, con la familia Krupp como accionista mayoritario que acompaña a dichos fondos.
Los británicos, los grandes beneficiados del plan europeo
Otro de los beneficiados por la espiral belicosa es Gran Bretaña. Tras un turbulento periodo de crisis abanderado por el partido conservador y el fin de la era brexit, los laboristas, liderados por Keir Starmer, han congeniado con los intereses europeos respecto a Ucrania. El primer gesto de acercamiento fue premiar a Zelenski con la primera asistencia en treinta años de un líder extranjero a la reunión del nuevo gabinete, en julio del año pasado.
Starmer pasa en estos momentos por ser el socio más fiel del presidente ucraniano. Ha apoyado el envío de tropas, aviones de combate y soldados. Se acerca así a lo que Rusia asocia a una declaración directa de guerra. Recientemente sorteaba la amenaza rusa ante estas propuestas adoptando una que incluyera un contingente de “paz”. Keir Starmer afirmaba su compromiso de alcanzar el 2,5% del PIB en gasto militar. Como asegura el partido en su página web, “los laboristas pararán el caos, pasarán página, y volverán a los cimientos de seguridad nacional, fronteras seguras y estabilidad económica”.
Siete de las cien mayores empresas de defensa en el mundo son británicas. Entre ellas destaca BAE Systems, líder en ámbitos clave del plan de rearme europeo, como misiles, sistema de defensa, vehículos de combate y transporte, o sistemas de comunicación. Aporta el 17% del total de ventas de la industria militar y de defensa europea. Eso ha hecho que Bruselas modifique la estrategia de “comprar más, mejor y más europeo” e incluir a empresas de armamento y defensa británicas en la ecuación, y a otros países como Turquía.
Al igual que la industria alemana, las empresas británicas tienen como principales accionistas a los fondos norteamericanos. Tras las privatizaciones de Margaret Thatcher, no obstante, el gobierno británico se reservó la llamada acción de oro, que concede a este las facultades de vetar la toma del consejo de administración por parte de inversores, o la facultad de que sea un británico el presidente del consejo.
El capital financiero estadounidense: adalides de la industria militar
A pesar de la gran importancia de la industria europea, la dependencia de las empresas norteamericanas de seguridad y defensa es un hecho, y más después de la invasión de Ucrania. Entre 2015 y 2019, los países de la Unión Europea importaban un 52% del material de defensa de EEUU, y esta cifra ha subido al 64% en el periodo posterior (2020-2024), beneficiándose del incremento de importación de armas del continente europeo (aumentó un 155%), según el Instituto de Estocolmo de Investigación de la Paz. Las empresas de armamento de EEUU han sido las grandes favorecidas de la guerra de Ucrania y su posición sigue siendo dominante en el mercado internacional. Desde su inicio, su posición en el mercado ha crecido desde el 35% del total de exportación de armas a un 43%, acercándose a controlar casi la mitad del mercado internacional, según datos del instituto sueco.
Los datos recabados por CTXT no dejan lugar a dudas: de las 523 empresas de armamento a nivel global, 185 son norteamericanas. Sus compañías facturan 574.716 millones de dólares, muy lejos del segundo país, Francia, con 97.513 millones. Su principal baluarte actualmente es la corporación RTX, que se queda un poco por detrás del total de la factura de las empresas francesas, con 80.738 millones. Su división Raytheon Missiles & Defense produce los famosos misiles Patriot, tan demandados en la guerra de Ucrania. Es, a su vez, uno de los principales suministradores de armas de Israel, ya sea por venta directa, o a través del programa de financiación de armas del gobierno norteamericano con este país.
El país norteamericano es líder no sólo a través de sus empresas de armamento, sino también a través de sus tentáculos financieros. Los fondos norteamericanos controlan la mayor parte de empresas globales de armamento. Blackrock es el principal inversor en el sector, con 542 empresas participadas. Le siguen entidades como Invesco, Fidelity o Vanguard, con centenares de participaciones en empresas clave de la industria armamentística.
Otras de las empresas importantes es Lockheed Martin, productor del popular F-35 que usan la mayoría de países occidentales. Tras el anuncio de Trump de aumentar los aranceles, Canadá y varios países europeos plantean sustituir la compra de estos por otros similares como el Eurofighter de Airbus. Su accionista de referencia es State Street, otro de los bancos estadounidenses que domina la industria, y que es a su vez el primer accionista de RTX Corporation.
El rearme europeo: qué se ha hecho hasta ahora
Ante el nuevo escenario de competencia entre bloques productores, la Comisión Europea ha puesto sobre la mesa la posibilidad de compras conjuntas para los países miembros, y un fondo común para evitar problemas de suministro como sucedió en la pandemia. La posibilidad de mancomunar el presupuesto es uno de los primeros pasos hacia la interoperabilidad, es decir, que puedan generarse sinergias entre los distintos ejércitos europeos con el objetivo de alcanzar la autonomía estratégica deseada. Pues, como ya se ha puesto en evidencia, no es el gasto militar lo que diferencia a Europa de su entorno (sólo por detrás de EEUU), sino la autonomía respecto al suministro de bienes militares, y la operatividad entre los distintos ejércitos de los Estados miembros.
Así, el 6 de marzo, tras la reunión del Consejo Europeo y el lanzamiento del plan Rearmar Europa, se ponía énfasis en la “firme voluntad de reducir sus dependencias estratégicas y aumentar sus capacidades. La base tecnológica e industrial de la defensa europea debe reforzarse en consecuencia en toda la Unión”. El plan incluye las ya citadas compras conjuntas, e incentivar a la industria europea de defensa a través de los presupuestos nacionales y préstamos del Banco Central de Inversiones, el organismo presidido por Nadia Calviño.
Como menciona un informe del Instituto Elcano, bajo estos relatos (Rearmar Europa), “la defensa pasa a ser otro instrumento de competición y se utilizan las inversiones en defensa como un instrumento para potenciar la resiliencia del tejido industrial, el empleo y la prosperidad de las poblaciones”.
Una de las fórmulas ensayadas se puso en marcha tras la invasión de Ucrania, a finales de 2021, con la creación del Fondo Europeo de Defensa. Según el Instituto DELAS, uno de los problemas de este fondo ha sido la opacidad en las adjudicaciones y el desarrollo de programas como los aviones no tripulados dirigidos por IA. Este fondo se dedica a Innovación y Desarrollo en programas militares y, según el Instituto, más del 30% de los fondos han tenido cinco beneficiarios (Leonardo, Thales, Airbus, Saab e Indra). Un proceso de adjudicaciones y desarrollo que pone en cuestión el instituto DELAS al ser estas empresas parte del panel de expertos que ayudó a la Comisión a erigir este fondo.
Otros, en cambio, ven estas sinergias entre empresas privadas europeas o semipúblicas y el Estado como una estrategia necesaria para el desarrollo de la autonomía. Así pues, esta conexión entre oferta y demanda sería propia de una industria oligopólica por definición con un solo comprador (los estados), que premiaría a aquella industria que desarrolla productos bajo la supervisión y dirección del Estado.
Uno de los ejemplos de esta estrategia lo tendríamos en la empresa pública Airbus aerospace y Airbus Military, cuya matriz EADS (fundada por la francesa Matra, la alemana Daimler, y la española CASA) es controlada por los gobiernos de España (4%), Francia (10,83%) y Alemania (10,82%). Sería la más beneficiadade en estos fondos, y uno de los principales contratistas de los Estados miembros (como España).
España: un conglomerado tecnológico-militar afín
Se ha puesto el énfasis en que España estaría en la cola europea en gasto en defensa en relación al PIB. El Gobierno de Sánchez se comprometió tras la cumbre de Madrid de 2021 a alcanzar el 2% del PIB en 2029. Una cifra muy relativa, como muestra un informe de Felix Arteaga, investigador del Instituto Elcano (organismo público de estudios internacionales), pues “España cumple con creces (30,3%) el objetivo del porcentaje de inversión en equipamiento sobre el total de gastos de defensa de la OTAN (20%). De hecho, está por delante de EEUU (29,9%), Dinamarca (29,8%), Alemania (28,7%), Francia (28,4%) e Italia (22,1%)”. A su vez, el incremento del gasto militar no ha hecho más que crecer durante la última década. Entre 2014 y 2024, España aumentó su gasto un 107%. Sin embargo, este incremento se hace menos visible por el crecimiento del PIB en estos años. El investigador del Instituto ve, en consecuencia, imposible que se alcance el 2% del PIB prometido bajo el actual contexto, ya que implicaría un aumento sustancial respecto a la senda trazada en pasados presupuestos. Algo que parece difícil ante la imposibilidad de tener una mayoría que lleve adelante unos nuevos Presupuestos Generales del Estado para este año o el siguiente.
El presupuesto militar del Estado muestra un crecimiento y una concentración de empresas a su alrededor. El principal beneficiario de este sería el conglomerado europeo Airbus (49,6%), seguido por Navantia (14,2%), e Indra (5,8%). Como marca el Ministerio de Defensa en su informe anual, el objetivo del incremento en el presupuesto de defensa es potenciar la inversión en programas militares. Esto supone el “lanzamiento de nuevos programas como los buques hidrográficos, la radio táctica SCRT, el RPAS Sirtap, sistemas de mando y control, misiles Patriot o sustitución de aviones y helicópteros. Estos nuevos programas se unirán a los que están actualmente en desarrollo, entre los que destacan el vehículo 8x8, las fragatas F-110, el submarino S-80, el helicóptero NH-90, el caza de nueva generación NGWS/FCAS, los EF2000, el A400M o los satélites HISDESAT”.
Estos proyectos de I+D cuadran con los movimientos de Sánchez en el campo económico. Por un lado, el nombramiento del expresidente de Indra Marc Murtra en Telefónica –un 10% de sus acciones está en manos de la SEPI–, así como la adquisición de Hispasat por parte de Indra. Ambos movimientos han puesto sobre el tablero la apuesta del gobierno por un sector, el de las telecomunicaciones, como ámbito clave en el esquema de seguridad nacional y defensa.
Por otro lado, Indra, controlada por el Estado (y bajo los mandos de los hermanos Escribano, que controlan el 15%, con el beneplácito de Moncloa), está dispuesta a aprovechar las nuevas inversiones para adquirir otras compañías que amplíen su competencia. Es el ejemplo de la empresa norteamericana fabricante de blindados Santa Bárbara. Indra pretende hacerse con ella para controlar la fabricación de los vehículos blindados 8x8 (ahora participa en la parte electrónica). O la ya mencionada adquisición de la empresa de satélites y telecomunicaciones, Hispasat. Una operación que el ministro de Economía, Carlos Cuerpo, bautizaba como “muy buena noticia para España”, pues refuerza a “una empresa estratégica en un sector clave”, refiriéndose al ámbito aeroespacial y las comunicaciones.
Tras el anunciado plan de rearme de Von der Leyen, y con una opinión pública española tradicionalmente reacia a aumentar el gasto militar, Sánchez quiere reformular el programa Rearmar Europa y dirigirlo hacia la seguridad, y no sólo a las armas. Unos movimientos que muestran la apuesta del Gobierno español por disputar el terreno de la I+D al resto de socios, y optar, con un conglomerado público-privado, a los nuevos fondos pactados en Bruselas. Estas iniciativas enlazan bien con la idea francoalemana de ligar el aumento del gasto en defensa con el empleo y el crecimiento. En ese sentido, la secretaria de Estado de Defensa, Amparo Valcarce, defendió el crecimiento del gasto militar prometido a Bruselas por Sánchez con el argumento de que “solo en 2023, más de 120.000 personas estaban empleadas en el sector de la defensa y de la seguridad”.
Algo que, a priori, no parece chocar con el conglomerado financiero-militar estadounidense, que participa prácticamente en la totalidad de empresas europeas como importante accionista, o incluso como el mayoritario. En la propia Indra, la estadounidense Goldman Sachs supera a los hermanos Escribano en participación. También lo hacían en Telefónica antes de la entrada del Estado en el accionariado.
En resumen, la industria de armamento europea vive su mejor momento desde la Segunda Guerra Mundial, gracias al apoyo de la Comisión Europea y el impulso del eje franco-alemán, que ve en este sector una tabla de salvación al declive de sus economías y a la legitimidad de sus gobiernos. Todo ello dibuja un futuro que, según esos gobiernos, debe conjugar la necesidad operativa de los Estados europeos de controlar los proyectos de la industria militar, con los beneficios en un sector en auge que compite con compañías norteamericanas cada vez más poderosas.
Inteligencia Artificial: El debate que nunca ocurrirá
Gatocobetetorpedo
En la ciencia ficción popular siempre ha sucedido este tópico al presentar una tecnología novedosa de gran peligro para la humanidad: nace de la mente de un científico que resulta ser un sádico perturbado o extorsionado para desarrollar la malignidad que causará grandes desgracias. Tal vez a base de engaños aparentando un beneficio incuestionable de primeras.
La realidad no deja de contradecir esas elucubraciones y nunca es el loco del laboratorio quien decide en exclusiva a partir del odio desquiciado de una vida de obsesiones y aislamiento. Más bien se trata de un consejo de administración corporativo que dirime y da el visto bueno -sin el menor respaldo parlamentario, social o sanitario- al disparate global que van a emprender y afectará a millones de vidas pero con una rentabilidad potencial que casi no pueden imaginar.
En la presente ocasión son miles de millones de vidas. Y esas decisiones acabarán por encauzar la humanidad hacia derroteros concretos, pero imprevisibles.
Los insensatos que han desarrollado estos proyectos iban improvisando a la vez que publicaban sus logros sin filtro, con el fin de captar capital de inversores de riesgo y entidades corporativas mastodónticas. Mientras tanto, el hatajo de oportunistas que supuestamente representan los intereses de los ciudadanos o no tenían el conocimiento para percatarse de la gravedad circundante o no estaban al tanto, sólo al dinero tonto que les cae por calentar la poltrona mientras, con pose egipcia, reciben sobornos de los lobbies implicados.
Por su parte, la sociedad permanecía en completa inopia porque todo se ha presentado gradualmente como si fuera un juego inofensivo y la única voz que ha escuchado fue de la parte convenida, con seducciones y coquetería.
Seamos claros: la irrupción de la IA -o mejor dicho, el cúmulo de algoritmos que deciden- ha llegado al mundo sin filtro ni cuidado, sin miramiento o análisis. Se trata de la ejercitación del más puro neocapitalismo sumado a la ley del embudo. Y parte del inevitable chorro de preguntas que esta situación exige es:
¿Qué intelectuales de múltiples áreas del conocimiento han valorado y considerado las repercusiones negativas a largo plazo de una implementación descuidada de esos algoritmos?
¿Cuándo se ha propuesto a filósofos y otros representantes de la sociedad en el campo de la razón y el pensamiento el análisis de lo que estaba por suceder y su impacto en diferentes franjas de tiempo?
¿Dónde están los análisis éticos o morales realizados antes de su llegada al gran público en previsión de los riesgos y contingencias?
¿Qué comité de ciencias sociales y de la salud ha valorado la forma en que toman decisiones los algoritmos en cuanto a prejuicios y valores? ¿Y quién ha enseñado a los algoritmos cómo y qué incluir o descartar respecto a lo que puede ser pernicioso a nivel social?
¿Por qué han entrenado los algoritmos con material digital del que no tienen derecho de uso o explotación? Aquí aparece el robo de contenido original por parte de las empresas desarrolladoras para entrenar sus modelos y que, para esta situación específica, el control de derechos de autor y copyright no parecía tener importancia.
¿Por qué se ha permitido el uso a gran escala en beneficio de multinacionales sin reconocimiento o retribución alguna?
¿Cuándo se va a analizar y exponer el indeleble impacto social del uso de fotografías personales para generar imágenes en contextos indeseables con el fin de acosar, extorsionar, difundir falsificaciones y bulos y, en general, provocar manipulación social en forma de propaganda, desinformación, condicionamiento o control social?
¿Cuándo se va a informar al usuario final -y más aún, a todos los ciudadanos de cada país- del coste económico y el impacto medioambiental en producir cada contestación, imagen y audio?
¿O en realidad todas estas han sido decisiones tomadas en prerrogativa por directivos que priman el grado de aceptación y éxito entre los betatesters (probadores de ensayos) que conforman el gran público al que se ha sometido a estos experimentos sociales a base de embelecos?
Como resultado, en todas las áreas donde se están implementando los algoritmos generativos de medias verdades -la llamada IA- se producen extensos períodos de prueba e incertidumbre porque, simplemente, se experimenta a la vez que se implementa; o como se dice en el ámbito de la computación: en tiempo real.
Todas las aplicaciones informáticas (diagnósticos médicos, conducción autónoma de vehículos, predicción de reincidencia criminal, generación de código para lenguajes de programación, decisiones crediticias bancarias, valoración del grado de cobertura para asegurados, generación de imágenes, asistencias de soporte a clientes o usuarios, asistencias a la selección de personal en recursos humanos, optimización de la potencia de cálculo de videojuegos mediante atajos en la fidelidad visual…) fluctúan entre lo regular, lo inservible y lo peligroso. Y operan con las personas haciendo estas de cobayas, de modo que las empresas desarrolladoras -o encargadas de su implementación- se ahorran el tiempo de diagnóstico, prueba y búsqueda de problemas imprevistos -junto a tantos otros aspectos de valoración precisa- que sería necesario por lo común.
Es evidente que sale muy barato disponer a capricho de empleados que no están en nómina cuando los Estados miran para otro lado y la legislación es inexistente o precaria y atrasada.
Ninguna ciudadanía ha tenido voz ni voto respecto a lo que ha sobrevenido a la velocidad del rayo en estos últimos años. No ocurrió un debate porque no hubo conocimiento. Y ya es muy tarde.
A partir de ahora el control de los humanos no se hará por humanos. Ahí te quedas, 1984. La distopía está servida.
Cine contra tambores de guerra
Ainhoa Ruiz Benedicto
Co-fundadora de Bretxa Observatori de fronteres. investigadora del Centre Delàs de Estudis per la Pau
Nos encontramos en tiempos complejos, cada vez se escuchan más cerca los tambores de guerra. En este contexto, las voces del pacifismo, las llamadas al sosiego, la serenidad y la diplomacia parecen, no sólo ser denostadas y marginadas, sino que en muchas veces son señalas como voces ingenuas, idealistas e, incluso de gente floja que no quiere luchar. A esto quizás, ha contribuido que, en las últimas décadas, en algunas regiones del mundo, nos hemos olvidado —o querido olvidar— de las consecuencias de las guerras. Ello a pesar de que más de treinta conflictos armados han estado, y están, activos en el mundo, sin que ello lleve a las potencias occidentales a tomar grandes decisiones políticas al respecto para frenarlos. Eso, cuando no echan leña al fuego.
Para hacer un poco de memoria tenemos algunas herramientas, por ejemplo, el cine antibelicista, que podemos considerar un género en sí mismo. La mirada del cine antibélico ha producido películas brillantes hechas para permanecer en la memoria. Incluso, aunque no queramos que lo hagan. Las personas que han visto Johnny cogió su fusil o Masacre, ven y mira, entenderán de qué estamos hablando. En muchas de las películas de este género se exploran, no sólo los daños físicos, también los psicológicos. A menudo, son más graves que los físicos, como nos muestra Vals con Bashir.
La mayoría de los conflictos se llevan a cabo bajo justificaciones que son directamente mentiras y que esconden fines de conquista, expolio o la aniquilación del otro. Nos lo muestran desde diferentes perspectivas La delgada línea roja, Good Morning Vietnam, Tres reyes, El señor de la guerra, Diamantes de sangre o Irish Road.
Con la masacre que está viviendo la población de Gaza, cómo no hacer mención a los niños y niñas, grandes pérdidas de las guerras. Es importante prepararse para ver la cruda La tumba de las luciérnagas o Las tortugas también vuelvan. Las mujeres viven los conflictos armados de maneras muy diferentes, y casi siempre alejadas de narrativas ensalzadoras de lo bélico, como en Hiroshima mon amour, Klondike o Las flores de la guerra.
No podemos olvidar el riesgo de mantener armas nucleares, por mucho que se nos venda que son para la disuasión —más después de que ya se han utilizado contra población civil— Sobre armas nucleares nos hablan When the wind Blows, La hora finalo Juegos de guerra. Desde luego, si alguien sufre en una guerra las mismas consecuencias físicas y psicológicas que un soldado, son las personas que se dedican al periodismo de guerra. Nos lo explican en Las flores de Harrison, La corresponsal o Un día más con vida.
Para recordar lo difícil que es recuperarse después, no sólo físicamente sino también en el nivel comunitario, relacional, económica y mentalmente. Y, en definitiva, lo casi imposible que es recomponer la vida y el cuerpo tras la guerra, tenemos a Tavernier y su La vida y nada más o Rapsodia en Agosto de Kurosawa, además de Son of Babylon de Al Daradji. A los soldados también les cuesta salir del embrutecimiento de la guerra, como nos muestra Capitán Conan, o la película El cazador. Menos mal que también hay películas que nos recuerdan lo fácil y absurdo que es entrar en guerra, y la necesidad de la reflexión ante los agravios, como en Teléfono Rojo.
Muchas personas que lean este artículo no podrán evitar preguntarse ¿pero qué pasa si queremos diplomacia pero el otro quiere guerra? —yo misma me lo planteo— Desde luego, esta perspectiva nos conduce a un gran desasosiego. Pero lo cierto es que, vale la pena intentar un ejercicio de reflexión colectiva antes de iniciar la destrucción segura. Y eso pasa, sobre todo, por recordar.
Y ante la duda, siempre nos queda Apocalypsis Now. La película basada en la novela El corazón de las tinieblas, que denunciaba la brutalidad colonial, y que en la película nos traslada al contexto de la guerra de Vietnam para denunciar brutalidades similares. La legendaria frase del fascinante personaje del coronel Kurtz nos recuerda “He visto horrores”. Seguramente, si nos preguntan, nadie quiere ver el horror.
Fondos que matan
Desde luego que no iban a pillar a Abascal (es metáfora) trabajando en la obra derrumbada de Madrid. Ha sido a un guineano, a un maliense, a un ecuatoriano y a una joven arquitecta española. Mi más sentido pésame a las familias. Ha sido una tragedia pero es todo un signo de los tiempos por muchas razones.
En primer lugar, no es casual que los que estaban en el tajo sean esas personas inmigrantes, esas que para algunos solo vienen a España a robar, a violar, a por "paguitas" y a vivir del cuento. Tampoco es casual que fuera una joven profesional quien estaba a pie de obra a la que, seguramente, le pagarían una miseria. Se llamaban Dambéle, Alfa y Jorge y Laura y todos quedaron sepultados bajo los escombros de la obra de rehabilitación de un edificio en el que se estaba construyendo un hotel de cuatro estrellas en pleno centro de Madrid. Mucho menos es casual que detrás de las obras de dicho hotel esté un fondo buitre saudí de esos que matan de muchas maneras. Unas veces, de forma real y, otras, liquidando una forma de vida. Se trata de ese tipo de sociedades inversoras que actúan carroñeramente. Entre otras dedicaciones, han puesto su punto de mira en la inversión inmobiliaria, causante de la carestía de la vivienda. Están controlando el mercado de la vivienda en España y especulando con la rehabilitación de pisos céntricos de las ciudades españolas. Esos pisos de protección oficial que ya la señora Botella, alcaldesa de Madrid, vendió para después echar a sus ocupantes, esos que algunos llaman "okupas".
Negros, moritos, sudacas, okupas, feministas, maricas, tortilleras, miembros de la flotilla y otro colectivos que no se ajustan a la supuesta normalidad del ser "español" están en la narrativa de la ultraderecha y del PP. Una lluvia fina que están empapando a muchos votantes que se empeñan en mirar a su alrededor con un antifaz que impide conocer la realidad. Es el discurso de la barra de bar y del "pedrosanchezhijodeputa" que está logrando que Vox, sin mover un dedo y sin programa político, pueda obtener más de 80 diputados y que el PP de Feijóo no contemple otra política que la de la borrachera verbal.
La realidad es que ayer murieron tres trabajadores que vinieron a España a realizar las tareas que los "Abascales" no quieren hacer y una joven arquitecta de 30 años con ideales de rehabilitar su Madrid aunque fuera por un salario de mierda. Detrás de esas muertes no hay solo un accidente de trabajadores de la construcción, están las condiciones del mercado de trabajo. Un mercado donde la fuerza de trabajo se vende a cuatro cuartos, donde no se cumple con las leyes de seguridad y de protección a los trabajadores y donde la estigmatización de los mismos, normalmente inmigrantes, está al orden del día.
Un discurso que no es nuevo. Ya en la revolución industrial a los trabajadores se le tildaba de vestir con harapos, de estar delgaduchos, de oler mal, de no saber ni leer ni escribir, de estar tísicos... gente así no tendrían por qué tener un salario, tendrían que dar gracias a Dios por tener una mierda de sueldo. A esto se le llama lucha de clases y sigue funcionando, aunque a los que hablamos de ello también nos estigmaticen llamándonos rojos, venezolanos, comunistas...y cosas peores.
Fondos buitre, en fin, que están liquidando nuestras ciudades y que, indirectamente, ayer también mataron a cuatro trabajadores. Tanto los propietarios del fondo saudí, dueños del edificio, como los trabajadores muertos son extranjeros. No obstante, a los primeros los elevamos a los altares y a los segundos, que nos dan de comer, que cuidan a nuestros mayores, que hacen las tareas que nadie quiere hacer y que contribuyen al gasto social los queremos expulsar del país. Es la ideología imperante en estos momentos.
Páxinas
- « primeira
- ‹ anterior
- …
- 10
- 11
- 12
- 13
- 14
- 15
- 16
- 17
- 18
- seguinte ›
- última »





