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Byung-Chul Han, sobre el móvil y la IA
En realidad, no somos libres, sino que, más bien, nos arrastramos de una adicción a otra, de una dependencia a otra. Nos invade una sensación de vacío. El legado del liberalismo ha sido el vacío. Ya no tenemos valores ni ideales con que llenarlo.
Una monstruosidad en el Mediterráneo ante la que España se humilla
El inmenso portaaviones norteamericano Gerald Ford (https://share.google/Bm8xF1ThbMLodP7us) navega a sus anchas por el Mediterráneo. Su misión (recordemos que España le acompañó con una fragata y le dio recreo en Palma de Mallorca) es clara: mostrar poderío, amenazar, exigir obediencia a sus "aliados", advertir a otras potencias, aprestarse para lo que sea ante Rusia, espiar a los gobiernos, bombardear en Oriente Medio si se tercia, traficar con armas para Israel, etc.
Como es sabido, las bases de Rota y Morón son esenciales, en varios sentidos, para que la VI Flota navegue impunemente por un Mediterráneo militarizado que, por el contrario, debería ser un área de paz y solidaridad internacional, un espacio desnuclearizado, un ejemplo de diálogo entre orillas. Menorca y Málaga también son utilizadas por la VI Flota (https://www.eldiario.es/.../isla-se......)
Exactamente lo mismo que EEUU amenaza con invadir Colombia y Venezuela en busca de petróleo, el portaaviones Gerald Ford (https://share.google/3cRy4eD28sQQZqmAv) hace lo mismo vigilando a unos y a otros, para controlar los estrechos del Bósforo/Dardanelos, Suez y Gibraltar. España, sumisa ante esta situación de belicismo desatado, amablemente pone a disposición de Trump su territorio, su espacio aéreo, sus buques de guerra, sus oficiales y tropa, etc.
Lo que nadie entiende es por qué navega en nuestro Mediterráneo (https://as.com/.../el-buque-de-guer...) un ejército de gorilas que se dedica a amenazar a todos, a bombardear a diestro y siniestro, a ayudar muy directamente al genocidio en Gaza, etc. ¿Por qué España permite, aplaude y se humilla ante este matonismo trumpista desbocado que, de forma tan clara y peligrosa, podría llevarnos a una tercera, y última, guerra (atómica)? ¿No ha llegado la hora de desmantelar las bases de Rota y Morón en vez de mirar hacia otro lado respecto a la ampliación de las mismas que se está produciendo? (https://www.elconfidencialdigital.c......; https://www.lavozdelsur.es/.../rota......).
Europa no puede seguir ignorando las advertencias rusas
”Hay que advertir de nuevo a Londres y París de que, en caso de que envíen tropas al territorio de Ucrania, serán consideradas participantes directas del conflicto, y Rusia se verá obligada a comenzar a lanzar ataques contra sus activos y bases, primero en el extranjero y con municiones no nucleares”. ”Berlín debe saber que si recurre a las armas nucleares y sigue luchando de facto contra Rusia, no habrá piedad”. Sobre el último artículo del profesor ruso Sergei Karagánov.
Un reciente artículo del profesor ruso Sergei Karagánov nos recuerda, en los términos más inquietantes, que Europa no puede seguir ignorando las advertencias del establishment ruso de la seguridad nacional. Hace tres años esa actitud culminó con la invasión rusa de Ucrania. Hoy no se puede anunciar desde Europa una guerra contra Rusia para los próximos años y ponerle incluso fecha, como han hecho algunos importantes jefes militares alemanes, y pretender que no haya consecuencias. Esa actitud que sugiere una profecía autocumplida, equivale a una invitación a que Rusia ataque preventivamente para evitar daños mayores, es decir a una repetición, ahora en grande, de lo que determinó la invasión de Ucrania hace tres años.
El artículo, titulado “Una mala ruptura con Europa”, aquí traducido con sus enlaces en ruso de fácil traducción automática para profundizar en su amplio contexto argumental Una mala ruptura con Europa – Rafael Poch de Feliu, debería ser lectura obligatoria para los ignorantes y desprestigiados energúmenos que gobiernan hoy en Berlín, Londres y París, por no hablar de Bruselas. Condensa muy bien una advertencia a esa Europa que ha renegado de la diplomacia y del diálogo más elemental con una superpotencia nuclear y que se niega siquiera a escuchar los argumentos y puntos de vista de su adversario, apostándolo todo a una “derrota estratégica” tan ilusoria como temeraria y demencial, teniendo en cuenta la capacidad de destrucción masiva en presencia.
El artículo recuerda, de nuevo, que nos estamos metiendo en un enredo sumamente peligroso, como se ha repetido profusamente desde estas páginas, y que estamos gobernados por irresponsables personajes completamente ajenos a esos peligros.
El militarismo y el peligro de una guerra mayor están aumentando en el mundo. En términos históricos las potencias emergentes ganan peso y Occidente, el mundo euroatlántico, lo pierde. La creciente tensión militar mundial se deriva, fundamentalmente, de ese desplazamiento del poder global hacia Oriente y el Sur en detrimento del Norte. En este gran cambio, Rusia es la bisagra. Como país del Norte y parte de Europa, sufre el problema de su declive igual que Estados Unidos y las viejas potencias europeas, pero su dualidad euro-asiática permite a su elite gobernante y a su sociedad un particular juego de adaptación al nuevo mundo que se perfila. Quienes mandan en Rusia no solo pueden permitirse una ruptura con Europa y un enfoque hacia Asia, sino que han concluido que ese tránsito es lo mejor para preservar la independencia y soberanía nacional así como el monopolio de su élite gobernante sobre sus inmensas riquezas ante los embates de la globalización y el militarismo occidental que empalma una guerra con otra desde el fin de la bipolaridad, hace más de tres décadas.
El profesor Sergei Karagánov es uno de los principales intelectuales orgánicos del régimen ruso. Presidente honorario del Consejo de Política Exterior y de Defensa, el principal laboratorio de ideas ruso, Karagánov no marca la línea del Kremlin, pero es uno de los que mejor definen la reflexión rusa en este dramático tránsito. Hace dos años, las observaciones de Karagánov fueron determinantes para que el Kremlin enmendara la doctrina nuclear rusa.
Los ingredientes de Karagánov son un nacionalismo ruso a la Solzhenitsyn (el escritor fue el primero en decir en los noventa que la “salvación” y regeneración de Rusia estaba en Siberia), abierto al cosmopolitismo multicultural soviético que se deriva del universo multinacional de la Federación Rusa, y un gran énfasis en el tradicional militarismo reactivo ruso-soviético, que la estupidez occidental alimentó al ignorar durante décadas los intereses del mayor país de Europa en población y del mundo en territorio. El tercer rasgo es una fuerte autoafirmación de gran potencia que ha ido creciendo a lo largo de los años como reacción a lo que los rusos han vivido como una creciente agresividad y avasallamiento occidental, y que ha tomado el relevo al occidentalismo que dominó el colapso y la humillación del país en los años noventa.
Como adelanto algunos extractos del artículo:
“Desmoronándose por dentro, las élites europeas ya hace una década y media tomaron el rumbo de exagerar la imagen de Rusia como enemigo mortal. Luego, con entusiasmo, se dedicaron a intentar infligir una derrota estratégica a través de Ucrania. Y ahora se han embarcado abiertamente en la preparación para una gran guerra dentro de 5 – 7 años”. (…) “La línea está marcada: dentro de 5-10 años, si no se detiene el proceso, pueden tener muchas más fuerzas armadas. Por ahora no hay que temerles en el ámbito militar, pero si se fortalecen y se envalentonan, volveremos a encontrarnos en una situación de riesgo. No podemos permitir que eso ocurra”.
Con ese “volveremos a encontranos”, Karaganov se refiere a las recurrentes invasiones occidentales sufridas por Rusia a lo largo de su historia y en especial a la última de ellas que ahora se recuerda fue no solo “alemana”, sino “europea”:
”Durante mucho tiempo mostramos una nobleza que resultó ser miope, enfatizamos el papel de los pequeños grupos partisanos antifascistas, en su mayoría comunistas, cerrando los ojos ante el hecho de que Hitler contaba con el apoyo de decenas, si no cientos, de veces más europeos”. Ahora, ”no habrá seguridad mientras no se rompa la voluntad de confrontación de las élites europeas y su esperanza de vencer en tal confrontación”. Para ello, Rusia debería optar por una mucho mayor contundencia militar con “respuestas desproporcionadas”:
”Cualquier provocación en el Báltico, en las fronteras con la OTAN contra Rusia, debe ser respondida de manera desproporcionada”, dice. La argumentación es meridiana:
”Nuestra indecisión, nuestra falta de preparación para responder con dureza
a los ataques contra nuestras ciudades y nuestras fuerzas estratégicas, se interpreta como debilidad, lo que refuerza la sensación de impunidad y la agresividad. Con nuestra cautela, estamos jugando a favor de la estrategia del enemigo, que espera arrastrarnos a una guerra prolongada y, tarde o temprano, agotarnos, provocar una división entre las élites y socavar el apoyo a nuestra máxima autoridad”. (…) “Por eso, en respuesta a esos ataques hay que golpear las fuerzas estratégicas del Reino Unido o incluso de Francia. Anunciando, por supuesto, que en caso de «respuesta», nuestra represalia será nuclear”.
Tras el ataque a Irán del pasado junio que pisoteó todas las líneas rojas, intentando decapitar al grupo dirigente iraní en medio de una negociación, “no quedan dudas” sobre los métodos del adversario, dice Karaganov, “pero el objetivo principal somos nosotros”. Occidente debe volver a temer a Rusia, de lo contrario los riesgos de una guerra nuclear serán mucho mayores, y para ello Moscú debe hacer valer su músculo nuclear:
”Hay que advertir de nuevo a Londres y París de que, en caso de que envíen tropas al territorio de Ucrania, serán consideradas participantes directas del conflicto, y Rusia se verá obligada a comenzar a lanzar ataques contra sus activos y bases, primero en el extranjero y con municiones no nucleares”. Alemania ocupa un lugar central en esa advertencia:
”Berlín debe saber que si recurre a las armas nucleares y sigue luchando de facto contra Rusia no habrá piedad. Y Alemania por fin responderá por su culpa histórica ante una humanidad que intenta olvidar: por desencadenar dos guerras mundiales, por el Holocausto, el más terrible de los muchos genocidios cometidos por los europeos, y por el genocidio de los pueblos de la URSS. La nobleza de los dirigentes soviéticos, que impidieron la liquidación de Alemania, resultó contraproducente. No se puede permitir que Alemania vuelva a ser una amenaza para la paz y para nuestro país”. (…)
La moderación y la buena voluntad son contraproducentes y se impone un realismo militar tan frio como demencial:
”Es necesario renunciar, al menos a nivel de expertos, a la tontería heredada de la época de Gorbachov y Reagan: la afirmación de que «en una guerra nuclear no puede haber vencedores y no debe desencadenarse». Por supuesto, hay que tomar todas las medidas para evitar una gran guerra. Pero esta postura no solo contradice las doctrinas sobre el uso de armas nucleares y la lógica elemental, sino que también allana el camino para la agresión no nuclear, que es lo que hemos obtenido”. (…) Así que la conclusión que se impone es de un brutal realismo, digno de los “estrategas” americanos de la guerra fría:
“Vale la pena pasar a una táctica de amenazas directas, respaldadas por la disposición a recurrir, en caso extremo, a ataques preventivos, inicialmente con armas no nucleares. (…) Si todas las medidas no sirven de nada, habrá que pasar a la siguiente fase y empezar a lanzar ataques contra centros logísticos y bases militares en los países que apoyan la agresión contra Rusia” (…)”En caso de que se llegue —Dios no lo quiera— a la necesidad de lanzar ataques desarmadores y decapitadores contra Gran Bretaña e incluso Francia, será necesario activar el sistema de defensa antimisiles, la defensa civil, y advertir de que si una sola ojiva del adversario llega a nuestro territorio o al de Bielorrusia, estos países serán borrados de la faz de la tierra”.
Europa no puede seguir ignorando las advertencias rusas y tiene que regresar a la diplomacia y el diálogo con su adversario.
Fuente: https://rafaelpoch.com/2025/09/04/e...
Ver también:
Indra: De lucrarse con la securitización fronteriza a la apuesta por las armas
La situación de inestabilidad que vive Europa se ha revelado como una jugosa oportunidad de negocio para tecnológicas como la que preside Ángel Escribano, que han apostado por orientar su producción hacia el sector armamentístico.
Alejandra Mateo Fano
El pasado 4 de octubre, el presidente de la multinacional tecnológica Indra Sistemas, Ángel Escribano, hacía un alegato en favor de fortalecer “la conciencia sobre seguridad” y sobre la necesidad de invertir en la industria de defensa en Europa. El argumento esgrimido era que es algo necesario para hacer frente a las amenazas llegadas en forma de guerra híbrida, esgrimiendo acontecimientos como la reciente entrada de aeronaves rusas en el flanco oriental de la OTAN. Lo hacía en una mesa redonda celebrada en el Foro La Toja-Vínculo Atlántico, donde interpelaba directamente a los Estados, instándoles a aumentar sus esfuerzos para hacer frente a posibles frentes bélicos inmediatos.
En los últimos meses, la retórica del miedo y la amenaza permanente ante una escena geopolítica salpicada de tensiones y amenazas tanto físicas como híbridas ha afianzado la aceptación social del gasto militar. Desde que los Estados que componen UE comenzaran a poner en práctica políticas de rearme ante la hipotética amenaza directa de Rusia, España ha duplicado su inversión militar alcanzando la cifra récord de 33.123 millones de euros, es decir, llegando al 2% del Producto Interior Bruto (PIB).
El Ministerio de Defensa busca acelerar su producción armamentística a toda costa y para ello necesita de empresas que satisfagan tales requerimientos, lo que actualmente se traduce en un crecimiento exponencial de aquellas compañías que dedican parte de su producción al sector de las armas y municiones. De hecho, la inestabilidad que vive hoy Europa se ha revelado como una jugosa oportunidad de negocio para algunas de estas, que han apostado por orientarse cada vez más hacia la producción de armas.
Indra es hoy el paradigma de la reconversión hacia este modelo empresarial tan lucrativo. Aunque esta empresa se ha centrado tradicionalmente en materiales electrónicos destinados la seguridad y el control fronterizo, hoy destina más del 21% de su producción al ámbito militar. Esta cifra, no obstante, va en aumento desde el lanzamiento del plan de rearme de la UE y la intención por parte de la Comisión Europea de que los 27 alcancen el 5% de su presupuesto defensivo, siguiendo la senda que impuso Donald Trump a los socios de la OTAN.
Oligopolio armamentístico
En los últimos años Indra se ha convertido en la tercera empresa armamentística española, por detrás Airbus y Navantia. Estas tres compañías conforman un oligopolio, ya que son de las pocas españolas capaces de fabricar productos y servicios tanto de ciberseguridad como puramente militares. “Indra se ha lanzado de forma desmesurada al ámbito militar, y no solamente porque hasta ahora ya fuera una potentísima empresa en el ámbito de la electrónica, sino porque casi todos los buques de guerra, los aviones militares, las tecnologías aplicadas a las elecciones de misiles o los sistemas de vuelo de los aviones de combate los produce Indra de forma casi exclusiva”, indica Pere Ortega, director del Centre Delàs d'Estudis per la Pau en conversación con El Salto.
Desde el inicio de la invasión de Ucrania, el Gobierno ha ido aumentando su accionariado en la empresa a través de la Sociedad Estatal de Participaciones Industriales (SEPI) de manera que, según este organismo, ha pasado de poseer el 21% al 28%, siendo ya el accionista mayoritario. La protección del Estado, aseguran desde el Centre Delàs, se traduce en que Indra tiene su mayor concentración de negocio en el sector público. En paralelo, la empresa ha adquirido el 89,7% del accionariado de Hispasat, dedicada a comunicaciones y satélites. El Estado español también fomenta la acción de Indra dándole cada vez más presencia en las universidades públicas. Por ejemplo, la Universidad Carlos III de Madrid firmó un convenio de colaboración para llevar a cabo de forma conjunta actividades formativas y de investigación en desarrollo tecnológico.
El grueso del desarrollo industrial de Indra se basa desde hace décadas en la fabricación de sistemas tecnológicos de seguridad. “Los sistemas diseñados y fabricados por Indra incluyen: radares 3D para la vigilancia del espacio aéreo, sistemas de mando y control y diseño e integración de complejos sistemas de comunicaciones adecuados a las necesidades específicas del cliente”, describe la empresa en su página online.
La fabricación de sistemas de electrónica militar, simuladores de vuelo y de tiro o de defensa electrónica, así como radares y sensores, son algunos de los productos que ofrece. Un estudio de la Fundación PorCausa apunta a Indra como una de las empresas que más se ha lucrado con la militarización y la securitización fronteriza en España: en 2005 construyó la tercera valla fronteriza marroquí en Melilla y ganó, junto a ACS y Ferrovial, ocho de cada diez euros que se gastaron en las vallas de esta ciudad así como de Ceuta.
El informe detalla, además, que Indra se encuentra entre los principales contratistas de Frontex y otras agencias de la UE en materia de seguridad y control de fronteras. Así, según el Centre Delàs, en 2015 Indra obtuvo 540 millones de euros relacionados con el sector de la defensa, de los cuales 110 millones procedieron del Gobierno español.
La amenaza rusa como pretexto para engrosar la producción armamentística
Actualmente, Indra se está orientando poco a poco hacia la fabricación armamentística.“Indra ve aquí un gran pastel, y que ellos quieren formar parte del repartimiento de este pastel, porque son los Estados los que van a poner el dinero”, sostiene Ortega. Entre los productos militares que fabrica se encuentran radares y sistemas de aviónica y armas para el caza Eurofighter; simuladores y sistemas de contradefensa para el avión de transporte A400M, ensamblado en Sevilla; o los sistemas de combate de los tanques Leopard españoles.
En esta línea, Pablo Aguiar, director de Fundipau, refiere que “una inyección como la que se ha planteado, de 800.000 millones en los próximos cuatro años adicionales a lo que era el gasto militar que ya llevaban a cabo los países miembros de la Unión Europea, es un aliciente enorme para todo lo que tiene la industria armamentística”. Este viraje hacia la industria de la guerra se ha reflejado recientemente en la adquisición de la división de drones (Weapons&Ammunition) de la compañía malagueña Aertec para la producción de vehículos aéreos no tripulados (UAV).
Aguiar apunta que, mientras el gasto militar ha batido récords estos últimos años, entidades como USIP, un instituto de paz que hacía tareas importantes en Estados Unidos, han disminuido enormemente sus recursos públicos. “El lobby militar tiene una fuerza enorme y es muy capaz de influenciar sobre las élites políticas, alimentando el relato de que Rusia es un actor peligroso con lo cual hay que invertir”, alega el director de Fundipau.
La retórica del miedo ante una posible amenaza híbrida por parte de esta potencia ha contribuido a su vez a legitimar el uso de soluciones bélicas para poner fin a cualquier conflicto que pudiera abordarse desde una óptica diplomática. Según señalan desde el Cente Delàs, un gasto en defensa elevado, especialmente cuando es replicado por Estados rivales, fomenta carreras armamentísticas y percepciones erróneas de amenazas, “factores que aumentan el riesgo de enfrentamientos bélicos”.
Asia, África y Oriente Medio, mercados para las armas españolas
Pero el nuevo enfoque estratégico y sustancial en las capacidades armamentísticas de Indra no solo viene a satisfacer al sector militar español. Desde años atrás un porcentaje importante de la tecnología militar con marca España se exporta o desarrolla en terceros países. En concreto, estados de Oriente Medio, pero también otros en Asia como Indonesia, Malasia, Filipinas, Kazajistán, Pakistán, Tailandia, Vietnam o India o Estados del África subsahariana, son los principales compradores de armas. España es el octavo país exportador de armas del mundo, sus exportaciones representan el 3% del comercio mundial de armas y éstas componen el 1% de la balanza comercial del país.
Las exportaciones a Oriente Medio, según el Centre Delàs, representan el 18% del total exportado por España, siendo los principales destinos Arabia Saudí, Israel, Omán, Kuwait, Egipto y Emiratos Árabes Unidos. Indra se encuentra detrás de algunos de estos contratos. Como se hizo eco la campaña Desarmando Indra, la empresa ha fabricado sistemas y componentes para aviones de transporte de tropas y material militar para Arabia Saudí, como el alertador de radar RWR (Radar Warning Receiver) ALR-300V2B, utilizado durante la guerra contra Yemen.
“El ejército saudí usa armas con componentes y productos electrónicos producidos por Indra, como el Eurofighter. Arabia Saudita lidera una coalición internacional que lleva a cabo operaciones militares en Yemen en las que ha bombardeado objetivos civiles que incluyen escuelas, instalaciones médicas, mezquitas y mercados. Por tanto, el Gobierno español e Indra son colaboradores necesarios de Arabia Saudí y sus violaciones de derechos humanos”, señalan desde el Centre Delàs. Según esta entidad, Indra tampoco se libra de su responsabilidad respecto al genocidio israelí en Palestina: en una investigación reciente, publicada en marzo de 2025, el vehículo 8x8 “Dragón”, un producto fabricado por las empresas Escribano M&E, Indra y Santa Bárbara Sistemas, utiliza al menos cinco productos de tres empresas israelíes de defensa.
Para Aguiar, el aumento de la producción destinada a exportar armamento a países en conflicto va a incrementar a largo plazo la conflictividad internacional y la posible tendencia a resolver los conflictos militarmente: “Creemos que en los próximos años el resultado será terrible desde el punto de vista de la paz internacional”, sostiene. “Claramente se va a convertir en uno de los negocios más lucrativos de las empresas españolas en los próximos años”, destaca el director de Fundipau, que advierte de que “en el fondo esta reorientación de las empresas vinculadas con el Estado está empobreciendo a la ciudadanía porque todos aquellos recursos que se planean destinar al armamento van a detraer de otro tipo de políticas sociales”. “El secretario general de la OTAN lo ha dicho muy claramente al afirmar que ‘Europa invierte demasiado en estado de bienestar'”, concluye.
Lo que no se contaba sobre la Libia de Gaddafi
Gaddafi: lo que nunca te contaron.
Cuando se habla de Muammar Gaddafi, los grandes medios siempre repiten la palabra “dictador”. Pero pocas veces cuentan cómo vivía realmente el pueblo libio bajo su gobierno y por qué Occidente decidió destruirlo.
Privilegios del pueblo libio.
Antes de 2011, Libia era el país con mejor calidad de vida de toda África.
La educación y la salud eran gratuitas.
El nivel de alfabetización superaba el 80%.
El Estado financió enormes proyectos de agua, como el Gran Río Artificial, considerado una de las mayores obras de ingeniería del mundo.
Los ingresos del petróleo se destinaban a vivienda, carreteras, electricidad y subsidios que garantizaban abundancia para la mayoría.
El modelo económico de Gaddafi
Gaddafi nacionalizó el petróleo y con ese dinero levantó un sistema social que sacó de la pobreza a millones de libios. Su “Libro Verde” rechazaba tanto el capitalismo como el comunismo, proponiendo un modelo propio basado en los “congresos populares”.
Pero su mayor “pecado” fue soñar en grande:
Crear una moneda africana respaldada en oro.
Repartir directamente a cada ciudadano su parte de la renta petrolera.
Impulsar la idea de unos “Estados Unidos de África” que negociaran de igual a igual con Europa y EE.UU.
¿Por qué Occidente lo destruyó?
El verdadero peligro de Gaddafi para la CIA, la OTAN y el sionismo no era el “terrorismo”, sino su independencia económica y política.
Mientras las potencias querían petróleo barato y obediencia, él levantaba un proyecto soberano, legítimo, que no dependía del FMI ni del dólar.
Y cuando un país africano muestra que puede vivir con dignidad sin arrodillarse, automáticamente se convierte en “amenaza” para el orden global.
¿Dictador o rebelde?
Sí, Gaddafi fue estricto y autoritario en muchos aspectos. Pero jamás fue un islamista radical ni exportó terrorismo. Durante décadas, Libia bajo su mando fue uno de los países más estables de la región: no había atentados, no había guerras civiles, no había grupos yihadistas. Eso llegó después, con la “intervención humanitaria” de la OTAN en 2011.
Él mismo lo dijo en la ONU:
“El Consejo de Seguridad debería llamarse Consejo del Terror. Es feudalismo político para quienes tienen asientos permanentes.”
Y también advirtió a los africanos:
“¿Cómo puede un país africano enfrentarse a una Europa unida? Solo con una África unida podremos negociar en igualdad.”
¿Y qué pasó después de 2011?
La OTAN justificó la invasión diciendo que iba a llevar “democracia” y “estabilidad” a Libia. La realidad fue exactamente lo contrario:
El Estado libio colapsó y el país se fragmentó en facciones rivales.
Milicias armadas y grupos extremistas ocuparon ciudades enteras.
El terrorismo, que nunca existió bajo Gaddafi, floreció tras su caída.
Libia pasó de ser el país más próspero de África a un escenario de guerra civil, crisis humanitaria y migrantes vendidos como esclavos en mercados abiertos.
Hoy Libia es un territorio dividido, sin gobierno central fuerte, y convertido en un tablero donde potencias extranjeras compiten por recursos y control estratégico.
De ser un país estable y con servicios sociales de calidad, se convirtió en un infierno de violencia e inestabilidad. Esa es la “democracia” que trajo Occidente.
Nos engañaron
La historia oficial nos mostró a un tirano. Pero la realidad es que Gaddafi garantizó bienestar, educación, salud y estabilidad para su pueblo, y defendió un modelo africano independiente del poder occidental.
Por eso lo eliminaron. No porque fuera un peligro para la humanidad, sino porque era un peligro para los intereses de quienes dominan el petróleo, las finanzas y la geopolítica global.
España pagará el armamento de Estados Unidos para Ucrania: La factura de la guerra ajena
Redacción
Mientras Trump convierte la solidaridad en negocio, Europa —y España— asumen el coste de una guerra que amenaza con eternizarse.
LA GUERRA COMO NEGOCIO GLOBAL
España ha decidido financiar armamento estadounidense para donarlo a Ucrania. No se trata de material propio, como el que ya envía desde 2024 por valor de 1.000 millones de euros anuales, sino de comprar armas a Washington para luego regalarlas a Kiev a través del programa PURL (Prioritized Ukrainian Requirements List) impulsado por la OTAN. Es decir: Estados Unidos deja de donar armas y Europa paga la cuenta.
El programa nació en agosto de 2025, cuando Donald Trump cortó en seco las ayudas militares gratuitas a Ucrania que mantenía su predecesor, Joe Biden. Desde entonces, los países aliados se han apresurado a sustituir ese flujo con dinero propio. Alemania, Países Bajos, Canadá, Dinamarca, Noruega y Suecia ya financiaron los primeros cuatro paquetes de armas estadounidenses —entre ellos misiles Patriot y cohetes Himars, valorados en 2.000 millones de dólares—. A mediados de octubre se sumaron Estonia, Letonia, Lituania, Bélgica, Luxemburgo, Finlandia e Islandia. Ahora lo hace España.
El argumento esgrimido por el secretario general de la OTAN, Mark Rutte, suena tan simple como inquietante: “Sabemos lo que Ucrania necesita y solo Estados Unidos puede proporcionarlo”. Lo que no dice Rutte es que ese “saber” tiene precio y se paga en dólares. Trump transforma la ayuda militar en una transacción comercial y Europa la acepta como si fuera un deber moral.
La guerra se ha convertido en una cadena de suministro y pago, con el Pentágono al final del embudo. Estados Unidos deja de poner las armas gratis, pero mantiene el control total sobre quién las compra, quién las usa y contra quién se disparan. Kiev recibe el fuego; Washington, los beneficios.
UNA EUROPA EN SILENCIO Y UNA ESPAÑA SUMISA
España entra en el juego con discreción, sin cifras cerradas pero con el cheque preparado. Según fuentes militares, la contribución podría rondar los 200 millones de euros. No es solo un gesto hacia Kiev. Es también una ofrenda diplomática a la Casa Blanca, una forma de “suavizar tensiones” con Trump después de que el mandatario estadounidense amenazara con expulsar a España de la OTAN por no elevar su gasto militar al 5% del PIB. Tras varias amenazas —expulsión, aranceles, “reprimenda”— el tono ha bajado, pero el mensaje sigue siendo el mismo: obedecer o pagar.
El presidente Pedro Sánchez ha insistido en que España “será parte de la solución” y “seguirá ayudando a Ucrania”. Pero la ayuda se ha convertido en una palabra vacía cuando se canaliza a través de la industria armamentística. No hay ayuda cuando la solidaridad pasa por caja. No hay defensa de los derechos humanos cuando los contratos se firman con fabricantes de misiles.
Mientras tanto, el Instituto de Kiel ha documentado un descenso del 43% en la asistencia armamentística total a Ucrania en el primer semestre de 2025. El motivo no es la falta de voluntad europea, sino el fin del apoyo gratuito estadounidense. Washington ha pasado de ser el donante principal al proveedor de lujo. Los mismos sistemas que antes enviaba sin coste —Patriot, Himars, Javelin— ahora se venden. Y Europa paga por mantener la guerra que EE.UU. ya no quiere financiar, pero tampoco dejar morir.
España, en plena crisis presupuestaria, se suma a esa rueda sin discutir el modelo. Mientras la sanidad se precariza, la vivienda se encarece y los salarios no alcanzan, el Gobierno encuentra margen para transferir millones a la industria bélica estadounidense. Todo en nombre de una guerra que, lejos de resolverse, ha entrado en fase de negocio estructural.
El efecto colateral más evidente es político: el gesto pretende recomponer las relaciones entre Madrid y Washington tras meses de frialdad. Pero el precio es alto. España legitima una política exterior basada en el chantaje y la sumisión, renunciando a cualquier autonomía diplomática real. En lugar de defender la paz, financia la prolongación del conflicto.
Y detrás de cada titular sobre “ayuda militar” se oculta una verdad incómoda: Europa no está ayudando a Ucrania, está sosteniendo a la industria armamentística de Estados Unidos. Los mismos misiles que se presentan como “solidaridad” son los que impiden cualquier negociación de paz.
Nadie se atreve a preguntar cuánto durará esta dinámica, ni qué clase de seguridad puede construirse sobre contratos de muerte. Porque la guerra, cuando se convierte en mercado, ya no necesita justificación: solo clientes.
Els genocides no poden dictar la Pau
Más abajo, en castellano.
Els genocides no poden dictar la Pau
Un conegut comentarista gràfic va dibuixar fa unes setmanes una vinyeta en la qual un atracador, pistola en mà, es dirigia a la seua víctima dient-li: "dona'm tot el que tingues o et mate". La víctima li contestava: "és un ultimàtum?". Al que l'atracador contestava: "jo preferisc anomenar-ho pla de pau". Eixa és justament la realitat vigent hui a Gaza després de l'entrada en vigor del conegut com a "Pla de Pau de Donald Trump". El pla, per molt que empre il·legítimament el nom de la Pau, a penes suposa un fràgil alto-el-foc, i ha sigut acceptat pels resistents palestins per la simple raó que no tenien cap marge per a negar-se, o per a negociar un tractat que salvaguardara algun dels seus interessos. Era un simple: "o acceptes la rendició incondicional, o la massacre continua".
El pla d'alto-el-foc, com potser és millor denominar-lo, imposa a les persones de Gaza unes condicions lleonines, obligant-los a evacuar més de la mitat de la franja, incloent-hi la seua frontera amb Egipte, aïllant-los internacionalment de manera definitiva, i impedint-los usar les poques terres agrícoles de què disposa l'enclavament. Totes eixes zones quedaran en poder d'Israel per un temps no especificat en l'"acord". A més, els gazatíes perdran tota autonomia política, passant a ser governats per una administració colonial imposada pel mateix Trump. Hi ha altres clàusules igualment vergonyants. Per descomptat, no es parla res sobre jutjar als culpables del genocidi o de reparar l'incalculable mal causat. Tampoc sobre les grans apropiacions de terra palestina a Cisjordània que Israel està realitzant en este moment.
El citat pla de Trump va ser ràpidament aplaudit per les autoritats de la Unió Europea i els presidents dels seus diferents estats, Pedro Sánchez entre ells. Hi ha una altra vinyeta que dibuixa una mà empunyant una pistola amb silenciador. La mà és Israel, l'arma és els Estats Units i el silenciador, la Unió Europea.
Israel, a més, és un estat amb una llarga tradició d'incompliment de tractats. Sota el patrocini estatunidenc i el silenci de la comunitat internacional, no hi ha cap raó per a pensar que esta vegada sí que respectarà algun dels seus compromisos, per molt mínims que siguen. De fet, no hi ha hagut dia des de la seua firma en què l'exèrcit israelià haja deixat d'assassinar persones palestines. En estos moments seguix bloquejat l'accés de l'ajuda humanitària. És de creure que, amb els ostatges en el seu poder, és qüestió de temps que Israel prosseguisca el genocidi amb operacions militars a gran escala.
D'altra banda, cal alegrar-se de l'enorme ona de solidaritat cap al poble palestí que recorre el planeta sencer. Mobilitzacions, protestes, manifestacions, boicot... són algunes de les nombroses estratègies pacífiques que la societat civil, ací i allà, està desenvolupant per a obligar a la subornada i insensible classe política occidental a prendre mesures per a detindre la matança. Pensem que estes iniciatives ciutadanes preocupen els genocides, colpegen alguns dels seus interessos, i són la causa de que intenten llavar la imatge de la seua operació bèl·lica e intenten detindre les protestes, mitjançant l'alto-el-foc de què parlem.
Per això, és crucial que la mobilització solidària amb Palestina continue. Com s'ha dit en altres ocasions, i en este cas resulta patent "és el poble qui salva al poble". Vist el vist, poc esperem de la voluntat i l'ètica dels polítics que ens governen. Però confiem en que, almenys, mitjançant la pressió pacífica que puguem exercir, aconseguirem obligar-los a actuar. Les reivindicacions que plantegem al govern espanyol són estes:
1- Prohibició total (no parcial, que és el que disposa la llei recentment aprovada en Les Corts) de tota mena de comerç de caràcter bèl·lic amb Israel. Això inclou que els ports espanyols, l'espai aeri de l'estat o les seues aigües territorials no puguen ser utilitzades per ningú per a assortir a Israel de subministraments militars.
2- Aplicació estricta dels dictàmens de l'ONU que prohibixen qualsevol tipus d'activitat comercial relacionada amb l'economia dels territoris il·legalment ocupats per Israel en Palestina.
3- Ruptura de relacions diplomàtiques amb Israel.
4- Adhesió a les causes obertes contra Israel per crims de lesa humanitat en diferents tribunals, nacionals i internacionals.
5- Postura activa davant les instàncies internacionals corresponents perquè Israel reba sancions econòmiques mentres no cesse el genocidi, el aparheid i la seua apropiació il·legal de terres. Això inclou la prohibició de que artistes, esportistes o clubs d'Israel participen en qualsevol tipus de certàmen cultural o torneig esportiu internacional.
Pau i Justícia per a Palestina! Alt al genocidi ja!
Elx, 24 d'octubre de 2024.
Los genocidas no pueden dictar la paz
Un conocido comentarista gráfico dibujó hace unas semanas una viñeta en la que un atracador, pistola en mano, se dirigía a su víctima diciéndole: "dame todo lo que tengas o te mato". La víctima le contestaba: "¿es un ultimátum?". A lo que el atracador contestaba: "yo prefiero llamarlo plan de paz". Esa es justamente la realidad vigente hoy en Gaza tras la entrada en vigor del conocido como "Plan de paz de Donald Trump". El plan, por mucho que emplee bastardamente el nombre de la Paz, apenas supone un frágil alto el fuego, y ha sido aceptado por los resistentes palestinos por la simple razón de que no tenían margen alguno para negarse, o para negociar un tratado que salvaguardara alguno de sus intereses. Era un simple: "o aceptas la rendición incondicional, o la masacre continúa".
El plan de alto el fuego, como quizá sea mejor denominarlo, impone a las personas de Gaza unas condiciones leoninas, obligándoles a evacuar más de la mitad de la franja, incluyendo su frontera con Egipto, aislándoles internacionalmente de forma definitiva, e impidiéndoles usar las pocas tierras agrícolas de que dispone el enclave. Todas esas zonas quedarán en poder de Israel por un tiempo no especificado en el "acuerdo". Además los gazatíes perderán toda autonomía política, pasando a ser gobernados por una administración colonial impuesta por el propio Trump. Hay otras cláusulas igualmente vergonzantes. Por supuesto, no se habla nada sobre juzgar a los culpables del genocidio o de reparar el incalculable daño causado. Tampoco sobre las grandes apropiaciones de tierra palestina en Cisjordania que Israel está realizando en este momento.
El citado plan de Trump fue rápidamente aplaudido por las autoridades de la Unión Europea y los presidentes de sus diferentes estados, Pedro Sánchez entre ellos. Hay otra viñeta que dibuja una mano empuñando una pistola con silenciador. La mano es Israel, el arma es Estados Unidos y el silenciador, la Unión Europea.
Israel, además, es un estado con una larga tradición de incumplimiento de tratados. Bajo el patrocinio estadounidense y el silencio de la comunidad internacional, no hay razón ninguna para pensar que esta vez sí va a respetar alguno de sus compromisos, por muy mínimos que sean. De hecho, no ha habido día desde su firma en que el ejército israelí haya dejado de asesinar personas palestinas. En estos momentos sigue bloqueado el acceso de la ayuda humanitaria. Es de creer que, con los rehenes en su poder, es cuestión de tiempo que Israel prosiga el genocidio con operaciones militares a gran escala.
Por otra parte, cabe alegrarse de la enorme ola de solidaridad hacia el pueblo palestino que recorre el planeta entero. Movilizaciones, protestas, manifestaciones, boicot... son algunas de las numerosas estrategias pacíficas que la sociedad civil, aquí y allá, está desarrollando para obligar a la sobornada e insensible clase política occidental a tomar medidas para detener la matanza. Pensamos que estas iniciativas ciudadanas preocupan a los genocidas, golpean algunos de sus intereses, y son la causa de que intenten lavar la imagen de su operación bélica, así como detener las protestas, mediante el alto el fuego de que hablamos.
Por ello, es crucial que la movilización solidaria con Palestina continúe. Como se ha dicho en otras ocasiones, y en este caso resulta patente "es el pueblo quien salva al pueblo". Visto lo visto, poco esperamos de la voluntad y la ética de los políticos que nos gobiernan. Pero esperamos que, al menos, mediante la presión pacífica que podamos ejercer logremos obligarles a actuar. Las reivindicaciones que planteamos al gobierno español son estas:
1- Prohibición total (no parcial, que es lo que dispone la ley recientemente aprobada en las cortes) de todo tipo de comercio de carácter bélico con Israel. Esto incluye que los puertos españoles, el espacio aéreo del estado o sus aguas territoriales no puedan ser utilizadas por nadie para surtir a Israel de suministros militares.
2- Aplicación estricta de los dictámenes de la ONU que prohiben cualquier tipo de actividad comercial relacionada con la economía de los territorios ilegalmente ocupados por Israel en Palestina.
3- Ruptura de relaciones diplomáticas con Israel.
4- Adhesión a las causas abiertas contra Israel por crímenes de lesa humanidad en diferentes tribunales, nacionales e internacionales.
5- Postura activa ante las instancias internacionales correspondientes para que Israel reciba sanciones económicas en tanto no cese el genocidio, el aparheid y su apropiación ilegal de tierras. Esto incluye la prohibición de que artistas, deportistas o clubs deportivos de Israel participen en cualquier tipo de certámen cultural o torneo deportivo internacional.
¡Paz y Justicia para Palestina! ¡Alto al genocidio ya!
Elx, 24 de octubre de 2024.
El movimiento civil BDS desafía la impunidad de Israel
Gorka Castillo
Dos años de genocidio en Gaza no han servido para resquebrajar esa especie de protectorado comercial e indulgente que las potencias occidentales mantienen con Israel desde su fundación. Sólo la presión social, con movilizaciones multitudinarias y operaciones intrépidas como la protagonizada por la Global Sumud Florilla hace unas semanas, ha logrado provocar algún quebradero de cabeza a una clase política instalada en una indolencia incomprensible frente al drama palestino. Las protestas, tan dispares como insólitas, han subido tanto su intensidad que algunos gobiernos, amilanados por la magnitud, han decidido lavar su mala conciencia con gestos teatrales de reconocimiento a Palestina porque Israel la está exterminando. Poco más han hecho. Pero esta realidad ha impulsado otra, la repulsa ciudadana. El resultado está siendo fortísimo, pura sacudida emocional. Detrás de este desafío civil internacional se encuentra el movimiento global ‘Boicot, Desinversiones y Sanciones contra Israel' (BDS), nacido hace 20 años de las ruinas de los Acuerdos de Oslo, del hundimiento de la OLP y, sobre todo, del sometimiento del pueblo palestino, o lo que quedase de él, a un régimen de apartheid equiparable al que sufrió la población negra en Sudáfrica.
En BDS advierten de que nada ha cambiado con el plan presentado por Trump en una cumbre estrambótica donde trató de cubrir sus vergüenzas con un alto el fuego que Israel violó al día siguiente. La cuestión territorial y penal ha comenzado a tomar vuelo. La campaña se centra ahora en cómo poner fin a la ocupación israelí, algo que la mayoría de los judíos y de los países occidentales no apoya en los términos que recoge la ONU, y en que los crímenes perpetrados por los israelíes en estos dos últimos años no queden impunes. “No hay ningún plan de paz”, dicen en BDS sobre el proyecto de Trump. “Solo se trata de salvar al gobierno racista y colonial de Netanyahu de un aislamiento global que va en aumento y que acarreará graves consecuencias”, añaden.
Por estos motivos, han vuelto a emplazar a las sociedades civiles del mundo a que intensifiquen las protestas a favor de un boicot económico efectivo y total que arruine los objetivos despóticos israelíes. El Movimiento Anti Apartheid (AAM) sudafricano ya puso en marcha similares mecanismos de bloqueo a mediados del siglo pasado y terminó asfixiando una estructura racista de poder que parecía inabordable. Por eso Sudáfrica es el espejo donde se mira el BDS, su fuente de inspiración. En la declaración fundacional de este movimiento no violento internacional se expone con toda claridad que sus principios se sustentan sobre una sólida coalición de sociedades civiles dispuestas a derribar las complicidades ocultas y patentes que alimentan un país que ha trenzado su existencia con los códigos coloniales de la ocupación, el saqueo y el crimen. En cierto modo, este manifiesto fue casi como una última llamada, casi desesperada, del masacrado pueblo palestino al mundo, a través de más de un centenar de organizaciones civiles surgidas en los territorios ocupados, en Israel y en la diáspora, con el respaldo de todo su espectro político. Desde comunistas laicos a religiosos, desde partidarios de dos Estados y a los que defienden sólo uno. Ahí están, por supuesto, las principales fuerzas políticas islamistas pero también los sindicatos, los comités conformados para administrar los campos de refugiados, las asociaciones de presos, los centros artísticos y culturales, y todos los grupos de resistencia no violenta que existen, incluido el Holy Land Trust que fundó un cristiano-palestino llamado Sami Awad.
Jorge Ramos es profesor de Historia Moderna y Contemporánea de la Universitat de València y forma parte de este movimiento. “El BDS también es una herramienta que cualquier persona, institución o gobierno puede utilizar porque armoniza un rango de complicidades diferentes y muy extenso. No sólo es un llamado internacional al boicot a Israel. Es también un requerimiento a la desinversión de capital y a las sanciones”, explica. Lo interesante es que se trata de un movimiento nacido, agrega este activista, “de un profundo proceso de escucha del norte global respecto al sur global, algo poco habitual en nuestras sociedades, siempre fascinadas con el pensamiento de que la razón universal está de nuestro lado”.
La principal innovación del BDS no reside en las diversas campañas de boicot y embargos de armas que tantas veces ha propuesto sin éxito la Asamblea General de la ONU. Lo novedoso es que focaliza la presión sobre Israel en torno a tres demandas claras, una para cada componente principal del pueblo palestino. Primero, el desalojo de las fuerzas militares y colonos de los territorios ocupados. Después, la igualdad para los ciudadanos palestinos que residen dentro de Israel en un régimen de apartheid. Por último, la justicia para los refugiados palestinos que fueron expulsados a la fuerza, la diáspora, el grupo más numeroso que vive desperdigado por distintos países de la región, cuyo derecho principal es el de regresar a sus hogares. Sin preferencias en el orden de aplicación. Todas al mismo tiempo.
El BDS se compone de numerosos grupos, colectivos y organizaciones sociales que trabajan solidariamente por territorios a favor de un pueblo palestino libre. Es una extensa red internacional que funciona con enorme flexibilidad bajo la coordinación global del Boycott National Committee en Palestina. “Esto es fundamental porque destierra la imagen eurocentrada de otras campañas de denuncia que hayan podido realizarse para otras situaciones que rezumaban ciertos tintes paternalistas e incluso racistas. Es la mayor petición del pueblo palestino al mundo para que todo aquel que lo desee pueda participar de una forma solidaria en su liberación”, explica Jorge Ramos. Existen BDS por Estados, por ciudades, por pueblos, y desde estos lugares se organizan movilizaciones para denunciar certámenes de consumo masivo que Israel acostumbra a transformarlos en ceremonias propagandísticas o se coordinan para convertir eventos como la Vuelta a España en una pesadilla para los organizadores. El BDS también ha impulsado duros debates entre empresarios que aceptaban el boicot a productos procedentes de los asentamientos pero no al Estado que los creó y los sustenta. Una empresa vasca como Sidenor, por ejemplo, suspendió en julio la exportación de acero a Israel. También tiene activistas entre el accionariado de corporaciones que mantienen relaciones comerciales con Tel Aviv y se benefician de negocios proyectados en los territorios ocupados contraviniendo los dictámenes de las Naciones Unidas.
Santiago González, sindicalista jubilado y cofundador del Comité de Solidaridad con la Causa Árabe (CSCA), es desde 2020 accionista de Construcciones y Auxiliar de Ferrocarriles, S. A. (CAF). Lo hizo para acceder a mayor información sobre las líneas del tren ligero que la empresa vasca construyó sobre territorios ocupados para facilitar la movilidad de los colonos y la conexión entre unos asentamientos que el derecho internacional reconoce como ilegales. Su objetivo siempre ha sido influir en las decisiones de la junta directiva, evidenciar sus contradicciones, dar a conocer la irregularidad de esos negocios. “Nos hemos reunido con la Alta Comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos para advertirle de la ilegalidad que estaban cometiendo no solo a CAF sino también la constructora Shapir, que fue su socia. Alertamos a la Comisión Nacional del Mercado de Valores de que el proyecto se ubicaba en la zona ocupada de Jerusalén y en la Cisjordania colindante, y pusimos una queja en el Punto Nacional de Contacto (PNC, que es el responsable de promover y aplicar las directrices de la OCDE a corporaciones multinacionales en materia laboral, ambiental y en el respeto a los derechos humanos”, comenta González. La tarea ha proporcionado algunos resultados. Por ejemplo, la ONU acaba de incluir al fabricante ferroviario vasco en su lista negra, una decisión que perjudica claramente su participación en concursos como el que ha convocado el metro de Barcelona y deja en la cuerda floja un acuerdo de suministro de trenes que ya tenía firmado con el Ayuntamiento de Oslo. En el alero quedan también los proyectos de Bogotá y Cagliari.
Sin embargo, reconocen que los efectos de la presión a gran escala llevan un ritmo pausado. Si se compara esta campaña con la que mantuvo el Movimiento Anti Apartheid (AAM) contra el régimen racista sudafricano, ahora se enfrentan a más dificultades. El obstáculo más complicado es la globalización del comercio que en los noventa no existía y las consecuencias que ha tenido sobre el derecho internacional, hoy basculando entre la fragilidad y la ausencia cuando trata de tutelar los derechos colectivos frente a los excesos de los Estados centrales y del poder corporativo. “Basta con mirar al Estado de Israel, que desde mediados del siglo pasado incumple sistemáticamente las resoluciones de Naciones Unidas. Y también a los impactos socioecológicos de las empresas transnacionales que, a pesar de ser los principales agentes del capitalismo global, no están sujetas a obligaciones directas fuera de sus países de origen”, apunta Juan Hernández, investigador de OMAL (Observatorio de Multinacionales en América Latina) en cuestiones relacionadas con la crisis de los sistemas normativos en la globalización económica. He aquí un motivo para que las sanciones contra Israel brillen por su ausencia y siga, de momento, participando en eventos internacionales como Eurovisión y los Juegos Olímpicos. Pero las campañas de boicot empiezan a notarse en algunos sectores de la economía israelí. En estos dos últimos años, han logrado que su deuda supere los 340.000 millones de dólares, un 20% más que en 2022; que las inversiones en startups hayan caído un 90% o que 46.000 empresas hayan cerrado las puertas desde el inicio del genocidio, según reveló el pasado año un periódico abiertamente sionista como Maariv. En Tel Aviv comienzan a torcer el gesto con cierto nerviosismo. El presidente del Instituto de Exportaciones de Israel, Avi Balashnikov, reconoció recientemente que “el BDS y los boicots han cambiado el panorama comercial global del país. Luchamos todos los días, hora tras hora, por la industria israelí en el extranjero. Y los boicots económicos y organizaciones como BDS presentan grandes desafíos que nos obligan a operar bajo el radar en algunos países”.
Felip Daza es politólogo e investigador del Observatorio de Derechos Humanos y Empresas en el Mediterráneo (ODHE). Ha trabajado en varios informes que sirvieron para dejar al descubierto las conexiones entre el sector financiero español y ciertas empresas israelíes. “Los bancos mantienen sus inversiones. Están el Santander, BBVA, CaixaBank, Banco Sabadell y luego, en un segundo nivel, otras entidades como Ibercaja y Kutxabank. No ha cambiado mucho el panorama en estos dos últimos años”, dice. En su último estudio ha seguido el rastro a las corporaciones tecnológicas y militares israelíes que han comenzado a trasladarse a otros países, principalmente europeos, para seguir funcionando sin sobresaltos. Daza ha descifrado qué tipo de empresas están deslocalizando, en qué lugares y qué mecanismos emplean. “En el actual sistema de relaciones comerciales globalizado, las cadenas de valor son mucho más complejas de seguir y eso les permite escapar de un boicot y de las propias leyes”, asegura. Piezas de un rompecabezas que unidas muestran un cuadro preocupante. El complejo militar israelí se burla de los embargos de armas. Algunas de esas corporaciones se han trasladado a EEUU pero la mayoría ha llegado a Europa, a Alemania, a Chipre, a los países nórdicos, lugares donde han encontrado un nicho de mercado colosal tras la decisión del rearme dictada por la OTAN. Son empresas de seguridad tecnológicamente punteras que utilizan la experiencia cruel de Gaza como escaparate de su probada eficacia. “Europa demanda esta tecnología pero como está mal visto comprarla a Israel abren las puertas para que esas mismas firmas aterricen con otro nombre y otros inversores. El ‘defense tech' –armas de precisión, drones que escanean edificios enteros para detectar personas– es un sector emergente para el Estado de Israel”, señala el investigador de ODHE.
La Red Solidaria contra la Ocupación de Palestina (Rescop) es una de las múltiples organizaciones que funde sus campañas con BDS. Su trabajo es de suma importancia. Han conformado una tupida malla de vigilancia para denunciar empresas que burlan las exiguas prohibiciones que han decretado países como España. “El Real Decreto Ley aprobado en el Congreso es un paso más, sin duda, pero no es el embargo integral que exigimos desde hace dos años en las calles. Pero es así como entendemos esta lucha. Son pasos que vamos dando y que hay que seguir dando para conseguir el objetivo de transformar las raíces de todo lo que estamos viendo ahora. Se trata de cuestiones muy estructurales y entendemos que se necesita tiempo y trabajar de manera continuada en esa dirección”, afirma Ana Sánchez, una de las portavoces de la Rescop.
Efectivamente, algo se mueve lentamente en la opinión pública internacional. Este verano, por ejemplo, infinidad de grupos de rock y artistas declinaron participar en festivales organizados por el fondo israelí KKR, que tiene intereses inmobiliarios en los territorios ocupados en Palestina. Es cierto que el número de entradas vendidas no se resintió pero la presión ha aumentado. En la Euroliga de baloncesto, el Hapoel y Maccani están jugando sus partidos como visitantes sin público para evitar incidentes. Las aficiones del Valencia Basket o del Baskonia decidieron vetarlos. En ciclismo, el equipo Israel-Premier Tech, propiedad del millonario canadiense-israelí Sylvain Adams, un fiel seguidor de Netanyahu, ha sido relegado por los organizadores de media docena de carreras de fin de temporada celebradas en Italia. Mucho dinero perdido. Entre ellas estaban el Giro dell'Emilia, la Copa Bernocchi, Agostoni, Piamonte, los Tres Valles Varesinos y, por encima de todas ellas, el Giro de Lombardía, la última gran carrera del año para los profesionales. El líder del Israel-Premier Tech era el canadiense Derek Gee hasta que en agosto decidió romper su contrato porque no aguantaba más seguir corriendo en este equipo por sus convicciones personales y su conciencia. Parece que el mundo empieza a moverse.
Carta del Jefe indio Seattle, de la tribu Suwamish
A continuación una de las muchas versiones de la carta que escribió el Jefe Seattle.
Ahora dedicada al pueblo palestino.
Franklin Pierce (Hillsborough, Nuevo Hampshire, 23 de noviembre de 1804-Concord, Nuevo Hampshire, 8 de octubre de 1869) fue el decimocuarto presidente de los Estados Unidos de 1853 a 1857, un demócrata del norte que vio el movimiento abolicionista como una amenaza fundamental para la unidad de la nación. Se distanció de los grupos antiesclavistas promoviendo y firmando la Ley de Kansas-Nebraska y aplicando la Ley de Esclavos Fugitivos; sin embargo, no pudo detener el conflicto entre el Norte y el Sur, preparando el escenario para la secesión del sur y la guerra civil estadounidense.
Carta que el Jefe indio Seattle, de la tribu Suwamish, envió en 1854 al gran Jefe blanco de Washington, Franklin Pierce, en respuesta a la oferta de éste de comprarle una gran extensión de tierras indias y crear una «reserva» para el pueblo indígena. Suponía el despojo de las tierras indias. En el año 1855 se firmó el tratado de Point Elliot, con el que se consumaba el despojo de las tierras a los nativos indios.
Noah Sealth, Jefe Seattle, con su respuesta al presidente, creó el primer manifiesto en defensa del medio ambiente y la naturaleza que ha perdurado en el tiempo. El jefe indio murió el 7 de junio de 1866 a la edad de 80 años. Su memoria ha quedado en el tiempo y sus palabras continúan vigentes. fue el líder de las tribus amerindias suquamish y duwamish en lo que ahora se conoce como el estado de Washington de los Estados Unidos. La ciudad de Seattle en el mencionado estado de Washington tomó su nombre de él.
El gran jefe de Washington manda palabras, quiere comprar nuestras tierras. El gran jefe también manda palabras de amistad y bienaventuranzas. Esto es amable de su parte, puesto que nosotros sabemos que él tiene muy poca necesidad de nuestra amistad. Pero tendremos en cuenta su oferta, porque estamos seguros de que si no obramos así, el hombre blanco vendrá con sus pistolas y tomará nuestras tierras.
El gran jefe de Washington puede contar con la palabra del gran jefe Seattle, como pueden nuestros hermanos blancos contar con el retorno de las estaciones. Mis palabras son como las estrellas, nada ocultan.
¿Cómo se puede comprar o vender el cielo o el calor de la tierra? Esta idea es extraña para mi pueblo. Si hasta ahora no somos dueños de la frescura del aire o del resplandor del agua, ¿cómo nos lo pueden ustedes comprar?
Nosotros decidiremos en nuestro tiempo. Cada parte de esta tierra es sagrada para mi gente. Cada brillante espina de pino, cada orilla arenosa, cada rincón del oscuro bosque, cada claro y zumbador insecto, es sagrado en la memoria y experiencia de mi gente.
Nosotros sabemos que el hombre blanco no entiende nuestras costumbres. Para él, una porción de tierra es lo mismo que otra, porque él es un extraño que viene en la noche y toma de la tierra lo que necesita. La tierra no es su hermana, sino su enemigo, y cuando él la ha conquistado sigue adelante.
Él deja las tumbas de sus padres atrás, y no le importa. Así, las tumbas de sus padres y los derechos de nacimiento de sus hijos son olvidados. Su apetito devorará la tierra y dejará detrás un desierto.
La vista de sus ciudades duele a los ojos del hombre piel roja. Pero tal vez es porque el hombre piel roja es un salvaje y no entiende. No hay ningún lugar tranquilo en las ciudades de los hombres blancos. Ningún lugar para escuchar las hojas en la primavera o el zumbido de las alas de los insectos. Pero tal vez es porque yo soy un salvaje y no entiendo, y el ruido parece insultarme los oídos.
Yo me pregunto: ¿Qué queda de la vida si el hombre no puede escuchar el hermoso grito del pájaro nocturno, o los argumentos de las ranas alrededor de un lago al atardecer?
El indio prefiere el suave sonido del viento cabalgando sobre la superficie de un lago, y el olor del mismo viento lavado por la lluvia del mediodía o impregnado por la fragancia de los pinos. El aire es valioso para el piel roja. Porque todas las cosas comparten la misma respiración, las bestias, los árboles y el hombre.
El hombre blanco parece que no notara el aire que respira. Como un hombre que está muriendo durante muchos días, él es indiferente a su pestilencia.
Si yo decido aceptar, pondré una condición: el hombre blanco deberá tratar a las bestias de esta tierra como hermanos. Yo soy un salvaje y no entiendo ningún otro camino. He visto miles de búfalos pudriéndose en las praderas, abandonados por el hombre blanco que pasaba en el tren y los mataba por deporte. Yo soy un salvaje y no entiendo como el ferrocarril puede ser más importante que los búfalos que nosotros matamos sólo para sobrevivir.
¿Qué será del hombre sin los animales? Si todos los animales desaparecieran, el hombre moriría de una gran soledad espiritual, porque cualquier cosa que le pase a los animales también le pasa al hombre. Todas las cosas está relacionadas. Todo lo que hiere a la tierra, herirá también a los hijos de la tierra.
Nuestros hijos han visto a sus padres humillados en la derrota. Nuestros guerreros han sentido la vergüenza. Y después de la derrota convierten sus días en tristezas y ensucian sus cuerpos con comidas y bebidas fuertes. Importa muy poco el lugar donde pasemos el resto de nuestros días. No quedan muchos. Unas pocas horas más, unos pocos inviernos más, y ninguno de los hijos de las grandes tribus que una vez existieron sobre esta tierra o que anduvieron en pequeñas bandas por los bosques, quedarán para lamentarse ante las tumbas de una gente que un día fue poderosa y tan llena de esperanza.
Una cosa sabemos nosotros y el hombre blanco puede un día descubrirla: nuestro Dios es el mismo Dios. Usted puede pensar ahora que usted es dueño de él , así como usted desea hacerse dueño de nuestra tierra. Pero usted no puede. Él es el Dios del hombre y su compasión es igual para el hombre blanco que para el piel roja. Esta tierra es preciosa para él, y hacerle daño a la tierra es amontonar desprecio a su creador.
Los blancos también pasarán, tal vez más rápidos que otras tribus. Continúe ensuciando su cama y algún día terminará durmiendo sobre su propio desperdicio.
Cuando los búfalos sean todos sacrificados, y los caballos salvajes amansados todos, y los secretos rincones de los bosques se llenen con el olor de muchos hombres (y las vistas de las montañas se llenes de esposas habladoras), ¿dónde estará el matorral? Desaparecido. ¿Dónde estará el águila? Desaparecida.
Es decir, adiós a lo que crece, adiós a lo veloz, adiós a la caza. Será el fin de la vida y el comienzo de la supervivencia. ç
Nosotros tal vez lo entenderíamos si supiéramos lo que el hombre blanco sueña, qué esperanzas les describe a sus niños en las noches largas del invierno, con qué visiones le queman su mente para que ellos puedan desear el mañana. Pero nosotros somos salvajes. Los sueños del hombre blanco están ocultos para nosotros, y porque están escondidos, nosotros iremos por nuestro propio camino.
Si nosotros aceptamos, será para asegurar la reserva que nos han prometido. Allí tal vez podamos vivir los pocos días que nos quedan, como es nuestro deseo. Cuando el último piel roja haya desaparecido de la tierra y su memoria sea solamente la sombra de una nube cruzando la pradera, estas costas y estas praderas aún contendrán los espíritus de mi gente; porque ellos aman esta tierra como el recién nacido ama el latido del corazón de su madre.
Si nosotros vendemos a ustedes nuestra tierra, ámenla como nosotros la hemos amado. Cuídenla, como nosotros la hemos cuidado. Retengan en sus mentes la memoria de la tierra tal y como se la entregamos. Y con todas sus fuerzas, con todas sus ganas, consérvenla para sus hijos, ámenla así como Dios nos ama a todos.
Una cosa sabemos: nuestro Dios es el mismo Dios de ustedes, esta tierra es preciosa para él. Y el hombre blanco no puede estar excluido de un destino común.
Fdo: Noah Seathl, Jefe de la Tribu Suwamisu. SEATTLE (EE. UU.)
Muchos de los horrores que Occidente permitió en Gaza ocurrirán en Europa
Owen Jones
Está claro lo que el genocidio israelí, facilitado por Occidente, le ha hecho a Gaza. Pero ¿qué nos ha hecho a nosotros? Los palestinos son como "canarios en una mina de carbón", me dice el analista palestino Muhammad Shehada. "Estamos gritando una gran advertencia de lo que está a punto de sucederles. Cuando tienen una clase política y mediática que se deleita con el asesinato de nuestros hijos, ¿creen que les van a importar los suyos?"
Hay una advertencia de nuestro pasado reciente y aterrador que debemos tener en cuenta. El colonialismo, advirtió el autor martiniqués Aimé Césaire, «trabaja para descivilizar al colonizador, para brutalizarlo en el verdadero sentido de la palabra, para degradarlo, para despertar en él instintos ocultos, la codicia, la violencia, el odio racial y el relativismo moral». Los horrores del imperialismo occidental —con su deshumanización y violencia— fueron, según él, finalmente redirigidos a Europa en forma de fascismo. Este fue el «bumerán» imperial, como coincidió la filósofa alemana Hannah Arendt.
¿Qué es lo que regresará a Occidente como un bumerán desde los campos de exterminio de Gaza? Todo genocidio exige la deshumanización total de sus víctimas, y los palestinos no son la excepción.
Son "animales humanos" y "bestias humanas" que sufrirían el "infierno", declararon los líderes del régimen israelí. "Es toda una nación la responsable", dijo el presidente israelí Isaac Herzog. Otros políticos israelíes pidieron "borrar toda Gaza de la faz de la Tierra". "No es exagerado decir que hay muy pocos civiles palestinos inocentes", declaró el congresista republicano de EEUU Brian Mast, mientras que el presentador de Fox News, Jesse Waters, calificó a los palestinos de "salvajes".
Pero esta deshumanización va más allá de sus expresiones más violentas. No se ha pretendido que una vida palestina tenga siquiera una fracción del valor de la vida de un colono supremacista. Miren lo que se ha normalizado. Hospitales bombardeados y destruidos, con más de 1.700 trabajadores de la salud asesinados. Civiles masacrados mientras se refugiaban en escuelas. Más de 2.600 palestinos hambrientos asesinados a tiros tratando de recolectar alimentos desde mayo.
Adolescentes disparados en diferentes partes del cuerpo "como en un juego de práctica de tiro", como testificó el cirujano británico Dr. Nick Maynard: "Un día llegaban predominantemente con heridas de bala en la cabeza o el cuello, otro día en el pecho, otro día en el abdomen". Tortura industrializada contra detenidos, desde amputaciones de piernas causadas por heridas de esposas, hasta soldados israelíes que, según informan medios israelíes, se turnan para violar a un hombre con rifles M16.
Podríamos continuar, pero todos estos horrores se encuentran entre los momentos más oscuros de la humanidad. El hecho de que hayan sido facilitados por gobiernos occidentales y aplaudidos o simplemente tolerados o tapados por medios de comunicación occidentales tendrá profundas consecuencias.
También las tendrá el hecho de que los occidentales que protestaron contra esta barbarie desenfrenada fueron demonizados, despedidos, expulsados de sus plataformas, golpeados por policías y hordas sionistas, arrestados y amenazados con la deportación. También lo tendrá la destrucción de lo que quedaba de un "orden internacional", torpedeado para proteger a Israel de la rendición de cuentas, como ocurrió cuando jueces de la Corte Penal Internacional fueron sancionados por EEUU tras emitir órdenes de arresto contra líderes sionistas por crímenes de guerra y crímenes de lesa humanidad.
El régimen israelí se ha inclinado aún más hacia la derecha y ha buscado vínculos con movimientos globales de extrema derecha, como los de Francia, Suecia, España y Hungría, entendiendo que estos partidos son sus principales promotores. El ministro israelí para la Diáspora y la Lucha contra el Antisemitismo incluso invitó a Tommy Robinson (de la ultraderechista Liga de Defensa Inglesa)a una visita oficial, declarándolo «un líder valiente en primera línea contra el islam radical».
La extrema derecha occidental ve a Israel como un modelo: un etnoestado que libra lo que considera una guerra justa contra el islam. El líder del partido ultraderechista español Vox declaró: «Los europeos necesitamos ver qué le está pasando a Israel», exigiendo que, para protegerse, Europa debe «detener la inmigración masiva y expulsar a los inmigrantes ilegales. No queremos una Europa musulmana».
Cuando Israel aprobó una ley que otorgaba el derecho a la autodeterminación únicamente al pueblo judío, el líder ultraderechista holandés Geert Wilders la calificó de «fantástica» , un «ejemplo para todos nosotros», exigiendo a su pueblo «definir nuestro propio estado-nación, nuestra cultura indígena, nuestra lengua y nuestra bandera... esto ayudará a evitar que nos volvamos islámicos».
Escuchemos al académico israelí Shmuel Lederman cuando argumenta que Gaza se convirtió en "un laboratorio de violencia genocida", pero también en un campo de pruebas para "nuevas armas y tecnologías de seguridad". Israel, señala el periodista australiano Antony Loewenstein, lleva mucho tiempo probando sus inventos con palestinos y luego los ha exportado: software espía, bases de datos de reconocimiento facial y biométrico, drones, vallas inteligentes y sistemas de orientación basados en inteligencia artificial.
En este momento, los palestinos están revisando los escombros para recuperar a sus muertos, rezando para que la embestida genocida termine para siempre, mientras que los camiones de ayuda que Israel bloqueó finalmente llegan. Pero como observó Trump a principios de este año: "Una civilización ha sido aniquilada en Gaza".
A raíz de los grandes crímenes de la historia, siempre ha habido un debate sobre lo que se sabía en ese momento. A pesar de la campaña israelí de mentiras, distorsión, desvío, manipulación y enturbiamiento de las aguas: todos lo sabíamos. No todos los detalles espantosos, blanqueados como fueron por la mayoría de los medios de comunicación, pero más que suficientes. Los crímenes del régimen de apartheid no se ocultaron: sus líderes se jactaron de ellos y se transmitieron en vivo para que el mundo los viera.
El precio que pagan los palestinos supera nuestra imaginación. Pero ¿qué precio pagaremos? Occidente se ha deshumanizado, al mismo tiempo que crece un movimiento de extrema derecha que ve a los musulmanes y a la izquierda como enemigos internos. Tras el bombardeo estadounidense de lanchas pesqueras venezolanos que "transportaban drogas", el fiscal general estadounidense prometió «el mismo enfoque con Antifa: destruir toda la organización, de arriba abajo. Los vamos a desmantelar». «Antifa» —o antifascismo— es un fantasma, un coco que se puede aplicar a cualquier disidente de izquierda.
No esperen que la violenta deshumanización y las tecnologías militares distópicas perfeccionadas en Gaza permanezcan allí. Nuestra oscura historia nos dice lo contrario. Qué lástima que no hayamos aprendido sus lecciones.
The Guardian. Traducido por La Haine
Texto completo en: https://www.lahaine.org/mundo.php/m...
Los olvidados genocidios de Alemania en Namibia
Salam aleikum
Recomendamos la lectura de Robert J. Gordon en The Conversation. El comienzo es tremendo:
El genocidio de los pueblos ovaherero y nama de Namibia a manos de las fuerzas coloniales alemanas (1904-1907) está ampliamente documentado. Pero se habla mucho menos de lo que vino después: el genocidio de los bosquimanos del país, también conocidos como los san.
El genocidio Herero y Nama (1904-1907), primer genocidio del siglo XX
El genocidio de los hereros y nama ocurrió en el África del Sudoeste alemana (actual Namibia) desde 1904 hasta 1907, durante la repartición de África. Se considera que es el primer genocidio del siglo XX. El 12 de enero de 1904 los hereros, comandados por el jefe Samuel Maharero, se rebelaron contra el dominio colonial alemán. En agosto el general Lothar von Trotha derrotó a los hereros en la batalla de Waterberg y los persiguió por el desierto de Omaheke, donde la mayoría de los hereros murieron de deshidratación.
Otra forma de contarlo es que tras la batalla victoriosa, Trotha obligó a los hereros a huir hacia el desierto. Allí, las tropas alemanas habían tomado y custodiado con fuerzas militares los puntos de agua existentes. La mayor parte de los herero murió por deshidratación, huyendo. Unos 24.000 hereros lograron huir a través de un hueco en el cerco militar alemán, hacia el desierto de Kalahari, con la esperanza de alcanzar el protectorado británico. Las patrullas alemanas encontraron más tarde esqueletos alrededor de agujeros de unos 25-50 pies de profundidad que los herero excavaron en un vano intento de encontrar agua. Maherero y 1.000 hombres cruzaron el Kalahari hasta Bechuanalandia.
En octubre los namaquas también se levantaron en armas contra los alemanes y fueron tratados de manera similar. En total entre 24.000 y 75.000 hereros (aproximadamente el 50 % o 70 % del total de la población herero), y diez mil namaquas (50 % del total de la población namaqua) perecieron. Tres hechos caracterizaron a este genocidio: la muerte por inanición, el envenenamiento de los pozos utilizados por los hereros y namaquas, y el acorralamiento de los nativos en el desierto de Namibia.
Colonialismo y genocidio corren de la mano
Otro punto importante; si bien los diamantes son a menudo considerados como uno de los principales intereses de los alemanes en la zona y una de las principales razones para cometer el genocidio, los informes de su descubrimiento solo aparecen desde 1908. A pesar de que los colonos alemanes explotaron intensamente la tierra de los hereros y namaquas; podemos decir sobre la base de la documentación actual, que los diamantes no desempeñaron un papel importante en la decisión de Alemania de aniquilar a los nativos de esta tierra. En cambio, los colonos europeos fueron alentados a asentarse en tierras de los nativos, lo que causó un gran descontento. En los siguientes diez años la tierra y el ganado que eran esenciales para la subsistencia de hereros y namaquas, pasó a manos de los alemanes que llegaban a la colonia. El régimen colonial alemán estaba lejos de ser igualitario; los nativos fueron utilizados como esclavos y sus tierras eran frecuentemente confiscadas y entregadas a colonos. No es de extrañar que uno de los principales problemas era la propiedad de la tierra. Los herero ya habían cedido más de una cuarta parte de sus trece millones de hectáreas a colonos alemanes en 1903.
Una nueva política de cobro de impuestos y deudas, aprobada en noviembre de 1903, también desempeñó un importante papel en el levantamiento herero. Durante muchos años la población herero había tenido el hábito de pedir prestado dinero de los comerciantes blancos, con enormes tasas de interés. Durante mucho tiempo gran parte de esta deuda quedó sin cobrar, ya que la mayoría de los hereros vivía modestamente y no tenía bienes para pagar. Para corregir este problema cada vez mayor, el gobernador Leutwein decretó con buenas intenciones que todas las deudas no pagadas en el año en curso serían anuladas. A falta de pago monetario, los colonos alemanes solían llevarse el ganado y los pocos objetos de valor de los hereros, con el fin de recuperar sus préstamos. Esto promovió el surgimiento de un enorme resentimiento hacia los alemanes por parte del pueblo herero, sentimiento que se tornó en desesperación cuando vieron que los funcionarios alemanes eran cómplices de esta práctica.
Detrás de estas razones, se hallaba la tensión racial entre los dos grupos. Los colonos europeos se veían a sí mismos inmensamente superiores a los nativos africanos, y de hecho el colono promedio solía ver a hereros y namaquas como una simple fuente de mano de obra barata, mientras que otros deseaban su exterminio. Como ejemplo de las diferencias entre los derechos de europeos y africanos, la Liga Colonial Alemana declaró que, en lo relativo a cuestiones jurídicas, el testimonio de siete africanos era equivalente al de un hombre blanco.
Al no lograr una victoria total por medio de la batalla, von Trotha ordenó que los hombres herero fueran capturados para ser ejecutados inmediatamente, mientras que las mujeres y los niños debían a ser expulsados al desierto para que muriesen allí, y si intentaban volver a la zona fértil controlada por los alemanes deberían ser asesinados a tiros; asimismo, los pozos de agua situados en las zonas de población herero y namaqua fueron envenenados para exterminar también a los nativos que se refugiasen allí. Leutwein se quejó ante el canciller von Bülow sobre las acciones del general von Trotha, viendo que estas solo impedían que se continuara con la colonización y la actividad económica colonial. Al no tener real autoridad sobre von Trotha, el canciller sólo podía acudir al emperador Guillermo II argumentando que las acciones de von Trotha eran «contrarias a los principios humanitarios y cristianos, económicamente devastadoras y perjudiciales para la reputación internacional de Alemania «. El Imperio Alemán defendió inicialmente sus acciones ante el mundo argumentando que el pueblo herero no podía ser protegido en virtud de los Tratados de Ginebra, ya que según el gobierno alemán los hereros no podrían ser clasificados como humanos sino como sub-humanos.
Fue durante este periodo que se inauguró el campo de exterminio de Shark Island, el cual operó entre 1904 y 1908. Se estima que unos tres mil hereros y namas murieron allí durante el conflicto entre los nativos y las autoridades coloniales alemanas. A estas instalaciones se les considera como el primer campo de exterminio de la Historia.
En 1985, el Informe Whitaker de la ONU reconoció el intento de Alemania de exterminar a los pueblos herero y namaqua de la colonia alemana del África del Sudoeste como uno de los primeros intentos de genocidio en el siglo XX. El gobierno alemán pidió disculpas oficiales por estos acontecimientos en 2004. En 2019, ciento quince años después, políticos alemanes como el presidente de la Cámara Alta del Parlamento de Alemania Daniel Günther y el ministro de Cooperación y Desarrollo Gerd Müller describieron los hechos por primera vez usando la palabra «genocidio»; Alemania comenzó a negociar con el Gobierno de Namibia el pago de las reparaciones.
1.100 millones de €, el valor de un genocidio
Tras más de cinco años de negociaciones con Namibia, el 28 de mayo de 2021, se produjo el reconocimiento oficial por parte de Alemania de que las matanzas de hereros y nama había sido un «genocidio». Así lo reconoció el ministro de Exteriores germano, el socialdemócrata Heiko Maas: «Ahora, también a título oficial, llamaremos a estos sucesos lo que fueron desde la perspectiva actual, un genocidio», porque se trata de «encontrar un camino común hacia la reconciliación genuina en memoria de las víctimas». Maas añadió que, como «gesto de reconocimiento del sufrimiento inconmensurable» infligido por alemanes a la población de su entonces colonia, se establecerá un fondo de 1.100 millones de euros a abonar durante los próximos 30 años para proyectos de desarrollo. «No podemos trazar una línea con el pasado. El reconocimiento de la culpa y la petición de perdón son, sin embargo, un paso importante para superar el pasado y construir juntos el futuro», concluyó Maas.
El genocidio de los bosquimanos, el genocidio ocultado
Pero, volvamos al inicio del artículo y hablemos también de otro genocidio mucho menos conocido, como se ha podido ver en las noticias de los vídeos anteriores, el genocidio de los san o bosquimanos.
La palabra “bosquimano” se utiliza como término genérico que engloba a más de 200 grupos étnicos. No existe un bosquimano típico, sino que constituyen una miscelánea de grupos fluidos. Muchas comunidades locales prefieren el término bosquimano en lugar de la categorización oficial de “san” y “marginales”. De hecho, el término “san”, proveniente de la lengua khoekhoegowab, significa lo mismo que bosquimano.
En general, se trata de personas sociables con una fuerte tendencia a compartir. Antes de la colonización, los bosquimanos vivían como cazadores-recolectores, vagando por el paisaje. Tenían un concepto diferente de la propiedad, no deseaban ni dinero ni ganado; eran incontrolables y, por ello, se les trataba como animales y se les sometía a la aniquilación.
El arco noreste del territorio, que se extiende desde Otavi hasta Gobabis, con Grootfontein como epicentro, sirvió de imán para los colonos: con una línea ferroviaria recién terminada, minas, un vasto potencial agrícola y tierras accesibles. Solo en Grootfontein, el número de granjas de colonos aumentó de 15 en 1903 a 175 en 1913. Casi todas estas ganaderías se encontraban en tierras ocupadas por los bosquimanos.
La violencia cultural característica del colonialismo
Los colonos pronto se vieron en apuros. En 1911, los titulares de la prensa namibia hablaban de una “plaga de los bosquimanos”. Dos elementos alimentaron el pánico. En primer lugar, el asesinato de un policía y varios granjeros blancos. En segundo lugar, se suponía que las actividades de los bosquimanos estaban obstaculizando el flujo de trabajadores migrantes contratados, muy necesarios, procedentes de las regiones de Owambo y Kavango para trabajar en los yacimientos de diamantes recién descubiertos de Luderitzbucht. La Cámara de Minas quería “sanear” la zona.
En consecuencia, el gobernador alemán ordenó que se disparara a los bosquimanos [si se creía que intentaban resistirse al arresto por parte de funcionarios o colonos]. Entre 1911 y 1913 se desplegaron más de 400 patrullas antibosquimanas que cubrían unos 60 000 km².
Pero los colonos y las autoridades consideraron que estas medidas eran insuficientes y continuaron aterrorizando a los bosquimanos sin recibir ni una simple reprimenda. Las “cacerías de bosquimanos” continuaron hasta la toma del territorio por Sudáfrica en 1915, cuando el país pasó a llamarse África del Sudoeste.
No sabemos cuántos bosquimanos murieron, pero, como explico en mi libro, las estimaciones oficiales sitúan el número de bosquimanos en 1913 entre 8.000 y 12.000. En 1923 eran 3.600. Esto da una idea de la magnitud de las matanzas.
Lo que alimentó el genocidio fue el espíritu colonizador. El ethos dominante era el de un asedio, de sentirse amenazados por fuerzas externas impredecibles. Los granjeros, atraídos por las generosas ayudas y subvenciones del Gobierno, eran en su mayoría soldados licenciados, mal entrenados en la agricultura, carentes de conocimientos locales esenciales y educados en la arrogancia racista. La situación generó inseguridad, miedo e hipermasculinidad.
Los bosquimanos, con su reputada habilidad para camuflarse y rastrear y cazar con flechas envenenadas para las que no se conocía antídoto, personificaban su peor pesadilla mientras intentaban establecer su dominio en sus granjas aisladas. Considerados una especie de presas depredadoras, los bosquimanos debían ser exterminados como grupo: es decir, un genocidio.
La represión continuó bajo el régimen sudafricano desde 1915 hasta la independencia en 1990, aunque de forma menos extrema. Se ilegalizó la posesión de arcos y flechas bosquimanos. Los bosquimanos fueron despojados progresivamente de su territorio para dar paso a reservas de caza y granjas de colonos.
Aún en la década de 1970 la administración seguía pensando en reubicar a 30 000 bosquimanos en la denominada Bushmanland, creada artificialmente, que constituía el 2 % del territorio que habían ocupado anteriormente.
La gran mayoría permaneció en sus zonas tradicionales, ahora bajo el dominio de los granjeros colonos, donde se hundieron en una situación de servidumbre. Con la independencia de Namibia, la situación empeoró. Las nuevas leyes laborales establecieron un salario mínimo, lo que hizo que no fuera rentable mantener a los trabajadores bosquimanos. Muchos granjeros se dedicaron a la caza mayor o vendieron sus tierras a granjeros negros que preferían contratar a sus parientes.
El resultado fue que los bosquimanos se vieron obligados a trasladarse a zonas comunales o a asentamientos informales en los alrededores de las ciudades, donde malviven en condiciones precarias.
Actualmente, los bosquimanos se encuentran en diferentes situaciones de servidumbre, realizando en su mayoría trabajos de baja cualificación en las regiones del norte y el noreste, donde antaño eran los habitantes ancestrales. El Gobierno está tratando de ayudarlos, principalmente con subsidios sociales y unas pocas granjas de reasentamiento superpobladas.
Aleikum salam.
Fase dos del genocidio israelí: Ocupación del 53% de Gaza, asesinatos, segregación y línea amarilla
Interior admite la "extralimitación" de un agente que costó la vida a un detenido en Elche
Cuatro policías nacionales salieron absueltos, uno de los cuales habría sido el autor material, y el ministerio, con base en el informe forense, reconoce una indemnización por responsabilidad patrimonial porque la muerte fue "de origen violento".
INFORMACIÓN
El Ministerio del Interior reconoce "extralimitación" de un agente de Policía Nacional que, junto a otros tres compañeros más, redujo a un joven de Elche en agosto de 2017, al que presionó el cuello mientras estaba boca abajo, engrilletado de pies y manos, y falleció. "Hay nexo causal existente entre el actuar administrativo y el resultado de muerte", sostiene. Interior, tras estudiar el caso que se instruyó en un juzgado, pero tuvo que archivarse al tener un accidente el policía que intervino directamente en el incidente y que le dejó incapacitado, estima que se produjo "un ejercicio de la fuerza no ajustado a los principios y protocolos normativos que provocó un daño grave, irreparable y antijurídico".
Así se desprende de la resolución, a la que ha tenido acceso Europa Press, en el que Interior estima parcialmente la reclamación en concepto de responsabilidad patrimonial de la Administración del Estado formulada en representación del padre y de un hermano de la víctima y fija una indemnización para ellos. La madre de la víctima fue indemnizada en una resolución aparte. Los hechos se remontan a agosto de 2017, cuando la víctima se encontraba en su domicilio en un estado de gran agitación debido a una enfermedad que padecía. Ante esta situación, los padres llamaron a Emergencias, lo que implicó también que se enviara a la vivienda un operativo de la Policía Nacional.
A la llegada del operativo, la víctima se atrincheró en el sótano de la vivienda, por lo que se hizo necesario solicitar el refuerzo de otro binomio de policía. Los agentes consiguieron desposeer al joven de una navaja que portaba en esos momentos y procedieron a reducirle. Debido a la fuerte resistencia opuesta por el joven, los agentes ejercieron presión sobre su cuello, torso y extremidades. Finalmente, lograron esposarle, pero no cesaron de ejercer presión sobre él y falleció. Los familiares del joven tuvieron conocimiento directo de los hechos al encontrarse en aquellos momentos en una estancia contigua. De hecho, la madre recriminó su acción a los agentes en el momento en que se ejecutaba, tal como consta en las minutas policiales.
Según el informe forense que se le practicó a la víctima, en el que se deja constancia de que no se detectó la presencia de drogas de abuso, psicofármacos o alcohol, se concluye que la causa de su fallecimiento fue por "un mecanismo de muerte por inhibición parasimpática de la circulación en relación con el incremento de presión sobre los senos carotídeos a consecuencia de la presión ejercida a nivel cervical". "La muerte es de origen violento", se señalaba. Al respecto, Interior considera probado que, a partir de ser esposado el joven, "se produjo una extralimitación que resulta contraria a los principios que contiene la instrucción séptima recogida en la Instrucción 12/2007, de la Secretaria de Estado de Seguridad sobre los comportamientos exigidos a los miembros de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado para garantizar los Derechos de las personas detenidas o bajo custodia policial".
Juzgado y archivo
El asunto se estudió inicialmente en un juzgado. El agente que presionó el cuello a la víctima sufrió a lo largo del procedimiento un accidente que lo privó de su capacidad para declarar en el juicio, lo que supuso el archivo provisional de la causa abierta contra él. Posteriormente, sus compañeros resultaron absueltos en el proceso seguido contra ellos al no haber sido hallados culpables de haber causado la muerte del joven.
Por los daños padecidos, los familiares reclamaban indemnización a través de la vía de la responsabilidad patrimonial e incidían en la responsabilidad de todos los agentes actuantes, así como en su presunta actuación negligente. Fundamentaban esta valoración en la ausencia de lesiones en los agentes actuantes, en su superioridad de medios y en que la muerte del joven se produjo a causa de las lesiones producidas una vez que éste se encontraba esposado y, por tanto, indefenso.
"Resulta indubitado"
El Ministerio de Interior, pese al archivo judicial, sí reconoce una indemnización para la familia de la víctima al tener en cuenta el informe de la autopsia que indica que la muerte del joven "fue de origen violento y causada por la presión ejercida a nivel cervical (...). Resulta indubitado, a la luz de los informes definitivos y ampliatorios de autopsia, que su muerte fue de origen violento, que no estuvo relacionada con el consumo de fármacos o estupefacientes y que se debió a un mecanismo de muerte por inhibición parasimpática de la circulación en relación con el incremento de presión sobre los senos carotídeos a consecuencia de la presión ejercida a nivel cervical", indica.
Por otro lado, estima que carece de consistencia la versión sostenida por uno de los agentes, que atribuía la lesión que provocó el fallecimiento al joven a que se habría ahogado cogiéndose el cuello con ambas manos hasta el punto de estrangularse a sí mismo. Frente a ello, Interior da por válido que en los instantes previos a su muerte, el joven se hallaba con las manos engrilletadas y sujeto en el suelo por cuatro agentes, y uno de ellos efectuó algún tipo de técnica de reducción o manipulación sobre su cuello.
Aunque no se ha podido determinar si se trataba efectivamente de la llamada técnica de 'mata león', a la que apuntaba un auto del juzgado de Elche, "lo cierto es que resulta patente que éste fue el único miembro del operativo que actuó sobre la parte del cuerpo donde se produjo la presión". "Dado que no constan otras posibles concausas, las anteriores consideraciones permiten apreciar el nexo causal existente entre el actuar administrativo y el resultado de muerte", concluye.
Fase dos del genocidio israelí: Ocupación del 53% de Gaza, asesinatos, segregación y línea amarilla
Olga Rodríguez
En una semana de tregua Israel ha matado a 38 personas, varios niños y niñas, mantiene bloqueado el paso de Rafah y consolida su ocupación en más de la mitad de la Franja, con la señalización de una línea de separación.
En solo una semana desde el anuncio de alto el fuego, el Ejército israelí ha violado decenas de veces la tregua, ha asesinado a treinta y ocho personas y herido a más de un centenar en la Franja de Gaza. Este viernes mató a once miembros de la familia Abu Shaaban que viajaban en un vehículo en la ciudad de Gaza: eran siete niños y niñas, dos mujeres y dos hombres. Trataban de llegar a su casa, para comprobar si seguía en pie e inspeccionar los daños. No lo lograron.
Israel insiste en que disparará contra todas las personas que crucen la invisible línea de separación –llamada ‘línea amarilla'– que divide en dos la Franja, establecida a través del plan de Donald Trump. La reportera palestina Hind Khoudary explica, desde Gaza, que la mayoría de la población no tiene acceso a Internet ni información precisa sobre la ubicación exacta de esa línea de demarcación.
El ministro de Defensa israelí ha anunciado que la nueva frontera ha empezado a ser señalizada en el terreno “con marcas continuas especiales”, oficializando así la apropiación de al menos un 53% del territorio de la Franja, sin plazo de caducidad. La denomina “línea de separación política y de seguridad”.
Esa frontera amarilla aparece ya en los mapas israelíes publicados estos días por el Gobierno, al igual que en 1949 se trazó la llamada ‘Línea Verde' para marcar el territorio conquistado por Israel en la guerra del 48. La verde, al igual que hoy la amarilla, iba a ser transitoria, “de armisticio”, pero se convirtió en la frontera de facto hasta que el Ejército israelí invadió más territorio palestino en 1967.
Con esta nueva demarcación, Israel alcanza parte de sus objetivos: desgajar territorialmente Gaza, mantener a su población en un gueto más reducido y dar un paso más en su ocupación ilegal.
El director del grupo de investigación Forensic Architecture, Eyal Weizman, ha mostrado una imagen aérea de los años sesenta en la que se ve que la ‘línea amarilla' ahora trazada por Israel “coincide aproximadamente con el límite de la duna de arena costera de la zona, dejando a Gaza sin la mayoría absoluta de sus áreas agrícolas en los suelos fértiles del este”.
Violaciones habituales
“Desde 2008-09 Israel repite el mismo guión: El alto el fuego israelí es tú paras y yo disparo”, denunció esta semana la relatora de la ONU, Francesca Albanese, en referencia a las violaciones israelíes de la tregua. El modus operandi no sorprende. Desde el alto el fuego acordado en Líbano hace un año, Israel lo ha incumplido en más de 4.500 ocasiones, matando a “cientos de personas, incluidos menores, derribando decenas de miles de viviendas y anexionándose cinco áreas del país”, señala el exembajador británico Craig Murray. Este mismo viernes el Ejército israelí volvió a bombardear territorio libanés.
Tampoco se ha relajado la ocupación ilegal en Cisjordania, donde Israel se anexiona más áreas y traza ya la construcción de veintidós nuevos asentamientos, el plan de robo de tierras más gigantesco de las últimas décadas en la zona. Allí, en un pueblo cercano a Hebrón, el Ejército israelí mató a otro niño esta semana, Muhammad al Hallaq, de diez años de edad.
Con esta son ya 1.001 las muertes causadas por tropas y colonos israelíes desde octubre de 2023 en Cisjordania. Una quinta parte de esos asesinados son niños, según cifras de Naciones Unidas. “Es necesario revertir la anexión de Cisjordania, debe haber rendición de cuentas por todas las violaciones del derecho internacional”, ha insistido el Alto Comisionado para los Derechos Humanos de la ONU, Volker Türk.
La supervisión de los palestinos es el eje del plan, basado en la misma idea racista de hace más de un siglo, cuando el colonialismo todavía no había sido prohibido por el derecho internacional.
El alto el fuego ha sido diseñado a la medida de los intereses israelíes. Da luz verde a la ocupación de más territorio palestino en Gaza, establece control colonial, no contempla rendición de cuentas y deja la puerta abierta a un genocidio ralentizado.
Cambia la fase, el ritmo y algunos métodos, con un marco más ajustado a las necesidades narrativas de los gobiernos occidentales más aliados de Estados Unidos e Israel, que ya lo usan como coartada para no adoptar sanciones contra Tel Aviv. Pero eso no significa que cesen los crímenes, la segregación y la desposesión progresiva que sufre el pueblo palestino.
El Gobierno israelí no renuncia a sus objetivos: expulsión o desplazamiento forzado de la población de la Franja, control de territorio y configuración definitiva del “Gran Israel”, con Gaza, Cisjordania, Jerusalén Este, los Altos del Golán sirios y zonas del sur libanés. Este lunes el primer ministro Netanyahu defendió, una vez más, la “soberanía israelí” sobre Jerusalén, Cisjordania y los Altos del Golán sirios, territorios ocupados ilegalmente.
El bloqueo
Esta semana Israel volvió a bloquear la entrada en la Franja de productos necesarios y, tras ello, la está limitando a unos trescientos camiones diarios, una cantidad insuficiente. Además, mantiene varios pasos cerrados, incluido el de Rafah, que es clave. La mayoría de la población vive en tiendas de campaña u otros refugios provisionales con temperaturas cada vez más bajas, y los hospitales siguen sin lo mínimo necesario.
“Los niños y bebés siguen luchando contra la desnutrición; vemos un aumento de casos de diarrea, sarna y neumonía en nuestros centros de salud”, informan desde Save the Children. A todo ello se suma la desestructuración familiar, provocada por las matanzas.
En los dos últimos años los ataques israelíes mataron a dos mujeres y niñas cada hora, más de 33.000 en total, según datos de Naciones Unidas. “Hoy en día, más de un millón de mujeres y niñas necesitan ayuda alimentaria y 250.000 precisan apoyo nutricional urgente. Una de cada siete familias de Gaza está dirigida por una mujer”, indican desde ONU Mujeres.
Las imágenes aéreas de la Franja muestran un territorio arrasado por las bombas, con buena parte de los edificios dañados, destruidos o en riesgo de derrumbe.
“Hay cincuenta millones de toneladas de escombros mezclados con huesos humanos de niños y adultos, con explosivos sin detonar y con restos químicos y otros contaminantes de las armas. ¿Qué se va a hacer con ello?”, se pregunta la investigadora estadounidense Phyllis Bennis, del Instituto Transnacional y del Institute for Policy Studies. “El lenguaje de la reconstrucción esconde una ocupación rediseñada a través del control económico y la gestión extranjera”, advierte.
Jerarquía colonial
Lo que se impulsa no es la paz, sino la consolidación del poder colonial, diseñado por Estados Unidos e Israel con la firma de Egipto, Turquía y Catar y con el apoyo de otros países árabes y europeos. El plan impuesto establece un marco de control del territorio y de la población palestina que lo habita. La tregua no detiene las estructuras de dominación que dictan quién debe gobernar Gaza, quién gestionará la ayuda y quién se beneficiará de la reconstrucción.
El proyecto del presidente de EEUU, protector de Netanyahu, excluye a los palestinos de los principales niveles de toma de decisiones. Su diseño prevé un organigrama jerárquico, con un organismo de gobierno en la cúpula denominado Autoridad Transitoria Internacional de Gaza, un término parecido al de Autoridad Provisional de Coalición de Irak, nombre del gobierno de ocupación ilegal de Irak en 2003.
Por debajo se pretende crear instituciones económicas destinadas a controlar las inversiones y los negocios urbanísticos y de reconstrucción, con comités de empresas internacionales al mando.También se establecerán equipos para la seguridad y, en un nivel inferior, comités para la ayuda humanitaria. “En el escalafón más bajo estará el equipo de coordinación constituido por tecnócratas palestinos, de los que nadie sabe quiénes serán ni cómo van a ser elegidos”, explica Bennis.
La supervisión de los palestinos es el eje vertebral del plan, basado en la misma idea racista que sustentó los mandatos británicos y los protectorados franceses en todo el mundo árabe hace más de un siglo, cuando el colonialismo todavía no había sido prohibido por el derecho internacional. Entonces los colonizadores ocupaban territorios con la excusa de que tenían que civilizar a las ‘poblaciones bárbaras' porque no se podía confiar en que se gobernasen a sí mismas.
“Antes lo hacían en nombre de la civilización. Ahora lo llaman paz”, denuncia el periodista palestino estadounidense Ahmed El Din.
Torturas
A través del plan de Trump la medida más urgente no es la retirada de la gigantesca cantidad de escombros, ni el rescate de los cadáveres de los miles palestinos desaparecidos en Gaza, sino la búsqueda de los cuerpos de los dieciocho rehenes israelíes que faltan. Muchas familias palestinas aguardan su turno para localizar a sus muertos.
Esta semana Israel entregó decenas de cadáveres de palestinos arrestados, en el marco del acuerdo alcanzado. La mayoría llegaron irreconocibles, con signos de maltrato, tortura y ejecuciones sumarias, con brazos y piernas atados, señales de golpes, cortes, disecciones y disparos.
Los testimonios de los más de mil novecientos palestinos puestos en libertad el lunes, a cambio de los últimos veinte rehenes israelíes vivos, también mencionan maltrato o torturas. Es el caso del doctor Ahmad Mhanna, director del hospital Al Awda de Gaza, arrestado hace un año y diez meses, o el de Mahmoud Abu Foul, de 28 años, que ha salido con los ojos destrozados. “Me provocaron ceguera con descargas eléctricas continuadas y después me negaron el tratamiento médico que necesitaba”, ha denunciado.
La mayor parte de los palestinos liberados de las cárceles israelíes no tenían ni cargos ni condenas. Las detenciones arbitrarias, sin garantías y a menudo sin visitas son una práctica habitual de Israel, y así lo han denunciado informes de relatores de Naciones Unidas y organizaciones internacionales de derechos humanos. Una ley israelí permite arrestar sin cargos a cualquier palestino, incluso a menores de edad, sin juicio y con posibilidad de prórroga cada seis meses, lo que los convierten en rehenes de facto.
Actualmente, de los nueve mil palestinos que están en cárceles israelíes, al menos tres mil quinientos se encuentran en esa situación: sin cargos ni juicio. Entre ellos hay unos cuatrocientos menores, cincuenta y dos mujeres y decenas de médicos y sanitarios que fueron secuestrados en sus propios hospitales.
Jerarquía racial
La deshumanización de la población palestina está normalizada, y la propaganda proisraelí busca ahora dar un paso más en ese sentido. Así lo denuncia la relatora de la ONU para Palestina, Francesca Albanese: “El mundo ignora a los REHENES [sic] palestinos debido a una ‘barrera de especímenes': en la jerarquía del valor humano, los palestinos no son vistos como plenamente humanos y, por lo tanto, no pueden ser ‘rehenes' de lo sobrehumano. Seguimos ahí: barbarie disfrazada de orden”.
La jerarquía racial aplicada por el sistema de apartheid israelí contra los palestinos ha sido asumida también por el plan Trump y otros mandatarios internacionales que lo apoyan. Se mira hacia otro lado ante las evidencias de torturas y crímenes masivos. Se sigue apoyando al autor del genocidio y aplastando a sus víctimas.
En este sentido, la organización israelí B'Tselem ha señalado esta semana que “la misma base que permitió los crímenes de Israel en Gaza y Cisjordania durante los últimos dos años permanece intacta: el total desprecio por la vida y la dignidad palestinas en nombre de la supremacía judía. La ocupación y el apartheid siguen con toda su fuerza; la constante negación de la humanidad e identidad palestina, que posibilitó el genocidio, continúa hoy”.
La directora de Amnistía Internacional, Agnès Callamard, también ha señalado que los crímenes continúan y ha lamentado que la Unión Europea haya retirado la votación para la suspensión de algunos puntos del Acuerdo de Asociación preferencial comercial con Israel, basándose en el ‘cambio de contexto': “Un alto el fuego no significa el fin del genocidio, la ocupación ilegal o el apartheid. El acuerdo entre la UE e Israel debe suspenderse”, ha escrito.
Tras dos años de masacres, de desplazamientos forzados, de hambre provocada sin posibilidad de huida para la mayor parte de la población, la segunda fase del genocidio israelí reduce el ritmo y la cantidad de asesinatos, pero no los detiene. Israel sigue destruyendo al pueblo palestino a través de la ocupación, de la segregación, del encierro entre muros y vallas, de asesinatos y desplazamiento forzado. El plan de Trump disfraza este nuevo escenario para permitir más apartheid y una ocupación militar de facto que roba más territorio a los palestinos.
El sector militar español contaminó en 2023 tanto como tres millones de automóviles
Colonialismo, el abismo entre el norte y el sur
Salam Aleikum
¿Quién no recuerda lo que hacía el 11 de septiembre de 2001? ¿Alguien recuerda algo relevante entre el 28 de agosto y el 7 de septiembre de 2011?
En esas fechas se desarrolló la Conferencia Mundial sobre el Racismo, en Durban, República Sudafricana. Antes ya se habían celebrado dos, ambas en Ginebra, en 1978 y 1983. En 1998, la Asamblea General de las Naciones Unidas proclamó el año 2001 como «Año Internacional de la Movilización contra el Racismo, la Discriminación Racial, la Xenofobia y las Formas Conexas de Intolerancia». Desde entonces, se han celebrado nuevas conferencias en 2009 (Ginebra), 2011 (Nueva York, Estados Unidos) y 2021 (también en Nueva York), aunque también han recibido el apelativo corto de Durban II, III y IV, respectivamente. La conferencia de 2009, denominada Conferencia de Examen de Durban y conocida más popularmente como Durban II, se celebró entre el 20 y el 24 de abril en Ginebra (Suiza) con el fin de evaluar el cumplimiento de las metas establecidas ocho años antes. Fue boicoteada por Alemania, Australia, Canadá, Estados Unidos, Israel, Italia, Nueva Zelanda, los Países Bajos y Polonia. La República Checa canceló su asistencia el primer día y otros 23 países de la Unión Europea enviaron delegaciones de segundo nivel. Los países occidentales habían expresado su preocupación de que se utilizara la conferencia para promover el antisemitismo y leyes contra la blasfemia percibidas como contrarias a los principios de libertad de expresión, y que por el contrario la conferencia no abordara la discriminación contra las personas homosexuales.
La conferencia cubrió varios temas controversiales. Entre los cuales estuvo el debate en torno a las reparaciones por el comercio transatlántico de esclavos, así como la ciudadanía de segunda clase de la población palestina en Israel. Dos delegaciones, la de Estados Unidos y la de Israel, se retiraron de la conferencia debido a objeciones con un borrador del documento final que equiparaba al sionismo con el racismo. Estuvo presidida por Kofi Annan, Secretario General de la ONU, y por Mary Robinson, entonces alta comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos y anteriormente presidenta de Irlanda.
Del 28 de agosto al 2 de septiembre se reunieron los representantes de más de 3.000 organizaciones no gubernamentales procedentes de los cinco continentes. En cuanto a los jefes de Estado y de gobierno, se reunieron del 31 de agosto al 7 de septiembre. Se buscaba que las ongs, los representantes de sindicatos, las ligas campesinas, las comunidades religiosas, etc, se desahogasen de alguna para rebajar la presión antes de que se abriera la conferencia intergubernamental.
Utilizamos como fuente principal el libro de Jean Ziegler «El odio a Occidente. La memoria herida de los pueblos del Sur«.
Recomendamos encarecidamente su lectura porque
argumenta clara y contundentemente el odio que sienten los pueblos del Sur hacia Occidente, basándose en datos y hechos culturales, políticos y económicos actuales y de la historia.
Es un libro de muchísimo interés para entender el colonialismo y la explotación del Tercer Mundo por parte occidental.
Ziegler destaca (pg.100) que hay cuatro sistemas de dominación que ha usado Occidente, por orden cronológico:
Las conquistas. «A partir de 1492, los occidentales descubrieron las Américas y tomaron posesión de sus tierras. Destruyeron o cargaron de cadenas a poblaciones hasta entonces «desconocidas«».
El comercio triangular. «… y la deportación masiva de negros africanos hacia el continente americano despoblado por la matanza de los indios«.
Sistema colonial. En África y Asia durante todo el siglo XIX, y antes. «La ocupación militar garantizó el acceso directo a los recursos mineros y agrícolas. La destrucción de las civilizaciones autóctonas por parte de los misioneros cristianos y apóstoles del universalismo republicano quebró las resistencias. Eso facilitó enormemente la introducción del trabajo forzado«.
El mercado occidental. «En la percepción de los pueblos del Sur, el actual orden del capital occidental globalizado, con sus mercenarios de la Organización Mundial del Comercio, el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial, sus sociedades transcontinentales privadas y su ideología neoliberal, representa el último, y de lejos el más asesino, de los sistemas de opresión. … La violencia ejercida por la famosa «Mano invisible» del mercado, la monopolización de las riquezas por parte de las oligarquías transcontinentales, perpetúa, agravandolos, los tres sistema de opresión anteriores«.
Al hacer que la primera conferencia precediera al encuentro de los jefes de Estado y de gobierno, los organizadores pretendían que la conferencia de la sociedad civil tenía que desempeñar el papel de válvula de seguridad y permitir que los representantes de los sindicatos, las ligas campesinas, las comunidades religiosas, etc., se desahogasen de alguna manera para rebajar la presión antes de que se abriera la conferencia intergubernamental.
Ziegler nos cuenta que la idea de anticipar las reuniones de la ongs para dejar despejada la vía a los gobiernos fue un fracaso total. Dice que el odio a Occidente estalló desde el primer día. «Y es que, en Durban, el estado de ánimo de los miles de representantes de los movimientos sociales estaba perfectamente en sintonía con el de la grandísima mayoría de dirigentes de los Estados del Sur».
El 2 de septiembre de 2001, en Durban, el ministro de Justicia de Costa de Marfil, Oulai Siene, subió a la tribuna. Y dijo: «Si creen que la esclavitud ha desaparecido, piénselo de nuevo. ¿Cómo entender, si no, que el precio de un producto fabricado durante largos meses y con un duro trabajo, bajo el sol y la lluvia, por millones de campesinos, lo determine alguien que está sentado en una silla detrás de un ordenador en una oficina aclimatada, sin tener en cuenta sus sufrimientos? Lo único que ha cambiado (tras la abolición de la esclavitud) son los métodos. Se han vuelto más «humanos». Ya no se embarca a los negros en barcos hacia las Antillas y las américas. Permanecen en el suelo. Transpiran sudor y sangre para ver luego cómo se negocia el precio de su trabajo en Londres, París o Nueva York. Los esclavistas no han muerto. Se han transformado en especuladores bursátiles.»
Prácticamente, todos los demás jefes de Estado del Sur formularon las mismas exigencias:
justicia reparadora
arrepentimiento de Occidente
y reconocimiento de la memoria herida de los pueblos del Sur
Como se ve, nada extraño ni exagerado. Las dos últimas exigencias se podrían cumplir fácilmente con sólo un poquito de sensibilidad y empatía histórica. Sólo requiere decisión política. La primera también es necesario (imprescindible) cumplirla para equilibrar las desigualdades que ha causado, innegablemente, el colonialismo, aunque es más complicada de concretar en actuaciones apropiadas. Requiere decisión política y organización práctica, coordinación y reuniones. Pero sin ella será imposible cumplir los Objetivos del Milenio.
Sin embargo, la reacción de Occidente fue nefasta:
aquello apestaba a desprecio colonial
¿Justicia reparadora? ¡Una exigencia absurda nacida de rencores personales!
¿Petición de arrepentimiento? Una fanfarria destinada a desviar la atención de una población argelina descontenta con su propia suerte hacia enemigos occidentales satanizados.
¿Trabajo de la memoria? Un discurso culpabilizador, o peor: un chantaje que pretende arrancar a Occidente concesiones financieras y comerciales
Por último, los representantes del gobierno de Washington abandonaron Durban al cabo de 48 horas. Los representantes de los Estados de la Unión Europea se contuvieron in extremis, después de que Nelson Mandela hubiera llamado personalmente a varios comisarios de Bruselas. Pero los jefes de gobierno y los ministros europeos rechazaron cualquier idea de compensación financiera y ni tan siquiera de pedir excusas.
En un tono cercano a la desesperación, Abdulaye Wade, presidente de Senegal, imploró la comprensión de Occidente: «Lo que queremos es que la humanidad comprenda que en un momento determinado de su evolución se con causó un perjuicio incalculable, que se cometió con nosotros una gran injusticia. Lo que queremos es que las generaciones actuales y futuras comprendan esto. A este efecto, pienso que los países desarrollados, y más generalmente la comunidad internacional, deberían hacer figurar la esclavitud y la trata en los programas escolares de los niños, en los cursos universitarios y los programas de investigación. Se deberían erigir estelas y monumentos, y realizar películas para restablecer la historia en toda su autenticidad. Los archivo, y digo bien todos los archivos, deberían ser accesibles a los investigadores de todos los países del mundo.
Bajo la presión de Estados Unidos y Gran Bretaña, Mary Robinson perdió su puesto de alto comisario en 2002.
La última tentativa de recuperación de la catastrófica conferencia de Durban se llevó a cabo en 2007. La ONU creó un Durban Review Committee, encargado de reanudar el diálogo entre los Estados Occidentales y los Estados del Sur. El embajador de Chile, Juan Martabit, diplomático de probada paciencia infinita, fue nombrado presidente de este comité. Pero después de tres sesiones celebradas en el Palacio de las Naciones de Ginebra, al borde de un ataque de nervios, Martabil dimitió.
Aleikum salam.
Educación y noviolencia para la Paz, contra el genocidio
Guadalupe Jover.*
¿Para qué estamos educando? Qué inútil todo, qué perversa banalidad, si lo que se aprende en las escuelas no contribuye a formar personas capaces de movilizarse ante la barbarie, ante la matanza de niñas y niños, ante la condena a la hambruna de toda una población civil, ante el bombardeo de hospitales, ante el asesinato de periodistas y trabajadores de Naciones Unidas
¿Es lo mismo «educar para la paz y la no violencia», que hacerlo «para la paz y la noviolencia»?
Hace unos días publicaba Elena Álvarez Mellado un artículo en ElDiaro.es titulado «El “no” del Presidente», en el que reflexionaba acerca de la agilidad que tenemos como hablantes a la hora de identificar, en oraciones que llevan el adverbio “no”, el foco de la negación. Y esgrimía, entre otros, estos ejemplos: «En “La violencia no es el camino”, la negación afecta a la totalidad de la oración (negamos que la violencia sea el camino); pero en “La no violencia es el camino”, el foco de la negación afecta exclusivamente a la palabra “violencia”, lo que estamos afirmando es que la ausencia de violencia es el camino a seguir».
La explicación reforzaba, a mi manera de ver, un equívoco habitual, y no pude evitar este comentario. «Cuando decimos —ante un conflicto, una injusticia o un genocidio— que “la no violencia es el camino”, no siempre afirmamos, sin más, «que la ausencia de violencia es el camino a seguir». Lo que sostenemos quienes estamos por la noviolencia es la necesidad de una resistencia activa frente al atropello o la barbarie, pero renunciando, eso sí, al ejercicio de la violencia. La «no violencia» puede entenderse en ocasiones como «pasividad». La «noviolencia», jamás».
La cosa tiene su enjundia para los filólogos: ¿es «no violencia» un grupo nominal formado por un adverbio y un sustantivo, y su significado, por tanto, «ausencia de violencia»? ¿O es una locución nominal, cuyo significado no equivale a la suma de sus dos componentes, tal y como ocurre en otras locuciones como «patas de gallo», «llave inglesa» o «pez gordo»? No sería difícil argumentar —y son muchos los ensayos acerca de la «noviolencia» como forma de acción política en que podríamos basarnos— que estamos ante un significado unitario, diferente a la suma de las partes. La «noviolencia» incorpora un elemento de llamada a la acción, de resistencia civil y de contribución al cambio social y político que la grafía «no violencia» diluye.
Sin embargo, cuando las diferentes leyes educativas subrayan entre sus principios el de «educar para la no violencia»; cuando se alienta cada 30 de enero a recordar las figuras de Gandhi, Rosa Parks y Martin Luther King; cuando en el artículo 1 de la LOMLOE se precisa la necesidad de educar «para la no violencia en todos los ámbitos de la vida personal, familiar y social, y en especial en el del acoso escolar y ciberacoso con el fin de ayudar al alumnado a reconocer toda forma de maltrato, abuso sexual, violencia o discriminación y reaccionar frente a ella», parece claro que lo que se reclama a los docentes es promover aquellos aprendizajes que ayudarán a nuestro alumnado a hacer frente a la violencia, y no a permanecer impasibles frente a ella.
Pensaba en todo esto este verano cuando leía, de manera simultánea, dos títulos igualmente enjundiosos. De un lado, Abril es un país. Los heroismos desconocidos de la Revolución de los Claveles, publicado en Tusquets. En él, la periodista Tereixa Constenla rescata las historias de hombres y mujeres cuya acción noviolenta contra la dictadura salazarista en Portugal hizo posible aquel 25 de abril la revolución incruenta que acabó con ella. De otro, el librito del Saler al Túria, editado por PrunaLlibres/El Magnànim, escrito por el arquitecto Carles Dolç y dedicado “a les ciutadanes i als ciutadans que van iniciar i formar part dels moviments socials que aconseguiren evitar la destrucció completa de la Devesa del Saler i la conversió del Túria en un llit d'autopistes. El libro narra con extraordinaria precisión y viveza cómo se fueron articulando ambos movimientos de resistencia, y cómo consiguieron frenar dos proyectos urbanísticos que parecían imparables. Quienes hoy disfrutamos, sea como residentes o como turistas, esa maravilla que es el jardín del Turia, un espacio verde de más de nueve kilómetros que atraviesa la ciudad de Valencia, deberíamos conocer la intrahistoria de lo que en su momento parecía un sueño irrealizable.
Leía ambos volúmenes y pensaba en cuánto cambiaría nuestra formación ciudadana si nuestro aprendizaje de la Historia no estuviera jalonado por una incesante sucesión de guerras y desastres, sino (también) por las luchas noviolentas que desembocaron en la ampliación de derechos que hoy disfrutamos, por los movimientos de resistencia activa de quienes se opusieron a dictaduras, injusticias o al uso de la violencia y las armas. Y pensaba en el movimiento sufragista, en las madres y abuelas de la Plaza de mayo, en la campaña de boicot que tan decisivamente contribuyó a acabar con el apartheid en Sudáfrica, en la contribución de las mujeres al fin de la guerra civil de Liberia en 2003, y por la que Leymah Gbowee recibiría el Premio Nobel de la Paz en 2011.
«Las guerras no son inexorables»: recuerdo la gravedad con que el historiador José María Jover Zamora nos prevenía acerca de unos libros de texto -los manuales de Historia de 7º y 8º de EGB, que acababa de hojear- cuyos índices no eran sino un continuum de guerras, con su infinito despliegue de antecedentes, causas, fases y consecuencias.Presentar la historia en estos términos es un extraordinario disparate, subrayaba. «Las guerras son fruto de decisiones humanas y, por tanto, son siempre evitables».
Cuántas veces he vuelto sobre sus palabras. También ahora, ante un genocidio.
¿Para qué estamos educando? Qué inútil todo, qué perversa banalidad, si lo que se aprende en las escuelas no contribuye a formar personas capaces de movilizarse ante la barbarie, ante la matanza de niñas y niños, ante la condena a la hambruna de toda una población civil, ante el bombardeo de hospitales, ante el asesinato de periodistas y trabajadores de Naciones Unidas.
Es aquí y es ahora. Lo sabemos. Lo estamos viendo.
«Es más difícil estar a la altura de las circunstancias que au dessus de la mêlée», escribía Antonio Machado durante la guerra civil española en Juan de Mairena. ¿Vamos a estar, como educadores, a la altura de las circunstancias, o preferimos la inhibición y el silencio? ¿Somos un claustro decidido a condenar el genocidio del pueblo palestino, y a manifestar nuestra oposición al suministro de las armas con que el Estado de Israel lo está llevando a cabo? «Si un Estado mata civiles, esconder los cadáveres es pactar con los asesinos un trato beneficioso», decía Gervasio Sánchez para referirse a los medios que decidían no mostrar las fotos del horror. Lo mismo vale para nosotros, los docentes. Podemos mostrar o esconder, hablar o callar. En los claustros y en nuestras clases. Tanto una acción como otra suponen ya una toma de postura.
Para quienes tienen alguna sombra de temor y de duda, me gustaría decirles que la ley les ampara. Recordemos el artículo 1 de la LOMLOE. Así que no perdamos esto de vista: si ante la barbarie optamos por el silencio, por mirar hacia otro lado, ¿con qué fuerza moral pediremos luego a nuestras alumnas y alumnos que denuncien los casos de acoso o abuso, si nosotros no somos capaces de dar un paso al frente?
«Marea por Palestina: La Educación contra en el genocidio», está articulando e impulsando iniciativas en este sentido. Estemos, por favor, a la altura de las circunstancias.
(Y solo nos falta instar a la RAE para que estudie la incorporación del sustantivo “noviolencia” a la próxima edición del Diccionario. Quizá contribuiría a evitar el colosal malentendido que nos ha tenido sumidos en la inacción).
*Guadalupe Jover. Profesora de lengua y literatura en Instituto de Secundaria. Este artículo ha sido publicado previamente en la Revista El Diario de la Educación el 07,09 2025 https://eldiariodelaeducacion.com/2...
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